[R-P] ¿Ha sido "irresponsable" el sector financiero al "generar" la crisis actual?
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Dom Jun 12 11:56:50 MDT 2011
Vale la pena leer el análisis que hace Alfredo Zaiat de la crisis
"griega" en http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-169959-2011-06-12.html
Zaiat muestra cómo las medidas que se están tomando en la UE para
"salvar" a Grecia en realidad lo que buscan es salvar a los bancos. El
texto, impecable en su descripción, se queda algo corto a nuestro modo
de ver en cuanto a un punto crucial.
Zaiat afirma que se acusa de irresponsabilidad a los gobiernos de los
países atrasados de Europa al momento de tomar préstamos para enjugar
sus déficits, cuando los verdaderos irresponsables han sido los bancos
que los otorgaron y que son los que deberían hacerse cargo.
Esto es, en principio, cierto.
Pero la "responsabilidad" e "irresponsabilidad" no son cuestiones
morales o técnicas. La pregunta que cabe plantear es si el sistema
capitalista mundial podía salir de la crisis, que se arrastra en
realidad desde la década del 70 (de allí la importancia del reportaje
a Paul Mattick Jr. que hemos publicado ayer en esta misma lista de
discusión), de un modo distinto al de la hipertrofia del sector
financiero. Dicho de otro modo: si esa hipertrofia es una cuestión
adventicia, coyuntural, producto de decisiones equivocadas o, por el
contrario, resulta de la operación "natural" de las leyes inmanentes
del modo de producción capitalista.
El sistema financiero es, como bien lo definió Lenin a principios del
siglo XX, una delicada maquinaria de coordinación general de los
intereses de la burguesía mundial. Es, diríamos nosotros, el
"planificador global" por excelencia del sistema. Es verdad que cobra
comisiones exorbitantes por su tarea. Pero si el resto de la burguesía
las paga, es por algún motivo. Al fin de cuentas, como lo han
demostrado nada menos que los actos finales del gobierno de Bush hijo,
siempre cabría la posibilidad de nacionalizar el sistema financiero.
Pero no se avanza en ese sentido. Nadie propone generalizar lo actuado
en el caso de la AIG.
¿Hay algún motivo, no ideológico sino material, que pueda dar al menos
explicación parcial a esa timidez?
Ese motivo existe: las acciones del sector financiero en las últimas
décadas derivan de una objetividad de hierro, a la que no se ve el
modo de sustraerse. En ese sentido, creemos, lejos de ser
"irresponsables" han sido sumamente "responsables" en el cumplimiento
de su función estructural.
Durante todo el período el sector financiero vino manejando, como pudo
y no sin una creciente violencia extraeconómica, la contradicción
entre la creciente productividad del trabajo humano y la imposibilidad
de realizar los valores así generados dentro del marco general del
modo de producción capitalista (que impone la exigencia de que los
ingresos de los productores directos se mantengan debajo de cierto
límite para no afectar la tasa de ganancia general).
Esta contradicción llevó a las burguesías imperialistas, cuarenta años
atrás, a un brete del que solo consiguieron zafar creando un ámbito de
realización ficticio de los capitales acumulados: un sector
financiero cada vez más abrumador, un monstruo que terminó por
controlar en su propio beneficio (y en parte no ya en el del conjunto)
la economía mundial.
Aquí puede resultar útil emplear la jerga de Carlos Marx en "El
Capital". Las burguesías imperialistas, es decir la única burguesía
existente a escala mundial como bien decía Samir Amin, eligieron pasar
la mayor parte de sus activos al ciclo de valorización D-D'
(dinero-más dinero), abandonando en la medida de lo posible el ciclo
D-M-D' (dinero-mercancía-más dinero) que para funcionar tiene que
atravesar necesariamente las horcas caudinas de la producción material
(D-M...P...M'-D', o sea dinero-mercancías-actividad productiva-más
mercancías-más dinero) y por lo tanto plantea el problema de la
realización de los valores adelantados. Aquello que era una "tentación
permanente" en los tiempos en que se escribía "El Capítal" pasó a ser
el eje del proceso mismo de valorización.
