[R-P] [Norberto Galasso] Manuel Padilla.
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Dom Feb 19 09:55:14 MST 2012
MANUEL ASCENCIO PADILLA
( 1774 – 1816 )
Nace el 28 de setiembre de 1774, en lo que hoy es Chayanta, localidad
de Bolivia. Apoya la causa revolucionaria desde su estallido, el 25 de
mayo de 1809. Cuatro años atrás, había contraído matrimonio con Juana
Azurduy, quien comparte sus mismos ideales. Ambos son perseguidos por
las fuerzas del mariscal Nieto, después de haber sido derrotada la
insurrección de 1809 que dirigía Pedro Murillo.
En setiembre de 1810, ocupa Punilla, con 2000 indios y poco después,
se vincula a Castelli. Interviene en la batalla de Huaqui (1811) y
debe fugar, perseguido por las fuerzas del absolutista Goyeneche.
De la derrota ha salido con sus bienes confiscados, pero ha logrado
rescatar a la Juana y a sus hijos de manos del enemigo. En 1812, se
incorpora al ejército del Norte, participando en las batallas de
Tucumán y Salta, y aportando luego diez mil indios a las luchas de
Vilcapugio y Ayohuma. A partir de entonces, vigoriza sus fuerzas y se
establece en La Laguna, donde concentra una importante cantidad de
indígenas, tornándose, por momentos, inexpugnable, junto a su esposa y
sus amazonas.
La tarea realizada por Padilla resulta fundamental porque impide a los
ejércitos absolutistas el avance hacia el sur, dando tiempo a San
Martín para levantar el Ejército de los Andes con el cual llevar su
proyecto de liberación a Chile y Perú. Pero el 14 de setiembre de
1816, en la acción de Villar, recibe un balazo que le provoca la
muerte. El jefe enemigo – Aguilera – lo degüella y luego cuelga su
cabeza en una pica, en el pueblo de La Laguna. En mayo de 1817, la
Juana acaudilla a su gente y controla la zona de La Laguna,
recuperando la cabeza de Manuel Ascencio.
La lucha de los Padilla constituye una verdadera gesta, nutrida de
altruismo, en la cual no sólo pierden todos sus bienes sino también
sus hijos. Años después de la muerte de Manuel, Bolívar visita a la
Juana, en su modesta vivienda, para agradecerle todo lo que ella y su
difunto marido han hecho por la revolución. Poco, sin embargo, los
recuerda la historia oficial, ni tampoco la literatura o la
cinematografía, siempre renuentes a reivindicar a los líderes de las
masas populares latinoamericanas.
N. GALASSO – LOS MALDITOS – Vol. II – Pág. 136 – Ed. Madres Plaza de Mayo
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