[R-P] [Jorge Rachid] Salud y coloniaje

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mie Jun 22 08:27:40 MDT 2011


SALUD: COLONIAJE CULTURAL
Un artículo de Jorge Rachid

 “El mejor Plan de Salud es agua corriente y cloacas, vivienda dignas
y condiciones de vida”
Dr. Ramón Carrillo

Cuando hablamos de coloniaje en general lo referimos a los aspectos
político-filosóficos del pensamiento nacional, sin entrar en el
detalle de cada situación puntual donde éste se expresa. Así cuando
nos referimos a los temas específicos vinculados con la salud, el
derecho humano básico de cualquier pueblo, repetimos recetas y
esquemas de planificación surgidos de las problemáticas de los países
centrales o lo que es aún peor a planificaciones impuestas por los
organismos de crédito internacional que, al servicio del poder
financiero, intentan siempre condicionar los planes de salud a sus
intereses, en especial el de la captación del ahorro interno genuino
de los trabajadores destinados a su cobertura.

Dichos aportes que no nacen de un repollo, sino que es salario
diferido solidario incluso a los fines de atención de nuestro mayores,
constituyen un caso único en el mundo que debe ser derrotado dado que
imprime otra lógica a los sistemas de financiamiento habitual en los
planes de salud que plantean el BM (Banco Mundial), la OMS
(Organización Mundial de la Salud) y la OPS (Organización Panamericana
de la Salud) que, basando sus planteos eficientistas en los parámetros
tecnocráticos, intentan socavar los mecanismos de  atención de la
enfermedad de casi la mitad de la población argentina con cobertura
por parte de las obras sociales.

Desde la dictadura militar del ‘76 a los despojos de los años ‘90, el
sistema solidario de obras sociales sufrió el embate sin pausa del
Banco Mundial (que curiosamente tiene como nombre real el de Banco
Internacional de Reconstrucción y Fomento pero que nada reconstruye y
que mejor no fomentara la mayor parte de lo que impulsa), que además
de lesionar el sistema endeudaba a la Nación, permitiendo un marco de
corrupción donde el dinero supuestamente prestado para mejorar la
atención médica iba siendo deshilachado en un entramado de
consultoras, convocadas al efecto, como las llaves del financiamiento.
En ese tortuoso  camino hasta un 20 por ciento  y a veces más del
capital ingresado quedaba en manos del funcionariado de turno a través
del armado de las carpetas correspondientes. Este es un tema sabido y
tolerado que alimentó demasiados polos de centralización de políticas
sanitarias que persisten hasta nuestros días. Fundaciones, institutos,
centros y planes de capacitación financiados por los organismos
internacionales fueron moldeando una dirigencia que, repitiendo
esquemas internacionales y exhibiendo maestrías del exterior como
garantía de sabiduría, se fue escalonando en el funcionariado de los
organismos de la salud.

Desde la misma dictadura militar hasta el 2003 el esquema del Banco
Mundial impuso a través del financiamiento extorsivo, una suma de
debilidades al sistema solidarios prestacional como por ejemplo
disminuir los aportes para “crear empleo” y recaudarlos por la AFIP,
hasta la privatización previsional con la ley 24.241 de AFJP del 94 y
la ley 24.557 del 96, pasando por la desregulación, decreto 7 del 93,
imponer el gerenciamiento del PAMI en el 95 y la desregulación de las
obras sociales con el decreto 446/00. Ahora con la nueva ley de
prepagas se repara injusticia de sus afiliados, descremados del
sistema solidario pero se afirma su intrusión de lucro en la
solidaridad. Esto crea en las obras sociales y el hospital público
todas las desventajas, llevando de concretarse el sistema nacional de
seguro de salud, a una medicina para pobres y otra para ricos. Como
sucedió en la educación pública con las escuelas Express financiadas
por el mismo Banco, sucedió con las prepagas en salud. Esquema similar
al que rige en otros países del continente, consolidando la injusticia
social.

No se trata de juzgar a nadie en sus aptitudes individuales y su
mirada del mundo pero es difícil que se pueda ejercer una acción
transformadora que abra frentes de cambios en la industria
farmaceútica, los paradigmas de fortalecimiento de la salud antes que
la atención de la enfermedad, la centralidad del hospital público como
eje del sistema nacional de salud, la complementación financiera de
los subsistemas solidarios, la exclusión absoluta de los agentes
privados de los sistemas solidarios y la modificación de los ejes
centrales curriculares en la formación médica desde parámetros
dictados por las políticas de los organismos internacionales.

