[R-P] [Thierry Meyssan] Fin de la partida en Siria

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mie Feb 15 14:33:34 MST 2012


[Al parecer, se retiran de Siria con el rabo entre las patas traseras
¿A quién le toca ahora?

Ojo al piojo que quizás nos busquen camorra a nosotros.

Ante estos sujetos la diplomacia no alcanza.

Hay que rearmarse.]

Gentileza Bob Weiss

Se termina la partida en el Medio Oriente
por Thierry Meyssan
Red Voltaire

Damasco (Siria) Hace 11 meses que las potencias occidentales y las
monarquías del Golfo se empeñan en desestabilizar la nación siria.
Varios miles de mercenarios han sido infiltrados en el país.
Reclutados por Arabia Saudita y Qatar en los medios extremistas
sunnitas, estos elementos armados llegaron a Siria para derrocar al
«usurpador alauita» Bachar al-Assad e imponer una dictadura de
inspiración wahhabita. Cuentan con el más moderno equipamiento
militar, incluyendo equipos de visión nocturna, centrales de
comunicación y robots para el combate urbano. El apoyo encubierto que
les proporcionan las potencias de la OTAN les garantiza además acceso
a datos indispensables en materia de inteligencia militar, como
imágenes satelitales de los desplazamientos de las tropas sirias e
intercepciones de las comunicaciones telefónicas.

Esta operación se presenta al público occidental de forma tendenciosa,
como si se tratara de una revolución política ahogada en sangre por
una implacable dictadura. Pero no todos se creen esa mentira. La
rechazan Rusia, China y los países latinoamericanos miembros del ALBA
[Alternativa Bolivariana para las Américas. Nota del Traductor.]. Y es
que las experiencias históricas de estos países les han permitido
comprender clara y rápidamente el trasfondo de la operación montada
contra Siria. Los rusos recuerdan lo sucedido en Chechenia, los chinos
no olvidan los acontecimientos de Xinjiang y los latinoamericanos
tienen muy presente las guerras sucias contra Cuba y Nicaragua. En
todos esos casos, más allá de las apariencias ideológicas o
religiosos, la CIA recurrió a los mismos métodos de desestabilización.

Lo que más sorprendente resulta en esta situación es ver cómo los
medios de prensa occidentales se autoconvencen de que los salafistas,
los wahhabitas y los elementos armados de Al-Qaeda son individuos
amantes de la democracia, a pesar de que siguen utilizando los canales
de televisión vía satélite de Qatar y Arabia Saudita para lanzar
constantes llamados a degollar a los herejes alauitas y a los
observadores de la Liga Árabe. No importa que Abdelhakim Belhaj
(número 2 en la jerarquía de Al-Qaeda desde la muerte oficialmente
proclamada de Osama ben Laden) llame a desencadenar la yihad en Siria.
La prensa occidental sigue tratando de imponer su romántica versión de
la supuesta revolución liberal.

Lo más ridículo es oír como, al hacerse eco de los informes del
Observatorio Sirio de los Derechos Humanos sobre los crímenes del
régimen y sus víctimas, los medios occidentales siguen divulgando
servilmente las acusaciones cotidianas que profiere la rama siria de
la Hermandad Musulmana. ¿Desde cuándo esa hermandad de golpistas se
interesa por la defensa de los derechos humanos?

Sólo bastó que los servicios secretos occidentales sacaran del
sombrero un títere llamado «Consejo Nacional Sirio», con un sociólogo
de la parisina universidad de la Sorbona como presidente y con una
portavoz que no es más que la amante de un ex jefe de la DGSE
[Dirección General de la Seguridad Exterior, la agencia de
inteligencia de Francia. NdT.], para convertir a los «terroristas» en
«demócratas». Como por arte de magia, la mentira se convierte así en
una verdad mediática. Las personas secuestradas, mutiladas y
asesinadas por la Legión Wahhabita se convierten, por obra y gracia de
la prensa, en víctimas del tirano, mientras que los jóvenes sirios de
todas las confesiones que sirven en el ejército nacional para defender
su país de la agresión sectaria son presentados como soldados alauitas
que oprimen a su propio pueblo. La desestabilización de Siria por
parte de fuerzas extranjeras se convirtió a su vez en un episodio de
la llamada «primavera árabe». El emir de Qatar y el rey de Arabia
Saudita, dos monarcas absolutistas que nunca han organizado elecciones
en sus propios países y que no vacilan en encarcelar a todo el que
protesta contra sus regímenes, se convirtieron a su vez en defensores
de la revolución y de la democracia. Francia, el Reino Unido y Estados
Unidos, países que acaban de asesinar a 160 000 libios en violación
del mandato que el Consejo de Seguridad de la ONU les había otorgado,
se transformaron por su parte en filántropos protectores de la
población civil, etc., etc., etc.

