[R-P] Asoma el desencanto en la vereda kirchnerista Por Jorge Fernández Díaz (La nacion)
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Lun Mayo 21 05:31:05 MDT 2012
Asoma el desencanto en la vereda kirchnerista
Por Jorge Fernández Díaz
Todo empezó con una ovación. Ocurrió esta semana en un auditorio repleto de
intelectuales progresistas que han votado a Cristina Kirchner. Pero que se mantienen
a prudente distancia de los dogmas oficiales y de la obediencia; también de las toscas
mentiras del relato. Esos intelectuales son remisos a exponerse: el Gobierno castiga
a los kirchneristas críticos. Recojo sus impresiones sin violar el anonimato, y no sin
advertir que ni siquiera constituyen una corriente de pensamiento homogéneo. Son,
por ahora, sólo un síntoma. La evidencia de que asoma una sensación de desencanto
en esa vereda.
El hecho es que uno de esos intelectuales, un académico de prestigio internacional
que pasó por la función pública, tomó la palabra para presentar un libro y explicó de
paso por qué el Gobierno ha perdido una oportunidad histórica. Cuando terminó,
lo aplaudieron a rabiar. Luego, entre el público, había alivio: "Por fin alguien lo dice con
todas las letras".
Los razonamientos de esta comunidad están hoy tan alejados de la centroderecha como
del cristinismo, y quizás es precisamente por eso mismo que resultan muy interesantes:
porque cambian el paradigma de discusión. Y además, la "pérdida de la oportunidad histórica"
se opone al credo neocamporista según el cual vivimos "un momento fundacional".
Si uno pudiera construir un monólogo armado con la opinión de estos objetores, y haciendo
la salvedad de que no se trata de un discurso absolutamente uniforme, la cosa sonaría más
o menos así: "Miremos cómo eran las 200 empresas de mayor facturación durante los años 90: el 40% de
ellas eran extranjeras. En la etapa kirchnerista, ese porcentaje subió al 60%. El 70% de las compañías
multinacionales manejan hoy el 50% de las exportaciones. Una de las primeras medidas dictadas por Martínez
de Hoz durante la dictadura fue sepultar una legislación progresista de Perón e instalar un
mecanismo jurídico según el cual se pone en pie de igualdad a capitales nacionales y extranjeros.
Para dar un solo ejemplo: ambos tienen el mismo acceso al crédito. Los de afuera les llevan muchas más ventajas
a los de adentro, y la principal es que ante un conflicto con el Estado pueden apelar al Ciadi, un tribunal
internacional, algo que los argentinos tienen vedado. Esto último fue una creación libre del menemismo, que
profundizó así la idea de Martínez de Hoz. La pregunta es por qué los gobiernos progres de Néstor y
Cristina no abortaron esa disposición y continuaron adelante con la misma política. Los
ultrakirchneristas y los neoliberales comparten la opinión de que anular la medida de Martínez de Hoz implicaría
alejar a inversores. Pero eso no es cierto, puesto que ni Brasil ni Gran Bretaña ni la India tienen esa restricción
y son pujantes"
.
Para los monologuistas, esto explica por qué no ha cambiado la matriz productiva en la
Argentina, a pesar de la retórica y de las orquestas que cantan canciones patrias en el Parlamento.
"El kirchnerismo pudo haber modificado esa matriz -se lamentan-. Pero al principio no lo hizo porque
decía estar apagando el incendio de la herencia recibida. Disfrutó del viento de cola durante años, cuando
convenía ir a fondo, y tampoco lo hizo. Y ahora no quiere hacerlo porque la crisis internacional
arrecia. La verdad es que para cambiar el perfil productivo hace falta un país serio y previsible, y no un populismo
a la bartola, con gran nivel de improvisación y con una economía de la arbitrariedad. Se puede cambiar si uno está
dispuesto a generar certidumbre. Si se traza un plan de reforma con objetivos de desarrollo y se termina con mamarrachos
indefendibles como el Indec. Si uno abandona la idea populista de que solo vale el presente y la próxima elección"
.
Es curioso lo que estos intelectuales piensan acerca de la corrupción, temática relativizada por el
kirchnerismo. "La corrupción afecta a la economía -sostienen-. Estudios internacionales demuestran que un 60%
la protagonizan los empresarios y un 8% los funcionarios públicos. Pero la primera no sería posible si el Estado no
se los permitiera, y la segunda sería imposible si las empresas no sobornaran. En un país donde se naturaliza la
corrupción, los cambios de reglas, la incertidumbre y hasta el desconcierto, el capitalista externo es casi empujado
a la rapiña. No somos frondicistas, pero durante el breve lapso del desarrollismo los capitalistas venían no para comprar
y explotar lo existente, sino para traer nuevas compañías y abrir sectores. Eso no ocurre ahora. Pero ojo, tampoco somos
catastrofistas: intuimos que pronto el Gobierno manoteará las mineras para hacer caja, sostener el consumo y llegar bien
posicionado a los comicios de 2013. Se puede seguir ganando elecciones, pero el problema es más profundo.
No falta tanto para que se cumplan los diez años del modelo. Esa efeméride los encontrará mostrando todo lo que se mejoró.
Que fue mucho. La pobreza, por ejemplo, se redujo un 25%. Y no es poca cosa. El asunto es que no puede verse todo desde
la perspectiva de 2001. Ya ha pasado una década. Tenemos que ver las cosas que no se hicieron, las que se ejecutaron mal y
las que lamentablemente ya no pueden ser reparadas. Si no hacemos eso, estamos falsificando el análisis de la política."
Todo empezó con una ovación. Y terminó con una sonrisa amarga..
.
Agustin
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