[R-P] Independencia

carola chavez tongorocho en gmail.com
Vie Jul 6 19:33:47 MDT 2012


Independencia
Carola Chávez
carolachavez.wordpress.com




De niños aprendimos a dibujar africanos elefantes y jirafas mucho
antes de asombrarnos con la existencia del exótico chigüire, roedor
gigante que vivía en los desconocidos, y nunca tan cercanos como
mayami, llanos venezolanos.

Leímos cuentos de hadas y llenos de esa nostálgica manía pretender
revivir nuestra niñez a través de la de nuestros hijos, mantuvimos
vivos, por los siglos de los siglos, a princesas, brujas y dragones
que se tragaron a Tío Tigre, Tío Conejo y todos nuestros cuentos.
Dragones que fueron devorados a su vez por un ratoncito con voz de
pendejo que, haciéndose el ídem, se instaló en nuestras vidas como
parte indispensable de una infancia feliz.

El ratón coloreó con sus modos nuestras vidas y nos metió su comida
por los ojos, y sus bailes, y su carro, y su parque y su american
dream, sus sueños de utilería...
Convencidos de que lo ideal queda cruzado mares, de que todo está
inventado y viene de allá, vivimos en un espejismo que hace a lo
remoto imposiblemente propio y lo propio invisible.

Intentamos en vano retorcer nuestra realidad, tratando de encajar,
frustrados por nuestra incapacidad de hacerlo… Derrotados. Resignados
ante nuestra falsa ineptitud, buscamos avales, la aprobación externa,
la palmadita en la espalda… colonizados...

Saltando de la sartén del ratón americano, caemos tantas veces en
otras sartenes no menos coloniales, donde no dejamos de ser
inadecuados, raros y siempre incapaces. Sartenes eurocéntricas que
miran al mundo desde lo alto su historia -la única historia, porque
todo lo demás es cuento-. Y seguimos viviendo en un espejismo que hace
lo remoto imposiblemente propio y lo propio invisible…

Así celebramos octubres rojos, ignorando otro octubre, con su 17, tan
cercano, tan glorioso, tan nuestro que regresó en abril y regresará en
mayo, enero, diciembre y cada vez que nuestros pueblos lo invoquen.
Repetimos citas traducidas de pensadores que, en el mejor de los
casos, jamás pensaron en nosotros, y en el peor, cuando nos pensaron,
lo hicieron desde su arrogancia ombliguista y, por supuesto, sin
entender ni papa. Ignoramos a los nuestros permitiendo, otra vez, que
el dragón se devore -digamos- a Jauretche, como lo hizo con Tío
Conejo.

Vemos grandeza en todas partes menos en nuestra propia grandeza. Vemos
revoluciones en todas partes menos en nuestras propias revoluciones
populares. Invalidamos nuestras maneras porque éstas no han sido
escritas. Soportamos sumisos la científica descalificación de nuestros
modos. Avergonzados, aceptamos como malos conceptos que han sido
gastados por otros usos en otras circunstancias y otros lugares, pero
que aquí a nosotros nos nos vienen como anillo al dedo.

Hablemos de independencia, pues, y empecemos a vernos desde nosotros mismos.



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