[R-P] [Alejandro Horowicz] UCR, una historia de idas y vueltas

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Lun Feb 20 09:15:09 MST 2012


Fuente: http://tiempo.infonews.com/2012/02/12/editorial-1006-ucr-una-historia-de-idas-y-vueltas.php

12.02.2012 | Crisis partidaria
UCR, una historia de idas y vueltas

/ La estrecha colaboración radical peronista permitió en 2001 el
acceso a la Casa Rosada, sin elecciones, de Eduardo Duhalde, a un
precio exorbitante: en 2003 los radicales hacen la peor elección de su
larga historia.   /
Por: Alejandro Horowicz

Una mirada panorámica sobre la historia de la Unión Cívica Radical
permite entender la naturaleza de la crisis que recorre el partido
fundado por Hipólito Yrigoyen y Leandro N. Alem, a finales del siglo
XIX. Mientras se trató de la lucha entre “la causa” y “el régimen”, la
dirección radical osciló entre negociar la “reforma electoral” desde
arriba, renovación pactada con el poder tradicional, y quebrar el
orden que había consolidado la Argentina del Centenario.
Mientras funcionaba el unicato que federalizó Buenos Aires, mientras
el roquismo conservó el poder con puño de hierro y la posibilidad de
alcanzar el gobierno por métodos electorales no figuraba en la agenda
oficial, la UCR intentó el camino revolucionario en tres
oportunidades. Durante la crisis de 1890 (gobierno de Juárez Celman,
concuñado del general Julio Argentino Roca), el radicalismo, como
parte de un movimiento mayor que incluyó a Bartolomé Mitre, participó
en la Revolución del Parque. Fracasó. Repite la fallida intentona en
1893, y en 1905 volvió a fracasar. El patrón de este comportamiento
era, es significativo: el dispositivo militar funciona adecuadamente
hasta el estallido del movimiento, y se traba en el momento de coronar
la victoria política. Es decir, en el momento en que la dirección debe
hacerse cargo del poder…, aparentemente titubea. Y la victoriosa
batalla militar se transforma en inmisericorde derrota política.
Raúl Alfonsín explicó, no es el único claro, el sencillo misterio de
esas derrotas: la UCR no se proponía acceder al gobierno por vía
insurreccional, sino mostrar pedagógicamente que estaba en condiciones
de hacerlo. Se proponía, en suma, lo que termina sucediendo: construir
la crisis de la que terminaría siendo la solución electoral. Roque
Sáenz Peña entendió la mano que le tendían, y permitió –mediante la
reforma del régimen electoral– que Yrigoyen accediera, en 1916, a la
Casa Rosada.
De la mano de don Hipólito, los hijos de los inmigrantes accedieron
masivamente a cargos que, unos pocos años antes, estaban reservados
para las familias tradicionales. El personal con que se gobernaba el
país se democratizó, a condición de que los trabajadores extranjeros
no salieron de su ghetto social. Los sindicatos no fueran legalizados,
y si los reclamos obreros amenazaban, real o imaginariamente, el poder
oligárquico, la respuesta represiva no se hacia esperar. Así sucedió
durante la Semana Trágica de enero de 1919, y se volvió a repetir
durante las huelgas de peones en la Patagonia de 1923. La hora de la
espada no era una vacía alocución de Leopoldo Lugones, sino una
práctica establecida por la lógica de la Ley de Residencia. Es decir,
estado de excepción para liquidar la protesta popular.
La crisis del ’30 cerró definitivamente ese ciclo histórico, y pese a
que el presidente Yrigoyen contaba con el respaldo de las Fuerzas
Armadas (el golpe fue materializado con los cadetes del Liceo, ya que
era la única tropa disponible) el gobierno no intento resistir. La UCR
no gobernaría nunca contra la voluntad del bloque de clase dominantes,
y si esa voluntad imponía la proscripción partidaria, Marcelo Torcuato
de Alvear (sucesor de Yrigoyen) lo terminaría aceptando a
regañadientes. La solución revolucionaria quedaría definitivamente
descartada. Por eso los oficiales que se jugaron la carrera en cada
nueva intentona fallida, hubo varias, denunciaron el sabotaje de
Alvear, su voluntad de ahogar el movimiento en las gateras. La muerte
de Alvear (1868-1942) puso fin a ese debate interminable.

