[R-P] Reveladora nota editorial de "La Nación" de hoy

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mar Ene 25 06:38:36 MST 2011


[No por previsible, menos sintomático. A través de La Nación, la
Sociedad Rural Argentina le responde al discurso industrialista de la
presidenta Cristina Fernández de Kirchner en Estambul. Impecable en su
hijoputez que transforma la voluntad de dejar atrás la Argentina
asfixiada por la unilateralidad agroexportadora en "aversión del
Gobierno a todo aquello que tenga que ver con la ganadería y la
agricultura".

Rara aversión, que ha brindado al sector agropecuario EN SU CONJUNTO
las mejores tasas de ganancia en largas décadas.

Lo que hay es aversión del bloque oligárquico a que la Argentina siga,
no ya el camino soviético, ni siquiera el coreano, sino al menos el
brasileño.

"No hicimos el 24 de marzo de 1976 para tener que lidiar con esto",
parece decir el agrio editorialista de los Mitre.]

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1344239&origen=NLOpi&utm_source=newsletter&utm_medium=titulares&utm_campaign=NLOpi

La otra imagen del país
En Turquía, la Presidenta quiso mostrar la cara de una Argentina que
subestima a su principal fuente de ingresos, el campo
Martes 25 de enero de 2011

Han sido denodados los esfuerzos de la presidenta Cristina Kirchner
por convencer a sus anfitriones en Turquía sobre la posibilidad de
apreciar a la Argentina como una súbita entelequia de su entorno o de
su imaginación. Pidió que el país no sea visto "solamente como una
vaca o como productora de granos".

Es curioso, más allá de la evidente aversión del Gobierno a todo
aquello que tenga que ver con la ganadería y la agricultura, que en
esta reciente gira de ocho días, que incluyó Qatar y Kuwait, el
interés de la mandataria haya sido reinventar la imagen del país,
acaso a tono con su propia interpretación de los aciagos sucesos de la
década del setenta, de las falsas estadísticas del Indec o de la
sensación de inseguridad, sospechosamente plasmada en el robo en la
vía pública de los 68.000 dólares y 17.000 euros que iban a ser los
viáticos presidenciales en este viaje y de los cuales nunca más se
supo.

La Argentina, mal que le pese a la Presidenta, es uno de los grandes
productores mundiales de soja y, por cierto, se ha caracterizado a lo
largo de la historia por la calidad y la variedad de sus carnes. Que
no goce de la simpatía gubernamental el campo, con el cual pulseó
durante su primer año de gestión por el afán de imponerle las
retenciones móviles al producto que llegó a tildar de "yuyito" a pesar
de haber sido el sustento de su presidencia y la anterior no significa
que los demás, sobre todo los extranjeros, puedan modificar de buenas
a primeras su impresión sobre el país.

¿Por qué la Argentina debe negarse a ser aquello que es? Es un país
agroexportador que, a diferencia de otros, carece de un potencial
industrial capaz de abastecer la demanda planetaria en otro rubro que
no sea el alimentario. En lugar de destacar el valor agregado que
implica ese filón, la Presidenta prefiere orientar las miradas de los
otros hacia etiquetas que, en verdad, el país hoy no tiene.

Si durante ambos gobiernos kirchneristas se perdieron varios millones
de cabezas de ganado cuya reposición costará otros tantos millones de
dólares y, a su vez, el consumo doméstico de carne bajó en forma
considerable, esto no debería hacer mella en una imagen y un prestigio
que no son fáciles de conseguir.

De actuar otros presidentes de este modo, Venezuela debería mostrarse
como un país no petrolero por la baja de los precios del crudo,
Francia debería desentenderse de sus vinos si su presidente disiente
de los vitivinicultores y Bolivia debería negar su potencial en
hidrocarburos por las disidencias con los inversores del ramo.

No ha sido anecdótica ni antojadiza la frase de la Presidenta, en
especial después de que su propio canciller, Héctor Timerman, se
ufanara de haber contribuido a firmar "el contrato de venta de 20
millones de dólares de carne con hueso por fuera de la cuota Hilton" y
exaltara la "extraordinaria" recepción del empresariado turco y los
acuerdos firmados en Qatar y Kuwait.

Si la Argentina no es vista como productora de carnes y granos, ¿cuál
debería ser su carta de presentación? Es una incógnita, así como es
una contradicción celebrar convenios sobre la materia y, en forma
simultánea, casi avergonzarse de representar al país de las vacas y la
soja.

La visita de la Presidenta a Estambul resultó útil en otro aspecto.
Fue una suerte de resarcimiento después de la cancelación del viaje a
la Argentina del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, tras la
acertada decisión del jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires,
Mauricio Macri, de evitar la inauguración de un busto de Mustafá Kemal
Ataturk. En ello mucho tuvo que ver la comunidad armenia, ofendida
ante la posibilidad de que se instalara en la ciudad la imagen del
llamado Padre de los Turcos, fundador de la república moderna y
secular pero, a su vez, considerado un asesino por aquellos que aún
bregan con justicia por el reconocimiento del genocidio.

La Argentina es uno de los países que reconocen esa tragedia. Se trata
de un tema de extrema sensibilidad que, desde luego, no se supera con
la reinvención de la etiqueta de un país o, incluso, de su marca país.
Turquía, como se sabe, niega en forma terminante el genocidio alentado
por el gobierno de los Jóvenes Turcos, durante el Imperio Otomano,
entre 1915 y 1917; murieron entre 1,5 y dos millones de personas.

La Presidenta, que dice estar convencida de la defensa del principio
universal de los derechos humanos, debió haber planteado el reclamo de
los armenios, con la venia de la legislación argentina, ante sus
anfitriones turcos. La Argentina tiene varias facetas de las cuales
podemos sentirnos orgullosos, pero ninguna alcanza, al menos por ahora
en el exterior, la relevancia de sus carnes y sus granos. Si la
Presidenta pretende subestimarla, sería positivo que aquellos que
intentan cada día "vender" productos argentinos y captar inversiones
sepan cómo debe ser visto el país o cómo presentarlo en nombre del
gobierno que representan y, después, evaluar cuán beneficioso puede
resultar.


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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría




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