Ahora bien, el sector financiero no genera riquezas (valores) sino que
solo los redistribuye. Se intentaba soslayar el proceso productivo,
pero no se lo podía eliminar porque está en la base misma de la
existencia de cualquier modo de producción. Entonces esta solución,
dada la autoexpansión del capital como condición de viabilidad de todo
el sistema, iba sumando valores al acervo común de esa burguesía
realmente existente a escala planetaria. Y este hecho solo le permitía
al sector financiero superar la crisis por el camino de ir creando
sucesivas "burbujas", cada vez más grandes y cada vez más endebles. La
última, la de 2008, bien puede haber sido el inicio de una nueva etapa
histórica. Pero no ha sido producto de malos cálculos sino de las
limitadas opciones disponibles.
El asalto al Tercer Mundo, iniciado precisamente a mediados de la
década del setenta, fue en parte un intento de regimentar la
producción planetaria para sustentar este sistema cada vez más
especulativo. Además, la desaparición del régimen soviético
porporcionó un respiro, gracias a la apertura violenta y fulminante de
las vastas poblaciones e ingentes recursos de la antigua URSS y su
órbita de países de Europa Oriental al ámbito de realización,
ampliación y concentración irrestricta del capital.
Pero así como el asalto al Tercer Mundo ha generado resistencias que
solo pueden acotarse o doblegarse por un esfuerzo bélico cada vez más
oprimente, el respiro adicional que implicó la caída del régimen
soviético no duró demasiado. Lo limitaron dos factores centrales y
uno secundario.
El primero de los factores centrales fue, una vez despejado el
panorama y liquidado todo el sector del aparato industrial creado por
los métodos burocrático-poscapialistas de la vieja URSS que se hacía
redundante en el Nuevo Orden mundial, que el quántum material de la
torta a repartir resultó ser menor que el requerido por las
necesidades del sistema. Esto era quizás esperable, pero la avidez del
capital por su autoexpansión no podía prestar atención a estas
minucias.
El segundo fue que para poder repartir el botín no se podía ocupar
militarmente el vasto espacio euroasiático sino que hubo que aceptar
la transformación de las antiguas burocracias en nuevas burguesías.
Éstas, tras el marasmo inicial que colocó en el poder a los agentes
más directos del imperialismo (que solo deseaban percibir algunas
"compensaciones" por su papel como vendepatrias), empezaron a
mostrarse cada vez más dispuestas a defender la realización local de
"sus" fuentes de valorización (cierto que de un modo menos virulento
que el desplegado, aunque con capacidad cada vez más limitada, por los
antiguos estados burocráticos; pero esto no quita importancia al
fenómeno considerado en sí mismo).
Y en tercer (y bastante relegado por ahora) plano están también las
múltiples formas de resistencia de las poblaciones afectadas a lo que
no podía sino terminar con una recolonización masiva según los
lineamientos de la Alemania nacional socialista. El apoyo popular a
Putin es un ejemplo de esto.
O sea que tras un largo periplo de casi medio siglo, estamos casi como
al principio: el modo de producción capitalista sigue embretado en su
contradicción fundamental del capitalismo, la que enfrenta el
desarrollo de las fuerzas productivas con las exigencias estructurales
de un modo de producción cuya única justificación histórica es,
precisamente, promover salvajemente ese desarrollo. Y la única
solución a la vista vuelve a ser la hipertrofia del sector financiero.
Sector que, precisamente por no tener contacto directo con la
producción real de seres humanos (mediada por la producción de las
condiciones materiales de su existencia física concreta), se
caracteriza por un salvajismo que reproduce las formas más monstruosas
de inhumanidad e indiferencia social. El mundo entero, tras medio
milenio de historia del modo de producción capitalista, se encuentra
en la situación en que se encontró lo que hoy es Venezuela cuando, en
el siglo XVI, los Austria la colocaron en manos de los Fúcar para
poder solventar de alguna manera las deudas que habían contraido la
dinastía de los Habsburgo en su lucha contra el protestantismo... ¡y
la nueva civilización burguesa!
La disyuntiva de Rosa Luxemburgo, "Kommunismus oder Barbarismus", va
asumiendo formas cada vez más horripilantes.
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Néstor Gorojovsky
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