[R-P] Reflexiones para periodistas, por Gabriel Fernandez / En La Señal Medios

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mie Mayo 2 08:09:04 MDT 2012


Apuntes para entender y modificar una comunicación en crisis
Sobre la Tierra en movimiento
Reflexiones para periodistas

Por Gabriel Fernández *

Vamos a considerar una serie de elementos importantes para la
interioridad del periodista, sin dejar de cotejarlos con aspectos de
actualidad que permitirán identificar más claramente los ejemplos.

Cierto es que los últimos años han puesto en tensión la vida
comunicacional argentina. Pero también que este tramo –del cual
surgirá algo mucho más interesante- ha sido alimentado por algunas
premisas cristalizadas en la mayor parte de los protagonistas de esta
zona de la cultura.

Estos protagonistas, además, están insertos en una comunidad política
con características singulares, en la cual las modificaciones se
despliegan continuamente en la base social, pero con una lentitud a
veces alarmante en las áreas dirigenciales.

El movimiento

Al abordar un tema, una información, un suceso, es preciso recordar
que nosotros mismos cambiamos al ir aprendiendo durante la
investigación misma. Así, el objeto de la “cobertura” pasa a tener
rasgos de sujeto, también se transforma, mientras lo indagamos e
informamos sobre él, y nos influye, generándonos nuevas informaciones
que se abren paso en nosotros mismos.

El periodista que no entiende que la cuestión, el tema abordado, está
en movimiento, cambia y nos cambia, se ha de quedar con una imagen
fija, superficial de los hechos. Es que los hechos, el tema, tienen
historia, contexto y devenir.

Si bien en algún momento hay que parar, reunir el material y escribir
el artículo (hacer el programa), en nuestro interior debemos saber que
ese es el único punto de congelamiento que podemos permitirnos en esta
labor.

Tras colocar el punto final del texto, reiniciamos –seguimos más bien-
la investigación, porque la realidad no se ha detenido para satisfacer
nuestras necesidades profesionales. Del desconocimiento de esa
situación, emergen muchos de los errores interpretativos del presente
que se observan en tantos medios de distinta orientación.

Una digresión: en algún momento habrá que buscar un buen relevo para
esa palabra, “cobertura”, con demasiadas implicancias, para definir el
abordaje de una información.

La profundidad

Esta situación que algunos admiten y otros no, explica porqué los
periodistas con oficio más acentuado parecen estar siempre enchufados,
siempre pendientes del tránsito  por el que atraviesa la información.
Saben que la realidad, cambia.

Hay quien piensa, en su afán por aferrarse a algo permanente,  que esa
vibración huracanada que implica la información es sinónimo de
liviandad. No ve que una cosa es el periodismo fijo, sin profundidad
por falta de historicidad y contexto, y otra es suponer que toda la
actividad deriva en elementos superfluos.

El portador de esa visión, entonces, busca ilusoriamente la “verdad”
absoluta en textos y premisas con apariencia de perdurabilidad.

El periodismo bien realizado permite abordar las cuestiones más
trascendentes  del ser humano y sus sociedades. Sólo que investido,
puesto, en una dinámica y una cobertura electrizantes, que a veces
pueden confundirse con lo superfluo.

Los comentarios al respecto se perciben a diario: personas que dicen
estar hartas de información incluyen en ese malestar el tema YPF y el
rol del Estado junto al romance prearmado para publicidad de una
modelo y un conductor.

Lo que es más: periodistas que afrontan con la misma liviandad ambas
temáticas, considerando que la información tiene un valor siempre
equivalente y que sólo varía la sección en la cual se inserta el
material.

La falta de formación de muchos profesionales lleva a que no logren
indagar las grandes temáticas dentro de la noticia diaria. No se
zambullen en la realidad para comprenderla a fondo y por lo tanto ser
transformados por ella, y creen que pueden ser meros observadores de
la misma.

En su reciente libro “Hegelianas”, Rubén Dri sostiene: “Sólo si nos
referimos a los sujetos, al devenir subjetual, podemos hablar
realmente de historia. Una mera narración de acontecimientos, como
quien amontona datos, no es historia”.

Se nos ocurre vital, también, Arturo Jauretche y su insistencia en la
necesidad de acomodar las teorías a la realidad –dejarse cambiar por
el objeto que pasa a ser sujeto- y no la realidad a las teorías (la
cabeza y el sombrero, se acuerda, lector).

La información

Algunos colegas con los cuales hemos polemizado, dirán: están
admitiendo que la objetividad no existe, contrastando con lo dicho en
artículos anteriores. Francamente, no. La realidad existe, y aquella
referencia estaba destinada a señalar hechos puntuales que
directamente han sido negados por medios concentrados.

Aunque el suceso sigue su curso, un crimen con autor, víctima, lugar,
fecha, es un dato relevante y, en cierto punto “objetivo” cuya
negación implica una mentira a secas. Esos medios negaron la
existencia de un genocidio corroborado.

