[R-P] [Alberto J. Franzoia] Los Cirigliano, un caso paradigmático de nuestra "burguesía nacional".
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Mie Mar 7 16:46:21 MST 2012
Los Cirigliano, un caso paradigmático de nuestra “burguesía nacional” *
Por Alberto J. Franzoia
Si bien el concepto burguesía nacional es utilizado con frecuencia en
producciones teóricas y discursos políticos de nuestro país, no es la
primera vez que pongo en tela de juicio la validez del mismo dada la
escasa correspondencia observable entre el concepto mencionado y
aquella realidad que intenta representar.
Si en la burguesía nacional incluimos a quienes constituyen una clase
social no sólo por el lugar objetivo que ocupan en la estructura
productiva de la sociedad capitalista, sino también por su
comportamiento histórico de clase (que debería consistir, tomando los
parámetros históricos pertinentes, en maximizar sus beneficios
recurriendo a la reinversión productiva de los mismos), sostengo que
dicha burguesía es de dudosa existencia en Argentina. En realidad lo
observable a lo largo de nuestra historia es un comportamiento
esencialmente parasitario, copiado de la clase social dominante (la
oligarquía); clase que maximiza sus ganancias recurriendo a distintas
variantes de la especulación económica. Desde luego dicho
comportamiento lejos ha estado de favorecer el desarrollo sostenido
del capitalismo como ocurrió en los países dominantes
Tradicionalmente nuestra oligarquía ha actuado en el sector rural,
como propietaria de grandes extensiones de tierra (latifundios) y en
el comercio de exportación-importación, sin embargo con el paso de los
años extendió sus actividades al sector industrial y financiero. En
cada caso especuló siempre, tanto con la renta diferencial de la
tierra en la pampa húmeda, como con el control monopólico u
oligopólico del mercado industrial, o con la especulación lisa y llana
en la actividad comercial- financiera.
La confusión conceptual surge porque algunos de nuestros teóricos y
políticos llaman burguesía a todo grupo propietario de medios de
producción industriales (incluyendo la industria del transporte), como
si esa única condición los acreditara al respecto. Sin embargo una
clase no se define sólo por el lugar que ocupa en la estructura
productiva (ante todo como propietaria o no de los medios de
producción y comercialización), sino también por su comportamiento
histórico de clase. Y es allí donde buena parte de nuestros grandes
propietarios industriales no han actuado como burguesía, ya que la
eterna especulación que los caracteriza nunca podrá generar el
desarrollo sostenido de las fuerzas productivas. Y sin desarrollo
productivo no hay capitalismo desarrollado sólo hay subdesarrollo del
mismo. Desde luego la otra pata necesaria para que el subdesarrollo
tenga un carácter estructural es el vínculo histórico entre esta clase
nativa y el imperialismo ejercido por las burguesías de los países
dominantes y desarrollados.
Ahora bien, si hay un ejemplo emblemático del fallido comportamiento
burgués de nuestros empresarios (me refiero a la gran empresa no a la
pequeña burguesía) el mismo se expresa en la actual situación de
nuestra red ferroviaria; y si un grupo es paradigmático sobre
comportamientos esencialmente especulativos ése es el de los
Cirigliano.
Ellos, los hermanos Mario y Claudio, conforman uno de los grupos
económicos más poderosos de nuestro país. Son propietarios del Grupo
Plaza, integrante del holding Cometrans, empresa de empresas que en la
actualidad transporta miles de pasajeros por día en Capital Federal,
Gran Buenos Aires y ciudades de otras provincias. El Grupo Plaza
comenzó con un colectivo comprado por Nicola Cirigliano, padre de
Mario y Claudio, quien arribó desde Italia huyendo de la segunda
guerra imperialista y el hambre. Uno de los primeros trabajos de
Nicola en la Argentina fue en la municipalidad porteña como conductor
de camiones. La experiencia que fue adquiriendo en el rubro transporte
lo llevó en 1959 a comprar el colectivo interno 16 de la línea 295.
Pasados algunos años los Cirigliano adquirieron las Líneas 61 y 62,
con las que la empresa familiar comenzó a crecer hasta que en 1975
Nicola les cedió la gestión a sus hijos. Pero la expansión más
sorprendente viene de la mano de los noventa, cuando las oscuras
privatizaciones del abanderado nativo del fin de la historia
proclamada por Fukuyama, el riojano Carlos Menem (con quien los
hermanos solían jugar al golf), les permitieron obtener la concesión
de los servicios de trenes y quedarse además con la explotación del
subte de Buenos Aires. Más tarde ganaron también la licitación del
predio donde se fabrican y reparan los vehículos, obtuvieron las
concesiones de otras líneas de pasajeros interurbanas y, además, de
una compañía para el mantenimiento de la estructura ferroviaria
abandonada durante el proceso neoliberal. Hacia 2003 incorporan
transportes de larga distancia, una agencia de viajes y una empresa de
publicidad. Como se observa el círculo del control omnipotente de un
mercado específico se iba cerrando.
