[R-P] Una ética de putañeros derrotados
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mar Mar 15 05:27:50 MDT 2011
En "La Nación" de hoy, titulando con la precisión de un punch a la
mandíbula "Advertencia para una oposición desorientada", Morales Solá
trata de analizar la elección catamarqueña que tan amargas primicias
ha dado a la cosecha electoral gorila del 2011
(http://www.lanacion.com.ar/1357513-advertencia-para-una-oposicion-desorientada?utm_source=newsletter&utm_medium=titulares&utm_campaign=NLColHoy).
Algunas cosas hay que decir en torno a esta fría nota de atención.
Digamos ante todo que Morales Solá es tucumano. Por lo tanto, conoce
el paño catamarqueño porque para la "gente decente" de Tucumán, mecida
en cañaverales y enriquecida en una agroindustria que la diferenciaba
tajantemente de sus vecinas comarcanas, Catamarca siempre ha solido
ser una especie de ámbito solariego y folklórico de su natural área de
dominio regional, algo atrasadita la pobre pero con la innegable
belleza rústica de la flor del cardón. Recuérdese cómo el General
Bussi, en un todo de acuerdo con esa visión de las cosas, usaba
Catamarca de vaciadero de lo que él consideraba desechos humanos, por
ejemplo, sin siquiera consultar con su colega de satrapía procesista.
Resalta entonces por un lado la incomprensión de la polìtica profunda
de esa provincia que revela la frase de apertura ("Era inverosímil
anteanoche ver en Catamarca las imágenes del incombustible Ramón Saadi
saltando de alegría por una victoria de Cristina Kirchner"). Es una
frasecita intencionada, claro, que en último análisis busca pegotear
la victoria del FpV en Catamarca con la tragedia inmunda que rodeó la
muerte de la pobre María Soledad Morales.
Pero no por intencionada es necesariamente menos hueca en su intento
efectista. En el mejor de los casos -y suponiéndolo a Morales Solá
desconocedor de algunos detalles clave de la política catamarqueña que
nadie, en la ciudad del Valle, ignora- hace pensar en cierta
incomprensión de los motivos por los cuales se alegró Ramón Saadi con
este resultado. Omite Morales Solá que el satanizado Ramón ha sabido
votar en el Congreso de la Nación las mejores iniciativas del
kirchnerismo, y no se pregunta porqué este hombre parece ser quizás el
único caudillo peronista al que le quedan "votos propios" de verdad en
Catamarca.
Lo que Morales Solá ignora o afecta ignorar es que ese asqueroso hecho
de sangre que fue la pasión y muerte de María Soledad Morales no fue
el resultado de ninguna característica particular de la familia Saadi,
sino de la genética encomendera de las clases altas de Catamarca. Lo
que Morales Solá ignora o afecta ignorar es que el destino de
muchísimas chacareritas catamarqueñas está amenazado por la plaga
local del putañerío al servicio de los hipócritas ricachones de esa
provincia, y que el caso María Soledad fue uno entre varios que
normalmente quedan enterrados en los archivos policiales, pero que en
esa oportunidad se utilizó para destruir políticamente a los Saadi. Lo
que Morales Solá ignora o afecta ignorar es que ese derecho de pernada
social vigente aún hoy como "hecho natural" en Catamarca no data del
Medievo sino de los no tan lejanos días en los que la banda de
asesinos enviada por Bartolomé Mitre a "pacificar" el Interior derrotó
al pueblo llano de Catamarca al comando de Felipe Varela. Fueron
Paunero, Sandes y Arredondo los que pusieron a las hijas del pueblo
del Norte a disposición de los peores instintos de los machos de pro
en sus propios terruños. Lo que Morales Solá, en suma, ignora o afecta
ignorar, finalmente, es que el horrendo caso María Soledad está
directamente vinculado a la oposición de Ramón Saadi a "la minera" de
Andalgalá, verdadera United Fruit a la guatemalteca plantada sobre oro
y no sobre bananos.
