[R-P] Albert Einstein sobre las relaciones entre judíos y árabes en Palestina
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Jue Sep 22 09:21:40 MDT 2011
Gentileza del "Pelado" Peralta
“Si nosotros nos revelamos incapaces de alcanzar una cohabitación y
acuerdos con los árabes, entonces no habremos aprendido estrictamente
nada durante nuestros dos mil años de sufrimientos y mereceremos todo
lo que llegue a sucedernos.”
Albert Einstein, carta a Weizmann, 1929.
["Weizmann" es "Jáim Weizmann", un científico especializado en química
o bioquímica que llegó a ser el primer presidente del Estado de
Israel. Sionista, socialdemócrata y humanista al mismo tiempo.
Esta posición que pone Einstein acá era muy parecida a la que
levantaba David Ben Gurión, nada menos, por la misma época, hasta el
PRIMER ALZAMIENTO ANTICOLONIAL DE LOS ÁRABES EN EL MANDATO DE
PALESTINA (que fue de 1929).
Ben Gurión, hasta ese momento, hablaba entusiastamente de que los
árabes de Palestina eran los directos descendientes de los antiguos
habitantes judíos del lugar y se mostraba bien dispuesto hacia ellos.
El alzamiento cerró la boca de Ben Gurión y probablemente motivó la
advertencia de Einstein a Weizmann.
Porque en el mismo momento, o por allí cerca, alzó su áspera voz Zeev
Yabotinski, el hombre más serio, frío y concreto que produjo el
sionismo después de Teodoro Hertzl. A Yabotinski se lo conoce como el
fundador de la "derecha" israelí, lo que en rigor es una posición
equivocada. Yabotinski fue otra cosa.
La inmensa mayoría de los integrantes originales de la comunidad judía
en Palestina eran jóvenes (y no tanto) de clase media de Europa Centro
Oriental, donde habían sufrido (y sufrían) una importante dosis de
opresión y persecución por su condición de judìos. La mayoría era
partidaria, como casi toda la juventud de clase media rusa urbana de
esos tiempos, de distintas variantes del pensamiento socialista o
anarquista. El más frecuente era un socialismo humanista tolstoiano,
que en cierta forma se puede percibir en varias de las producciones
literarias de los autores judíos de fines del siglo XIX y principios
del siglo XX.
Ese humanismo socialista los llevaba, casi naturalmente, a negar
enfáticamente que la tarea que se habían impuesto, la redención
terrenal de los judíos oprimidos en Europa, que solo veían posible a
partir del establecimiento de un Estado Judío en el Medio Oriente,
solo podía llevarse a cabo bajo la forma de una implantación colonial.
Era un "socialismo" parecido al socialismo cipayo argentino, que no
extraía todas las consecuencias de la zoncera "civilización y
barbarie".
Esta negación tomó diversas formas, de las cuales me interesa resaltar
las dos principales:
a) la negación de que hubiera población alguna en el territorio hacia
el cual estaban dispuestos a migrar.
Esto, por supuesto, chocaba muchas veces con la realidad que se
apreciaba en el terreno en el momento mismo en que llegaban al
Mediterráneo Oriental. Era perfectamente claro para cualquier
observador sin anteojeras que allí había árabes. Àrabes en las
principales ciudades, y árabes en las aldeas campesinas.
Y digo que "chocaba muchas veces" porque muchos de ellos, aún cuando
ya estaban en Palestina, estaban tan alienados a la realidad por la
dimensión cuasi mística de la tarea que se habían impuesto que cuando
dirigían su mirada al mundo concreto eran honesta y sinceramente
incapaces de ver, siquiera, las aldeas árabes que existían a corta
distancia de sus colonias.
(Así como en la Argentina existieron integrantes de la clase media
inmigratoria que simplemente negaban la existencia de argentinos
morochos y del Interior... y que /descubrieron/ a esos argentinos el
17 de octubre de 1945; lo que cada cual hizo a partir de ese
descubrimiento, es otro tema, pero que muchos argentinos de clase
media ignoraban que existía la "negrada" es completamente cierto).
Volviendo a los sionistas: los que sí percibían que había árabes y
mantenían el humanismo de sus convicciones socialistas, seguían sin
reconocer el carácter colonialista de su empresa albergando
sinceramente la perspectiva optimista de que
b) podrían lograr que la justicia de su causa fuera reconocida por los
habitantes -árabes- de la zona, y que sería posible convivir (y, si
los habitantes se convertían al judaismo, hasta mezclarse) fraternal y
productivamente con ellos
Estas dos posturas se derritieron sucesivamente como un helado al sol.
En realidad, quien sacó todas las conclusiones de la rebelión árabe de
1929 fue, como les decía, Zeev Yabotinski.
Yabotinski llamó a los sionistas a TOMAR EN SERIO A LOS ÁRABES, es
decir A RESPETARLOS. Les puso un espejo frente a la cara y les dijo
"Somos colonialistas. Como tales, tenemos que esperar que los actuales
ocupantes del territorio se opongan a nuestro ingreso y apropiación
con toda la fuerza que cualquier pueblo se opondría. Los árabes no son
tontos a los que podamos embaucar".
