[R-P] GALASSO Y ALTAMIRA FALSIFICAN LA HISTORIA DE LA IZQUIERDA NACIONAL

Silvia Puy cdytp en yahoo.com.ar
Sab Ene 22 01:27:55 MST 2011


GALASSO Y ALTAMIRA FALSIFICAN LA HISTORIA DE LA IN 
        Por Horacio da Silva

   Respondiendo a la «primera carta» de Galasso, Altamira escribe: «Galasso aprovecha la ignorancia de su público para reivindicar un apoyo al 17 de octubre (de 1945), lo cual es cierto para el periódico Frente Obrero, pero donde no estaba Jorge Abelardo Ramos, el cual, en su revista Octubre lo caracterizó, dice, como una lucha interburguesa». 
El propósito que persigue la mentira de Altamira es evidente: desligar a Ramos del gran acierto histórico que significó la correcta caracterización del peronismo en el momento en que éste surgía. Ya había intentado algo semejante Osvaldo Coggiola en su Historia del Trotskismo Argentino de 1985, donde denunciaba «la mitología política de Jorge A. Ramos y su ‘izquierda nacional’, que pretende haber sido la única corriente de izquierda que no se ubicó en el campo de la unión democrática en 1945". ¿Por qué Altamira, Coggiola y el Partido Obrero están dispuestos a admitir que el mérito en la caracterización del 17 de Octubre y del peronismo recaiga en Frente Obrero pero no en la revista Octubre? Pues porque ésta última era publicada por Ramos, quien, a diferencia de los editores de Frente Obrero, desempeñó un papel político activo en las décadas que siguieron a la irrupción peronista. En lugar de denunciar esta operación
político-ideológica dirigida contra el socialismo de la Izquierda Nacional, Galasso la festeja: le recuerda a Altamira que fue él –Galasso– quien instaló la idea de que «la Izquierda Nacional (fue) iniciada por Frente Obrero» y no por Ramos y Octubre. «Celebro que me leas y me sorprende gratamente», le dice complacido a su interlocutor  cipayo. 
La verdad es muy diferente de lo que cuentan Altamira, Coggiola y Galasso. Hacia 1945 había en la Argentina unas pocas decenas de militantes trotskistas; algunos eran jóvenes, y otros jovencísimos. En la lucha por establecer un contacto real con la clase obrera, se agrupaban, se distanciaban y se volvían a agrupar sin solución de continuidad. Honorio Díaz relata esta historia detalladamente en su libro La cuestión nacional. El Grupo A que publicaba el periódico a’ se unía al Grupo B que publicaba el periódico b’ y juntos daban vida al Grupo AB que publicaba la revista ab’. Pero los disidentes del Grupo A se oponían a esa convergencia y publicaban el periódico aa’. A los pocos meses (si no semanas), el flamante Grupo AB dejaba de existir porque una parte del mismo confluía con el Grupo C, que estaba integrado por ex militantes del originario Grupo A… y así sucesivamente. 
Pero el 17 de octubre de 1945 se inauguró de un nuevo período en la historia de la Argentina moderna, el cual se extendería por más de tres décadas: aparecían en escena la moderna clase obrera y el Frente Nacional (el peronismo) del cual ella formaba parte. Esto partió aguas definitivamente dentro de aquella primigenia y extravagante «familia» trotskista. Hubo quienes se integraron al peronismo (Esteban Rey); hubo quienes lo denunciaron como un movimiento enemigo de la clase obrera (Nahuel Moreno); y hubo quienes reivindicaron su significación progresiva brindándole apoyo pero sin renunciar a su propia identidad política, ideológica y organizativa. En esta última postura coincidieron las publicaciones Frente Obrero, editada por Aurelio Narvaja y Enrique Rivera, entre otros, y Octubre, que era una iniciativa de Jorge Abelardo Ramos y Mauricio Preeloker. El intento de Altamira y Galasso por establecer diferencias sustanciales entre ambas
publicaciones es producto de una mala intención que combina errores fácticos (basta releer los textos publicados en ambas publicaciones para advertir que la caracterización del peronismo era análoga), y groseros errores metodológicos, sorprendentes en gente que se autoproclama «marxista». 
Científicos, policías y paparazzis
La disputa por la paternidad de una idea o de un «descubrimiento» tiene una larga historia. En el terreno del socialismo, puede remontarse al propio Marx, cuya teoría de la plusvalía fue atribuida por los enemigos de Marx a un economista de apellido Rodbertus, a quien hoy casi nadie recuerda. En el año 1904 León Trotsky toma contacto con un economista llamado Parvus. Con el propósito de disminuir la significación histórica de Trotsky, se ha afirmado que la Teoría de la Revolución Permanente a la que él daría forma a partir de 1905, fue en realidad obra de Parvus. 
