[R-P] Un reportaje a Carlos Marx
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Lun Ene 10 12:51:46 MST 2011
Fuente del original en inglés:
http://www.newstatesman.com/ideas/2011/01/8220-crisis-interview-theory
Diss capital*
por Paul Mason
Publicado el 06 de enero de 2011
/Karl Marx, que viene a Londres para firmar libros en una
presentación, se baja del Eurostar dando un saltito y se encuentra en
un café de King´s Cross con Paul Mason para una entrevista.
¿Cómo cuadra la recesión crediticia en la teoría de las crisis del gurú?/
Elegí St Pancras para impresionarlo, pero no se impresionó. Apenas
salido del Eurostar, casi ni presta atención a la arquitectura y
digita su BlackBerry mientras le señalo el mostrador para tomar un
champagne.
Le había preparado todo un informe de actualización histórica: la
huelga de las fosforeras, el motor a explosión, el cine, Lenin, el
Pacto de Varsovia, la estatua a John Betjeman… Pero me para en seco:
“Ya sé, ya sé todo sobre esos temas. Allí arriba también tenemos
Wikipedia."
-¿Lo ven todo?
-¡Mejor que ustedes! Lo vemos sin la experiencia histórica sensorial.
Es como mirar un choque de autos en cámara lenta. Ya vas a ver cuando
llegues: va a restaurar tu fe en las fuerzas objetivas de la historia
Le explico que quiero hacerle preguntas sobre la restricción
crediticia y cómo cuadra en su teoría de las crisis…
-Dentro de una hora tengo que estar en una firma de libros. Es una presentación…
Bromeo: -¿De qué libro?
Se ríe: En la década del 80 aprendimos que El Capital tiene más de un
tomo, y más de una teoría de las crisis. Entonces, ¿cuál se ajusta a
lo sucedido a partir del crash de Lehman Brothers?
-Okey. Introducción a las crisis- comienza. Nos sentamos a la mesa de
un Starbucks en Euston Road, y me permite convidarle un café doble.
-Lo que digo en el libro es que la posibilidad de la crisis está
presente desde el momento mismo en que separás la venta de la compra.
Apenas tenés una sociedad basada en el dinero y las mercancías, tenés
una situación en la que hay suficiente producción dando vueltas,
suficiente café Fairtrade, suficientes iPods, suficientes sobretodos
de Prada (tiene puesto un sobretodo de Prada) pero no hay plata
suficiente para que la gente pueda comprarla.
-Entonces, ¿es la mercancía lo que está en la raíz de todos los males?
-Posibilita las crisis, es todo.
-¿Y esta crisis, qué la provocó?
-En el libro nunca termino de plantear una teoría sintética de las
crisis así que, como usted sabe, “los Marksisstas” (hace con sus dedos
un gesto de comillas) tuvieron que revolcarse y gatear entre mis
libretas de notas para inventarse una.
-Entonces, ¿usted no tiene una teoría sintética de la recesión crediticia?
-Hay una, pero tenga en cuenta que el libro se escribió a cierto nivel
de abstracción…
Lo presiono: -Bueno, la economía marxista reconoce tres causas para
las crisis: el subconsumo, la desproporcionalidad y la superproducción
¿Eso, al menos, lo acepta?
Se pone vidrioso e impaciente. He visto la misma mirada en los ojos de
otros profesores célebres y otros administradores de fondos
compensados que predijeron la recesión crediticia de 2008 y ahora son
famosos.
Replica: -Bueno, sí. Pero tiene que pensarlas como estratos, no como
explicaciones competitivas. Trabajan a diferentes niveles de
abstracción, como la biología, la química y la física.
-Bien- digo, y pregunto: -¿Cuál es la física? Dónde está la raíz que
provoca todo esto?
Le acerco mi grabador digital.
Ríe: -¡Las tres! Por eso es una mentira inmensa. Empecemos con el
asunto de la deuda ¿Porqué se piensa usted que les estaban dando
crédito barato a paladas a los negros y latinos de EEUU que jamás
podrían pagarlo?
