[R-P] [Pablo Cingolani] Los guerrilleros del Madidi

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Sab Mar 10 11:44:25 MST 2012


Los guerrilleros del Madidi
Pablo Cingolani

Al tipo ese, a Baily, no hay que tomarlo en serio, ni contestarle, ni
exigirle pruebas, ni nada. Es un provocador nauseabundo, un títere del
imperialismo  –cuando Cristina Fernández se operó, dijo cosas tan
asquerosas que no vale la pena ni recordarlas, pero siempre condenarlo
por su bufonesca labor. Ese “experto en seguridad” de origen gusano,
es otro de su tamaño: hablar de la existencia de una base de formación
guerrillera en el Madidi es un delirio, una estupidez. Más bien, dada
la resonancia absurda que ha tenido esta noticia, aprovecho para
refrescar un poco la memoria y rendir mi homenaje a los militantes y
guerrilleros de verdad que hace cuarenta años sí estuvieron en el
Madidi, pero en calidad de confinados y de presos políticos de la
dictadura de Banzer.

* * *

Siempre demoro un proyecto: hacer un estudio en detalle sobre la
historia de lo que fue el campo de concentración de Alto Madidi.
Antes, mucho antes, de que el actual parque nacional existiera, en un
extremo de su territorio (precisamente donde hoy se encuentra el
campamento del mismo nombre), se había instalado este sitio de castigo
a los opositores políticos. Alto Madidi queda en el municipio de
Ixiamas, Norte de La Paz. Ahora hay un caminejo que llega hasta la
comunidad de El Tigre; desde allí hay que arribar al lugar a pie.

Hay tres testimonios escritos y publicados sobre el Madidi como cárcel:

1) Alto Madidi. Testimonio de un confinamiento. Ediciones Moxos, La
Paz, 1973. Su autor es Germán Vargas Martínez. Incluye el artículo
escrito por Ángel Torres: El infierno también se llama Madidi. Semana,
Ultima Hora, La Paz, 30 de abril de 1971.

2) Nido de Marigüies. Testimonio de un sobreviviente de la masacre del
20 de agosto de 1971 en la Universidad Gabriel René Moreno y la vida
de preso político en el campo de concentración Madidi. Edición del
autor, Santa Cruz, 1996. Está firmado por Luis Enrique Mazzone Roca y

3) Fuga de la prisión verde. Alto Madidi: un campo de concentración en
la dictadura de Banzer. Edición del autor, La Paz, 2004. La obra
corresponde a Jaime Taborga.

Para ser correctos con la historia, según la documentación que
tenemos, el campo ya estaba habilitado cuando gobernaba Torres y allí
fue a parar el Dr. Vargas Martínez que era dirigente del PIR y seis
prisioneros más, falangistas y movimientistas. Estuvieron detenidos
allí 16 días.

El testimonio de este abogado beniano está cargado del típico
dramatismo urbano, mezclado con intencionalidad política. Para el
mismo, “Sólo el hecho de bajar desde aproximadamente cuatro mil metros
de La Paz a más o menos trescientos en que serpentea el río Madidi,
muy próximo al límite con Perú en la ardiente zona amazónica, ya es
violencia extrema”. Sigue delimitando su circunstancia tremenda cuando
agrega que: “el vaho de la humedad que hace irrespirable el ambiente,
luego de otras molestias a describirse después, padecidas durante
dieciséis interminables días, darán alguna idea de esta odisea”.

No abundaré más en este testimonio, sólo anotaré un par de cuestiones.
Resulta contradictorio (por calificarlo de alguna manera) que un
beniano describa así lo vivido en ese lugar de la selva. El clima del
Beni es similar al del Alto Madidi. Por otra parte, hasta hoy, entre
la izquierda beniana (de larga tradición, por cierto) se sienten
orgullosos –y es sólo un ejemplo- que muchos de los guerrilleros que
acompañaron al Che Guevara eran oriundos del Beni. Para empezar, los
emblemáticos Inti y Coco Peredo.