EL SURGIMIENTO DEL PERONISMO. El 17 de octubre de 1945, el entonces
coronel Perón, fue rescatado de la Isla Martín García por una
movilización obrera. El hombre fuerte del golpe del ’43 había sido
destituido por decisión de los oficiales de Campo de Mayo. El general
Ávalos (influido por Amadeo Sabattini, dirigente de la UCR cordobesa)
había presionado al presidente Farrell y este terminaría empujando la
renuncia de Perón. Pero el 17 de octubre no sólo rehace el juego, sino
que puso en marcha una nueva fuerza política: el peronismo.
En ese momento, el radicalismo (respaldado por todo el arco político
existente) conforma su nueva estrategia: el antiperonismo sistémico.
La derrota de la Unión Democrática en las elecciones de febrero del
’46, encabezada por la fórmula de la UCR, así como la incapacidad de
batir electoralmente al peronismo en sucesivas elecciones, abre un
nuevo curso: el fragote permanente. Es decir, la conspiración
cívico-militar destinada a poner fin al gobierno constitucional del
general Perón.
En septiembre de 1955, el General Lonardi alcanza el objetivo. Y de
“ni vencedores ni vencidos”, consigna inicial de la Revolución
Libertadora; se pasa a vencidos y proscriptos. El general Aramburu
había destituido a Lonardi, la ola antiperonista había alcanzado un
punto sin retorno.
La UCR se divide. Arturo Frondizi – histórico dirigente de la
intransigencia porteña– y Ricardo Balbín– referente de la provincia de
Buenos Aires– encabezan las fórmulas de las elecciones del ’58.
Frondizi, pacto de Caracas mediante, alcanza el gobierno con votos
peronistas. Pero a la hora de la verdad, cuando el peronismo participa
de las elecciones provinciales y gana Buenos Aires en 1962, Frondizi
–a instancia de las FF AA– anula las elecciones, y prepara su retirada
definitiva. El proceso de fragmentación del frondizismo abre paso a la
otra fracción radical, y Arturo Illia – sobreviviente del sabattinismo
cordobés– con el 24% de los votos accede a la presidencia. Sirvió de
poco, el 28 de junio de 1966, el general Onganía derroca al
presidente. ¿El motivo? El de siempre: incapacidad para vencer
electoralmente al peronismo. La Libertadora, a través del gobierno
directo de las FF AA., apuesta a la muerte de Perón y a la integración
de la dirigencia sindical peronista. Fracasa a medias.
Ricardo Balbín dibuja –desde la Hora del Pueblo, confluencia de
partidos que también incluyó al peronismo– la nueva estrategia
radical: la convergencia democrática, dejar de jugar a partido gorila
de masas, y acordar con Perón un programa mínimo. La muerte del
General en 1974 limitó el tartajeante experimento, pero posibilitó, en
1983, que Alfonsín pudiera recibir suficientes votos peronistas para
ganar limpiamente las elecciones. No era un cambio menor.
La crisis se devoró el gobierno de la UCR y Carlos Saúl Menem, el
vencedor peronista del ’89, accedió al poder seis meses antes. De modo
que no contaba con los nuevos legisladores. El pacto Alfonsín-Menem le
permitió contar con respaldo radical para su gobierno, y ese
cogobierno de facto –con idas y vueltas– facilitó la reforma
constitucional del ’94, y sobre todo, el acceso de Fernando de la Rúa
a la presidencia en 1999. Esa estrecha colaboración radical-peronista,
en 2001, permitió el acceso a la Casa Rosada, sin elecciones, de
Eduardo Duhalde, a un precio exorbitante: en las elecciones de 2003,
los radicales hacen la peor elección de su larga historia. Y un casi
desconocido gobernador patagónico accedió a la presidencia, en medio
de la crisis más terrible de la historia nacional.
Y la UCR pasó de la colaboración con el peronismo, al creciente y
virulento antiperonismo. Para decirlo en mis términos: de confluir con
el cuarto peronismo, a detestar la política K. El conflicto campero de
2008 rehizo el mapa político, y la UCR jugó todas sus cartas a la
derrota del gobierno. Fracasó.
Mientras la estrategia radical no salga de ese estrecho marco, su
propia sobrevivencia queda en tela de juicio. Es evidente que la
lógica de una confederación de fuerzas, nucleadas en derredor de un
archipiélago de intendentes, arrastra a la UCR a los brazos de
Mauricio Macri. No queda tan claro si un acuerdo con el socialismo de
Santa Fe articula un “frente progresista”, pero en un caso pasan a
fuerza de segundo orden, y en el otro tal vez puedan orientar el
destino de la UCR más allá del horizonte liberalismo conservador.

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Néstor Gorojovsky
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