[R-P] [José Luis Muñoz Azpiri (h)] Fermín Chávez volvió al pago
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mar Mayo 29 08:15:00 MDT 2012
Fermín Chávez volvió al pago
por José Luis Muñoz Azpiri (h)
“Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace...”, quien cubra su
puesto de lucha dentro de la inteligencia militante. Pudiendo haber
construido su castillo de cristal – la diafanidad de su vida se lo
hubiera autorizado – o su intelectual torre de marfil, prefirió su
aporte vital al esclarecimiento histórico que brinda a los pueblos los
cimientos de la determinación nacional.
Convivían en Fermín Chávez, en armoniosa conjunción de pensamiento y
arte, la tribuna y la profecía, unidas a la expresión veraz y
depurada. El magisterio del escritor, ampliado por el ejercicio de la
poesía, el periodismo y ocasionalmente la tribuna, actuó siempre en el
marco del Movimiento Nacional Justicialista, en el de la Resistencia
(1955-1973), donde hacer peronismo estaba más cerca de las balas y del
exilio, que del halago y los “honores”. Cuando los poderes regresivos
quebraron el trayecto del pensamiento nacional, apareció su nombre en
las negras listas de los negados, mas la fuerza y pureza de su
doctrinaria conducta demostró que, para el genuino pensamiento patrio,
siempre habrá una columna y una prueba de imprenta.
Querido Fermín, viviste tu pasión argentina y la hiciste vivir, al
margen del bando y las urnas, hasta arder en su mismo fuego múltiple y
generoso. El fuego en que se consumen los corazones de la Patria
comenzando por el de los trabajadores. Dicho fuego representa la
credencial de la subsistencia y salvación nacionales, antesala de la
Argentina eterna que hombres como vos profetizaron, entrevieron y,
finalmente, ayudaron a erigir.
Tu voz no era un altavoz, era una conciencia y el nacionalismo que
ella representaba es, en nuestro país, una mística que no ha podido
articularse aún en un proyecto genuinamente emancipador.
Mística que viviste, querido maestro, con esa profunda fe cristiana
que expresabas en tu devoción hacia la Virgen Gaucha, a la que le
habrás pedido que no te dejara morir fuera de la pampa, siendo ella su
dueña y quien dispone el destino de sus hijos. Virgen que te concedió
el privilegio de ser un cadáver argentino.
Acaso estés nuevamente en tu entrañable Entre Ríos, en un Entre Ríos
celestial, donde dormirás en el campo verde, bajo el manto de los
trebolares, fundido en la tierra primigenia, difundiéndote en su
llaneza, en su sin par honradez. Sepultado en esa pampa habrás
conquistado medio cielo, será como yacer en el azul. De día, te
acariciará el sol y las brisas nativas; de noche, te velará la luna y
las estrellas gauchas. Renacerás en los pastos, en el silbido de los
sauces, en los colores del picaflor y el canto del chingolo, en el
trotar isocrónico de un “trotecito” de un alazán criollo. Perdurarás
así en la Argentina eterna y celestial que ambicionaste.
Fuiste estimado hasta por los que insensatamente pretendieron verte
como enemigo. Si hasta el diario “que Mitre dejó de guardaespaldas” te
evocó con palabras bondadosas y cálidas. Es que así era tu alma
generosa ¿Quién podrá olvidarte? Quienes te conocimos te cantarán por
todas partes. Cuando te despedimos en la Legislatura tus compañeros y
admiradores, tus ojos sabios de “amauta” de la América antigua se
habían sellado conteniendo todavía tus lágrimas por la desaparición de
Fermincito. Es que hay vidas llagadas por dentro, que nos hicieron
comprender la huida terrenal de Lugones y tu último infortunio.
Llevabas a los pies tu gorra y tus lentes, mientras te amortajaba la
bandera azul y blanca de Obligado, no la celeste de la canalla
doméstica, liberal y cipaya. Aunque hubiéramos preferido, al igual que
el “Tigre” Clemenceau – el constructor de la victoria de Francia- un
féretro de cristal donde permanecieras, vertical y rígido, vigilando
los destinos de la Patria. Duerma, por tanto, el artista a la sombra
de los libertadores de la Nación, su sueño de prócer, que habrán de
acunar de hoy en adelante los argentinos nacidos o crecidos al conjuro
de tu ejemplo y mensaje.
Te fuiste a encontrar con tu hijo. Volviste al pago, Fermín. ¡Al pago
de Tata Dios!
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Néstor Gorojovsky
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