[R-P] [Alfredo Zaiat] Decisión táctica

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Sab Feb 4 07:16:48 MST 2012


[La nota es tan buena que contar el final no invalida la lectura del
todo. Así que aquí va el final:

"Casi todos los países cuidan sus mercados, vigilan el ritmo de
ingreso de los importados y diseñan políticas para equilibrar los
intereses de la producción nacional y los de sus principales socios en
el comercio internacional. Forma parte de una estrategia compleja para
mejorar la integración de la industria nacional y su inserción en el
comercio internacional. Para ello los sectores beneficiados por el
proteccionismo deben asumir compromisos de producción, precios
domésticos, empleo y exportación".

Esto abre varios interrogantes.

Los dos principales, que están interrelacionados, son:

¿Quién decide qué sectores beneficiar con el proteccionismo y qué
sectores no beneficiarm, y cómo se toma la decisión?

¿Qué hacer si los sectores beneficiados por el proteccionismo no
asumen compromiso alguno, o burlan los compromisos asumidos, y sobre
qué base social de poder se los puede forzar a asumirlos o cumplirlos?

El desarrollo económico no es asunto de tecnócratas.]

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-186886-2012-02-04.html

ECONOMIA › PANORAMA ECONOMICO
Decisión táctica

 Por Alfredo Zaiat

La economía argentina transita un ciclo de crecimiento impactante en
términos históricos con dos restricciones notables: sin crédito
externo al gobierno nacional y con fuga de capitales. La existencia de
estas limitaciones tiene sus respectivas explicaciones, aunque
resultaría un ejercicio contrafáctico entretenido especular sobre el
probable comportamiento de la economía aliviada de ese par de
factores. ¿Crecería más del ya exuberante 9 por ciento o igual o menos
debido a que provocaría la apertura de otros frentes turbulentos, como
la probable apreciación cambiaria? Se trata de un juego que requeriría
de excesivos supuestos, aunque el punto de partida sería que muy pocas
economías en el mundo pueden registrar tasas de crecimiento tan
vigorosas como la argentina con esas dos restricciones a la vez. Estas
adquieren aún mayor dimensión en un escenario de crisis en las
potencias maduras, que agudiza las tensiones que emergen de esas
condiciones particulares de la economía doméstica. En este escenario,
con esas variables estructurales que afectan los márgenes de autonomía
de la política económica, se encuadra la vocación del Gobierno para
instrumentar una más amplia administración del comercio exterior. Sin
financiamiento externo y con fuga de capitales en el actual contexto
internacional obligan a contar con las divisas necesarias para
alcanzar el equilibrio de la Balanza de Pagos, lo que implica
necesariamente acumular un saldo comercial positivo cercano a los 10
mil millones de dólares anuales. Esa cuenta es la principal fuente de
divisas excedentes para mantener a la economía en un sendero alcista
eludiendo la crisis que se cansan de convocar, sin éxito, economistas
del establishment, además de protegerla de los impactos negativos de
la crisis internacional.

Detrás del objetivo de mantener un sustancial balance comercial
superavitario se encadenó la batería de medidas vinculadas al mercado
cambiario y al comercio exterior. El control en la compra de moneda
extranjera, que combate las operaciones con dinero no declarado, y las
varias iniciativas en el área de las importaciones, que alienta la
sustitución y la producción local, son subsidiarias de una meta
superior: obtener un saldo de divisas suficiente para continuar con el
actual período de crecimiento. La presión para disminuir y hasta
frenar la remisión de utilidades de multinacionales también forma
parte de ese propósito.

