[R-P] Prensa boliviana: La sonrisa de Brufau, Trinidad-Tobago, nacionalizaciones.

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Lun Mayo 7 17:10:17 MDT 2012


Gentileza de Andrés Soliz

EDITORIAL DEL PERIODICO "EL PAIS" (TARIJA)
BOLIVIA Y TRINIDAD TOBAGO
05 May

Al revisar titulares de noticias, para armar el menú informativo
cotidiano, es imposible no alarmarse si uno lee: “escasez de gas, se
vienen tiempos difíciles”, pero la alarma disminuye al verificar que
la noticia no se refiere al gas de Bolivia, sino al de Trinidad
Tobago.

Es una información de BNA, que procede de Chile y se refiere a un
informe que vende esa organización empresarial. Mientras compramos tal
informe, podemos, como aperitivo, analizar el resumen, que dice:
Aunque las reservas de gas de Trinidad y Tobago son escasas, las
plantas de amoníaco, metanol y GNL de este país están entre las más
grandes del mundo. La economía nacional, que depende del gas y ha
alcanzado un buen nivel de desarrollo, ha permitido a la industria
gasífera crecer a una tasa superior al 10% anual desde los años
ochenta. En medio de estos logros, Trinidad continúa enfrentando un
declive anual de las reservas probadas de gas, que son la base de la
producción que abastece a numerosas industrias del país. Con reservas
probadas que durarían poco menos de 10 años, el país tiene un tiempo
limitado para afinar su estrategia.

A esta altura consideramos que ningún  boliviano permanecería
impasible. Nosotros comenzamos a sentir envidia. Porque el informe
continúa indicando que “Las reservas gasíferas de Trinidad y Tobago
han sido la base del crecimiento de la nación, de sus industrias y de
su economía”.

Esas reservas alimentan ocho plantas de amoníaco, cinco plantas de
metanol y cuatro trenes de GNL del país, al mismo tiempo que abastecen
otras instalaciones dedicadas a la producción de urea, hierro y acero
y se usan para la producción de líquidos de gas natural (GNL). Desde
1980, la industria gasífera de Trinidad ha crecido más de un 10%
anual, impulsada por las exportaciones de GNL y otros productos.
Resulta imperioso conocer más sobre la República de Trinidad y Tobago,
un estado independiente ubicado en el sur del mar Caribe, muy cerca de
Venezuela. Consiste en dos islas principales, la isla Trinidad –la
mayor y más poblada- y la isla Tobago, de mucho menor tamaño y
población, además de varias islas más pequeñas.

Trinidad y Tobago es uno de los fundadores de la Comunidad de Estados
Latinoamericanos y Caribeños, Celac, que tendrá su segunda cumbre de
presidentes este año, en Santiago de Chile.

Es interesante destacar que mientras nuestro país tiene un millón, 98
mil 581 kilómetros cuadrados, Trinidad y Tobago tiene “solamente” 5
mil 284. El departamento de Oruro tiene 53 mil 558 kilómetros
cuadrados.

Ya que estamos en comparaciones, es pertinente insistir en esas “ocho
plantas de amoníaco, las cinco plantas de metanol y cuatro trenes de
GNL” de Trinidad y Tobago, cuyo gas de petróleo, que es el mismo que
tenemos aquí, bajo nuestros pies, pero allá -insistimos- abastece,
además, industrias dedicadas a la producción de urea, hierro y acero.
Nosotros, entretanto, seguimos hablando de la primera industria
relacionada con “nuestro” gas.

Que también se agotará, en algún momento. Sólo en eso son idénticos
los yacimientos trinitarios y los bolivianos.

Tema por demás interesante para tratar en la próxima Cumbre de CELAC.

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La nacionalización devuelve lo nuestro a los bolivianos
Por Franklin Garvizu - Columnista - 6/05/2012 (PERIODICO "LA PRENSA",  LA PAZ)

Las nacionalizaciones de empresas que explotaban nuestros recursos
naturales son muy beneficiosas, porque ayudan a redistribuir la
riqueza de una manera más equitativa entre todos los bolivianos. Las
utilidades que se convertían en la riqueza que generaban las empresas
capitalizadas durante el periodo neoliberal iban al exterior y no
dejaban beneficio alguno para Bolivia, y lo que hacen las
nacionalizaciones es repartir todo ese dinero entre todos los
bolivianos para que vivan bien.

Los recursos de las nacionalizaciones deben tener el fin el apoyar a
los sectores más vulnerables de la sociedad, como son los ancianos,
los niños y las mujeres embarazadas, que reciben los beneficios
directos de estas políticas del Gobierno.

Considero que las nacionalizaciones están respaldadas por la
Constitución Política del Estado, no porque las establezca en uno de
sus artículos, sino porque buscan el vivir bien de todos los
bolivianos.

El Gobierno ha nacionalizado aquellas empresas que no cumplían lo que
determinaban sus contratos de concesión y trataban de engañar y
declaraban menos utilidades o no invirtieron lo comprometido con el
Estado boliviano.

Las empresas que cumplen sus compromisos y no engañan al Estado ni a
los bolivianos no tienen por qué preocuparse de que sean
nacionalizadas o intervenidas.

