[R-P] [Borón, Sader, Ugarteche, Cuadra] Cuatro visiones del Perú con Ollanta electo presidente

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mar Jun 7 09:54:17 MDT 2011


Gentileza agencia ALAI

Los dilemas de Ollanta
Atilio Boron

Al momento de escribir estas líneas los “conteos rápidos” de todas las
encuestadoras daban como ganador, si bien por un estrecho margen, a
Ollanta Humala. De confirmarse estos anticipos el clima de renovación
política y social instalado en América Latina desde finales del siglo
pasado se verá considerablemente fortalecido. Un Perú que
presuntamente abandonaría con el nuevo gobierno su postura de
incondicional peón del imperio -lamentable situación a la que llegó no
de la mano del conservador Alejandro Toledo sino del ex líder aprista
Alan García- sería  una bocanada de aire fresco para los gobiernos de
izquierda y progresistas de Nuestra América.

No es un misterio para nadie que Washington desplegó todo su arsenal
financiero, político y propagandístico para impedir el triunfo de
Humala. El nerviosismo evidenciado la semana pasada por la “comunidad
de negocios” del Perú, que al igual que sus homólogas de otras partes
del mundo tiene acceso a información que los demás no tienen,
reflejaba la preocupación que causaba en sus filas la eventual derrota
del fujimorismo: a causa de ello la bolsa de Lima registró una baja
del 6 por ciento. El establishment peruano, personificado desde el
siglo diecinueve por su intelectual orgánico, el diario El Comercio ,
asumió con tal descaro su rol de organizador del anti-humalismo que el
mismísimo Mario Vargas Llosa renunció a seguir escribiendo en sus
páginas. La CNN no le fue en zaga: el viernes pasado su principal
presentadora, Patricia Janiot, sometió al candidato de Gana Perú a un
interrogatorio que por su forma y por su contenido la descalifican,
por enésima vez, como periodista y la confirman en cambio como
operadora política al servicio de la Casa Blanca. El gobierno de Alan
García, por supuesto, no se quedó atrás en esta cruzada derechista.
Pero su desprestigio es tan grande que su partido, el APRA, ni
siquiera pudo presentar un candidato en estas elecciones
presidenciales.

No deja de ser significativo que pese al “éxito” evidenciado por sus
indicadores macroeconómicos el Perú no haya logrado reducir la pobreza
y la desigualdad económica y social. Una vez más se comprueba que en
ausencia de una fuerte vocación reformista la lógica de la acumulación
capitalista concentra la riqueza y polariza a la sociedad. El “efecto
derrame” es una superstición astutamente fabricada por los
propagandistas del imperio. Y, al igual que otros casos en la región,
convendría preguntarse qué es lo que se quiere decir cuando se habla
de “éxito”. Si por tal cosa se entiende el aumento de las ganancias de
los capitalistas el neoliberalismo ha sido ciertamente exitoso; pero
si “éxito” quiere decir, como debería, mayor bienestar y mejor calidad
de vida para las grandes mayorías nacionales, autodeterminación
nacional, soberanía económica, o el “buen vivir” de nuestros pueblos
originarios, el experimento neoliberal ha sido un rotundo fracaso. Por
si lo anterior fuera poco erosionó gravemente la legitimidad de los
regímenes democráticos, tanto en Latinoamérica como en Europa. Cuando
los “indignados” de España exigen una democracia verdadera están
reaccionando ante la degradación política causada por las políticas de
ajuste y estabilización del FMI y del BM.

Retomando el hilo de nuestra argumentación, al intentar atisbar lo que
podría reservar el futuro para el Perú convendría descartar hipótesis
maximalistas: este país firmó un Tratado de Libre Comercio con Estados
Unidos -puesto en marcha el 1º de Febrero del 2009- y los
condicionamientos que el imperio introdujo en ese acuerdo no deberían
ser subestimados. Por otra parte, la coalición electoral forjada por
Humala será otro elemento restrictivo en caso de que se despierte en
el nuevo presidente la vocación “bolivariana” que muchos le atribuyen
pero que se cuidó de agitar durante el curso de su campaña. Y sus
enemigos: la oligarquía y las transnacionales, ambas sostenidas por
Washington, son demasiado poderosos como para desafiarlos sin preparar
cuidadosamente la batalla. Pero es un hombre que ha denunciado como
pocos las injusticias que desde tiempos inmemoriales se perpetran en
el Perú, y hay razones para suponer que será fiel a tan nobles
sentimientos. Además, las enseñanzas que dejan recientes elecciones -
Chile en el 2010; España hace dos semanas, y Portugal ayer- son un
sobrio recordatorio de que ante la gravedad de la crisis capitalista y
la acentuación de la congénita incapacidad de ese sistema para
repartir siquiera con un mínimo de equidad los frutos del crecimiento
económico (más que evidente en el “milagro peruano”), la adopción de
una política resignada y “posibilista” que continúe por el sendero no
precisamente luminoso trazado por sus antecesores es el seguro camino
para una resonante derrota a la vuelta de unos pocos años.