Pero los Cirigliano se vieron favorecidos no sólo por el proceso
privatizador de los noventa que les permitió constituirse como empresa
oligopólica del transporte público de pasajeros, también accedieron a
una generosa política de subsidios sin los controles estatales
necesarios que garantizaran la reinversión para ampliar y mejorar la
calidad del servicio. Ambas cuestiones han resultado por lo tanto
condición necesaria para dar rienda suelta al comportamiento
inescrupuloso de este grupo de “burgueses nacionales”, el mismo que
acaba de protagonizar (como propietario de TBA y principal responsable
de la seguridad del servicio que presta) una enorme tragedia nacional
en la estación de Once con un saldo de 51 muertos y más de 700
heridos.
Los Cirigliano constituyen un caso paradigmático sobre el
comportamiento de clase registrado a lo largo de nuestra historia por
esta supuesta “burguesía nacional”. Jauretche la clasificó como parte
constitutiva del medio pelo argentino por su nula conciencia de clase
que le genera un fatal (para la Nación y su pueblo) apego a
comportamientos y valores típicamente oligárquicos. Actúa en el
terreno industrial como propietaria del medio de producción, pero sus
beneficios se multiplican no como consecuencia de un comportamiento
empresarial productivo sino al amparo del control oligopólico de un
mercado específico y de subsidios generosos (actuales) no reinvertidos
en el rubro que los generó; de allí el tremendo deterioro observable
en la red ferroviaria o la insuficiente frecuencia de trenes (como de
colectivos) en horarios pico.
Estos comportamientos demuestran que la especulación prevalece como
criterio generador de espectaculares ganancias, copiando por lo tanto
la conducta histórica de la oligarquía, a la que nuestros “burgueses”
toman como grupo de referencia. Pero además, igual que esa oligarquía,
diversifican dicho comportamiento especulativo en busca de las mejores
oportunidades para ciertas “ganancias rápidas” que les ofrece el
mercado. Así Claudio Cirigliano es titular de Yaniel SA, dedicada a la
cría de ganado, la inversora Invercla Sociedad Anónima y la empresa
dedicada a transacciones inmobiliarias Ibancor. Mario, por su parte,
es titular de Travel shop Sociedad Anónima, una compañía de marketing.
Ambos figuran en la nómina de socios de la inversora BCAUSTRAL.
En trabajos anteriores dedicados al abordaje de nuestra oligarquía
señalé que está compuesta por varias fracciones, desbordando el
tradicional anclaje en la actividad agraria y comercial (como ocurrió
durante el siglo XIX y principios del XX); también hice referencia a
que sus expresiones más concentradas se dan el lujo, gracias a la
cantidad de capital líquido del que disponen, de cambiar rápidamente
de arias donde invertir y a veces hasta actúan simultáneamente en
varias (agraria, comercial, industrial y financiera). Pero ocurre que
aquella clase que algunos identifican como “burguesía nacional” no
difiere en nuestro país del clásico comportamiento evidenciado por la
oligarquía, con lo que la sentencia realizada por Jauretche en “El
medio pelo” mantiene plena vigencia: el fracaso histórico de nuestra
burguesía es una constante ya que hasta nuestros días sigue careciendo
de conciencia de clase.
En tanto la quinta esencia de este grupo social es el enriquecimiento
fácil a partir de un comportamiento económico que evita la reinversión
productiva (como lógica para multiplicar beneficios que desde luego
tienen su origen en la apropiación de la plusvalía gestada por los
trabajadores) constituiría un serio error que el gobierno apueste a
ellos para profundizar el modelo con un desarrollo autosostenido y
mayor justicia social. En las condiciones descriptas, y más allá de
toda visión voluntarista de la historia que intente estimular a dicho
grupo social para que actúe como clase productiva, sólo el Estado
podrá cumplir la función que nuestro gran empresariado no esta en
condiciones de asumir porque siempre ha sido capitalista pero no
burgués.
La Plata, marzo de 2012.
* Producido para Cuaderno de la Izquierda Nacional, publicación
quincenal de El Ortiba | Novedades Marzo 2012
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