[R-P] Excelente artículo de Cristian Carrillo sobre el tema medicamentos
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Sab Sep 24 07:38:43 MDT 2011
[Esto se publicó en Página 12 del domingo pasado. Más allá del tema
específico de los medicamentos, nos parece de sumo interés por otros
motivos.
Por un lado, la nota revela que, debido a la lógica de la competencia
privada, los grandes laboratorios meten muchísima más plata en
publicidad ("ana ana" incluido, digámoslo de paso) que en
investigación y desarrollo. Esta constatacion es, en sí misma, un
formidable argumento en contra de la eficiencia y eficacia social del
sector privado en un aspecto de la vida social donde las necesidades
se pueden detectar con gran facilidad y se puede planificar su
satisfacción sin recurrir al mecanismo, en este caso absolutamente
retorcido y distorsivo, del "mercado".
Por otro, suma argumentos a la desesperanza sobre la posibilidad de
tener una "burguesía nacional" que sea, verdaderamente, "nacional".
Basta para ello descubrir que un defensor de las ganancias monopólicas
de los laboratorios extranjeros preside la Unión Industrial de la
Provincia de Buenos Aires.
En tercer lugar, precisamente por el carácter vital de los
medicamentos, la comparación entre las prácticas vigentes dentro del
corazón imperialista y las que rigen en la periferia colonial se
revela aquí con toda su nitidez: la misma prescripción de genéricos
que George W. Bush consideraba un mecanismo para hacer "mucho más
accesible" la "salud americana" está taxativamente prohibido en los
países que firman TLCs con EEUU, inspirados por Bush. Es, en efecto,
un modo de hacer todavía más accesible la "salud americana": lástima
que implique la enfermedad ajena.
Muy pero muy recomendable]
Domingo, 18 de septiembre de 2011
A la pildorita
Por Cristian Carrillo
“Hoy existen desarrollos científicos que permiten salvarle la vida a
un enfermo de sida. El paquete cuesta 12 mil dólares por año en los
países desarrollados. La Fundación Clinton, la Fundación Gates y la
Organización Mundial de la Salud (OMS) firmaron un acuerdo de
producción masiva con ocho laboratorios de la India y lograron bajar
el precio a 300 dólares. Esos son los márgenes que maneja la
industria.” Con este ejemplo, el economista y asesor de la OMS,
Bernardo Kliksberg, sintetizó a Cash la problemática de índole ética y
económica que existe detrás del negocio de los grandes laboratorios.
En el mundo, sólo diez empresas controlan casi el 60 por ciento del
mercado de medicamentos, estableciendo precios monopólicos con el
argumento de la propiedad intelectual.
La Argentina le ganó una batalla a esa concentración a partir de la
ley de genéricos y la condición impuesta a los laboratorios de
producir en el país aquellos medicamentos sobre los que pretendan una
patente. Sin embargo, todavía quedan otras por librar. El trabajo para
una mayor concientización en el uso de estas herramientas y la
necesidad de seguir profundizando la sustitución de importaciones son
algunas de éstas, para que se establezca el medicamento como “un bien
social”, como se dispuso en la denominada ley Oñativia, de 1964.
La noción de monopolio intelectual deviene de la antigua Grecia, pero
no fue utilizada hasta la Revolución Industrial británica, cuando los
inventores de la máquina textil demandaron “protección”. Actualmente,
las patentes alcanzan desde genes hasta fragmentos de ADN y líneas
celulares humanas. “Como en otras áreas del sistema económico mundial
contemporáneo, existe un lobby feroz que lucha a brazo partido para
que las patentes duren el mayor tiempo posible, e incluso para que
haya restricciones posteriores de algún tipo cuando se liberen”,
señala Kliksberg.
En los países que cuentan con un sistema de patentes, las firmas
farmacéuticas que descubren nuevos productos los ingresan en el
mercado bajo un determinado nombre comercial o marca. Durante este
período, las marcas originales son posicionadas fuertemente en el
mercado y tanto médicos como farmacéuticos y consumidores se
acostumbran a su utilización, dificultando el acceso de otros
medicamentos similares, aun después de expirada la vigencia de las
patentes.
El poder de mercado de las marcas se refleja en los precios. Los
productos de marca son 11,5 veces más caros que los genéricos. En
algunos casos excepcionales, la diferencia llega hasta 50 o 100 veces.
Esto explica por qué las firmas farmacéuticas gastan mucho dinero en
marketing y publicidad, y menos en desarrollo. Los recursos destinados
a venta son de alrededor del 25 por ciento del costo total de los
laboratorios, mientras que en desarrollo sólo los líderes mundiales
alcanzan la mitad de ese guarismo.