-Por los bajos salarios- respondo.
-Exactamente. Mantuvieron bajos los salarios de los trabajadores en
medio de un “boom”. No se había oido nada igual desde la Guerra de
1936-1949…
-¿Entonces sigue teniendo valor la teoría del subconsumo?
-¡Pero por favor!- gira molesto en su silla -¿Usted leyó, realmente, el tomo II?
Me revuelvo un poco inquieto. Cuando estaba por leerlo había una toma,
y yo estaba en una banda de rock. Hago un promedio:
-Lo leí a las apuradas hace 30 años.
Saca su iPad, y lee:
-“Decir que lo que produce las crisis es la ausencia de pago de
consumo o de consumidores que paguen es una redundancia evidente…
Cuando se dice que la clase trabajadora no recibe una fracción
suficiente de su propia producción y que el mal se disiparía apenas
recibiera una proporción mayor, lo único que puede decirse es que toda
crisis está precedida, invariablemente, por períodos en los que los
salarios, en general, suben” (Tomo II)”
-¿Y entonces…?
-Sigo creyendo eso. Los anarquistas tenían esa teoría del subconsumo…
Me divertí mucho con ellos allí arriba hasta que más tarde la tomó en
préstamo Henry Ford y luego Oswald Mosley (fundador de la Unión
Británica de Fascistas, N. del Tr.) Y Keynes después. No se puede
resolver una crisis aumentando los salarios. Las crisis nacen de las
contradicciones entre la ganancia y la producción –se anima
-¿Estamos a punto de hablar de álgebra?- bromeo.
Asiente con la cabeza.
Voy y busco dos cafés más.
-Es por esto que todos los que andan dando vueltas por allí diciendo
“Marx tenía razón” son un montón de shlemazls…
Subraya cada punto con un golpecito del índice:
-Mire la tasa de beneficios global, ¿es alta o baja?
-Alta.
-Error.
-¡Pero si las ganancias de las sociedades anónimas están altas!
-Es que el capitalismo hace ya mucho que dejó de ser solamente
sociedades anónimas… y usted lo sabe.
Estamos llegando al centro del problema.
-Ahora es un capitalismo financiero, una bestia distinta al sistema
sobre el que yo escribía en 1867. Pero la realidad me hizo un gran
favor: cuando se hace financiero, el mundo concreto se convierte en
algo tan abstracto, generalizado y –diríamos- puro como en ese libro
infame de tan abstracto que he escrito. El capitalismo moderno alcanzó
el nivel de simplicidad de que lo he dotado en el Tomo I.
-¿Y el tomo III, entonces?- le pregunto.
Me doy cuenta de que le hice una pregunta sobre el corazón de las
tinieblas. Mira su reloj pulsera, verifica su BlackBerry, suspira. Y
de repente, grita:
-¡Ben Bernanke tiene razón!
El bochinche hace que algunos esbeltos hipsters (jóvenes snobs,
neoexistencialistas, N. del T.) levanten adormecidos la vista de sus
MacBooks. Espero que nadie lo reconozca.
-Es el ascenso de Asia. Ahorran demasiado y gastan demasiado poco.
Claro que la solución de Bernanke no es más que su deseo: “Que China
ahorre menos y gaste más”.
-¿Y cuál es su solución, entonces?
-Obvio: ¡la revolución china”! Pero no se preocupe por eso. Estoy
llegando al punto central ¿Esa cosa está andando? Apunta a mi grabador
digital, y sigue:
-“Las ganancias de las empresas son altas; las ganancias de los
ahorristas son bajas. Pero las empresas no reinvierten. Lo que hacen
es meter en los bancos sus ganancias, o pagarlas como dividendos. Lo
que esto me dice a mí es que la tasa general de ganancia del capital
es baja. Así que, de todos modos, seguimos en el fondo ante una crisis
de ganancias. Es una crisis planetaria de ganancias, enmascarada por
los increíbles retornos que tuvieron los bancos y todo este consumo
loco, infantil, a crédito…
Con un amplio gesto de la mano, señala todo lo que hay en el
Starbucks, gente incluida.