Un ejemplo más general pero también contundente: las privatizaciones
implicaron la desnacionalización de la economía argentina. Si tal
volumen de dinero está acá, y tras una decisión gubernamental plasmada
parlamentariamente, está en otro continente, tenemos una información
certera e innegable.

Hacemos estas precisiones porque los pícaros de la argumentación
suelen confundir mediante un lugar común con elementos de verdad y una
relatividad intrínseca: todo depende del cristal con que se mire.  Hay
situaciones que no dependen de eso: suceden. Lo cual no anula el
planteo inicial sobre su decurso.

Y realzamos que, en todo caso, a la hora de abordar una información,
es más importante el lugar del mirador que el cristal que porta. Si se
sitúa en el pueblo, y en el Sur, tendrá un panorama más adecuado para
evaluar una noticia acaecida en cualquier lugar del mundo.

Este último punto, además de la formación, es otro de los factores a
los cuales se resisten numerosos profesionales que además de haber
internalizado la ilusión de la mera observación distante, creen panear
el todo desde muy arriba, desde un lugar indeterminado.

Entre la ausencia de historia, dinámica y mangrullo, se construye la
superficialidad de las informaciones presentadas por los periodistas
serios. Y ante la tozudez de su ignorancia cabe, al menos, volver
atrás y recomendarles salir con una modelo para atenuar en un punto
posible esa seriedad.

El sentido

Ahora bien: se dirá con razón que muchos de ellos simplemente realizan
acuerdos económicos que les modifican el lineamiento editorial sin más
ni más. Un grueso ejemplo reciente ejemplifica con nitidez esa
probabilidad. Pero no es el caso de miles y miles de profesionales
que, al no tomar en cuenta estos aspectos deambulan sin Norte (sin
Sur, digamos).

Son llevado aquí y allá por el viento insuflado por los poderes
económicos y mientras emulan a las hojas otoñales creen estar
observando desde arriba y desde lejos cuando en verdad son utilizados
por esos centros para brindar volumen crítico de juego a las campañas
de tergiversación y manipulación.

Concurren e engrosar esa mano de obra barata, que no se beneficia con
los acuerdos de los colegas que  lograron mejores condiciones de
auto-venta, los estudiantes de periodismo y los trabajadores de prensa
más jóvenes que, ni bien se aproximan al oficio son sacudidos por la
ilusión de neutralidad propuesta por algunos prestigiosos nihilistas
en las redacciones.

Veamos el análisis del presente para ver mejor las pautas indicadas al
comienzo de este texto: suponer que el peronismo, y muy
particularmente Néstor Kirchner en tanto uno de sus dirigentes más
importantes en la historia, son “lo mismo” que en los 90, implica
tener una mirada fotográfica de una vez y para siempre sin tomar nota
del sendero recorrido en este siglo.

Considerar las medidas de gobierno según la presunta legalidad
internacional dispuesta por organismos de crédito, consultoras
empresariales y estados europeos, implica presumir de un paneo
genérico que evita colocarse en la región y entender a quién beneficia
y a quién perjudica tal o cual determinación.

Evaluar las paritarias, la asignación y los planes desde un obelisco
macroeconómico que contabiliza recursos fiscales de modo directo, sin
ayer y sin mañana, implica –al no situarse como pueblo- cegarse ante
las perspectivas de mejora de consumo y por tanto de comercio e
industria que representan esas tres decisiones clave.

Como estamos viendo, se trata de “errores” persistentes en la
comunicación nacional. Y si estas falencias están definidas por el
interés económico de las corporaciones, nuestra intención es  brindar
estas reflexiones para que los colegas no involucrados en esos
intereses y los nuevos periodistas no queden entrampados en la defensa
involuntaria y curiosamente irracional de los mismos.

Sin embargo, el ojo avizor habrá permitido al lector entrever un dato
relevante: no sólo quienes reproducen el parecer de los grandes medios
padecen dificultades a la hora de conocer el pasado, evaluar el
panorama que envuelve la noticia y calibrar su devenir. Muchos de los
que han cerrado filas en otra dirección muestran las mismas
deficiencias en el control del balón.

En pocos años la Argentina mostrará otro cuadro de situación en el
área de las comunicaciones. Si el camino democrático y el desarrollo
económico no son interrumpidos por segmentos que nos retrotraigan a un
daño renovado, habrá medios y periodistas con mayor comprensión y
certeza a la hora de dar cuenta de los sucesos.

Desordenadamente, internet prefigura hoy ese devenir. Y no pocos
medios populares. Los medios más característicos de cada postura, tal
como los conocemos en la actualidad, no podrán ofrecer salidas
equilibradas, potentes y creativas a las nuevas necesidades. Pero
afirmar esto con demasiada intensidad puede llevarnos a suponer que la
foto de estos espacios periodísticos es definitiva.

Tal vez cambien, forzados por la realidad.

Pero entonces, formarán parte de otra película.

GF / Director La Señal Medios



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