Hay un librito entrañable, casi desconocido, que escribió Antonio,
sobre la historia de sus hermanos, donde narra la infancia de los
changos, en la Trinidad inundada de fines de los años 40. Dice Antonio
Peredo Leigue: “contando apenas con sus primeros diez años, Inti y
Coco ya nadaban libremente en el arroyo, cuando la época de lluvias
llenaba su cauce o se daban una escapada hasta la laguna Suarez, a
Chetequije e incluso hasta Cotoca, una pequeña estancia a legua y
media de Trinidad. Con mi tendencia reposada, yo no era compañero de
sus andanzas. Dice Chato –que los seguía siempre que podía- que se
ingeniaban para “prestarse” un caballo que encontraban descuidado y se
lanzaban a correr sin monturas ni estribos (…) les era fácil hacer
amigos y siempre estaban formando pandillas que organizaban toda
suerte de travesuras…” (Antonio Peredo Leigue: Inti y Coco,
combatientes. Fundación Che Guevara, La Paz, 2000).

Anotaré algo más, aunque no recuerdo la fuente, pero en algún lado lo
leí: algún patriota boliviano del siglo XIX decía algo así: que cuando
lo confinaban por motivos políticos, aprovechaba para estudiar la
geografía y la historia del lugar.

Que el Madidi –hoy considerado una de las bellezas naturales más
atractivas de Bolivia-, fuera cargado de adjetivaciones tan nefastas
tan solo cuarenta años atrás, habla de un cambio en la percepción, una
cambio en la mirada, habla de muchas cosas.

* * *

Los prisioneros estaban esperando la llegada del avión de los
abastecimientos para tomarlo y rajar de Alto Madidi. El capitán
Montalvo –un héroe, que debería ser reivindicado por la historia-
estaba al mando del operativo de fuga. Mientras tanto, había que
comer. El relato de Mazzone Roca sobre la expropiación de una tortuga
para volverla sopa es genial, de lo mejor que leí en Bolivia sobre el
anecdotario militante, una joyita que nos devuelve el ánimo. La
transcribo in extenso como homenaje a esos hombres. Dice así:

“El quinto día de espera angustiosa del avión ha llegado y el cielo
permanece obscuro. No hay qué comer. ¿Qué hacer?, pero es Chubé, que
encuentra la solución al mayor problema de este día gris y obscuro,
que no promete nada. Y Chubé dice: —yo creo que la solución está en la
peta del changuito orureño. Se refería a la tortuga de un muchacho de
dieciséis años, natural de Oruro, que guardaba con mucho cariño, una
tortuga de monte, bastante grande; para solucionar el problema de cien
hombres para un almuerzo.

—Cierto. Esa es la única solución— dice Montalvo, moviendo la cabeza e
inmediatamente ordena su decomiso. Chubé y Mita, parten a ejecutar la
expropiación de la tortuga, la misma que es tomada contra la voluntad
del muchacho, que exigía una indemnización de al menos veinte pesos y
los benianos se ocuparon de descuartizarla y del menú. Los del último
turno dormimos plácidamente, gracias a la lluvia, que refrescó el
ambiente y gracias al sueño que teníamos. No sabemos que tenemos que
comer hoy, hoy, pero el instinto de conservación nos hace percibir el
agradable olor que despide la tortuga en la olla. Son las once de la
mañana y la cola ya está esperando con media hora de anticipación, la
sabrosa sopa que se cocina. Las once y media de la mañana y la olla
gigante comienza a vaciarse.

Media hora y la que fue una tortuga y una sopa de tortuga, han
desaparecido, como por arte de magia. Todos alcanzamos a tomar un
plato de sopa caliente, con un pedazo de carne.

¡Qué sabrosa estaba la sopa!”.

El libro de Mazzone es mi favorito. Cuenta una historia con final
feliz. Los prisioneros logran su objetivo: toman el avión y,
sobrevolando la selva, la cordillera y el altiplano, aterrizaron en
Puno- Perú, desde donde luego se asilaron en la República de Chile, en
ese entonces gobernada por el compañero Chicho, Salvador Allende y
donde fueron recibidos como héroes. No abundo sobre esta historia (ver
en internet: Entrevista a Arturo Montalvo, militar boliviano en el
exilio. Sobreviviente del infierno verde, por Javier Claure C. en
Rebelión, 11/08/2010). El libro de “Yuyo” Taborga –uno de los fugados-
también se refiere al escape a la libertad. Es el libro mejor escrito,
el más filosófico, también me gusta.

Sólo diré una cosa: la Bolivia democrática y plurinacional de hoy le
debe un reconocimiento a esta gente, que escribió una página de gesta,
un acto heroico, de valientes. Habría que hacer una película, revivir
este notable hecho histórico, para que la juventud boliviana se
inspire, se motive, se sienta orgullosa, y se dejen de ver esas
películas de mierda con la cual nos invaden y nos colonizan los
gringos.

Río Abajo, 10 de marzo de 2011

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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría



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