[R-P] [José Coronado] Peru: Del Cristo Redentor, Odebrecht y otros demonios

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Jue Jun 23 20:15:21 MDT 2011


[Lindo regalito le deja este diplomático bandeirante al presidente
electo Ollanta Humala, que desea la unidad sudamericana (y con el
Brasil).

Insisto, y seguiré insistiendo, para que al menos nadie me diga mañana
"¿vos dónde estabas cuando pasaban estas cosas?: ni por oportunismo ni
por ninguna otra razón se puede suponer que la "burguesía nacional"
brasileña puede liderar el proceso de unificación latinoamericana.

Ni siquiera pueden hacerlo con los sudamericanos.

Quien alienta esos sueños, exhalará pesadillas mañana cuando la
"burguesía paulista" termine de hacer añicos toda unificación con su
egoísmo oligárquico innato y depredador.]

Gentileza Servicio Informativo "Alai-amlatina"

Peru: Del Cristo Redentor, Odebrecht y otros demonios

José Coronado

ALAI AMLATINA, 23/06/2011.- El embajador de Brasil en el Perú, Jorge
D’escragnolle Taunay Filho ha dedicado sus últimas horas de gestión en
Lima, este miércoles 21 de junio, a defender la instalación inconsulta
del llamado “Cristo del Pacífico” en una zona intangible de la capital
peruana. Ha dicho que más temprano que tarde los limeños tendrán que
acostumbrarse pues “es difícil ir contra un Cristo”. En buen
cristiano, no solo ha defendido el último capricho de Alan García,
sino también la “generosidad” de una de las mayores transnacionales
del país de la samba, y de paso criticó a la alcaldesa limeña Susana
Villarán tildándola de descortés por plantear que el donativo se
reubique en el algún tramo de la Transoceánica que une Perú y Brasil.

Por supuesto que al diplomático poco parece importarle las formas –que
se supone debería respetar siempre- y por supuesto, mucho menos el
fondo de todo este toletole que se ha armado en el país. Nunca antes
en el Perú, la colocación de la efigie del cristianismo ha desatado
tanta polémica; y por supuesto, nunca antes, la figura de Cristo ha
sido tan ligada a la corrupción endémica que reina en el Perú. Hay
quienes sostienen que el Cristo que ya ha sido bautizado con tantos
alias por el humor popular –desde el Cristo del Gordovago hasta el
Cristo de lo robado- es una cortina de humo más de Alan García; y
razones no les falta, pues su gobierno está culminando no solo
envuelto en una serie de escándalos de corrupción sino también en
medio de conflictos sociales que el gobierno aprista es incapaz de
atender y mucho menos de resolver.

Por estos días el Perú es el centro de varios hechos, casi todos
ligados a la corrupción. El pretendido e improcedente indulto al
corrupto ex dictador Alberto Fujimori, la promulgación de una ley que
busca blindar a los funcionarios públicos acusados de corrupción, la
divulgación del informe “Comunicore”, uno de unos de los casos más
grandes de corrupción en la Municipalidad de Lima que involucra al ex
aliado de García, ex alcalde y ex candidato presidencial, Luis
Castañeda. A ello hay que agregar los conflictos sociales en la
altiplánica región de Puno en contra de la entrega indiscriminada de
concesiones a grandes empresas mineras; y lo último, el reciente
conflicto en la región Huancavelica en la zona sur central, la más
pobre del país, que en su segundo día ya ha cobrado tres la vida de
tres personas. Alan García se ha dedicado a supervisar la maratónica
instalación de la copia del Cristo del Corcobado y le interesa un
comino que el país se incendie; parece interesado en dejarle al
próximo gobierno todas esas papas calientes. Y por supuesto, ninguno
de los grandes medios de comunicación y los sectores empresariales que
no tardaron ni 24 horas para exigirle al presidente electo que nombre
a un ministro de Economía neoliberal, se acuerdan ahora de exigirla a
Alan García que se esmere por resolver los conflictos y dejar el país
con algo de tranquilidad social.

De manera que la cortina de humo viene funcionando. Sin embargo, el
Cristo del Pacífico también debería ser motivo para que el país tome
nota del rol que juegan algunas de las transnacionales que dicen que
vienen a invertir al país y que terminan envueltas en la bruma de
denuncias y escándalos mayores de corrupción. O mejor dicho, que
persisten en utilizar mecanismos de corrupción que les cuestan varios
cientos de millones al país, al amparo y complicidad de autoridades y
funcionarios gubernamentales, como es el caso de la transnacional
Odebrecht, cuya generosidad defendió implícitamente el embajador
brasileño en el Perú.

