[R-P] [Aritz Recalde] ¿Chicos de la guerra o héroes de Malvinas?
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Lun Mar 28 14:08:50 MDT 2011
¿Chicos de la guerra o héroes de Malvinas?
Aritz Recalde, marzo 2011
“Los argentinos, especialmente no han podido olvidar que se trata de
una parte importante de territorio nacional, usurpada a merced de
circunstancias desfavorables, en una época indecisa, en que la
nacionalidad luchaba aún con escollos opuestos a su definitiva
organización (…) El precedente de la injusticia es siempre el temor de
la injusticia, pues si la conformidad o indiferencia del pueblo
agraviado consolida la conquista de la fuerza, ¿quién le defenderá
mañana contra una nueva tentativa de despojo o de usurpación?”. José
Hernández sobre Malvinas, año 1869.
La división mundial del trabajo establece que las naciones periféricas
deben ser una granja de producción agropecuaria y que tienen que
importar la manufactura para dar trabajo a los habitantes de las
metrópolis. La división mundial de la ciencia y de la cultura, condena
a los Estados del tercer mundo al subdesarrollo y a la importación de
patentes e innovaciones, cerrando la posibilidad de producción
autónoma de conocimiento y más aun, de saber articulado a la industria
nacional. Claramente, las dos divisiones mencionadas consolidan una
tercera, que es la social y que establece que los Estados del sur del
planeta padezcan la desigualdad e inestabilidad social crónica y
permanente, para alimentar el nivel de vida del primer mundo.
Finalmente, hay una división mundial de la vida y de la muerte que
permite que algunos Estados tengan el derecho a asesinar a los
habitantes de otros pueblos. Las manos de Europa y de Estados Unidos
están bañadas de sangre y dichas potencias se caracterizaron por la
ocupación e intervención violenta en todo el planeta en guerras
“ofensivas y defensivas” contra el “fascismo, el comunismo, el
terrorismo, la droga o por la democracia”. Nuestro país fue víctima de
esa división mundial de la guerra y la política y el mismo día que
tomamos posesión de nuestro territorio en Malvinas, las potencias
declararon el bloqueo económico, político y cultural al país y
organizaron la agresión y el asesinato de nuestros soldados. La ONU,
la OTAN, la Comunidad Económica Europea, los capitalistas y los
comunistas, justificaron públicamente y ante el mundo, por acción o
por omisión, la agresión a la Argentina por parte de Inglaterra. En la
división mundial de la guerra que se refleja y por ejemplo, en el cine
de EUA, se puede matar a un supuesto terrorista árabe, a un supuesto
comunista latinoamericano, a un supuesto narcotraficante
latinoamericano, nunca a un supuesto demócrata europeo.
Perdimos la guerra en el año 1982 y la peor derrota no fue la militar,
sino que fue la cultural. La derrota cultural frente a la agresión
europea, fue producto del neocolonialismo y de la tarea de persuasión
ideológica sobre nuestras clases medias y altas, ejecutada por los
países centrales. Esa dirigencia neocolonial y sus intelectuales,
fueron los que ocultaron en el patio trasero del país a los soldados
cuando regresaron de la guerra en el año 1982. Actualmente, se
continúa subestimando la acción de los combatientes que impidieron
desembarcar y tomar posesión en tierra a los británicos y a la OTAN
por casi 3 semanas, que destruyeron o averiaron 31 buques y 45
aeronaves y que ocasionaron, según fuentes oficiales británicas, la
muerte de 255 agentes enemigos, hiriendo más de 700 de ellos[1].
Nuestros patriotas y pese a esa importante resistencia al enemigo
ingles y a las potencias aliadas, son denominados “chicos de la
guerra” por los intelectuales protagonistas de la desmalvinización.
En la reconstrucción oficial que impulsó el alfonsinismo, solamente se
menciona a Galtieri como el causante fundamental del conflicto y se
subestiman importantes elementos históricos para comprender la guerra
del Atlántico Sur, como fueron las acciones diplomáticas iniciadas
desde 1833 por Manuel Moreno, la resistencia del gaucho malvinense
Antonio Rivero en 1833, las opiniones de figuras como José Hernández,
las gestiones del gobierno de Perón iniciadas en 1946, el vuelo del
Operativo Cóndor en 1966, los reclamos en la ONU o las innumerables
negociaciones frente a Inglaterra y las naciones del mundo.