En otros terrenos existen historias semejantes. Sabido es que la paternidad de la evolución por selección natural, planteada por Charles Darwin, ha sido disputada por otro naturalista llamado Alfred Wallace. Al médico Luis Pasteur se le ha señalado que sus publicaciones sobre el papel de los gérmenes tenían como antecedente los descubrimientos del malogrado Ignaz Semmelweis. De Freud se ha dicho que su método psicoanalítico se nutrió del trabajo del doctor Charcot. Y así podría seguirse indefinidamente: la metodología falsacionista, que lanzó en 1934 a la fama al filósofo Karl Popper, se encuentra anticipada en las investigaciones del fisiólogo Claude Bernard. Hasta la cosmología heliocéntrica, obra del inmortal Nicolás Copérnico, puede encontrarse mil ochocientos años antes en los trabajos del olvidado filósofo Aristarco. 
Más cercanamente, el ex montonero y ex funcionario menemista Ernesto Jauretche (indigno sobrino de su tío) afirma que las críticas de Rodolfo Walsh a la conducción de Firmenich fueron elaboradas también por él y por el ex embajador Diego Guelar. 
Ahora bien, ¿qué prueban todos estos casos mencionados? ¿Acaso que muchos de los grandes personajes de la historia se han apropiado, en realidad, de méritos que no les correspondían por derecho propio? Tomemos el caso de León Trotsky, por ejemplo: ¿por qué su nombre y no el de Parvus aparece asociado a la Teoría de la Revolución Permanente? Son muchas y variadas las respuestas que pueden proporcionarse. Pero reparemos en esto: ¿que importancia puede tener, para la historia del pensamiento socialista, detenerse a sopesar con exactitud la medida en la que Trotsky y Parvus han contribuido al planteo inicial de la Teoría de la Revolución Permanente? Si en vez de tomar como «unidad de investigación» la persona de Trotsky, o la de Parvus, tomamos la Teoría que ellos contribuyeron a crear, entonces la pregunta por la paternidad pierde importancia. De lo que se trata, fundamentalmente, es de elucidar de qué manera esa Teoría fue abriéndose
camino, sinuosamente, a lo largo del proceso histórico, y no de determinar si a tal o a cual personaje corresponde el Premio Mayor de haberla «inventado». Naturalmente, las teorías y las ideas no discurren a lo largo del tiempo por sí solas, sin un «soporte material» al cual asirse, sino que se encarnan en sujetos individuales o colectivos que son en definitiva quienes las expresan. Pero al investigador científico (al sociólogo, al historiador, al economista, etc.), a diferencia de los policías o de los paparazzis, le importarán más las teorías y las ideas que esos «soportes materiales». 
¿Por qué razón, entonces, Altamira y Galasso –que supuestamente no son policías ni paparazzis– tienen tanto interés en dejar establecido que no fue Jorge Abelardo Ramos quien «inventó» la Izquierda Nacional, sino que él se apropió ilegítimamente de un «invento» que habían hecho otros (Aurelio Narvaja y Frente Obrero en este caso)? La respuesta es sencilla. Por la misma razón que hay quienes se empecinan en sostener que no fue Marx sino Rodbertus el «inventor» de la Teoría de la Plusvalía, o que no fue León Trotsky sino que fue Parvus quien «inventó» la Teoría de la Revolución Permanente: por razones de índole política y no de índole histórica; por razones que tienen que ver con el presente, y no con el pasado. Contraponerle Rodbertus a Marx, Parvus a Trotsky y Narvaja a Ramos, es una de las tantas maneras de atacar –oblicuamente en estos casos– la Teoría de la Plusvalía, la Teoría de la Revolución Permanente y la
existencia misma de una Izquierda Nacional Militante. 
Reivindican a Aurelio Narvaja para atacar a la izquierda nacional
En su reciente libro Jorge Abelardo Ramos… La Izquierda Nacional en la Argentina, el historiador Alberto Regali aborda el tema de los orígenes de la Izquierda Nacional con criterio más apropiado que el de Altamira y Galasso. Escribe: «El debate sobre cuál de los dos —Ramos o Narvaja— tuvo la paternidad sobre la ‘comprensión’ del peronismo, creemos que es una polémica estéril. Nada de fondo surge de los textos, aunque el primero admite la preeminencia del segundo, hasta por la edad. Ambos fueron personalidades que complementaron en la divergencia y la unidad de sus interpretaciones sobre los nuevos sucesos». Regali reproduce párrafos enteros de Frente Obrero y Octubre que revelan que son decididamente falsas las diferencias entre ambas publicaciones que Altamira y Galasso pretenden establecer. 