Eso para empezar, nomás.
Pero semejante inicio le sirve a Morales Solá para hacer pasar a
inmediata continuación la amarga constatación de que lo que "se vio en
Catamarca fue... una oposición incapaz de crear una opción política y
moral distinta" a la de un gobierno nacional que hizo "polìtica con el
mármol y el barro".
Y lanza la consigna de combate: la indignación ética. Según Morales
Solá, los catamarqueños no votaron a favor de alinearse con un
proyecto de país que apuesta a la industria y la integración con
América Latina, únicas vías de terminar con el clientelismo
catamarqueño (que no es familiar sino de clase). No. Los catamarqueños
son pelotudos, son incapaces de entender este tipo de asuntos de alto
vuelo que solo se pueden dirimir en la Capital. Los catamarqueños
votaron, para él, en contra del error de Brizuela -y (los menciona
explícitamente) los radicales catamarqueños- al haber mantenido sin un
solo cambio el "modo feudal de conducir una provincia pobre" que,
según él, personificaron los Saadi. Pobres turcos, los Saadi, que a lo
sumo aprendieron a hacer lo que desde hacía larguísimo tiempo venía
haciendo la "gente decente" de esa provincia y ahora tienen que
cargar, en soledad familiar, con el sambenito que abarca, en
propiedad, a una clase social entera.
Establecido el eje moralista, toda la nota de Morales Solá busca (a)
reimplantar el concepto de "oposición" como bloque único de intereses,
con ocasionales conductores en cada distrito ("La oposición (bajo la
responsabilidad del radicalismo en este caso)", escribe, tratando de
revivir el cadavérico "Grupo A"), (b) arrojar a Brizuela del Moral a
la basura, (c) implantar la idea de que la única forma de oponérsele
al kirchnerismo es desde un eticismo tan vacío como intransigente.
De allí las frases de cierre:
"Ayer, Sanz, Alfonsín, Mauricio Macri y no pocos peronistas disidentes
convocaban a mirar a Catamarca como un ejemplo de lo que la oposición
no debería seguir haciendo en los próximos meses. Elisa Carrió había
retirado a su partido de las elecciones de Catamarca porque no
encontró diferencias entre los dos bandos. La derrota del domingo sólo
les será útil a los líderes opositores, en efecto, si sirviera para
que despierten de una buena vez."
Es curiosa la injusticia que comete Morales Solá al no mencionar la
otra variante posible, la del eticismo de Fernando Solanas. Quizás
porque en el fondo de su espíritu anida la sospecha de que los
representantes de Proyecto Sur en Catamarca, que tan buena elección
hicieron en el centro mismo del feudo de "la minera", puedan terminar
por descubrir, alguna vez, que para defender sus propios proyectos el
mejor aliado que tendrán será el gobierno nacional y su expresión
catamarqueña. Se verá si esa sospecha se hace realidad. En todo caso,
puestos a gobernar, los mejores exponentes de la "oposición ética"
parecen siempre terminar en -para Morales Solá- espeluznantes
escarceos con la bestia kirchnerista. Posen la vista sobre Tierra del
Fuego, señores, parece decir con su silencio el estratega oligárquico
de turno.
Es mejor seguir agitando fantasmas, no sea cosa que de los Saadi quede
la mejor herencia (su alineamiento con el proyecto nacional del
general Perón), y no la peor (su mimetización con las peores
costumbres de una clase dominante local que toma de objeto al pobrerío
derrotado). No sea cosa que una mujer, a cargo de Catamarca por
primera vez en la historia de la provincia, haga lo que hay que hacer
para que no haya más casos María Soledad. No sea cosa que se termine
de veras el clientelismo, que Catamarca empiece a industrializarse, y
esos negritos que hasta ahora agacharon eternamente el lomo empiecen a
mirar desafiantes a los hijos y nietos de la vieja encomienda
colonial.
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Néstor Gorojovsky
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