Es también cierto que no todas las batallas se pueden dar al mismo
tiempo. Es absolutamente cierto que desde el 2003 a la fecha se ha
realizado más acción por la salud desde la obra pública, que desde el
mismo sector salud. El fortalecimiento de la obra pública en agua
corriente, cloacas y viviendas, la creación de cinco millones de
puestos de trabajo, la incorporación de dos millones y medio de nuevos
jubilados al sistema previsional, la asignación universal por hijos y
otros planes que ampliaron los derechos sociales han contribuido de
manera ejemplar al fortalecimiento de la salud del pueblo argentino.
No fue esto seguido por el sector salud que siguió en la norma del
“compre hecho” de los planes externos, la salud como sinónimo de
atención de la enfermedad, el fortalecimiento de la industria
farmacéutica (la misma que roba conocimientos a los pueblos
originarios y los patenta), el freno de la investigación y desarrollo
en los laboratorios públicos de medicamentos pese al esfuerzo del
Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva repatriando
científicos argentinos y del INTI (Instituto Nacional de Tecnología
Industrial) aportando esfuerzos tecnológicos a la RELAP (Red
Latinoamericana de Areas Protegidas) desde su inicio. Pero sin dudas
el esquema preponderante fue el marco organizativo y de planificación
de los organismos internacionales.

No se pudo reparar la fragmentación producida por el neoliberalismo
que propició la fractura y la diáspora de los sistemas de salud,
provincializando y municipalizando, con cadenas de recursos complejas
y falta de planificación estratégica en el seno de la comunidad. Los
indicadores pasaron a ser desiguales desde la expectativa de vida al
nacer hasta la mortalidad infantil. Hasta para nacer hay que tener
suerte ya que Tartagal (Salta) no es lo mismo que la CABA (Ciudad
Autónoma de Buenos Aires), ni Buta Ranquil (Neuquén) similar a
Córdoba. Se rompe así con una de las premisas básicas del compromiso
constitucional del artículo 14 bis y, peor aún, se posterga una vez
más la puesta en marcha de una planificación solidaria, estratégica,
basada en el sector público y de obras sociales sindicales,
provinciales y PAMI (Instituto Nacional de Servicios Sociales para
Jubilados y Pensionados), que recupere el concepto de que la salud es
del pueblo no de los médicos ni de los planificadores.

El único actor que puede dar contenido y continuidad a la
planificación de salud es el pueblo organizado desde la comunidad, que
conoce y vive las prioridades sanitarias y que determina los tiempos,
además de controlar la prestación. La Comunidad Organizada es la llave
del sistema sanitario argentino, por cultura, por historia, por
compromiso y porque ya fuimos capaces de dar respuestas sanitarias a
las necesidades del pueblo.

Muchos sanitaristas mencionan al maestro Ramón Carrillo para embestir
contra el sistema de obras sociales, haciendo hincapié en el sector
público hospitalario, aunque siendo muchos de ellos funcionarios no
sólo no pudieron paliar el déficit del sector público, ni superar los
vicios estructurales de las obras sociales, pese a manejar el ente
regulador de las mismas, sino que los hospitales que brindan servicios
de calidad en función de las necesidades de su comunidad lo hacen por
iniciativas propias de los trabajadores de la salud antes que por los
planes, a veces ampulosos e intrascendentes, emanados del ministerio
respectivo.

Sin dudas un proceso como el neoliberal de 36 años de cultura
dominante ha penetrado profundamente también en el sector salud, en
especial en aquellos que creyeron que la globalización y la modernidad
podían dar respuestas a las necesidades del pueblo. Como decía Arturo
Jauretche el país se mira “ de adentro para afuera o de afuera para
dentro” cuando describía la “tilinguería“ del medio pelo argentino.
Nada más cercano al coloniaje cultural que la aceptación acrítica de
los planes del gobierno global en el tema salud. El BM, la OMS y la
OPS son sus herramientas y eso está muy lejos de Carrillo y el
pensamiento nacional.

Jorge Rachid
jorgerachid2003 en yahoo.com.ar

21/06/2011


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Néstor Gorojovsky
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