[R-P] La tragedia de la izquierda judía en Israel
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mie Mayo 30 17:14:10 MDT 2012
[Bajo el título "Un odio que acecha mi propia casa", la historiadora
israelí Dorit Eldar-Avidan publicó hoy un comentario sobre las
manifestaciones racistas que brotaron en todo el país contra los
inmigrantes de origen africano y asiático. Traduzco unos pocos
párrafos muy reveladores.
Está en el interés de las masas del mundo árabe fortalecer estas
tendencias internas de Israel, porque también en un enclave
proimperialista con una tendencia aparentemente inexorable hacia el
apartheid hay contradicciones parecidas a las que le permitieron a
Mandela partir el frente de los sudafricanos blancos.
No tomarlas en cuenta sería criminal. La tendencia de los diversos
islamismos del Medio Oriente a reducir la masacre de la judería
europea a un "asunto ajeno" que se ha echado sobre los hombros de los
árabes o de los musulmanes, el medievalismo antisecular que equipara
el judío israelí secular progresista con su contraparte secular
reaccionaria en un todo satanizable e indeferenciado, y la
concomitante reducción del campo de los judíos israelíes "aceptables"
a la minúscula secta de los Naturei Karta pone en manos de los
planificadores imperialistas a la masa de israelíes de origen judío
que, en diversos grados, perciben que la situación de los palestinos
en su país es equiparable a la de sus antepasados en la Europa de
Hitler. Y que cada vez se sienten más impotentes para actuar.
Abandonar ese campo de combate no es un crimen. Es algo peor: una
equivocación de consecuencias monumentales. No por casualidad esta
forma específica del odio a los judíos seculares (como tales y no como
agentes del imperialismo) unifica a los islamistas pequeñoburgueses de
Egipto, Gaza, Líbano o Irán con sus archienemigos, los islamistas
prefeudales de Qatar, Arabia Saudita, Omán o Kuwait. Cada vez que un
dirigente iraní deja entrever que la "entidad sionista" es un igual a
los Estados Unidos, o incluso insinúa que Israel dirige EEUU a través
de la trenza judía de Washington, unifica a los judíos israelíes de un
modo que Nelson Mandela, por cierto, no se hubiera permitido jamás en
relación a los sudafricanos blancos.
Una política inteligente de Mandela, que entre otras cosas aprovechó
la conciencia judía de muchos judíos blancos sudafricanos, fue
precondición del crecimiento de su movimiento e influencia.
Completo, en inglés:
http://www.haaretz.com/opinion/a-hatred-that-stalks-my-home-1.433320
Va versión parcial, en castellano, de algunos párrafos]
Un odio que acecha mi propia casa
por Dorit Eldar-Avidan Mayo.30, 2012
/Ustedes, los que aúllan y desprecian, incendian jardines de infantes
y claman por la prisión para el Otro, ustedes han olvidado su propia
historia y han elegido el lado del mal; no quiero tener nada que ver
con ustedes/
Soy hija de sobrevivientes del holocausto. Mis padres se conocieron en
Israel, me dieron un nombre en hebreo, me hablaron en hebreo y me
cantaron canciones de cuna en hebreo porque yo no tenía vínculo alguno
con "allá", porque "eso" no era parte de mi vida. Eso es, al menos, lo
que desearon.
Pero claro, no fue así. A medida que crecí el holocausto fue tomando
un significado personal para mí.
Movilizaciones de masas, saludos con el brazo extendido, griteríos,
incitaciones, desórdenes frenéticos, ventanas rotas, humillación,
escrache de negocios y casas, violencia, deportación... Se trataba de
amenazas existenciales extremas que tocaban mi vida porque habían
arruinado las de mis padres, las de sus padres, y la de toda nuestra
familia.
Y ahora la amenaza existencial está aquí, en mi propia casa. En el
jardín de bienvenida de la primera ciudad hebrea, entre los
manifestantes que exigen la deportación. En las calles y callejones de
Jerusalén -la ciudad "unificada consigo misma" como se la suele llamar
aludiendo al Salmo 122). Entre los que marchan levantando banderas -mi
bandera- para incitar acciones contra palestinos que han estado allí
por generaciones. Para mi horror, me descubro del mismo lado que el
mal, del lado de la turbamulta. Claro: no soy yo, no es mi familia, no
son mis amigos. Pero se supone que esa gente son mis hermanos, los que
se supone deberían estar de mi lado de la ecuación, los que -se
supone- comparten conmigo herencia y futuro común, cultura y memoria
histórica. Son el lado que aplasta, maldice, ataca y se azota hasta el
frenesí.
Y yo estoy como parada a mi propio lado, ansiosa y avergonzada. Parece
fácil mantenerme al margen, decir que son "otros", menos buenos, menos
morales. Es fácil buscar una explicación sociológica, hablar de los
años de vida dura y sentimiento de discriminación en Tel Aviv, de la
distorsionada manera en que se interpreta el nacionalismo en
Jerusalén.
Pero, ¿no son éstas acaso las mismas excusas y explicaciones para lo
que pasó "allá"? Desempleo, dificultades, envidia por el otro,
aspiraciones nacionales... fue todo eso lo que alentó las fuerzas del
mal y permitió que se le echara la culpa a los comunistas, a los
gitanos y a los judíos.
¿Admitiremos nosotros estas excusas gastadas y aberrantes para
justificar las fuerzas del mal que brotan aquí? Y atención: estos
manifestantes aullantes, estas turbas que incendian jardines de
infantes, estos rompevidrios que echan maldiciones, no están solos. Y
no se trata solamente de "las calles". La mayor parte de los israelíes
los apoyó durante las celebraciones en Jerusalén. Los apoyaron el
gobierno y el alcalde. En Tel Aviv-Jaffa recibieron el apoyo de
alcaldes de seis ciudades más, con el alcalde de Tel Aviv al frente. Y
no se avergüenzan de publicar avisos que llaman a la prisión y la
deportación. Son los que también recibieron el apoyo de parlamentarios
de Likud, Kadima y Unión Nacional que se subieron al escenario,
atizaron el frenesí, participaron de la furia y siguieron incitándola.
¿Dónde aprendieron estas cosas, estos reclutadores del odio y del mal?
Qué olvidaron de sus lecciones de historia, de las memorias
individuales y colectivas del período más oscuro de la historia judía,
a medida que se acomodaban en esos escenarios y esas calles
tormentosas?
Es el mismo odio al Otro, al extranjero y al débil. Que se dirige
contra refugiados sudaneses, eritreos, migrantes laborales, o
palestinos. Durante el desfile del Día de Jerusalén (financiada por el
gobierno) se oyó gritar "Mahoma está muerto", un grito idéntico al
"Cáncer entre nosotros" dirigido contra los refugiados africanos. El
odio es odio, está envenenado, y envenena a los que odian.
No sé cómo detener el fascismo. No sé cómo dar ánimos a aquellos pocos
que entre nosotros trabajan incansablemente contra este mal. Aunque no
quiero olvidar el sueño de pertenecer a una casa común, no soporto ser
testigo de su desintegración y contaminación.
Deseo gritar "No tengo nada que ver con lo que ustedes están haciendo
ustedes"... y sé que no alcanza.
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Néstor Gorojovsky
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