Un estudio realizado por la Comisión Nacional de Programas de
Investigación Sanitaria, el Estudio Multicéntrico, la Universidad
Maimónides y el Instituto de Investigación de Ciencias Sociales de la
Universidad del Salvador demostró que la utilización del nombre
genérico involucra un ahorro de 660 millones de pesos al año. “Esta
realidad debilita el argumento que los patentistas a ‘ultranza’
utilizan para justificar el monopolio de la explotación y los altos
precios”, señala el ex ministro de Salud, Ginés González García, y las
economistas Catalina de la Puente y Sonia Tarragona en el libro
Medicamentos, Salud, Política y Economía.
La imposición por conservar esta modalidad de negocios proviene de los
grandes laboratorios multinacionales, que a pesar de la crisis
financiera internacional mantienen una tasa de ganancia superior al 20
por ciento, siendo la industria más rentable de Wall Street.
Paradójicamente, Estados Unidos fue uno de los principales países en
establecer un mercado integral de genéricos. “Las drogas genéricas
hacen que la salud americana sea mucho más accesible”, aseguraba en
octubre de 2002 el entonces presidente estadounidense George W. Bush.
Sin embargo, como toda la política de ese país, mantiene estándares
internos y externos bien diferentes. Centroamérica es un ejemplo de
ello: los medicamentos genéricos no pueden penetrar en esos países
porque las condiciones de firma de tratados comerciales bilaterales
con los Estados Unidos se lo impiden.
Nuevas recetas
“En la Argentina, durante la administración de Ginés González García
en Salud, se libró una dura batalla, y se ganó. Hoy los medicamentos
genéricos son obligatorios en las recetas médicas. Los médicos tienen
que prescribirlos de esa forma”, indica Kliksberg, aunque muchos
profesionales no lo cumplen. La Argentina junto con Brasil y Uruguay
son los únicos países donde existe esa obligatoriedad. El programa de
distribución gratuita de medicamentos Remediar es, además, uno de los
más importantes del mundo en cuanto a volumen de entrega. Por su
parte, en los primeros meses de la presidencia de Néstor Kirchner se
avanzó sobre otro punto neurálgico de esta industria: las patentes se
otorgan al laboratorio bajo la condición de que produzcan el
medicamento en el país. “Fue un lobby tremendo. Recibimos muchos
ataques por parte de las industria extranjera y local”, recuerda el ex
ministro Ginés González García en diálogo con Cash.
Durante la década del ’90 se inició una primera instancia del debate
que enfrentó a los laboratorios nacionales con las multinacionales. La
disputa giró en torno de la cláusula de fabricación local –que no
aparecería hasta diciembre de 2003–, los riesgos de las licencias
compulsivas y la posibilidad de una suba en los precios. Hasta ese
momento, las empresas locales se habían limitado a copiar y
comercializar innovaciones producidas en los países centrales. “Los
laboratorios plagian las fórmulas de los medicamentos y los
comercializan al mismo precio, siendo sus ganancias mayores que las de
los inventores, por el hecho de no haber invertido recursos en
investigación y desarrollo”, fue la defensa que esbozó Pablo Challú,
ex directivo de Cilfa (cámara de los laboratorios nacionales), y
actual secretario de la Unión Industrial de la provincia de Buenos
Aires.
Con la Ley de Patentes –que fue aprobada en 1995 y entró en vigencia
en octubre de 2000– se les aseguró a las corporaciones transnacionales
ampliar su cuota de mercado, vendiendo medicamentos en exclusividad o
cobrando royalties a empresas locales. Esa norma sólo amplió el
diferencial de precios, mientras que los grandes laboratorios se
dedicaban a importar los medicamentos. De las 40 compañías extranjeras
que operaban en el país hasta 2002, quince se dedicaban exclusivamente
a importar productos. Las compras externas pasaron de un 12 por ciento
en 1992 a 43 por ciento diez años después. La ley generó así una
sustitución de los productos locales por más importaciones.
La crisis socioeconómica de 2001 produjo un fuerte cimbronazo en toda
la estructura productiva del país, arrastrando también al sistema
sanitario al borde del colapso. La gente con escasos recursos no podía
acceder a los medicamentos. En ese momento se lanza la Ley de
Genéricos y el plan Remediar, que lograron estabilizar el mercado,
permitiendo a los laboratorios locales recuperar parte del terreno
perdido en los ’90. Ambas medidas dieron cobertura a 54
presentaciones, que representaban el 80 por ciento de las consultas
médicas. “La ley de prescripción por nombre genérico mejoró el acceso
porque hizo bajar los precios. Pero es una batalla permanente de
concientización”, señaló González García. En cuanto al plan Remediar,
el ex ministro y actual embajador argentino en Chile aseguró que no
existe otro ejemplo de “esa envergadura”. “Alcanza a unos 15 millones
de personas y su costo anual para el Estado nacional es de 2 dólares
por habitante”, apuntó.
