[R-P] [Norberto Galasso] La situación del movimiento nacional y popular (editorial de Señales Populares nro. 30)

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mar Feb 7 05:26:55 MST 2012


EDITORIAL de Señales Populares Nº 30, por Norberto Galasso acerca de
la situación del movimiento nacional y popular

El resultado de las últimas elecciones coloca al movimiento nacional y
popular liderado por Cristina Fernández de Kirchner en una posición
altamente favorable, con mayoría legislativa y una oposición
debilitada y dispersa con escasa presencia en el escenario político.
En principio, ello abre amplias posibilidades para profundizar las
transformaciones que se vienen concretando en los últimos años. Pero,
para ello, resulta imprescindible que en el movimiento nacional no se
produzcan divisiones ni agrietamientos   sino que se avance en la
consolidación y fortalecimiento del mismo, desde abajo, mejorando la
organización y la capacidad de movilización.



El  triunfo alcanzado sobre los partidos políticos opositores  no
significa  olvidar que los principales adversarios del progreso
económico y social de un modelo popular , siguen manteniendo fuerza:
las grandes corporaciones mediáticas, la Mesa de Enlace Agropecuario y
 los  grandes consorcios financieros e industriales  estrechamente
ligados a empresas multinacionales con el apoyo de los grandes
potencias hoy en grave crisis económica.  Están todavía allí -en
algunos casos, totalmente indemnes- manteniendo su bandera del
neoliberalismo bajo la cual nos oprimieron durante más de un cuarto de
siglo.



Profundizar el modelo implica entonces avanzar en todas aquellas
medidas que puedan debilitar a  esas fuerzas reaccionarias que siempre
esperarán alguna oportunidad  para intentar  retornarnos al pasado.
Asimismo, profundizar el modelo significa tener nosotros cada vez
mayor fuerza llevando adelante las transformaciones que aseguren no
sólo el mantenimiento y aún más, el crecimiento cuantitativo de
nuestras fuerzas, sino también mejorar la articulación del campo
nacional, dotarlo de cuadros medios audaces y aguerridos
ideológicamente,  dar en plenitud la batalla cultural liquidando los
mitos y  falacias de la vieja superestructura ideológica semicolonial
y asimismo, ahondar  la cohesión y la capacidad de movilización
popular.



El 54% del triunfo electoral es muy importante, pero no autoriza a
hacer ‘la plancha’, ni a otorgar, como dijera alguien, ni un ‘cachito
así’ de complacencia  a un enemigo que nos robó, a lo largo de nuestra
historia, no sólo recursos naturales, alegrías y esperanzas, sino
miles de compatriotas.



Por esta razón, preocupa la más mínima disidencia en el campo nacional
y en cuanto aparezca es preciso saldarla, cerrar y cicatrizar las
heridas. Son épocas que exigen  gran generosidad   personal,  aventar
todo obcecamiento, realizar  profundas autocríticas, para no  dejar un
flanco abierto a la reacción. Si hemos avanzado hasta aquí, más allá
de las contradicciones y de los momentáneos retrocesos, es porque
hemos sabido delimitar claramente cuáles son  las diferencias
frontales con los representantes del pasado y de la entrega  y cuáles
las diferencias laterales con el aliado, siempre inevitables estas
últimas por tratarse de grandes movimientos nacionales policlasistas
donde los diversos sectores vienen de distintas experiencias, con
metodologías diferentes,  con  perspectivas de clase diversas.



Resulta importantísimo, por supuesto, que el movimiento nacional
cuente con una fuerza juvenil que  se vigorice y amplíe, aportando
audacia y renovación. Esa explosión juvenil- que se hizo visible en
los festejos del Bicentenario y especialmente, en el velatorio de
Néstor- ofrece extraordinarias posibilidades, especialmente en un país
que una década atrás veía a los muchachos y muchachos haciendo fila en
algunas embajadas porque creían que la Argentina ya no les aseguraba,
a sus vidas, ningún   futuro.   Pero también es cierto que resulta
fundamental para el movimiento una central obrera capaz de cubrir diez
cuadras con sus afiliados para sostener toda medida transformadora que
intente ser resistida por los sectores del privilegio.



