[R-P] Desconfianzas Re: Chips bahienses
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Sab Jun 11 11:40:03 MDT 2011
El día 11 de junio de 2011 13:09, Fernando Cassia <fcassia en gmail.com> escribió:
> 2011/6/11 Néstor Gorojovsky <nmgoro en gmail.com>:
>>
>> [Vamos todavía. Cosas como esta entusiasman porque no se trata de
>> armadurías sino de desarrollo de base, propio y en principio autónomo.
>> Veremos si las PyMEs se suman (ojalá). Y si no lo hacen, hay que hacer
>> desde el Estado lo que el empresariado (otra vez más) se niega a
>> hacer. Lo que NO hay que hacer es dejar caer la cosa. El diseño de
>> integrados es a la electrónica moderna lo que la siderurgia a la
>> industria de 1950.]
>
> Está muy bien. Ahora ojalá no se restrinja como siempre esto a un tema
> de "ciencia". Los chips no son CIENCIA, bueno, en parte lo son cuando
> se desarrollan, pero son más INGENIERIA y PRODUCTO.
>
> O sea, a ver si me explico: veo que la electronica muchas veces en la
> argentina es encarada como CIENCIA cuando hay también que encararla
> como MERCADO (si, ya se, la palabra maldita para algunos).
Claro que te explicás, y estoy completamente de acuerdo: una cosa es
la ciencia, otra el desarrollo, y otra la producción en masa. Y ésta
es, por supuesto, producción para el mercado. La pregunta que se
deduce, sin embargo, es la siguiente: que la producción sea para el
mercado, ¿implica necesariamente que solo los mercaderes la pueden
dirigir y organizar con eficacia?
El "Proyecto Chipero Bahiense", que tanto me entusiasma, intenta
aquello que reclama F. C.: una integración entre el Estado y el
empresariado para salir a conquistar el mundo.
Mi problema no es de principios ni con el mercado. Pero la verdad es
que en todos estos casos (o casi) nuestra experiencia es que la novia
empresarial siempre falta a la cita, o pone tantas condiciones para
que se consume el himeneo que finalmente el Estado (y lo que es peor,
mucho peor, el conjunto de la Nación) se ve obligado a satisfacerse
solito o quedarse con las ganas.
Yo estoy hartísimo, recontrahartísimo, de un Estado que hace cosas
impresionantes para después intentar la transferencia a un
empresariado como ése. No digo que no haya, de vez en cuando, algún
empresario realmente nacional y patriota. Afirmo, sin embargo, que la
Argentina tiene una necesidad imperiosa de volcar los productos de su
gigantesca capacidad de I&D a la producción y la venta en masa, y que
esta necesidad, por desgracia, se contrapone a la escualidez y falta
de coraje BURGUÉS de nuestro empresariado.
Los empresarios nacionales y burgueses son tan poquitos que los
resultados de la I&D, producto ante todo del esfuerzo estatal, casi
nunca encuentran un montón de empresarios codiciosos y agresivos
dispuestos a enriquecerse aportando lo suyo a la inversión previa del
Estado (la más riesgosa). Por el contrario, los empresarios creen que
el Estado es un "socio bobo" que les cobra un peaje por el hecho mismo
de existir, y los productos de la acción estatal quedan en la vidriera
sin que nadie quiera llevárselos.
Entonces, como ahora está de moda apostar a la "burguesía nacional"
para que haga lo que históricamente siempre hizo el Estado, además del
esfuerzo de trabajar para el empresariado, el Estado tiene que tomarse
también el trabajo de encontrar -a veces incluso de "crear"- ese
empresariado, algo que suele ser tan difícil como promover
cigarrillos Dunhill en el sanatorio adventista de Puíggari.
No hace falta el SAC-D para demostrar de qué somos capaces. La
Argentina había llegado a diseñar (tiro unos poquísimos ejemplos)
tubos de zircalloy que admiraron a los exigentes ingenieros alemanes,
miras de láser (en CITEFA), robots (en Córdoba), módems (en el
LANTEL), y ningún empresario se animó a convertirse en burgués para
salir a fabricarlos masivamente y venderlos.
Hubo, sí, al menos dos casos en que hubo integración positiva entre el
Estado y el empresariado: el del chip propio que hacía funcionar las
calculadoras Cifra de Fate (aquí sí hubo un empresario que se
arriesgó, pero era nada menos que el marxista José Ber Gelbard), y
también está el Magiclick. Pero de eso no queda nada.
Si eso es lo que pasó ayer, ¿qué podemos esperar del hoy? El
empresariado que ahora tenemos es hijo y nieto de la Argentina
destrozada a lo largo de casi tres décadas a partir de 1976. Está
formado en los valores (o disvalores) de esos años ¿Puede el país
entero apostar a que el empresariado cumpla, justamente ahora, el
papel que nunca cumplió?
Lo veo problemático, por otro motivo además: a medida que crece el
poder de los trabajadores (y esto es inevitable en un proceso de
industrialización) el empresariado se pone más temeroso y proclive a
poner la plata en ladrillos o en bancos de afuera.
Ése es mi problema. No se trata de oponerse a priori al mercado. Nada
de eso. Pero creo, sinceramente, que las tareas burguesas en la
Argentina son tan urgentes, es tan imperioso realizarlas, que no se
puede esperar que los burgueses (reales o imaginarios) las cumplan en
tiempo y forma. O, mucho peor, tampoco se trata de olvidar cuántas
veces ya se enriquecieron bajo gobiernos de signo nacional para apoyar
luego a los representantes de la antipatria.
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Néstor Gorojovsky
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