Por supuesto que no debería llamar la atención tal defensa pues la
diplomacia también es utilizada para defender intereses de grandes
corporaciones como si fueran los intereses de los pueblos y países.
Sin embargo, no debe perderse de vista que Odebrecht no es una empresa
que se caracterice precisamente por sus buenos antecedentes, no solo
en el Perú sino también en otros países donde ha operado. Según cifras
del ministerio de Economía y Finanzas, MEF, Odebrecht ha facturado
durante el gobierno aprista más de 170 millones de soles y se ubica en
el puesto 16 de los más de 200 mil proveedores del Estado. Según otras
entidades, entre el 2006 y junio del 2011, los compromisos
contractuales de Odebrecht con el Estado suman más de 6,500 millones
de soles. Recientemente, acaba de ser favorecida con la construcción
del tramo 2 del Tren Eléctrico de Lima, otra obra favorita de Alan
García con un presupuesto de 583 millones de dólares. Con este último,
el grupo Odebrecht se ha adjudicado ocho millonarios contratos en el
Perú, entre los que destacan tres tramos de la transoceánica y dos
obras del proyecto Olmos, en la norteña región Lambayeque.

Por supuesto que todas estas adjudicaciones no han estado exentas de
denuncias de presunto favoritismo del gobierno aprista hacia la
transnacional brasileña; para muchos, estas no pasan de ser denuncias
“normales” en estos procesos. El asunto es que sobre Odebrecht también
recaen denuncias por maniobras orientadas a reducir presupuestos y
aumentar sus ganancias a costa de la calidad de las obras, sobre lo
cual hay indicios de que esto es una modalidad sistemática del gigante
brasileño.

Tal vez el antecedente más nefasto y cercano de esta empresa fue su
expulsión en el año 2008 de Ecuador por la pésima construcción de la
central hidroeléctrica de San Francisco, ubicada en la provincia de
Tungurahua, en la región central del vecino país del norte. Según las
informaciones de la época, Odebrecht cometió varias irregularidades
que fueron desde la conversión de un crédito privado por 241 millones
de dólares del Banco de Desarrollo de Brasil –que fue avalado por
gobierno ecuatoriano- en un crédito estatal, la sobrevaloración de la
obra civil y el cambio de los estudios originales, que provocaron el
colapso de la hidroeléctrica a menos de un año de funcionamiento. Se
afirma que las obras eliminadas ascendieron a 30 millones de dólares,
pero el valor de la obra total de la obra no bajó pues la empresa
colocó otras obras civiles o mecánicas adicionales; se dice también
que el Estado ecuatoriano es quien paga ahora dicho crédito y que en
los próximos diez años le costará la friolera de 600 millones de
dólares. La expulsión de la empresa generó serios roces diplomáticos
entre Ecuador y Brasil.

Es bueno recordar este antecedente pues, para la conclusión del primer
tramo del Tren Eléctrico, el contrato en el 2009 fue por US$
410’205,000 millones de dólares; según los datos de Transparencia
Económica, antes de finalizar la obra Odebrecht ya ha generado un
gasto adicional de más de 12 millones de dólares. Otra obra
importante, como el proyecto Olmos, que ejecuta el gobierno regional
de Lambayeque, tampoco está exenta de denuncias. El decano del Colegio
de Ingenieros de Lambayeque, Galvarino Castro, denunció hace un tiempo
la sobrevaloración del proyecto a 185 millones de dólares, cuando la
obra fue valorizada en 138 millones; recordó también que una
consultora, Nippon Koei, alertó al gobierno peruano sobre una
sobrevaloración de casi 53 millones de dólares, pues estimó que el
proyecto demandaría una inversión de 132 millones.

Al igual que en el caso ecuatoriano, en Olmos, Odebrecht modificó la
propuesta original que contemplaba un sistema de conducción por
tuberías por otro de menor costo en base a canales, y en vez de
disminuir el costo del proyecto lo incrementó; y tampoco arriesgó su
dinero pues condicionó el inicio de las obras a la venta de 38 mil
hectáreas de terrenos a 4 mil dólares la hectárea. Es decir, negocio
redondo. Pero el tema no queda allí. Ahora Odebrecht está exigiendo al
gobierno regional de Lambayeque el pago de 70 millones de dólares
adicionales, de lo contrario demanda que se le amplíe el tiempo de la
concesión en la administración de las aguas de 15 a 28 años. Como
dicen los dirigentes agrarios de Lambayeque, parece que quieren
asegurarse este pago antes de que culmine el actual gobierno de Alan
García.

De manera pues, que estas irregularidades dan cuenta del accionar de
la empresa favorita de Alan García. Este es el talante de la empresa
que “generosamente” nos dona la estatua de un Cristo que según ellos
les cuesta casi un millón de dólares –aunque sea una burda copia de
fibra de vidrio sin ningún valor artístico ni estético- y a la que
según el saliente embajador brasileño más temprano que tarde tenemos
que terminar queriendo, y que lamentablemente, las principales
autoridades católicas del Perú han aceptado sin reparo. Poco parece
importarles que Alan García y cuestionados empresarios utilicen y
trafiquen con la imagen del Cristo Redentor no solo para apañar
irregularidades y sacralizar evidentes indicios de corrupción, sino
que encima generan discordia y dividen al pueblo peruano manipulando
su fe y sus creencias. Para acabar con los demonios de la corrupción,
el Perú requiere más de un exorcista, y urgente.

- José Coronado es periodista peruano.

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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría



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