-Permítame recapitular- le digo:- El aspecto de subconsumo en la
teoría explica el modelo de bajos salarios y altos créditos, pero no
es el factor principal. Y la superproducción explica las que para
usted son ganancias históricamente bajas para el capital. ¿En qué
queda la desproporción?
-Esta crisis también contiene un importante elemento de
desproporcionalidad. Es una vergüenza que la teoría haya pasado tanto
de moda…
Se deja llevar por un ensueño, hipnotizado por el grabador digital.
Sus ojos se estrechan como los de un gato jugando con un ratón. Y
dice:
-Hagámoslo fácil para una audiencia anglosajona y digámoslo en dos
sílabas: “mis-match” (desajuste, n. del Tr.). Hay un desajuste
inevitable entre el sector de bienes de producción y el sector de
bienes de consumo, que lleva a la crisis… sólo que ya no se lo
denomina así, se lo denomina desequilibrio global.
-¿Entre China y EEUU?
-Exactamente. China produce, EEUU consume. Los trabajadores chinos
ahorran, los trabajadores estadounidenses gastan. El estado de EEUU se
endeuda, el estado chino –y Asia en general- las toma. Toda la
situación es un lío jugado a escala mundial y, otra vez, a nivel micro
en la eurozona. Alemania produce, los griegos consumen. Los griegos
piden prestado, los alemanes les prestan ¿Vio dónde terminó todo?
-Muy bien. Tenemos ahora entonces subconsumo, superproducción y
desproporción. Todo ayuda a explicar. Pero… ¿y la síntesis?
Seguramente usted ya prepare una teoría sintética…
-Mire esto –me dice, mostrándome una tarjeta roñosa que sacó de su
bolsillo (es un pase para la Biblioteca Británica de alrededor de
1870)- tuve que mentir para conseguirlo. Mentir, prosternarme, besar
pies. Estuve unos veinte años en la Biblioteca Británica tratando de
generar una teoría sintética (y eso fue antes de que las posgraduadas
en minifalda estuvieran estudiando la interpretación lacaniana del
manga japonés para obtener un PhD). Como veinte años de trabajo brutal
y no pude construir nada mejor que esto: si existe algo que produce
las crisis, quizás sea la tendencia a la superproducción. Pero el
capitalismo evoluciona.
-Si no hay teoría sintética, ¿cómo es que su trabajo se volvió a hacer
tan popular?
-Mire –me dice, mientras extiende el brazo hacia los modernosos
refugiados de la Biblioteca Británica (algunos en la cola del café,
otros bajo el enorme peso de unos auriculares de disc jockey, todos
con el rostro beatífico iluminado por la pantalla de una Mac)- tienen
la cabeza llena de ideología. Muchos estudiaron economía y se les dijo
que podían predecir el resultado del ciclo económico. Es más, les
dijeron que podían predecir el futuro con sus cuadros y gráficos, ¿no?
Asiento.
-Lo que descubrí es que las leyes económicas operan “a la espalda de
los productores” (¡Tomo I, pág. 44!) Son leyes objetivas, pero suelen
ser tan profundas que solo se pueden experimentar sus efectos
secundarios. Quiero decir… -hace un gesto de fingida desesperación con
el rostro- no es un asunto de puta física nuclear. Sabemos que hay
placas tectónicas, pero ¿viste una alguna vez? Viste acaso alguna,
fotografiada desde abajo, desde el magma terrestre? No se puede hacer.
Lo que hay que hacer es usar la lógica.
Se anima y se estira sobre la mesa, como para tomarme de la solapa:
-Lo que dije a los economistas de mi tiempo, dicho en sencillo, es que
sus teorías eran basura, sus gráficos eran basura y el poder de lo que
podríamos llamar capacidad de acción humana es muy, pero muy limitado.
