[R-P] [Miguel Teubal] Moneda nacional, fuga de capitales e inflación

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Vie Jul 6 06:49:43 MDT 2012


Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-6101-2012-07-06.html

MONEDA NACIONAL, FUGA DE CAPITALES E INFLACION
Dólar y dolarización

Aspectos culturales, razones históricas y también condiciones
económicas y sociales permiten entender la elección del billete verde
en lugar de la moneda nacional como vehículo de ahorro. Desafíos y
restricciones para superar ese problema.

Por Miguel Teubal *

No cabe duda de que el problema del dólar es un problema cultural para
los argentinos. Esto no significa que no tenga explicaciones sociales
y económicas. Existen razones históricas y también económico-sociales
muy concretas por las cuales en ámbitos locales persiste esta
“preferencia por el dólar”. El dólar sigue siendo un refugio para el
ahorro de las personas frente a la gran volatilidad que históricamente
tuvo el peso (los distintos pesos). Asimismo, pese a que a nivel
internacional el dólar se halla en la picota, todavía no ha emergido
otra moneda internacional que lo sustituya, por lo menos en América
latina. También tiene que ver con que el proceso inflacionario induce
a muchos a pensar que eventualmente se va a producir una devaluación
del tipo de cambio.

Como frecuentemente se nos recuerda, la inflación ha sido endémica en
el país. En la década de los ’60 rondó en casi todos los años el ’40
por ciento anual. En otras décadas superaba frecuentemente el ciento
por ciento. Luego, en el período 1989-1991 se registraron tres
hiperinflaciones que inducían a muchas personas a transferir
rápidamente sus salarios a dólares, ya que éstos aparecían no sólo
como refugio para los ahorros, sino también como mecanismo para
mantener el poder adquisitivo de los ingresos.

En la actualidad, la inflación reapareció como problema y hasta ahora
no se ha establecido una forma para controlarla con efectividad. Se
trata de un problema que induce a las personas a querer comprar
dólares, incluso más allá de sus requerimientos para viajar, comprar
insumos para su producción industrial o agraria, u otros bienes
necesarios para el consumo personal provenientes del exterior.

Con la convertibilidad y en todo el período que condujo a la crisis
del 2001/2002 se impulsó la plena dolarización de la economía. Si bien
en nuestro país, por suerte, no se produjo, dicha dolarización
persiste en muchos ámbitos, por ejemplo, en los mercados de valores
inmobiliarios. Una propiedad, una casa, tiene la característica (por
lo menos en nuestro país) de que pese a los avatares por los que pasa
la economía, sus valores se mantienen, e incluso aumentan en términos
relativos. Existe la noción de que “los ladrillos” son bienvenidos
porque, entre otras cosas, mantienen su valor, y pueden ser un refugio
importante para las rentas que se generan en otros sectores. Puede ser
ésta una de las razones por las cuales la prohibición de realizar
transacciones inmobiliarias en dólares puede generar un parate en el
mercado inmobiliario local, por lo menos en el corto plazo.

No sólo está dolarizado el mercado inmobiliario, también persisten los
depósitos en moneda extranjera de argentinos en el exterior, que desde
la década de los ’70 aumentaron a la par del endeudamiento externo.
Este es otro elemento que señala la poca importancia relativa que se
le da al peso argentino, cuya volatilidad puede llegar a ser muy
importante.

Vemos así cómo el dólar se ha transformado en un problema. Desde el
punto de vista del Gobierno, son requeridas medidas para controlar la
fuga de dólares debido a la reducción que se produjo en los últimos
años en el superávit de la balanza comercial y fiscal. El Gobierno
estima que pueden surgir problemas a futuro para pagar los servicios
de la deuda externa. Para enfrentar esa disyuntiva impulsó los
controles sobre las importaciones y las restricciones a la compra de
dólares en el mercado interno. Hubiera podido, como alternativa,
revisar el problema de la deuda y renegociarla teniendo presente que
una parte de la misma fue considerada ilegítima y odiosa. Sin embargo
se optó por seguir adelante con el pago de los servicios de la deuda,
como si éstos fuesen sacrosantos.

Debemos preguntarnos acerca de la efectividad que tienen los controles
para la compra de dólares establecidos en la actualidad. Por cierto,
tienden a afectar mucho más al chiquitaje que a los grandes
capitalistas, quienes tienen mecanismos disponibles para proveerse de
dólares y sus transferencias al exterior. Por cierto tales medidas no
deberían ir en contra del mantenimiento de un alto nivel de la demanda
global para evitar la caída de la actividad económica, y una
desocupación como la que tuvimos durante la crisis del 2001/2002. Si
embargo existe un parate en la actividad económica que en parte es
debido a que muchas industrias que necesitan importar bienes del
exterior para impulsar su producción interna no pueden hacerlo. Esto
también porque el grado de sustitución de importaciones no ha avanzado
lo suficientemente como era de esperar y porque se ha creado un clima
de incertidumbre que incide sobre las expectativas de inversión y
consumo.

Pero lo esencial es abordar con efectividad el proceso inflacionario,
dinámica que tiene por lo menos tres importantes fuentes: el alza de
los precios de los commodities en los mercados internacionales sin que
se haya podido neutralizar sus efectos en los mercados internos,
especialmente sobre el precio de los alimentos de consumo popular; el
alza de las tarifas públicas, en aras de reducir los subsidios que en
última instancia favorecen a las empresas privatizadas de servicios
públicos, y el alza de los precios de los bienes y servicios
orientados a los sectores de altos ingresos –educación, salud,
vivienda, crédito– que tienden a perpetuarse en una economía en lo
esencial desarticulada, o sea, que favorece la producción de bienes de
lujo orientados a sectores de altos ingresos en detrimento de la
producción de bienes-salario.

La reducción del proceso inflacionario que ya tiende a propagarse en
función de expectativas inflacionarias de los grupos empresariales,
especialmente de los más grandes que controlan sectores clave de la
economía, no puede resolverse con medidas ortodoxas, como sería el
“enfriamiento de la economía”, con sus correspondientes ajustes y el
atraso cambiario, los cuales sólo contribuirían a la instauración de
tendencias recesivas en el país. Seguramente la ortodoxia y el FMI
querrían que el país emprendiera nuevamente el camino del
endeudamiento externo, con programas de ajuste que ya conocemos, que
sería volver al esquema de la valorización financiera de los ’90,
opción que sería nefasta por cierto

* Economista,investigador superior Conicet-UBA.


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Néstor Gorojovsky
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