Tiene razón Regali: en el momento de producirse el 17 de Octubre, Abelardo Ramos apenas tenía 24 años. Aurelio Narvaja, por su parte, lo superaba en ocho años. Una diferencia de edad que serviría para explicar la capacidad de liderazgo que los primeros «izquierdistas nacionales» reconocían a Narvaja antes que  a Ramos, que era coetáneo de todos ellos. Pero más importante que esto es lo siguiente: una idea o una teoría no quedan constituidas definitivamente en el momento de ser enunciadas por vez primera. Trotsky enunció por primera vez la Teoría de la Revolución Permanente en 1905, pero a lo largo de los años continuó perfeccionándola y robusteciéndola (en algunos puntos corrigiéndola) al contrastarla con los acontecimientos políticos. Del mismo modo, la Izquierda Nacional no queda constituida de una vez para siempre en 1945, como parece creer Galasso. Ese año quedan establecidos, por así decir, sus primeros trazos (y hasta incluso
podría detectarse más atrás, en algunos trabajos de Liborio Justo, una «proto-izquierda nacional»). Pero con sólo esos primeros trazos, la Izquierda Nacional no se habría convertido en una de las corrientes vivientes de la izquierda y de la política argentina en general. ¿Qué habría sido de la Izquierda Nacional si Ramos y sus compañeros hubiesen actuado como actuó Narvaja, que se refugió durante décadas en el silencio de la vida privada? Análogamente: ¿qué habría sido de la Teoría de la Revolución Permanente si Trotsky, tal como hizo Parvus, hubiera abandonado la actividad política al poco tiempo de enunciarla? 
En su libro contra Ramos y la Izquierda Nacional titulado La Izquierda Nacional y el FIP, Galasso transmite la idea de que la Izquierda Nacional quedó constituida de una vez y para siempre, con toda su pureza inmaculada, cuando Narvaja publica en Frente Obrero el célebre artículo de 19/10/45. Todo lo que vino después fue la apropiación ilegítima por parte de Ramos de esa Izquierda Nacional virginal. Así como hay hombres que roban dinero, o que roban las mujeres de otros hombres, Ramos le habría robado a Frente Obrero el gran «invento» de Aurelio Narvaja. Y tal vez también haya robado algún dinero o alguna mujer, ¿por qué no? Coggiola escribe: «Sería un error decir que Ramos considera una organización política como existente cuando ésta supera los 30 militantes. Más bien debería pensarse que piensa tal cosa cuando su caja supera los 30 dineros». Tan sesgada es la interpretación de Galasso, que ante el hecho de que Frente Obrero
dejó de aparecer mientras que Octubre siguió haciéndolo, ahora con la colaboración de militantes cercanos a Narvaja (como Enrique Rivera), él concluye insólitamente que hubo «un mayor acercamiento», no de Frente Obrero a Ramos, sino de Ramos a Frente Obrero. Poco antes de morir en 1990, Narvaja publicó algunas notas en la revista Amauta, que bajo la dirección de Honorio Díaz estaba inspirada por Ramos. ¿Dirá Galasso que Ramos volvió a «acercarse a Narvaja» en esta oportunidad? ¿O es muchísimo más sensato concluir que fue Narvaja quien se acercó a Ramos? 
Sea como fuere, si se considera a la Izquierda Nacional como una «idea-fuerza» lanzada a la política argentina en 1945, y si se siguiera su desenvolvimiento con marchas y contramarchas a lo largo de las décadas siguientes, no cabe duda que la figura de Jorge Abelardo Ramos adquiere una envergadura notablemente superior, tanto en el plano de la producción teórico-política como en el plano de la producción político-organizativa, a la de aquellos pioneros de Frente Obrero. Llamar a Ramos «divulgador» y «deformador» de una Izquierda Nacional que habría aparecido ya terminadita, con envoltorio y todo, en un breve artículo de un periódico marginal de hace más de medio siglo, sólo puede explicarse por la inquina personal de un hombre que no repara ni ante la verdad histórica ni ante las prescripciones metodológicas más rigurosas que rigen el oficio de los historiadores. 
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A esta esta excelente nota-respuesta de Horacio da Silva, yo le agregaría algunas otras "imprecisiones" de Norberto Galasso, como el tema de la posición de la Izquierda Nacional(FIP)en las elecciones de 1973, etc. Y su mutismo respecto a sus "diferencias" políticas con Ramos en 1971 y su alejamiento de la militancia partidaria-revolucionaria (así como lo expresa en la "polémica" parece que él -el "historiador" Galasso- tenía la justa, y ya sabía, como si fuera un clarividente, el final del viejo Ramos junto al menemismo. 
Llama mucho la atención la inquina -por no decir odio- hacia Jorge Abelardo Ramos, quien fue el que lo impulsó a escribir sus primeros libros -brindándole hasta la imprenta de su partido- siendo un ignoto socialista antiperonista hasta el 58, que recién comienza a entender la cuestión nacional través de los libros y conferencias de Ramos y Spilimbergo en los finales de la década del 50. 

                                    Silvia 







      




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