El doble veto ruso y chino del 4 de febrero de 2012 representa el fin
de la guerra de baja intensidad que la prensa occidental y la del
Golfo habían venido enmascarando con su campaña mediática. La OTAN y
sus aliados han recibido una clara advertencia de que deben cesar las
hostilidades y retirarse si no quieren tener que asumir una verdadera
guerra de carácter regional, o incluso mundial.

El 7 de febrero llegó a Damasco una importante delegación rusa que
incluía entre sus miembros a los más altos responsables de la
inteligencia rusa, delegación que recibió una cálida acogida
dispensada por una multitud entusiasta, segura de que el regreso de
Rusia a la escena internacional significa el fin de la pesadilla. La
capital siria y Alepo –la segunda ciudad sirie en importancia– se
vistieron de blanco, azul y rojo y sus habitantes desfilaron por las
calles portando banderolas en ruso. En el palacio presidencial, la
delegación rusa se reunió con las de otros países, esencialmente de
Turquía, Irán y Líbano. Se procedió entonces a la conclusión de una
serie de acuerdos con vistas al restablecimiento de la paz. Siria
aceptó proceder a la entrega de 49 instructores militares que habían
sido hechos prisioneros por el ejército nacional. Turquía intercedió
para lograr la liberación de los ingenieros y los peregrinos iraníes
secuestrados, incluyendo a los que se encontraban en manos de los
franceses (y de paso fue eliminado el teniente Tlass, quien mantenía
secuestrados a los ingenieros iraníes por cuenta de la DGSE). Turquía
puso fin a toda forma de apoyo al «Ejército Sirio Libre», cerró sus
instalaciones en suelo turco (con excepción de la que se encuentra en
la base que posee la OTAN en Incirlik) y entregó a su jefe, el coronel
Rifat al-Assad. En su papel de garante de la aplicación de dichos
acuerdos, Rusia fue autorizada a reactivar la antigua base soviética
de intercepción del monte Qassium.

Al día siguiente, el Departamento de Estado estadounidense informó a
la oposición siria en el exilio que no debe contar en lo adelante con
la ayuda militar de Estados Unidos. Al darse cuenta de que han
traicionado a su país sin obtener nada a cambio, los miembros del
Consejo Nacional Sirio se han lanzado ahora a la búsqueda de nuevos
padrinos. Uno de ellos llegó incluso a escribirle a Benjamin Netanyahu
pidiéndole que invada Siria.

Al cabo de un periodo de 2 días, plazo imprescindible para la
aplicación de estos acuerdos, el ejército nacional de Siria se lanzó
al asalto de las bases de la Legión Wahhabita. En el norte del Líbano,
cuyo ejército también emprendió una ofensiva contra la Legión
Wahhabita, un gigantesco arsenal fue confiscado en la región libanesa
de Trípoli y 4 oficiales occidentales fueron hechos prisioneros, en la
zona de Akkar, en una antigua escuela de la UNRWA convertida en
cuartel general militar. En Siria, el general Assef Chawkat dirigió
personalmente las operaciones. Al menos 1 500 elementos armados han
sido capturados, entre ellos un coronel del servicio técnico de la
DGSE, y más de mil personas resultaron muertas. No ha sido posible
determinar, por el momento, cuántas de las víctimas mortales son
mercenarios extranjeros, sirios que colaboraban con las fuerzas
extranjeras o civiles atrapados en una ciudad en guerra.

Líbano y Siria han restablecido su soberanía en sus territorios nacionales.

Algunos intelectuales polemizan ahora sobre si Vladimir Putin ha
cometido un error al proteger a Siria arriesgándose a tener que
enfrentar una crisis diplomática con Estados Unidos. Se trata de una
cuestión mal planteada. Al reconstruir su potencial a lo largo de
todos estos años y consolidar ahora su posición en la escena
internacional, Moscú pone fin a dos décadas de un orden mundial
unipolar que permitía a Washington seguir extendiendo su propia
hegemonía hasta alcanzar una dominación global. La alternativa
planteada no era aliarse a la pequeña Siria o aliarse al poderoso
Estados Unidos, sino permitir que la primera potencia mundial
procediera a la destrucción de un Estado más o modificar la
correlación de fuerzas y crear un orden internacional más justo en el
que Rusia podrá desempeñar un papel.

Thierry Meyssan

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Néstor Gorojovsky
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