[R-P] [John Weeks] Los astrólogos de la economía.

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Lun Abr 23 08:25:00 MDT 2012


PÁGINA 12

ECONOMIA › DEBATE. LOS FUNDAMENTOS ABSURDOS DE LAS POLITICAS
ECONOMICAS, EL AJUSTE Y LA DESREGULACION

Los astrólogos de la economía

En un texto escrito especialmente para Página/12, el autor define como
“alconomistas” a los economistas que predican su propia versión del
creacionismo, donde los mercados libres y desregulados son la única
forma posible de organizar la sociedad.

  	

 Por Por John Weeks *

Opinión

En el siglo XVIII los doctores creían que los enfermos podían curarse
purgando una parte de su sangre, la causa por la que probablemente
murió el primer presidente de Estados Unidos, George Washington. Dos
siglos después, los responsables de las políticas económicas llevan
adelante políticas análogamente absurdas y son impulsados a hacerlo
por economistas. Son los mismos economistas que presionaron para ver
una “terapia de shock” en América latina por más de treinta años. Son
los mismos que aplaudieron al gobierno de Argentina a lo largo de la
década de 1990, cuando introdujeron la paridad cambiaria entre el peso
y el dólar que terminó con el colapso de 2001-2002.

Imaginen que los alquimistas se apoderan de los laboratorios de
química, que los astrólogos persiguen a los científicos que trabajan
en los laboratorios y que los creacionistas deciden el rumbo de la
genética. Sería una dura derrota para el Iluminismo, la razón y la
racionalidad. Esto es lo que sucedió con la economía. Los alconomistas
predican su propia versión del creacionismo, donde los mercados libres
y desregulados son la única forma posible de organizar la sociedad.
Predican por todos lados la alconomía de los presupuestos
equilibrados, mercados desregulados y la austeridad. Lo hacen en
Europa, Estados Unidos y también en Argentina, aunque su gobierno no
los escuche.

Los alconomistas dicen que explican cómo funcionan los mercados, pero
se trata de mercados ideales que no existen en el mundo real. Estos
ideólogos dotan a sus mercados imaginarios con poderes metafísicos
para que los consumidores y empresarios estén siempre satisfechos.
Esos mercados son voluntarios donde el tiempo no corre y cuentan con
la participación de un gran número de criaturas omniscientes de igual
poder de negociación, que conocen todos los resultados posibles antes
de que sucedan. En la alconomía no existen diferencias entre el
pasado, el presente y el futuro. ¿Por qué tanta gente, en tantos
países, reverencia a los alconomistas como gurúes? En gran parte, la
inmerecida credibilidad de los alconomistas proviene de la sistemática
promoción de la ignorancia. Comprender cómo la sociedad se organiza
para producir y distribuir bienes y servicios no es sencillo. Sin
embargo, no es más difícil que entender algo de política antes de ir a
votar. Cada determinado período de tiempo, la gente entra en el cuarto
oscuro y elige entre los candidatos, o los rechaza a todos. Muchos, si
no la mayoría de estas personas, se considera ignorante en materia
económica, lo que las imposibilita para que evalúen entre diferentes
análisis sobre las políticas públicas, incluso cuando las afectan
directamente.

Los alconomistas refuerzan esta creencia popular de que la economía es
demasiado difícil de entender. Los ayuda a predicar sus doctrinas
reaccionarias como la ley de la oferta y la demanda, la ineficiencia
del Estado, la responsabilidad de los sindicatos en el desempleo y la
inflación y el hecho de que los aumentos de precios deben ser más
temidos que la desocupación. Desde su teoría banal, los alconomistas
imponen una supremacía ideológica. Con explicaciones superficiales y
simplistas construyeron una ideología que emite juicios de valor cual
oráculo griego sobre los distintos temas de la humanidad.

Las políticas reaccionarias de los alconomistas se derivan de esas
generalizaciones simplistas. Su explicación comienza con la
observación, aparentemente trivial y obvia, de que las personas tienen
un deseo de consumir que excede su ingreso, lo que requiere que
asignen sus recursos para satisfacer esos deseos. Así, para toda la
gente al mismo tiempo, los deseos son ilimitados y los recursos para
satisfacerlos son escasos. Para los alconomistas, la economía es el
estudio de la asignación de recursos escasos para satisfacer
necesidades ilimitadas.

De esta ideología surge la creencia de que las acciones del gobierno
restringen, limitan y distorsionan la habilidad de las personas para
tomar decisiones. Por eso, su rol debe ser limitado, para minimizar
las restricciones. La explicación es simple: la asignación debe estar
a cargo del mercado. Para las grandes empresas y sus sacerdotes
alconómicos, los mercados no sólo son más eficientes que los métodos
alternativos de asignación y distribución, sino que son el único
mecanismo viable. Aun más, los mercados sólo son eficientes si no
están regulados de ninguna forma y se les permite operar libremente
sin la intervención del Estado.

Esta lógica es errónea. Primero, las decisiones de los individuos en
los mercados no responden a sus preferencias y deseos. Las personas
toman decisiones en los mercados porque en la sociedad existe una
división del trabajo que organiza la distribución y producción de una
forma históricamente especifica. Cada persona es parte de una
organización social. Segundo, el hecho de que la gente entre al
intercambio en forma “voluntaria” no está claro. Por ejemplo, nadie
está obligado a no empezar un tratamiento médico porque es demasiado
caro. Esa es una decisión que la mayoría de la gente está forzada a
tomar y no debería suceder en una sociedad humana. Tercero, ningún
mercado es perfectamente competitivo; por el contrario, muchos están
dominados por unos pocos vendedores o compradores. Como resultado, en
las operaciones de mercado suelen observarse abusos de precios y
fraudes. La acción colectiva de los individuos a través de los
gobiernos para reducir los abusos del mercado incrementa las
libertades individuales, no las reducen.

La lógica de la alconomía exhibe un error fatal que es más básico que
su negación del mal funcionamiento de los mercados. Su premisa
fundamental de que los recursos son escasos es falsa. Es indiscutible
que la humanidad vive en un mundo de recursos ilimitados como
evidencian el calentamiento global y la destrucción del medio
ambiente. Pero ésta no es la “escasez” de la alconomía. Para los
alconomistas, la “escasez” resulta del uso total y más eficiente de
los recursos. La escasez existe cuando más de un producto puede
llevarse a cabo si la producción de algún otro se reduce. Este tipo de
escasez no existe ni existió en ninguna sociedad de mercado, excepto
en situación de países en guerra. La economía no es “la asignación de
recursos escasos para satisfacer deseos ilimitados”. La economía es el
estudio de cómo la sociedad moviliza la totalidad de sus recursos para
mejorar el nivel de vida de toda la población.

* SOAS - Universidad de Londres.



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