Hay un viejo dictum de la teoría política que dice que los pueblos
prefieren el original a la copia: eso lo sufrieron en carne propia la
Concertación en Chile, el PSOE en España, y el (mal llamado) Partido
Socialista en Portugal. Pero más allá de estas notas llamando a la
cautela es de celebrar que en un momento en que en América latina el
imperialismo y la reacción están pasando a la contraofensiva con
inusitada agresividad, cercando a la región con bases militares, el
triunfo de Ollanta Humala modifica sensiblemente el tablero
geopolítico regional en un sentido contrario a los intereses
imperiales. Su victoria bien podría marcar el hito que anuncie la
reversión de esa nefasta tendencia. Por lo pronto, la liga
reaccionaria del Pacífico, pacientemente construida por Washington
para neutralizar a la UNASUR y el ALBA, y que tenía como puntales a
México, Colombia, Perú y Chile perdió una de sus dos piezas vitales
para el control de la Amazonía, nada menos. ¡No es poca cosa,
brindemos con un buen pisco!

- Dr. Atilio Boron, director del Programa Latinoamericano de Educación
a Distancia en Ciencias Sociales (PLED), Buenos Aires, Argentina
www.centrocultural.coop/pled  http://www.atilioboron.com


La victoria de Ollanta
Emir Sader

“¿Cuando se quebró el Perú?”, pregunta un personaje al amigo, en la
notable novela de Vargas Llosa, Conversaciones en la Catedral. Los dos
dan por hecho que el Perú se había quebrado. Se trataba solamente de
saber cuándo. Aunque escrito hace más de cuatro décadas (1969), en la
mejor época de la obra del Nobel peruano, podría retratar lo que el
país vive hasta ahora.

La victoria de Ollanta Humala para la presidencia del Perú cierra un
largo ciclo de gobiernos neoliberales y abre nuevas perspectivas para
el país, a la vez que fortalece el campo de los procesos de
integración regional y debilita la precipitada operación de
construcción de un eje neoliberal, con México, Colombia y Chile, en
contraposición a los gobiernos posneoliberales.

Al gobierno nacionalista de Velasco Alvarado (1968-1975) le siguió una
serie de gobiernos que buscaron desarticular los avances del gobierno
de Velasco, tanto en el plano de la reforma agraria, como en la
construcción de un proyecto nacional en el Perú. Fue derrocado por un
golpe militar ejecutado por su ministro Morales Bermúdez, que gobernó
hasta 1980.

Luego vino Alan García (1985-1990), del partido más estructurado del
Perú, el APRA, que intentó una moratoria de la deuda externa peruana,
no recibió siquiera apoyo de los gobiernos de la región, no logró
controlar la inflación y cayó, sin respaldo interno. En su sucesión se
enfrentaron Vargas Llosa, con un programa claramente neoliberal, y el
desconocido Alberto Fujimori, que se valió para triunfar del rechazo
al estilo aristocrático del escritor.

En el gobierno, Alberto Fujimori (1990-2000) asumió un proyecto de
contrainsurgencia que, a la vez que combatía la guerrilla de Sendero
Luminoso, destruía la espina dorsal del fuerte movimiento popular
peruano, tanto en el campo como en la ciudad. Entre las acciones de
Sendero –que atacaron también a las fuerzas populares que no se
sometían a su acción- y las acciones del ejército, el movimiento
popular peruano sufrió, bajo un fuego cruzado, acciones demoledoras
que lo redujo a la mínima expresión. Fujimori dio un golpe, cerró el
Congreso e intervino en la Justicia (para lo cual recibió,
vergonzosamente para nosotros, el apoyo de Fernando Henrique Cardoso,
FHC), extendió su mandato, pero terminó cayendo debido a procesos de
corrupción y violencia, por lo que, tras huir a Japón, fue condenado a
23 años de prisión, pena que cumple actualmente.