Es probable que si no hubiera habido una fuga de capitales tan intensa
o un déficit comercial tan abultado en el sector energético no se
habría instrumentado la medida para detener el giro de fondos al
exterior de bancos extranjeros. O no se hubiera explicitado en forma
tan rotunda la presión al Grupo Eskenazi que maneja YPF, empresario
considerado “amigo del poder” por no pocos analistas, por la generosa
remisión de utilidades y por la exigencia de más inversiones. El
kirchnerismo se ha caracterizado a lo largo de su gestión que
reacciona ante la necesidad, profundizando políticas de intervención
pública, industrialización o de inclusión social, según la demanda de
los acontecimientos, y desafiando la receta de la ortodoxia. No
recorre los preceptos aconsejados por el mundo de especialistas en la
materia (planificación, previsión e implementación) e interpela
constantemente los análisis esquemáticos de voceros conservadores. De
acuerdo con los resultados de estos años, puede ser que la estrategia
kirchnerista sea la adecuada teniendo en cuenta la calidad de los
sujetos sociales intervinientes en el escenario de la política y la
economía local. De esa forma se ha ido configurando un patrón de
desarrollo que va siendo pulido sin margen para el retroceso, puesto
que si lo hace perdería la legitimidad social adquirida. Esto lo
impulsa a disponer medidas que avanzan, por caso, en la administración
del comercio exterior y, en especial, en la sustitución de
importaciones.

En el último número de Coyuntura y de-sarrollo elaborado por la
Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE) se afirma que
“el Gobierno deberá compatibilizar virtuosamente los progresos en
materia de inversión real con la modalidad que adquiera el control
selectivo de las importaciones, asumida como necesaria para maximizar
el saldo comercial”. Resolver ese dilema, se sostiene, es una
condición ineludible, tanta para el pleno aprovechamiento del mercado
interno como a fin de contar las divisas suficientes para llegar al
equilibrio en el Balance de Pagos. FIDE, institución liderada por el
economista Héctor Valle, indica que “se estima que tales propósitos
suponen no sólo alcanzar un excedente de más de 9000 millones de
dólares, sino lograr que se liquide el total de las exportaciones,
incrementar los ingresos por turismo y negociar con el capital
extranjero para que sean menores, este año, sus remesas en concepto de
utilidades y dividendos”. En ese sentido, evalúa que obtener un saldo
comercial positivo en línea al contabilizado el año pasado es una
estrategia, como fuente principal de divisas, que “se ha convertido en
una virtual ‘cuestión de Estado’”, tarea que no es sencilla porque el
comercio internacional se ha estancado con tendencia declinante. Por
eso concluye que “el espacio del comercio exterior será entonces un
territorio donde se efectivice la decisión táctica de proteger la
economía interna para eludir mejor los impactos de la crisis
internacional”.

La intensificación de las medidas de administración del comercio
exterior, motivadas por factores internos y externos, se va orientando
entonces a consolidar aspectos estructurales de desarrollo. El
profesor coreano Ha-Joon Chang, uno de los más importantes economistas
heterodoxos del mundo, explica que “la mayoría de los actuales países
ricos usaron la protección arancelaria y los subsidios para
desarrollar sus industrias en las primeras etapas de su desarrollo”.
Practicaron el intervencionismo estatal en la búsqueda de convertirse
en economías avanzadas. Gran Bretaña se hizo librecambista a mediados
del siglo XIX (más precisamente en 1846 con la abolición de las leyes
de granos) cuando ya era la principal potencia industrial del mundo y
podía colocar ventajosamente sus manufacturas y bienes de capital.
Estados Unidos es otro ejemplo: los industrialistas y proteccionistas
del Norte necesitaron una guerra civil para eliminar a los
librecambistas sureños, cuya base de sustentación económica era el
sistema esclavista. Más adelante, Alemania en el siglo XIX, Japón en
el XX, los países del sudeste asiático después de la Segunda Guerra
Mundial, que forman hoy parte del mundo industrializado, practicaron
el proteccionismo para defender sus industrias.

Esto significa que casi todos los países cuidan sus mercados, vigilan
el ritmo de ingreso de los importados y diseñan políticas para
equilibrar los intereses de la producción nacional y los de sus
principales socios en el comercio internacional. Forma parte de una
estrategia compleja para mejorar la integración de la industria
nacional y su inserción en el comercio internacional. Para ello los
sectores beneficiados por el proteccionismo deben asumir compromisos
de producción, precios domésticos, empleo y exportación.

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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría



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