Made in Argentina
El mercado de fármacos argentino es uno de los más importantes del
mundo en cuanto a abastecimiento interno y consumo. Es el cuarto país
a nivel mundial en consumo de medicamentos por habitante, con un
promedio de 186 dólares anuales. También es uno de los cuatro que
mantienen más de la mitad de la demanda local abastecida por
laboratorios locales. Sin embargo, la recuperación sostenida de la
industria nacional no se dio hasta la modificación de la Ley de
Patentes, que se produjo en diciembre de 2003. Esta norma dispuso que
para extender una patente por veinte años, los laboratorios deben
producir ese nuevo producto en el país. La modificación contempla
desde una carga de prueba hasta el patentamiento de microorganismos,
patentes transitorias y la protección de datos de pruebas contra un
uso comercial ilegal u otras variantes. En la práctica, este cambio,
que sólo figura en la legislación de Brasil y Uruguay, impidió que los
laboratorios extranjeros desplacen sus plantas a países con menor
costo de producción.
“Brasil sacó la Ley de Patentes dos años después que la nuestra (1995)
y allí obliga a producir todo lo que se consume dentro de su
territorio. Esto condujo a una fuerte migración al país vecino”,
señaló a este suplemento un directivo de Cilfa. Actualmente, la
tendencia se revirtió. Incluso se informó en las últimas semanas que
un laboratorio estadounidense se radicará en la Argentina para
producir medicamentos que luego venderá en su país de origen. También
hubo intenciones de compra de firmas locales. La multinacional Roche
llegó a ofrecer 2400 millones de dólares por Roemmers. Antes, Roemmers
había adquirido las plantas de Roche en el año 2000. Este laboratorio
nacional no tiene invento patentado, pero sí una enorme fuerza de
venta doméstica. Rechazó la propuesta, en tanto que adquiría las
instalaciones de Brystol Myers Squibb (2005) y las de Valeant (2008).
La industria logró desde 2003 una fuerte recuperación. Las
exportaciones muestran una tendencia creciente y las empresas están
diversificando destinos. Existen 230 laboratorios registrados y 110
plantas industriales. Los diez primeros laboratorios explican el 42
por ciento de las ventas. La actividad registra un importante déficit
estructural. La producción nacional fue de 3466 millones de dólares en
2010, de los cuales se exportaron 691 millones. El consumo interno es
de 4341 millones de dólares y las importaciones ascendieron a 1566
millones. De esta manera, el 58 por ciento del mercado doméstico se
abastece de laboratorios nacionales. La industria farmacológica local
tiene una estructura transformadora moderna, siendo importados los
principios activos, principalmente de China e India. En los últimos
años, la industria pudo aumentar 116 por ciento los envíos de estas
materias primas, aunque crecieron en un 229 por ciento las
importaciones de medicamentos.
Los laboratorios de capitales nacionales mantuvieron su participación
a través de estrategias de concentración y de alianza con
multinacionales. Esto mantiene una estructura de poder de las grandes
compañías que, en su mayoría, prefieren importar los productos antes
que producirlos en el país. A esta situación se suma además el impacto
en los consumidores de la imposición mediática de sus marcas. Esta
batalla es librada en el campo de la publicidad. Numerosos trabajos
han demostrado los efectos de la publicidad sobre las prescripciones y
los consumidores, generando un patrón de comportamiento de la demanda
bastante alejado de las necesidades reales. Además de la pelea
cultural para sortear el bombardeo mediático, también deben llevarse a
cabo medidas tendientes a desconcentrar el sector y fomentar la
producción local. “El Estado generó un mercado interno del orden de
4400 millones de dólares, por lo que ese mismo Estado va a exigir
ahora producción en territorio”, sostuvo la ministra de Industria,
Débora Giorgi. En esa línea, en julio último, el Congreso promulgó una
ley que declara de interés nacional la investigación y producción
pública de medicamentos, vacunas y productos médicos. El objetivo es
promover el acceso a medicamentos y propiciar el desarrollo científico
y tecnológico. La medida se encuentra en análisis del Ministerio de
Salud para su reglamentación. “No puede ser que el mercado sea el
único motor para la invención y el conocimiento porque, de ser así, no
habrá investigación en enfermedades de pobres”, sentenció González
García
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Néstor Gorojovsky
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