Fue a partir de esa destrucción de la capacidad de defensa y
resistencia del movimiento popular que se erigió el proyecto
neoliberal en el Perú, mediante los gobiernos de Fujimori, Toledo
(2001-2006) y Alan García (2006-2011) cubriendo un periodo de más de
20 años, en el que la economía peruana volvió a crecer, en base a una
extensa explotación extractivista exportadora de las riquezas del
país, centrada en el ingreso masivo de las empresas extranjeras. Las
condiciones no podrían ser mejores para esas empresas, dado que la
tributación general en el país gira en torno al 15% del PIB, lo que no
deja recursos para que los gobiernos impulsen políticas sociales.

Se repitió así con Fujimori, Toledo y Alan García, el mismo patrón de
gobierno: continuidad del alto crecimiento del PIB, centrado en la
exportación de minerales –oro, zinc, cobre, gas, básicamente-, sin
políticas sociales, con gobiernos que, electos, perdían popularidad de
forma estrepitosa, sea por la corrupción que los envolvió a todos, sea
por la falta de políticas sociales redistributivas.

En la elección anterior se enfrentaron el proyecto nacionalista de
Ollanta Humala y Alan García. Valiéndose de una fuerte campaña de
miedo, después que Ollanta había triunfado en la primera vuelta, con
el apoyo explícito de Hugo Chávez, García triunfó por un pequeño
margen y volvió al gobierno, esta vez para dar continuidad a los
programas neoliberales de sus antecesores y sufrir el mismo tipo de
desgaste. A finales de su gobierno, ya con menos del 10% de apoyo,
Toledo había firmado un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.
A pesar de no comprometerse explícitamente a mantenerlo durante la
campaña, García asumió el TLC y consolidó la apertura neoliberal de la
economía peruana. Con la recesión norteamericana, sin embargo, el Perú
pasó a tener a China como su principal asociado y a Brasil un socio
muy importante, ambos con crecientes inversiones en el país.

La invasión de tierras indígenas en la región amazónica por empresas
transnacionales para explotar sus riquezas minerales llevó al
despertar de importantes movimientos indígenas, lo que ocasionó, entre
otros conflictos, una masacre (llamada el Baguazo), en junio de 2009,
donde hubo 34 muertos, por la resistencia indígena a la ocupación de
tierras para la explotación mineral. El Congreso peruano aprobó en ese
momento una legislación que contemplaba la consulta a los movimientos
indígenas sobre las inversiones.

Esa legislación pasó a constituirse en un obstáculo para las
inversiones ya existentes y para otras ya programadas, pero el
gobierno nunca la reglamentó, promoviendo situaciones de
incertidumbre, tanto para las inversiones, como para los movimientos
indígenas. Días antes de la segunda vuelta de las elecciones de esta
semana, un movimiento paró la región de Puno, solo aceptando
suspenderlo por la intervención de Ollanta, pero con la perspectiva de
retomarlo enseguida, si no hay solución para sus reivindicaciones.

Movimientos de este tipo hicieron que el país tuviera que reconocer a
la región amazónica como región importante para el Perú y despertaron
movimientos antes poco conocidos en el país, promoviendo los
conflictos sociales más importantes, que se deben prolongar en el
nuevo gobierno.

El desprestigio de García hizo que su partido prácticamente
desapareciera –alcanzó apenas 4 parlamentarios-, dejando abierta la
sucesión, para la cual se presentaron varios candidatos neoliberales,
entre ellos Toledo, un ex-ministro de economía de García, un
ex-alcalde de Lima, la hija de Fujimori, frente al único candidato que
criticaba el modelo, Ollanta Humala. El APRA ni siquiera consiguió
presentar un candidato propio, con García apoyando al candidato
neoliberal que llegara a la segunda vuelta.

