[R-P] Andá, Krause, que en la franja de Gaza están esperando que les expliques esto...

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Lun Jun 20 06:09:01 MDT 2011


[Estos son los profesores que forman a nuestros contadores o
economistas en la Facultad respectiva de la UBA. Díganle a un israelí
lo que Krause predica para los argentinos, y vean cómo se pone...]

El proyecto de ley para limitar la venta de tierras a extranjeros
El nacionalismo, recurso renovable
Martin Krause
Para LA NACION
Lunes 20 de junio de 2011



El nacionalismo no se agota. Siempre tiene una veta para explotar esa
supuesta antinomia entre "nosotros" y "ellos", los otros, los
extranjeros. Aun en países como la Argentina, donde hay muy pocos
"criollos" y todos hemos descendido de los barcos.

Curiosamente, disfrutamos del éxito de argentinos en el exterior y
repudiaríamos que fueran discriminados o que alguna cuota dejara a
Ginóbili, Messi o Tévez fuera de sus equipos. También solemos ser
cosmopolitas, absorbemos la cultura del mundo y podemos hacer ídolos
de extranjeros sin importar su origen (Enzo Francescoli, Marcelo Salas
aun siendo chileno, The Rolling Stones aun siendo ingleses).

Pero todo ese cosmopolitismo se derrumba cuando nos plantean que
podemos perder cierto recurso muy nuestro, que nos pueden sacar y que,
si no hacemos algo, seguramente nos lo van a sacar. Ya se ha estado
planteando esto con respecto al agua, agitando el fantasma de que hay
extranjeros que se la van a llevar, tal vez en barcos que transporten
los gigantescos glaciares.

Ahora le toca el turno a la tierra, y el Gobierno, apelando a esa
fibra nacionalista, envió recientemente un proyecto al Congreso para
limitar la venta de tierras a extranjeros. Según éste, los
propietarios de otras nacionalidades no podrán superar el 20% del
total de tierras rurales a nivel nacional, que se estima en 40
millones de hectáreas. De ese porcentaje, una nacionalidad en
particular no podría superar el 30% y ninguna persona física o
jurídica extranjera podría acceder a la propiedad de más de mil
hectáreas en el corazón agropecuario del país: la pampa húmeda.

Es de esperar que países vecinos y amigos como Uruguay o Brasil no
pongan límites a las inversiones de argentinos en esas tierras, que se
han multiplicado a partir del castigo a la producción que han
significado los elevados impuestos a las exportaciones. Pero el punto
central es cuál puede ser el problema de que la tierra pase a
propiedad de un extranjero. Ninguno de ellos actuaría en forma muy
diferente de un propietario local.

El mercado asigna los recursos escasos a sus usos más valiosos a
partir del cálculo económico que se puede realizar en una economía
monetaria gracias a la existencia de los precios. Un propietario de
tierra en la Argentina y en cualquier lugar del mundo se plantea esta
pregunta: ¿qué debo hacer con esta tierra? Se le presentan distintas
alternativas. Supongamos que, dadas las condiciones naturales de esa
tierra, sean las siguientes: sembrar soja, lino, trigo, cebada, maíz,
girasol, arándanos, o criar vacas para carne, para tambo o caballos de
polo.

Para determinar lo que va a hacer, el propietario evalúa los precios
posibles de cada producto y sus costos de producirlos, y elegirá
aquella actividad que le resulte más rentable. Esos precios, además,
sin que el productor tenga que pensar en ello, han transmitido la
información acerca de las preferencias de los consumidores y las
ofertas de otros productores. Por ejemplo, pocos agricultores
argentinos sabían mucho de lo que pasaba en China, donde la apertura
económica al capitalismo generaba un aumento notable de los ingresos:
empezaron a comer mucho más de lo que comían antes. Esto se tradujo en
un aumento de la demanda de soja y el precio reflejó esa
circunstancia; los productores respondieron con alta eficiencia.

¿Qué es lo que haría un propietario extranjero? Pues lo mismo. Es más:
supongamos que John McIntire, escocés, es propietario de tierras en la
Argentina. ¿Haría algo muy distinto que José Pérez, bisnieto de
españoles, pero nacido y criado en Trenque Lauquen? Es más: supongamos
que el Sr. McIntire solicita la ciudadanía argentina y la obtiene, por
supuesto. ¿Qué cambiaría? Este país da la bienvenida a los
extranjeros. Es más: a muchos de ellos los dejamos ocupar las tierras
públicas urbanas, ¿por qué no podrían otros extranjeros comprar, no ya
ocupar a la fuerza?

