[R-P] LA PLAZA DE LA INCOMODIDAD. Por Ana Vainman

Roberto Vera robertoverasigloxxi en yahoo.com.ar
Lun Jul 2 14:05:24 MDT 2012


Tiempo Arg. 30.01.21

LA PLAZA DE LA INCOMODIDAD 

La convocatoria de Moyano partió aguas en el sindicalismo y en la política. El camionero se cobija en el Grupo Clarín sin reparar en las violaciones a los derechos gremiales de los trabajadores en las que incurre la empresa.  
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   Por: Ana Vainman 

Incomodidad. Esa es la palabra. En una semana en la que los cruces entre el líder de la CGT, Hugo Moyano y la presidenta Cristina Fernández alcanzaron límites insospechados, el país ingresó en una nueva docotomía: adherir o no adherir al paro. Como si a los argentinos no nos bastara con las polarizaciones existentes, kirchnerismo y moyanismo nos llevaron a una nueva. Y en esa posición incómoda para muchos transcurrió el primer paro general convocado en nueve años. Hasta la red social Twitter reflejó las nuevas categorías: #paro, #YoNoPAro. Y en el medio hubo mucha gente incómoda. La incomodidad radica en muchos elementos que sazonaron la movilización del miércoles y en algunas palabras de la propia presidenta.
Moyano no se mostró muy distinto de lo que siempre fue: un líder con respaldo de su gremio, con gran capacidad de presión y un excesivo personalismo. Haber convocado a un paro por televisión como reacción a la noticia de que el gobierno lo había denunciado ante la justicia y modificar a su antojo la convocatoria al paro (si lo hacía Camioneros o si lo hacía la diezmada CGT que todavía conduce) sólo dio más argumentos a las críticas de quienes le disputan la secretaría general de la central obrera. Sus adversarios –con mayor o menor autoridad moral para hacerlo− lo cuestionan por poner los intereses de su sindicato por encima de los del conjunto de los trabajadores y por colocarse él como único protagonista del movimiento obrero. 
Y con el acto demostró eso y más. Expuso, por ejemplo, que es capaz de pasar por alto el hecho de que el Grupo Clarín persiga delegados, no acate las decisiones de la justicia en materia sindical, no pague los acuerdos salariales rubricados en el sector diarios y no permita que en el gran diario argentino haya comisión interna. Cuando Marcelo Zlotogwiazda lo consultó en una entrevista radial sobre por qué ahora desfilaba por los programas de TN y de Radio Mitre cuando antaño encabezó la avanzada kirchnerista que lanzó la campaña “Clarín miente”, el líder camionero contestó sin tapujos: “Porque ahora no me atacan y porque el grupo está cumpliendo y está haciendo todo bien (en materia gremial).” El Grupo respondió los favores con cero menciones a los “ataques a la libertad de prensa” que en otro momento podría haber significado que el miércoles no se distribuyeran los diarios.   
Una de las sorpresas del discurso del líder camionero ante la multitudinaria concurrencia –que supo ser mucho mayor en tiempos de alianza estratégica con el kirchnerismo- fue que por primera vez la destinataria de sus críticas no fue la solo presidenta, sino también su difunto esposo, Néstor Kirchner. Como para marcar la cancha desde el principio, al iniciar su alocución cuestionó la decisión del matrimonio de autoexiliarse en Santa Cruz con el inicio de la última dictadura para “lucrar”.
“Me pregunto cuando muchos nos quedamos en el país después del golpe de 1976 hubo dos clases de exilio: los que se exiliaron fuera del país y los que se exiliaron en el sur a lucrar con la resolución 1050 (del Banco Central)”, dijo Moyano en referencia a la normativa que a fines de los '70 elevó el costo de los créditos muy por encima de los precios de las viviendas, lo que favoreció la ejecución de casas hipotecadas.
Para muchos, la mayor incomodidad de la marcha del miércoles radicó en la variopinta concurrencia, que recorrió todo el espectro político desde algunos sectores de la izquierda −que históricamente rechazaron a Moyano por “burócrata”− hasta integrantes de la Mesa de Enlace, pasando por la defensora de los represores de la dictadura, Cecilia Pando. Para otros, la imposibilidad de concurrir a la Plaza de Mayo radicó en que los reclamos a partir de los cuales se convocó a la movilización (suba del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias y eliminación de los topes para percibir asignaciones familiares) buscaban beneficiar solo al sector más rico de los trabajadores.  
También pudo resultar incómodo para muchos que la alternativa a Moyano sea el hasta ahora único candidato a remplazarlo en la secretaría general de la CGT, Antonio Caló, y quienes lo impulsan. En esa alianza para derrocar al camionero encuentran más contradicciones que consensos e incluso todavía no se sabe si contarán o no con el apoyo de ciertos personajes como el gastronómico Luis Barrionuevo y sus gremios adeptos. 
Este sector, además, espera la definición del Ministerio de Trabajo en torno a la impugnación de la convocatoria a elecciones para el próximo 12 de julio y sólo después de la decisión de la cartera laboral terminarán de definir su estrategia.   
Pero algunas palabras de la primera mandataria también causaron incomodidad. En el discurso que realizó en la Casa Rosada para anunciar una tarjeta de acceso a créditos para jubilados y pensionados, apuntó, una vez más, contra los sindicatos que ejercen presión para conseguir mejoras salariales o de condiciones de trabajo.
La presidenta recordó el anhelado “fifty-fifty” y dijo: “El problema es cómo se distribuye ese 50% dentro de la propia masa de los trabajadores. Uno diría bueno, van a ganar más los que tengan mayores capacidades, los que hayan estudiado más, los que sean más necesarios. Ganarán más los médicos, los investigadores del CONICET, los profesores de las universidades. No, lamento informarles que no es así. Muchas veces los salarios se obtienen por la capacidad de presión, esto es cuánto puedo amenazar y perjudicar a la sociedad para obtener un determinado salario. Y acá está la gran madre del borrego: de esos 62 mil millones de masa salarial registrada el 19% de los trabajadores se queda con el 41%, y el 81% de los trabajadores se queda con el 59 por ciento.”
Con esas palabras, la primera mandataria volvió a generar suspicacias dentro del sector de los trabajadores y desvió la atención de la verdadera puja distributiva que se da entre el capital y el trabajo y no dentro de la propia clase.  
 



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