Humala recicló sus posiciones hacia un modelo de continuidad del
desarrollo, pero con redistribución de la renta mediante la elevación
de las tasas a las inversiones mineras y políticas sociales, modelo
próximo al de Lula. Consiguió apoyo popular, especialmente en el
interior del país, para llegar de nuevo en primer lugar en la segunda
vuelta, esta vez contra Keiko, la hija de Fujimori, que gozaba también
de apoyo popular, basado en las políticas asistencialistas de su padre
en la lucha contra Sendero Luminoso. En un viaje oficial al Perú,
cuando se encontró con García, Lula recibió públicamente también a
Ollanta, con quien intercambió opiniones sobre las experiencias
brasileñas en la construcción de alternativas al neoliberalismo. Desde
entonces, Ollanta vino a Brasil, tanto en la elección de Dilma, cuánto
en su posesión, consolidando lazos con Lula, Dilma y el PT, lo que se
tradujo, inclusive, en apoyo político a la campaña de Ollanta.
(Mientras los tucanos, avergonzados, se inclinaban por Keiko, hija del
amigo de FHC).

La segunda vuelta fue muy intransigente, tanto en la disputa los votos
como en las acusaciones. El apoyo de la vieja mídia peruana,
fuertemente alineada con Keiko y las campañas, conocidas por nosotros,
de calumnias y terror contra Ollanta –al punto de llegar a indignar a
Vargas Llosa, que rompió con el tradicional periódico El Comercio, en
el cual históricamente publicaba sus columnas-, incluyó falsas
acusaciones e intercepciones telefónicas a Ollanta y, horas antes de
la apertura de la votación, una sospechosa acción, atribuida a Sendero
Luminoso.

En la fase final de la campaña, las manifestaciones callejeras y los
mensajes por Internet en rechazo a Keiko, en los que se alertaba sobre
los riesgos del retorno de la camarilla del gobierno de su padre
–gobierno en el que ella participó como primera dama-, contribuyeron a
la victoria apretada de Ollanta. Triunfo alcanzado, a pesar del sólido
apoyo a Keiko de la clase media y de la oligarquía peruana en Lima y
en regiones del norte del país, además del respaldo del gobierno de
García y de los dos candidatos neoliberales derrotados. De su lado,
Toledo, que fue elegido tras las movilizaciones populares que
derrotaron a Fujimori, quedó en cuarto lugar y apoyó a Ollanta.

Ollanta supo, en la segunda vuelta, establecer alianzas para conseguir
el triunfo, renunciando a algunas propuestas de su programa inicial,
como nacionalizaciones de empresas y convocatoria a una Asamblea
Constituyente.

Su triunfo cierra el ciclo de 20 años de gobiernos neoliberales en el
Perú, y el mismo se da en el marco de compromisos ya establecidos,
como el TLC con Estados Unidos. Pero incluso en ese marco, habrá una
clara aproximación con el Mercosur y, en particular con Brasil, ora
por afinidades políticas, ora por los intereses económicos mutuos
entre los dos países, y un distanciamiento del polo neoliberal que
México, Colombia y Chile pretendían construir, como alternativa a los
procesos de integración regional que involucran a la mayoría de los
países de la región.

Se abre para el Perú el camino de poner en práctica políticas sociales
redistributivas –eje fuerte de la campaña de Humala y, de alguna
forma, también de Keiko– y una nueva inserción internacional del país,
que pasa a sumarse a los gobiernos posneoliberales de la región. No se
puede definir precisamente cuando el Perú se había quebrado, pero
ciertamente siguió por ese camino en las dos últimas décadas y 2011
marca el momento en que el país, bajo el liderazgo de Ollanta y con
fuerte respaldo popular, comienza a transitar hacia un proyecto de
amplia democratización económica, social, política y cultural.
(Traducción ALAI)

- Emir Sader sociólogo brasileño, actualmente secretario ejecutivo del
Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

El triunfo de Humala y el nuevo horizonte
Oscar Ugarteche

ALAI AMLATINA, 06/06/2011.- Las elecciones del 5 de junio del 2011 han
dividido el Perú en dos: los que creen en una actitud ética en la
política y los que piensan que la ética no importa sino solo sus
intereses, parafraseando eso de que Estados Unidos no tiene amigos
sino intereses. Además, la derecha financiera y minera ha mostrado con
su accionar que la depresión salarial está bien. El Perú tiene una
participación salarial de 22% del PIB versus 45% en Chile y 40% en
Brasil, ambos países donde nunca se cayó el salario en el PIB desde
antes de los inicios de los ajustes en los años 80. El único otro país
con una participación salarial tan baja es México donde cayó de
alrededor de 40% a 29% del PIB.

