[R-P] [Marcelo Gullo] ¿Qué festeja la UBA?

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Jue Sep 15 06:51:54 MDT 2011


¿Qué festeja la UBA?

Marcelo Gullo*


 ¿Qué festeja la UBA? La Universidad de Buenos Aires festeja con
bombos y platillos los  200 años del nacimiento del “Maestro de
América”, don Domingo Faustino Sarmiento. . La Universidad de Buenos
Aires seguramente festeja a su entender el nacimiento de uno de los
más importantes pensadores de la historia argentina, o quizás a un
hombre que soñó con una Argentina que ellos añoran y que querrían
volver a restaurar “Sarmiento el soñador, sigue soñándonos”, escribió
en una ocasión Borges, -otro mimado de la Universidad de Buenos-
Aires, quizás, porque el país que imaginó Sarmiento en el siglo XIX,
era el mismo que Borges quería ver restaurado en pleno siglo XX, luego
de la caída, en septiembre de 1955, del “segundo tirano”. Pero, con
qué país soñó el ilustre sanjuanino. Dejemos, en lo posible, que el
mismo Sarmiento nos lo relate
Fue Domingo Faustino Sarmiento quien preguntándose qué cosa era
“civilización” y qué “barbarie”, definió que “civilización” era el
idioma inglés y, “barbarie” el castellano. “Barbarie” era, para “el
Maestro de “América”, todo lo autóctono, por el solo hecho de serlo y,
por supuesto - y he ahí el punto que más le interesaba a Inglaterra-
“civilización” era la aceptación a rajatabla de la teoría del
liberalismo económico salvaje y del libre cambio absoluto. Fue
Sarmiento el más brillante propagandista argentino de la teoría del
libre cambio y la división internacional del trabajo. Al respecto,
Manuel Gálvez, en su biografía de Sarmiento, escribe: “Nadie escribió
tanto como él a favor del comercio libre, y aun fue el primero en
hacerlo. Cuando cayó Rosas y con él su ley de Aduanas, nuestras
industrias se arruinaron. Ya he dicho que solamente en Buenos Aires
había ciento seis fábricas y setecientos cuarenta y tres talleres y
que la industria del tejido florecía asombrosamente en las provincias.
El comercio libre significó la entrada, con insignificantes derechos
aduaneros, de los productos manufacturados ingleses, con los que no
podían competir los nuestros. Y la industria argentina murió.”[1]
A tal punto llegó el desprecio por lo autóctono en la mentalidad de
Sarmiento- conquistada por el imperialismo cultural anglosajón - que
llegó a aconsejar, durante las guerras civiles desarrolladas en
Argentina, que: “...no se ahorrara sangre de gaucho, porque era lo
único que tenían de humano...” y que este, el gaucho, “... sólo servía
para estiércol de la pampa”
Patria Grande _
Revista mensual de la Izquierda Nacional-Tercera Época–Año 4 Numero 36
Mes: Marzo 2011
Importa destacar que su desprecio por el gaucho solo fue superado por
el que sentía hacia la población indígena. El 27 de septiembre de 1844
escribió en el diario “El Progreso”: “Por los salvajes de América
sentimos una invencible repugnancia sin poderlo remediar; y para
nosotros, Colocolo, Lautaro, Caupolicán, no son más que indios
asquerosos a quienes habríamos hechos colgar y mandaríamos colgar
ahora mismo si reapareciesen.”[2] Años después escribía en “El
Nacional”, del 19 de mayo de 1857: “Logramos exterminar a los indios?
: Lautaro, Rengo, y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así
son todos. Incapaces del progreso. El exterminio de esa canalla es
providencial y útil, sublime y grande... Se les debe exterminar sin ni
siquiera perdonar al pequeño que tiene ya, el odio instintivo al
hombre civilizado.”[3]
Era seguramente el país con que soñó Sarmiento un país democrático:
“Los gauchos que se resistieron a votar por nuestros candidatos
–exclamó exultante Sarmiento el 17 de junio de 1857- fueron puestos en
el cepo o enviados a las fronteras con los indios y quemados sus
ranchos. Bandas de soldados armados recorrían las calles acuchillando
y persiguiendo a los opositores. Tal fue el terror que sembramos que
el día 29 triunfamos sin oposición”. [4]
Era seguramente, también, el país con que soñó Sarmiento un país donde
debía reinar la justicia social: “Las Cámaras no deben votar partidas
para la caridad pública -sostuvo Sarmiento, el 13 de septiembre de
1859 en el Senado de la Provincia de Buenos Aires- porque la caridad
cristiana no es del dominio del Estado. El Estado no tiene caridad, no
tiene alma...Si los pobre se han de morir que se mueran...El mendigo
es como la hormiga. Recoge los desperdicios. De manera que es útil sin
necesidad que se le dé dinero...¿Qué importa que el Estado deje morir
al que no puede vivir por causa de sus defectos? Los huérfanos son los
últimos seres de la sociedad; no se les debe dar más de comer.”[5]

[1]. GALVEZ, Manuel, Vida de Sarmiento. El hombre de autoridad. Buenos
Aires, Emecé Editores, 1945, p.662.
[2]. SUAREZ, Matías, Sarmiento ese desconocido, Buenos Aires, Ed.
Theoría, 1964, p. 199.
Patria Grande _
Revista mensual de la Izquierda Nacional-Tercera Época–Año 4 Numero 36
Mes: Marzo 2011
[3]. Ibíd., p.199.
[4] Ibíd., p.185. (5) Ibid. p. 70

*Marcelo Gullo. Doctor en Ciencia Política. Profesor de la Universidad
de Lanús. Asesor de la FLATEC (Federación Latinoamericana de
Trabajadores de la Educación y la Cultura)



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