Las empresas que no invierten, que no cumplen sus planes y proyectos,
sobre todo las que no cumplen sus compromisos con sus trabajadores,
deben preocuparse. La seguridad jurídica está presente, porque se
respetan las inversiones mientras éstas cumplan lo comprometido con el
Estado boliviano. Si no lo hacen, se adoptan otras medidas. El derecho
a los servicios básicos está garantizado y desarrollado gracias a los
recursos de la nacionalización. La nacionalización que más nos
satisfizo fue la de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, que
fue la primera que generó recursos para crear los bonos que apoyan a
los sectores más desprotegidos.

La nacionalización de Entel también fue importante porque nuestra
Constitución reconoce a las telecomunicaciones como un derecho básico
de todos los bolivianos. En cuatro años de nacionalización, Entel
logró intercomunicar a todos los municipios de Bolivia y democratizó
las telecomunicaciones. Una nacionalización no tiene puntos negativos,
porque ante todo, se devuelve una empresa a sus verdaderos dueños, que
somos los bolivianos, y nadie debe estar contra el bien de todos.

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Editorial del periódico "El Nacional" (TARIJA)
La sonrisa de Brufau

Publicado en 06 mayo 2012

¿Cuál habrá sido la reacción interna en las transnacionales del
petróleo frente a la Nacionalización que realizó el Gobierno del
Movimiento Al Socialismo (MAS) en 2006? ¿Cómo la habrán calificado una
vez que este proceso tomó el curso impuesto por el presidente Evo
Morales y el vicepresidente García Linera?

Una reciente evaluación realizada por el Centro de Estudios para el
Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA) le ha querido poner cifras a la
respuesta. De ellas tal vez podamos inferir los calificativos.

El estudio realizado por el economista Carlos Arce señala: “Si en 2004
-sobre un valor de producción hidrocarburífera de 1.172 millones de
dólares- (las transnacionales) controlaban el 75 por ciento,
equivalente a 879 millones, en 2010-sobre un valor de 3.053 millones-
controlaron el 35 por ciento, equivalente a 1.068 millones de dólares.
“Esto explica –dice Arce- por qué las transnacionales no abandonaron
un país gobernado por ´socialistas comunitarios´”.

Cuando se le cuestionó sobre las diferencias en relación a las
nacionalizaciones de 1935 y 1969, el Gobierno denominó a ésta una
“nacionalización inteligente”. Curiosamente los beneficios que sus
predecesoras reportaron al país resultaron muy superiores a los de las
empresas y las marginaron definitivamente del negocio. Por ello,
jugando con las palabras, así como le gusta al Gobierno, quizás
podríamos ponerle otros apelativos a la actual: ¿“nacionalización
light”?, ¿“nacionalización anoréxica”?, ¿“nacionalización cariñosa?”.
Quién sabe si los ejecutivos y socios de las transnacionales un día de
2007 o en 2008 o este 2012 ya la hayan calificado así. Los gestos del
Gobierno hacia ellas dan para esos tipos de reacciones.

Bien podría llamarse una “nacionalización magnánima” si advertimos que
la producción de hidrocarburos permanece controlada mayoritariamente
por las transnacionales. El Cedla señala que han mejorado su
participación en los últimos años: “Mientras las operadoras
extranjeras pasaron de controlar el 74,2 por ciento de la producción
de gas natural y líquidos en 2006 al 82,2 por ciento en 2010; YPFB –a
través de sus filiales Andina y Chaco- disminuyó su participación en
el mismo período de 25,8 por ciento a 17,8 por ciento”.

Los dueños de las transnacionales también podrían llamarla la
“nacionalización regalona”. Eso queda claro al advertir que
contrariamente a lo sucedido en 1935 y 1969, la nacionalización del
MAS implicó una compra onerosa de las empresas privatizadas durante
los gobiernos neoliberales.

Según el Cedla, en varios casos el valor de la compra alcanzó o
sobrepasó el valor de venta de la privatización neoliberal. En el caso
de Chaco –actualmente con una demanda internacional- la compra de la
mitad del paquete accionario costaría el 76 por ciento del valor de la
“capitalización”. La compra de Transredes alcanzaría al 91 por ciento
del precio de la capitalización. La recompra de la empresa de
Logística y de la de Refinación, alcanzaría al 109 por ciento del
valor de su privatización durante el gobierno de Banzer.

Y bien pudo ser llamada en las suntuosas petrooficinas una
“nacionalización a pedir de boca” para las transnacionales.  Si se
suma entre otras cosas que el hecho más revelador radica en que la
“nacionalización” promueve las ganancias de las transnacionales. Por
ejemplo se llega al extremo de la reposición en estos días del
“gasolinazo” de 2010. En efecto, el Decreto Supremo 1202 dispone un
incentivo para los productores de petróleo de 30 dólares por barril.
Con esta medida se les devolverá parte de la renta controlada: el
Estado que obtiene 13,55 dólares por IDH y regalías -sobre un precio
de 27,11 dólares-, pagará una subvención de 30 dólares en forma de
Notas de Crédito (NOCRES), es decir una subvención 2,2 veces mayor que
la renta obtenida.

Las transnacionales podrían calificarla de muchas maneras, pero
seguramente la mejor la sintetizó el presidente de la Repsol, Antonio
Brufau, este 1 de mayo en el megacampo Margarita. Era el aniversario
de la obra considerada cumbre y símbolo del actual proceso político.
Justo ahí, ese día y junto al líder del proceso, Brufau reía y sonreía
como si los resultados de la nacionalización lo bendijeran
eternamente.


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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría



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