La reacción de los especuladores en bolsa ha sido un retiro de la
bolsa de Lima que hizo que se desplomara 12% a la mañana siguiente a
las elecciones. PPK (Pedro Pablo Kuczynski) lo advirtió y en esa
advertencia lo hizo realidad. Hizo terrorismo económico y se
materializó. Como el anuncio de que van a escasear las latas de lecha
del supermercado. El Perú completo queda advertido de cómo va a actuar
la derecha.

Lo que se espera de Humala primero y por sobre todo es una actitud
ética en la política que tanto Fujimori como García han hecho lo
posible por desacreditar. García ha llegado a demoler su propio
partido político con el objetivo de perpetuarse en el poder, siendo o
no presidente. Ya demolida el APRA con su larga historia, el Perú
puede emprender un nuevo rumbo político en general sin el temor de los
retrocesos que tanto daño le han hecho. Atrás quedó para siempre “El
antiimperialismo y el APRA” de Haya de la Torre y toda la literatura
que a ratos permitían ver en ese partido uno progresista y
relativamente autónomo de los poderes económicos más primitivos. El
final de la vida del APRA fue cuando García le jugó en contra de todo
a lo que simbolizaban desde los años 30. Ganó la apuesta García y
perdió el partido. RIP.

Humala tiene por delante todo tipo de retos. El primero será quedarse
en el asiento presidencial cuando la derecha ha hecho una campaña
sucia incluyendo llamadas telefónicas a casas de votantes hasta el día
de las elecciones para denunciar el “peligro Humala”. PPK, hombre de
varios pasaportes incluyendo el peruano, salió como terrorista
económico a denunciar que se desplomaría la bolsa de Lima por el
resultado electoral. CNN le dio cabida a esta tontería que encubre que
las bolsas del mundo han tenido en las últimas siete semanas una racha
de caída solo superada en el año 2004. Es fácil culpar a Humala de que
llueva o deje de llover y lo van a hacer. Como culpan a la alcaldesa
Susana Villarán –por la Comisión de la Verdad–. Hemos visto que la
libertad de expresión sirve para decir lo que los dueños de los medios
y sus socios quieren decir. El titular de El Comercio del lunes 6 de
junio fue “Un resultado que llama a concertar, Humala 50.9%, Keiko0
49.1%”. El resultado fue 51.5% versus 48.5% y eso era lo que había
salido del conteo rápido y de las proyecciones del conteo inicial pero
mejor era una noticia falsa para forzar el argumento de que el poder
no lo van a perder.

Para concertar tienes que tener ánimo de concertación y eso la derecha
no lo tiene. Es una derecha falangista, racista, fóbica, oscurantista
e ignorante, pegada al Opus Dei que aunque católico extrañamente
carece de valores éticos, a no valorar el conocimiento; y que ha
permitido que el Perú se coloque y alinee con los regímenes más
retardatarios en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas,
que se reeligiera a Alan García; y que la hija de un delincuente corra
a las presidenciales, para beneficio de lavarle la cara a los 75
presidiarios, que están en la cárcel con su padre. Es una derecha que
ha rifado una política exterior digna y la ha sustituido por un
mamarracho. ¿Podrá Humala recuperarle la dignidad a la cancillería
peruana? ¿Podrá recuperarle la fe en la política a los peruanos?

El Perú está en un momento expectante del crecimiento económico. Tal
vez ponerle impuestos a la renta a las inversiones en bolsa sería un
acto para afectar las riquezas que se están apilando sin impuestos en
el nombre del libre mercado. Eso realmente espantaría los capitales
golondrinos de la bolsa y tal vez terminaría con las burbujas
especulativas y ayudaría a ajustar el tipo de cambio. Promover que el
MILA (las bolsas de Bogotá, Lima y Santiago) que inició sus
operaciones el lunes después de las elecciones se articule con la
bolsa de Sao Paulo quizás sería otro acto simbólico.

Hay que recordar que el impuesto a las transacciones financieras (ITF)
se instituyó en 2002 para financiar la educación en el Perú cuya meta
de gasto debe de ser 6% del PIB. El ITF fue reducido por PPK en 2003
cuando era ministro porque distorsionaba el mercado, dijo. Quizás sea
hora de recuperarlo a los niveles que tuvo al inicio en el 2002 y que
tanto impacto positivo observó en la recaudación tributaria. ¿Podrá
Humala recuperar el nivel de la educación pública perdida hace varias
décadas? ¿Podrá recuperar la universidad pública a niveles
reconocibles?

