[R-P] [Tito Bardini] Cuando un marino argentino ignoró la bandera de EEUU en República Dominicana
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Vie Ene 14 05:50:24 MST 2011
CUANDO UN MARINO ARGENTINO IGNORÓ LA BANDERA DE EE.UU EN REPÚBLICA DOMINICANA
Roberto Bardini
El 13 de enero de 1920, el gobierno y la Marina de Guerra de Argentina
dan un noble, atrevido y admirable ejemplo de solidaridad
iberoamericana –casi sin equivalente en todo el siglo XX– que ha sido
cuidadosamente olvidado por nuestra historia oficial.
Sucede en aguas del Caribe. El crucero 9 de Julio, ancla en el puerto
de Santo Domingo e ignora la bandera de Estados Unidos, que desde 1907
ocupa militarmente al pequeño país antillano. Rinde honores, en
cambio, al inexistente –en ese momento– pabellón de la República
Dominicana.
Entre 1899 y 1920, los marines yanquis han desembarcado en Cuba,
Honduras, Nicaragua, Haití, México y Panamá. Y en varias ocasiones se
quedan unos cuantos años.
En el caso de Dominicana, permanecen hasta 1924. Es “para bien de los
dominicanos a pesar de ellos mismos”, escribe convencido el
historiador norteamericano Samuel Flagg Bemis en La diplomacia de
Estados Unidos en América Latina, publicado en 1943.
Pero esta pequeña historia que culmina en Santo Domingo comienza, en
realidad, unos meses antes y en otro país. Exactamente el 24 de mayo
de 1919, cuando muere en Uruguay el embajador mexicano Juan Crisóstomo
Ruiz, también concurrente en Argentina.
El diplomático es mucho más conocido en toda América hispana por su
seudónimo de poeta, novelista y ensayista: Amado Nervo.
El autor de La amada inmóvil y Raza de bronce fallece a los 48 años.
El gobierno uruguayo decide que el cuerpo del poeta se traslade a
Veracruz en el crucero Uruguay. El presidente argentino Hipólito
Yrigoyen acompaña el gesto y dispone que el crucero 9 de Julio lo
escolte hasta México.
El comandante de la nave argentina es un desconocido capitán de
fragata. Se llama Francisco Antonio de la Fuente y tiene 38 años. Ocho
meses después demostrará que es un auténtico oficial y caballero de
mar.
Cumplida su misión, inicia el regreso. Tiene instrucciones de efectuar
visitas de cortesía en algunos países del Caribe.
El 6 de enero, cuando avista la costa de Santo Domingo, el capitán De
la Fuente enfrenta un dilema: debe realizar el saludo protocolar de 21
salvas a la bandera nacional del puerto al que llega… Pero ve que en
la fortaleza Ozama, construida por los españoles en el siglo XVI para
vigilar el mar, ondea la bandera de Estados Unidos.
Pide instrucciones por telégrafo al embajador argentino en Washington.
El diplomático se comunica con la cancillería en Buenos Aires. Y poco
después, el marino recibe un mensaje muy claro: por orden del
presidente Yrigoyen, debe saludar a la bandera dominicana.
Pero no existe esa bandera en el puerto… No importa. En el crucero hay
varias y De la Fuente encuentra una del país que visita. El 13 de
enero, fondea frente a Santo Domingo, hace izar el pabellón dominicano
en el palo mayor y, ante la vista del pueblo que se ha reunido en los
muelles, dispara los 21 cañonazos de rigor como saludo a una nación
soberana.
Frente a este inesperado gesto de nobleza y respeto, los dominicanos
enloquecen y estallan en gritos de alegría. Inmediatamente se corre la
voz y los pobladores se lanzan a las calles, desafiando las ordenanzas
de las fuerzas ocupantes.
Algunas personas juntan trozos de tela y los unen precariamente,
componen los colores de su enseña patria y la hacen flamear en el
torreón de la fortaleza Ozama para ser dignos de ese honor. Y cuando
los marinos argentinos desembarcan, la gente los abraza y les entrega
ramos de flores.
Así, un viejo –para la época– presidente de 68 años, un poeta
modernista y un joven marino amalgaman ética, estética y épica,
valores que casi nunca coinciden con la política. Pero cuando lo
hacen, son los ingredientes que al gesto más pequeño le confieren
dimensión de epopeya. Como esta simple historia de soberanía nacional
que honra al respetado y al que respeta.
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Néstor Gorojovsky
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