Esto, que no era más que el reconocimiento directo del carácter
profundo de TODA la empresa sionista en Palestina, solo lo admitió la
fracción más pobre y urbana de la población israelí: los "iletrados",
"bárbaros", judíos de "origen oriental", como les decía la dirigencia
sionista.
Curiosamente, muchísimos de esos judíos "iletrados y bárbaros" eran de
"origen occidental", puesto que venían de Marruecos y el Moghreb
francés. Mas para los judíos del Nordeste de Europa (o sea
"orientales") que constituían la "vanguardia civilizada y pensante" de
la colonización, eran "orientales" en tanto "menos civilizados" que
ellos, los "europeos".
Esos judíos de origen oriental, que no se dejaban llevar por las
ilusiones socialistas y humanistas de la "izquierda tolstoiana" que
constituía la voz cantante de la comunidad, eran en realidad el grueso
de la naciente clase trabajadora judía de Israel. Y también de su
clase media baja.
Ambos estratos convivían duramente con la población árabe, y los
trabajadores estaban sometidos permanentemente a la competencia feroz
que planteaban los trabajadores árabes en un mercado de trabajo duro y
complejo. A tal punto fue así que uno de los motivos para la temprana
organización de la Comunidad bajo la forma de una especie de
protoEstado bajo el mandato británico fue proteger a los trabajadores
judíos de esa competencia.
La protección al trabajador judío era fundamental para los sionistas
de izquierda, ya que una de sus principales consignas era que los
judíos tenían que "normalizarse" y tener una fuerte clase trabajadora,
como pasaba en cualquier "pueblo normal" como los de las naciones de
Europa Occidental o en EEUU.
Los partidarios de Yabotinski fueron minoría durante todo el período
en que la comunidad judía más importante del mundo estaba en Europa.
La liquidación de los judíos europeos perpetrada por Hitler no solo
brindó un argumento sangriento a favor de la creación de un Estado
Judío en lo que hoy es Israel, sino que además modificó crucialmente
el equilibrio interno de fuerzas en el judaísmo mundial.
Los judíos europeos (especialmente los de Europa Centro Oriental)
habían desaparecido. Los de la entonces Unión Soviética habían
sobrevivido (pequeño detalle que, al menos para ellos, dejó en claro
que sí había una diferencia entre un régimen socialista, aún en
versión stalinista, y un régimen capitalista) pero quedaron muy
rápidamente fuera del juego al tenderse la cortina de hierro e
iniciarse la guerra fría.
A partir de 1945, el peso de la comunidad judía mundial pasó de Europa
a los judíos de EEUU. Y en los tres años que siguieron a la Segunda
Guerra Mundial, al mismo tiempo que el Reino Unido se veía forzado a
abandonar en favor de su poderoso "aliado" americano una posesión
colonial tras otra, los Estados Unidos se apoyaron en la angustia de
la comunidad judía de Palestina (que veía cómo Gran Bretaña cerraba el
paso a los sobrevivientes de la masacre nazi para evitar un alzamiento
inmanejable de sus súbditos no judíos del Medio Oriente) para
independizar a los judíos de Palestina y, de ese modo, ganar una baza
fundamental en la competencia con Londres en el Medio Oriente.
Los sionistas de izquierda habían esperado vanamente que los
laboristas, una vez llegados al poder en Inglaterra, les confiriesen
una autonomía paulatina hasta llegar a la independencia. Los
laboristas ingleses, fieles a su historia, se condujeron como ingleses
laboristas. Y al Imperio británico, quienquiera que gobernase en
Londres, no le interesaba para nada perder el dominio directo de la
costa mediterránea de la Fértil Media Luna.
Por lo tanto, los laboristas no cumplieron las esperanzas de la
izquierda sionista.
Si las cumplió, en cambio, el gobierno estadounidense. Esto volcó la
balanza histórica de la política en la comunidad judía de Palestina a
favor de los que se apoyaron en esos judíos. Que no fueron los
socialistas o laboristas sino los partidarios de Yabotinski, la
"derecha". Su líder, en ese momento, fue Menajem Béguin, quien inició
su verdadera carrera política interna en Israel haciendo una
importantísima gira por EEUU.
Dicho sea de paso: Béguin no era un "derechista" en el sentido de que
no era "antisocialista". Judío ruso que conoció las prisiones
soviéticas, demuestra en su autobiografía una comprensión bastante
clara del sentido del socialismo (aunque lo atribuye a condiciones
específicamente rusas), y no se presenta como un anticomunista o
antisocialista rabioso. Si fue a prisión no se debió a que tuviera
pretensiones burguesas (en eso no se diferenciaba de ningún burócrata
soviético) sino porque era sionista, es decir partidario del
debilitamiento del Estado soviético y del fortalecimiento, aunque
fuera en grado de tentativa, de un Estado extranjero.
Lo cierto es que este proceso hizo que los partidarios de la solución
"socialdemócrata", "europea", quedaron por así decir condenados a la
derrota histórica frente a quienes planteaban que la única solución
posible era el ejercicio de la fuerza sobre un mundo árabe condenado a
combatir para siempre la existencia del Estado de Israel.
Todo esto es lo que subyace a la postura de Einstein, y a las
posiciones del actual gobierno israelí.]
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Néstor Gorojovsky
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