La guerra y siguiendo a los promotores de la desmalvinización, fue
solamente una especulación política de Galtieri. Según estos, no
existió un ejército combatiente ni un pueblo que le dio apoyo, ni
tampoco acciones militares de envergadura por parte de nuestro país,
más allá del maltrato de los oficiales a los “chicos de la guerra”. Se
esconde a las nuevas generaciones, el sentimiento de apoyo popular en
el país que implicó y entre otras cuestiones, el soporte público de la
CGT y una movilización de más de 50 mil personas en las calles. Poco y
nada se dice a los jóvenes, que se produjeron masivas manifestaciones
en el continente latinoamericano durante la guerra y que y por
ejemplo, el 2 de abril de 1984 y pese a que Alfonsín sostuvo que la
guerra “fue una aventura incalificable”, se reunieron 4 mil ex
soldados y 15 mil civiles que arrancaron la estatua de George Canning
y la tiraron al Rio de La Plata[2].
Otro rasgo característico de los debates sobre la guerra, es que la
severidad para cuestionar a los mandos argentinos, no se aplica para
criticar las atrocidades de los ingleses en los fusilamientos a
soldados y poco se dice de los maltratos que recibieron de los
colonialistas que y por ejemplo, los enviaban a sacar minas que
explotaban el camino. Frente a la agresión colonialista, no es
frecuente mencionar que el desembarco nacional se ejecutó sin cometer
atropellos contra los habitantes y con la perspectiva de forzar una
negociación, que había sido negada por décadas por Inglaterra. No es
frecuente escuchar entre tanta “mea culpa por el atrevimiento
argentino”, de que los ingleses mataron, torturaron y constituyeron
crímenes de guerra hundiendo al General Belgrano en la zona de
exclusión. La intelectualidad protagonista de la desmalvinización, se
siente cómoda denunciando los abusos de poder de los militares
argentinos y poco dice de las atrocidades del enemigo y de su decisión
de no negociar causando la muerte de los soldados.
Analizando las opiniones sobre la guerra, debemos decir que no son los
más de 600 muertos los que escandalizaron al alfonsinismo en 1983 y a
los promotores de la desmalvinización. Por el contrario, el problema
profundo que tienen estos actores con la guerra y aunque no lo digan
públicamente, fue la existencia de un sentimiento de hostilidad al
europeo por parte del pueblo. Por el contrario, es interesante
remarcar que la historia del país se caracteriza por un constante
derramamiento de sangre y que los símbolos de importantes grupos de
clase media, son la Batalla de Caseros y el golpe militar 1955. Todo
el aparato cultural liberal hace apología de la violencia y los
asesinatos de los caudillos federales y los trabajadores peronistas y
lo hace en nombre de la civilización europea y la democracia. ¿Por qué
no hay una mención a los “chicos de la guerra” que participaron
conjuntamente al imperio del Brasil, Inglaterra y a Urquiza en
Caseros?, ¿por qué no existió una crítica a los comandos civiles y a
los “chicos de la guerra” llevados por sus superiores para bombardear
o asesinar niños y trabajadores en 1955?. Los intelectuales de la
desmalvinización, sienten vergüenza de la existencia de un sentimiento
popular nacionalista que niega la posibilidad de que el país se
subordine a la “civilización” y que está dispuesto a combatir si es
necesario. A partir de aquí, que dicho sector es más permeable a
apoyar los asesinatos de trabajadores inocentes, que a reivindicar un
combate contra los agresores de un imperio europeo. La vergüenza y la
negación que sienten de la guerra de Malvinas muchos intelectuales, no
se deducen ni de los muertos, ni la derrota de la guerra, sino del
hecho de atacar a representantes de la “inmigración europea” que y tal
cual sostiene el racista artículo 25 de la Constitución nacional, nos
proponemos fomentar. La constitución en su artículo 25 y haciendo
justicia con la historia, debería promover la inmigración de Perú, de
Cuba, de los Países No Alineados o de los miembros de la UNASUR, que
lucharon o que repudian actualmente, la acción de los ingleses en
Malvinas.