En un país como el nuestro, donde hemos sufrido la represión genocida
y la entrega económica, los sectores populares siempre han sabido
comprender a sus líderes cuando circunstancias externas  inmanejables
obligaron a desplazamientos,  giros o cambios en su política,  en un
sentido u otro, coyunturalmente, manteniendo inalterable el objetivo
estratégico. Lo que aún después de tantas experiencias continúa sin
aprender la ultraizquierda-y por eso sigue siendo minúscula- lo han
sabido  asimilar las mayorías populares . Estas últimas, sin hablar de
“correlación de fuerzas” y “del enemigo principal”, lo han aplicado en
la política concreta, mientras aquellas, ensoberbecidas por ‘la
fraseología revolucionaria’, han resultado - muchas veces- funcionales
a  la contrarrevolución. De manera  tal que así como las últimas
elecciones  han dado un voto de confianza al  gobierno, éste deberá
estar seguro que las bases lo acompañarán en momentos difíciles, no
por mero disciplinamiento, no porque se recurra a dirigentes dóciles,
sino porque especialmente en el campo obrero, están los antecedentes
de lucha  que aguantan cualquier archivo. No  debe olvidarse que
fueron los trabajadores y las Madres de Plaza de Mayo las barricadas
de resistencia ante los gobiernos reaccionarios-tanto dictatoriales
como seudodemocráticos- mientras gran parte de los elencos políticos
transaban a cambio de intendencias, embajadas u otros cargos.



Pudiera ser quizás, como sostienen algunos compañeros, que la crisis
económica mundial  golpee duramente sobre países como el nuestro. Si
así fuera, el peso de la crisis no puede caer sobre los trabajadores,
según lo ha expresado la propia Presidenta al sostener que ella no es
neutral en el conflicto entre el capital y el  trabajo.  Y ante esa
posibilidad de  afrontar momentos difíciles es precisamente cuando se
requiere que los diversos componentes del movimiento  nacional,
expresión fiel de sus bases, confluyan en una sola fuerza sin
cortocircuitos ni rispideces, ni equívocos o malas interpretaciones.



 La teoría enseña que la conducción para los grandes cambios debe ser
revolucionaria y apoyarse en un partido revolucionario,
ideológicamente armado, con férrea organización para dar la pelea.
Pero resultaría demasiado  fácil reiterar esa vieja enseñanza teórica
sin tener en cuenta la realidad política por la cual transitamos, como
acostumbran algunos para estar en paz con su conciencia y no recibir
impugnaciones por supuestas  izquierdas. Pero a riesgo de que los
vanguardistas  puros nos impugnen proponiendo soluciones que  ellos no
tienen posibilidad alguna de poner en práctica, preferimos sostener
humildemente que  hoy y aquí, es fundamental no debilitar el frente
nacional tal como ha surgido en los últimos años, protagonista de
transformaciones muy importantes, algunas hasta inesperadas, más allá
de improvisaciones, contradicciones y hasta errores, que los hubo, sin
duda, como en el conflicto de la Resolución 125.



Los dirigentes que deban tomar decisiones al respecto sabrán priorizar
esta cuestión – cohesión, organización, movilización- y  lo harán
seguramente  sin anteponer cuestiones personales, ni soberbia, ni
contumacia, que pongan en peligro  todo lo que se ha avanzado. Esto,
por supuesto, no implica abandonar el espíritu crítico, pero siempre
teniendo presente que una cuestión es disentir parcialmente  con el
aliado, con el cual se supone que existe un objetivo común, que
lanzarle toda la artillería ideológica como si se tratase del enemigo,
haciendo el juego al verdadero enemigo cuyo objetivo estratégico es el
reverso del nuestro.



 La solicitada de  Plataforma  2012 – aparecida sugestivamente en “La
Nación” junto  a la foto de una intelectual conversa-  resulta un buen
ejemplo de revolucionarismo abstracto que opera muy peligrosamente en
la política concreta, así como  la retractación de varios de los
firmantes de esa solicitada  demuestra que hay quienes saben recoger
las enseñanzas de nuestra experiencia política. De aquí la importancia
de la batalla por las ideas, de ahí también la importancia de los
archivos para que no resulte que un buen proyecto quede en manos de un
 oportunista que lo desprestigie. Desde este modesto espacio
insistimos en que es necesario  mantener el cable a tierra con la
coyuntura  junto a los trabajadores sin abandonar el proyecto
estratégico que apunta a la gran transformación de América Latina en
la liberación y la unidad que postularon San Martín,  Bolívar y tantos
otros que nos siguen marcando el rumbo.



Norberto Galasso

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Néstor Gorojovsky
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