[R-P] [Martín Palermo] La estrategia de la ambigüedad

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Lun Ene 30 07:31:22 MST 2012


[Razón sobrada tiene Vicente Palermo, aunque por supuesto enuncia sus
criterios desde lo más profundo del bando desmalvinizador.

A su planteo solo se puede responder preguntando: "¿Qué hiciste tú en
la guerra, Vicente? Defendiste el interés  británico, aunque lo
dirigiese ese alacrán humano de la burguesía imperialista llamado
Margaret Thatcher, o defendiste el interés argentino, aunque lo
dirigiese la marioneta del alacrán llamada Leopoldo Fortunato
Galtieri?"

Y cuidado en la respuesta: ignorar que Galtieri y todo el régimen del
76 eran mandatarios de eso que latía y late en el corazón de la
Thatcher implica ignorar el dato central que dio sentido a esa
dictadura siniestra.

La cuestión no es menor: si vencía el alacrán, como venció, se
fortalecía aún más el imperialismo en el Río de la Plata, como se
fortaleció. La recuperación de la democracia formal en 1983 no fue
consecuencia de la derrota en Malvinas, pero sí lo fue el carácter
vasallo de esa formalidad. Y fue consecuencia de la derrota también la
debilidad del Estado argentino ante los aliados locales del
imperialismo, que le costó la caída anticipada a Alfonsín y luego
presidió la traición en toda la línea del menemismo.

Y si vencía la marioneta, la condición previa era dejar de ser
marioneta, liberarse intelectualmente del cipayismo, y asumir un
camino nacional a partir de las evidencias clarísimas que dejaba la
guerra sobre si era posible o no alzarse en contra del amo
imperialista, y sobre quiénes eran nuestros aliados y quienes nuestros
enemigos. Y allí sí ardía Troya quizás a nivel planetario. Nunca lo
sabremos. Bignone y Rattenbach, entre tantos otros encabezados por
Alain Rouquié, desmalvinizaron a conciencia.

Lo que sí sabemos, en cambio, es lo que como temía el Raúl Alfonsín
que tanto admiraba Palermo: se corría riesgo de que apareciese un
"nasserismo" argentino (declaraciones textuales a Jorge Enea
Spilimbergo, ante la pregunta, lanzada en plena guerra, de qué pasaba
en la eventualidad de que ganara la Argentina.

El resto, son justificaciones.]

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1444444-la-estrategia-de-la-ambiguedad

Lunes 30 de enero de 2012
La estrategia de la ambigüedad
Por Vicente Palermo

El 2 de abril de 2010, cuando se cumplían 28 años de la Guerra de las
Malvinas, la presidenta de la Nación se expresó en los siguientes
términos: "Nosotros -y cuando hablo de nosotros, hablo de los
argentinos- debemos saber diferenciar las cosas que ocurrieron, poder
separar a quienes gobernaban bajo formas no democráticas, del hecho en
sí que es el ejercicio de la soberanía nacional y el rechazo al
colonialismo que aún avergüenza a la humanidad en el siglo XXI. Es
imprescindible que los hombres y mujeres que tenemos responsabilidades
institucionales y, fundamentalmente, también todos los argentinos
aprendamos, hagamos el duro aprendizaje de poder diferenciar las cosas
y saber comprender que la patria y sus derechos están por sobre toda
otra cualquier circunstancia o episodio que nos haya tocado vivir a
cada uno de nosotros".

Estas palabras son perfectamente representativas del modo más común de
rememorizar la guerra a lo largo de estas décadas, modo atravesado de
una incurable ambigüedad, que bloquea la posibilidad de un
cuestionamiento a fondo de un episodio del que, en mi opinión, no hay
nada que "rescatar".

Se condena la dictadura, se condena a los militares que la condujeron,
pero ¿se condena la guerra? La ambigüedad salta a la vista; el "hecho
en sí" es aproximado a o es revestido de valores apreciados por los
argentinos, como la soberanía, el rechazo al colonialismo, los
"derechos de la patria" que están "por encima de cualquier
circunstancia".

Está claro que condenar inequívocamente la guerra de 1982 es
arriesgado: "¿Qué hiciste tú en la guerra, papá? "Estuve en la plaza
de Galtieri agitando una banderita." O sea, el respaldo social masivo
entre el 2 de abril y el 14 de junio pasaría a un primer plano. Y ya
no sería posible desentenderse de los factores políticos y culturales
(la causa Malvinas, una cierta concepción del derecho y la fuerza en
las relaciones entre Estados) que condujeron a ese apoyo masivo.

E ir a fondo en la condena es todavía más riesgoso. Obliga a examinar
las consecuencias irreversibles y de largo plazo de esa guerra: los
efectos políticos de la derrota (es asombrosa la forma en que la
diplomacia argentina pretende hacer de cuenta que a todos los efectos
políticos y diplomáticos la guerra no existió, porque "fue llevada a
cabo por una dictadura"); el rechazo y la desconfianza de los
malvinenses; la necesidad de verdad y memoria, y de responsabilidad,
ante quienes fueron las principales víctimas directas de la violencia:
los soldados.

Al contrario, la ambigüedad imperante se expresa también en la
cartografía y en la efemérides oficial (se cuela por ahí la palabra
gesta): conmemoramos el 2 de abril y llamamos Puerto Argentino a la
capital de las islas (¡lo que no nos impide decir sin empacho alguno
que estamos dispuestos a respetar el modo de vida de los isleños!).

Pero puede que haya motivos para cierto optimismo. Días atrás la
Presidenta inauguró la temporada malvinera de cara a los 30 años de la
guerra. Las referencias a la guerra fueron, en esta inauguración,
menos ambiguas de lo habitual. Es imposible saber por ahora si se
trata de un simple giro vinculado con la decisión de hacer público el
informe Rattenbach o de un cambio que ha de perdurar. Pero se puede
pensar que la propia difusión del informe contribuirá a la creación de
un ambiente favorable para que la condena de la guerra deje de ser
ambigua.

El autor es investigador principal del Conicet y miembro del Club
Político Argentino

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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría



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