Aquí es, además, donde el "carácter internacional del capital"
comienza a jugar a favor de las preocupaciones de quienes promueven
este proyecto. Desde esos mismos sectores políticos se señala que el
"capital no tiene bandera", etcétera. Pues bien, eso quiere decir que
John McIntire va a tomar decisiones sobre su tierra igual que José
Pérez; no va a tomar en cuenta los intereses nacionales de Escocia en
su cálculo económico, lo que les podría generar alguna preocupación
estratégica.

Dado el carácter abierto de la sociedad argentina, es probable incluso
que Mr. McIntire termine disfrutando de los mejores asados, tomando
mate y siguiendo a su club local favorito. De esta forma, lo sumamos,
y él seguramente nos aportará su gaita, su música y su conocimiento de
la destilación de un buen whisky.

Por último, en el caso de que el escocés le compre a Pérez, no sólo el
recurso tierra seguirá administrado en forma muy parecida a la de
antes, sino que, además, Pérez cuenta ahora con una suma de dinero
importante, para la cual solamente tiene dos opciones:
ahorrar/invertir o consumir. Si la consume, estaría haciendo lo que el
Gobierno promueve. Si ahorra e invierte, nos estaría haciendo un favor
a todos, ya que generaría mayor producción en alguna otra área y más
puestos de trabajo.

Ahora, el propietario local que quiera o deba vender encontrará un
precio menor, ya que los extranjeros quedan fuera del mercado y deberá
contentarse con lo que estén dispuestos a pagar sólo los inversores
locales. Si el número de compradores es menor, el precio también lo
será.

El proyecto, además, clasifica a la tierra agrícola como un recurso
"no renovable". ¿Qué quiere decir esto? Hay ciertos recursos cuya
formación requiere un tiempo tan prolongado que, en la práctica, su
oferta es tomada como fija. Tal el caso del petróleo. También se
clasifican como no renovables los minerales, los metales y los
depósitos de agua subterránea. ¿En qué sentido la tierra agrícola
podría ser "no renovable", siendo que permite obtener cosechas o criar
ganados año tras año? Lo único que podría imaginarse es que se realice
una explotación tal que destruya las características de la tierra en
forma irreversible. Esto suele suceder cuando se talan bosques, por
ejemplo.

Un productor agrícola o ganadero, sin embargo, quiere y necesita
volver a cosechar, por lo que tiene un fuerte incentivo a proteger la
capacidad productiva del recurso. Si abusa de él, se perjudica a sí
mismo. El valor de la tierra depende de los rendimientos futuros
esperados. Si éstos caen por el maltrato, el valor de la propiedad cae
en forma automática, como si fuera una multa directa por las malas
decisiones. Porque tienen esto incentivos, los agricultores han
ideado, y luego implementado, la labranza cero. Esta técnica de
labranza, que reduce el daño ocasionado por el removido para eliminar
malezas, y el desarrollo de productos químicos como el atacado
glifosato, han reducido el impacto medido en unidades toxicológicas
por unidad de superficie de 56,15 en 1985 a 0,74 en 2005, y la
producción se ha duplicado en ese mismo período. Tomando en cuenta ese
aumento, el impacto por unidad de producto se ha reducido 128 veces.

Es el incentivo generado por el derecho de propiedad el que lleva al
productor a cuidar la tierra y a "renovar" su potencial productivo.
Esto sucede incluso en el caso que la alquile a un pool de siembra.
Este, si tiene un contrato de alquiler a corto plazo, puede no tener
ese incentivo, pero lo tiene el propietario que alquila, ya que, si no
cuida esto, al año siguiente el valor del alquiler será menor, pues el
rendimiento esperado será más bajo. Es el derecho de propiedad el que
convierte a la tierra en un recurso "renovable", y su ausencia, en uno
"no renovable"; donde no hay propiedad, no hay nadie que quiera
cuidarlo.

En fin, la tierra en propiedad privada es renovable, pero
lamentablemente el nacionalismo también parece serlo. El uso de un
recurso no cambia porque uno lo llame "tierra", otro lo llame
"tierra", pero tenga otro pasaporte, otro lo llame terre , land ,
terra o ziemia .

© La Nacion

El autor es profesor de Economía de la UBA e investigador de la
fundación Libertad y Progreso

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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría



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