El regreso del Perú a Sudamérica es lo más significativo, empero. Eso
es positivo para el país y para la región como un todo porque
consolida el bloque regional progresista. Esto podrá facilitar el
proceso de UNASUR que la derecha peruana detesta por razones
ideológicas y pondrá al país a la par con sus vecinos en la Comisión
de coordinación macroeconómica de UNASUR, en el Banco del Sur, en el
uso de la moneda nacional para el comercio exterior y nivelará los
aspectos políticos y migratorios del espacio así como consolidará el
Consejo de Defensa Suramericano. La batalla contra la derecha peruana
en estos campos será tenaz.

Para todos Humala es una interrogante y Fujimori una certidumbre. El
futuro nos espera a todos los y las peruanos/as que deberemos de
enfrentar los retos del futuro. La familia peruana debe de
reunificarse dice Mario Vargas Llosa, pero escuchándolo a de Soto, eso
es muy difícil. El horizonte peruano ha cambiado para mejor, para el
regreso de la ética en la política y para la recuperación de la
dignidad nacional. Esa, no se cotiza en bolsa.

Oscar Ugarteche, economista peruano, trabaja en el Instituto de
Investigaciones Económicas de la UNAM, México. Es presidente de ALAI y
coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA)

Peru
Ollanta Humala: Presidente
Álvaro Cuadra

Contra muchas de las más recientes encuestas especializadas, Ollanta
Humala se ha impuesto sobre la señora Keiko Fujimori como el próximo
presidente del Perú. El triunfo del señor Humala es un revés para los
sectores conservadores de este país que veían en el apellido Fujimori
una garantía del modelo económico neoliberal, más allá de cualquier
otra consideración de orden ético cívico. Como en una tragedia que no
pudo imaginar Sófocles, la figura espectral del padre nimbó la imagen
de su primogénita. No olvidemos que Alberto Fujimori, el ex presidente
peruano y padre de la señora Keiko ha sido acusado y condenado por
graves crímenes de lesa humanidad y escándalos de corrupción.

La campaña en segunda vuelta ha sido reñida y estrecha, dando cuenta
de la actual situación política peruana tensionada por un modelo
económico que exhibe cifras tan altas de crecimiento como de
desigualdad social. Así, entonces, el candidato electo, señor Humala
ha señalado que el principal problema de Perú atiende más bien a
perfeccionar la democracia que a reformular el modelo económico
vigente. Un discurso que ha sido apoyado por la mayoría del pueblo
peruano.

La lucha de la derecha peruana por desacreditar la figura de Ollanta
Humala ha sido encarnizada. En una verdadera campaña de terror, se le
ha acusado de tener estrechos vínculos con el gobierno de Hugo Chávez
en Caracas y de pretender socavar la democracia y el modelo económico
en el país. Si bien el candidato Humala es tenido por un nacionalista
de izquierdas, hay que decir que su discurso en esta segunda vuelta
electoral ha estado matizado más por las demandas sociales que por
algunas espinudas cuestiones internacionales.

De hecho, su candidatura se ha mostrado más próxima al Partido de los
Trabajadores de Brasil que a otras tendencias de izquierda en la
región. Es claro que el presidente Humala traerá aires nuevos al
gobierno. Nuevos énfasis en políticas sociales y una nueva
sensibilidad de su gobierno hacia las cuestiones regionales. Todo
indica que respetará su política de alianzas con sectores de centro
moderado, único modo de enfrentar a los sectores de derecha que
podrían arrastrar al país a un descalabro económico de destino
incierto.

El desafío de Ollanta Humala es mantener el ritmo de crecimiento del
Perú, con una consolidación y modernización de las instituciones
democráticas, y al mismo tiempo, orientar las políticas públicas hacia
mayores grados de equidad. Una tarea nada fácil en un país que
comparte con muchas naciones sudamericanas una “institucionalidad
democrática de baja intensidad”, caracterizada por el explosivo
cocktail de una experiencia reciente de violencia, autoritarismo,
corrupción y pobreza extrema. Si bien el contexto geopolítico del
próximo gobierno peruano se advierte complejo, con vecinos como Chile
y Colombia, no es menos cierto que la proximidad de ese gigante que es
Brasil puede fortalecer el proyecto del nuevo gobierno peruano.

- Álvaro Cuadra es Investigador y docente de la Escuela
Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS

http://alainet.org/active/47071



http://alainet.org/active/47067


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Néstor Gorojovsky
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