Y lo que acaban de descubrir es que yo tenía razón.
La consecuencia es el colapso ideológico: el choque sicológico de
descubrir que no sos, realmente, el señor de las galaxias sino que el
universo entero tiene leyes universales, algunas de las cuales se
entienden y otras no, pero que funcionan al margen de tu voluntad. Eso
es todo…”
Sacude los hombros y me dice que apague el grabador.
-¿Lo vio venir, usted?- le pregunto.
Niega con la cabeza: -Allá arriba tenemos conocimiento total del
pasado, pero no tenemos el botón para avanzar rápido.
-Entonces, ¿dónde será la próxima?
-Encienda esa cosa de nuevo, si quiere. Pero solo le diré lo mismo que
le dije la semana pasada al Huffington Post: el ascenso de China, la
declinación de EEUU, deflación en Europa del Sur, colapso de la
eurozona, capitalismo de estado… y eso antes de que lleguen a las
guerras de recursos y a la bomba de tiempo del envejecimiento.
-¿Y los trabajadores?
-Ah, no empecemos con eso –me dice riendo- Sé cómo adormecerme en
medio del combate. De todos modos, no creo que a los lectores de
Vanity Fair les interese demasiado el proletariado.
-¿¿¿¿Qué?????
-¿Pero cómo? Usted no viene de la revista Vanity Fair?- me pregunta
intrigado, y le contesto que no.
¿Y entonces dónde mierda está el periodista de Vanity Fair? Quedé en
encontrarlo en St Pancras hace una hora. ¿Seguro que no es usted? Se
supone que iban a hacer un perfil en profundidad, completo, hasta con
un retrato de Annie Leibovitz que también debería estar aquí… Empieza
a juguetear de nuevo con el BlackBerry.
-Mire- me dice, molesto, recogiendo sus cosas- con lo que tiene ya es
suficiente. Escriba solamente “superproducción de capital”. ¿Lo
resolverán? Siempre lo resuelven, pero ¿a qué costo? Crean alguna
nueva contradicción social, y luego otra crisis. Y, de pasada: puede
mandar al demonio los objetivos de crecimiento del milenio de
Copenhague y Doha. Y la maldita Convención de Ginebra tampoco parece
muy inteligente, tampoco.
-¿Y el socialismo?
-¡Mirá esto, viejo!
Se pone sarcastico mientras empieza a calzarse el sobretodo y señala
los jóvenes quejumbrosos, los empleados del bar, las paredes marrones
y la tibia música de jazz, toda esa atmósfera sobreentendida de
acomodarse el plumaje y atraerse sexualmente, esa combinación antes
imposible de descanso, trabajo y cortejo.
-¿Qué te pensás que es? En medio de la peor crisis jamás vista?
¡Aufheben, amigo mío, aufheben!
Agradezco mentalmente a Dios que no haya en mi idioma una palabra que
signifique, al mismo tiempo, destruir, preservar y trascender. Pero
veo hacia dónde apunta su mente. Las fronteras entre descanso y
trabajo están abolidas, en cierto modo, en esta tierra de la leche con
canela, y es difícil calcular la tasa de explotación.
Y así es como se lanza a la puerta y se va. Tres minutos más tarde me
llega esto en el iPhone: “Mrda, olvde enchufr nvo libro. La de Rel Pub
m mata. Pr fvr anota título “El crack: porqué los cisnes caen al azar
sobre Broadway y el Tao de Hu Jin-Tao” La editorial rechazó “Capital
vol 4” :o) Conectate a mi twitter tb. Grcs. Karl."
*Juego de palabras intraducible. “Diss capital”, literalmente, quiere
decir “puteá al capital”. Juega con “Das Kapital”
[Versión en castellano de Néstor Gorojovsky]
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Néstor Gorojovsky
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