La historiografía que se escribió sobre la universidad argentina, es
un claro ejemplo del tratamiento de las muertes y los conflictos
militares que realizó el alfonsinismo en 1983. Actualmente, se
continúa resaltando de manera positiva desde las casas de altos
estudios, el golpe militar de 1955 y se denomina “edad de oro de la
universidad”, a una institución que se organizó a partir de una cifra
cercana a los 400 asesinatos[3] entre el bombardeo y los fusilamientos
de 1956. Algunos intelectuales universitarios, parecieran ser más
proclives a justificar una intervención militar contra civiles para
defender la autonomía de la institución, que para enfrentar al agresor
extranjero en nuestros suelo. Incluso, con la agravante diferencia,
que en 1982 se buscó forzar una negociación con una ocupación militar
que no mató ni bombardeó a la población civil y que luego, por la
negativa británica a negociar, culminó en la guerra. La hipocresía
historiográfica de los alfonsinistas que impulsaron la
desmalvinización, es un síntoma del neocolonialismo y del sentimiento
de inferioridad que siguen padeciendo muchos argentinos.
La interpretación neocolonial del conflicto de Malvinas, reniega del
derecho del país sobre su suelo, desconoce la larga historia anterior
al conflicto y esconde la voluntad férrea y valerosa de nuestros
combatientes contra el agresor. El ocultamiento de dicho sentimiento
nacional antiimperialista, no es el primero y tiene importantes
antecedentes. En 1845 ganamos la guerra pese a la derrota militar de
la Vuelta de Obligado y finalmente, fuimos vencidos cuando a partir de
1852 aplicamos el programa liberal británico y francés en el Rio de La
Plata. Los patriotas muertos al mando de Santiago de Liniers en las
primeras invasiones inglesas o tras el comando de Lucio Mansilla en
Obligado, fueron humillados por nuestro sometimiento al proyecto
dependiente que le entrego la económica y el Estado al extranjero. Lo
que no pudieron hacer los cañones, lo realizó el neocolonialismo
cultural europeo y sus operadores que escribieron la historia oficial
y que manejaron la prensa. Los soldados murieron luchando contra el
imperialismo, mientras los intelectuales afrancesados y pro ingleses,
entregaban nuestra economía al extranjero y escribían a favor del
agresor en las plumas de Esteban Echeverría o de Juan Bautista
Alberdi.
La sanción del feriado en homenaje a la batalla de la Vuelta de
Obligado, le va a permitir a las nuevas generaciones recuperar un
hecho falseado por la historiografía liberal, afirmando nuestra
conciencia histórica. Serán estas nuevas generaciones, las
protagonistas de una revalorización del conflicto de Malvinas que
muestre que al Atlántico Sur no viajaron solamente “chicos”, sino que
fueron y principalmente, soldados armados en defensa de la patria
empujados por el sentimiento popular histórico. La recuperación de la
gesta de Malvinas no tiene por qué desconocer los errores de
preparación y de desarrollo de la guerra o todo lo nefasto que fue el
gobierno militar. Ahora bien y pese a eso, los caídos en la guerra no
son meras victimas, son héroes de Malvinas que lucharon por terminar
con una posición colonial británica dando cause a un sentimiento
profundo e histórico. La sangre derramada y la prepotencia imperial,
demostró la importancia estratégica de Malvinas que es una plataforma
de la OTAN en Atlántico Sur y una fuente de petróleo y de riquezas
pesqueras para el extranjero.
Malvinas es y seguirá siendo, una causa nacional contra el
imperialismo europeo que agredió al país en 1806, en 1838, en 1845 o
en 1982. Vaya nuestro homenaje a los civiles y a los soldados que
lucharon con la pluma y con el fusil, defendiendo nuestra soberanía
contra la prepotencia inglesa.
[1] www.malvinense.com.ar
[2] Ana Jaramillo (2010), Las Malvinas y la Unión Latinoamericana,
EDUNLA, Lanús.
[3] Gonzalo L. Chávez (2005), La Masacre de Plaza de Mayo, La Campana, La Plata.
--
Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular