[R-P] [Carlos Pagni] La posibilidad de que el modelo se haga reelegir

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Dom Ene 9 16:18:12 MST 2011


[Pagni en su mejor estilo, mezclando buscapiés con datos válidos,
esperanzas oligárquicas con voluntad de operar sobre la realidad,
insidia con previsión.

Más allá de la malevolencia razonable en un estratega político
oligárquico, algunos de los temas a los que apunta merecen especial
atención.

El riesgo de que la "profundización" necesaria pase por una
"aufhebung" (revisión, descarte y relanzamiento transformado) del
"modelo" está explícito en el tablero de Pagni.

Lo mismo hemos escuchado decir en tiendas completamente distintas a las suyas.

Alerta.]

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1340025&origen=NLColHoy&utm_source=newsletter&utm_medium=titulares&utm_campaign=NLColHoy

La posibilidad de que el modelo se haga reelegir
Por Carlos Pagni


Domingo 9 de enero de 2011

La desaparición de Néstor Kirchner está modificando el horizonte de la
economía y de los negocios tanto como el de la política. Son cambios
menos visibles, muchas veces paradójicos, pero igual de relevantes.

La muerte encontró a Kirchner peleando por la presidencia de la Nación
sin demasiadas probabilidades de éxito. La caída electoral del año
2009 y la imposibilidad de revisar sus exasperantes estrategias habían
condenado al ex presidente a convertirse en el peor candidato del
Gobierno. Impedido de superar un ballottage, al kirchnerismo le estaba
llegando su ocaso.

Los agentes económicos habían comenzado a prepararse para esa novedad.
En empresas y bancos se iba formando un consenso cada vez más
convincente de que, por graves que fueran, las malas prestaciones de
la política económica comenzarían a ser superadas en diciembre de este
año. A partir de ese término, con independencia de quien fuera el
reemplazante de Cristina Kirchner, habría que esperar un cambio de
orientación. El nuevo presidente se comprometería a devolver a la
economía un marco institucional estable dentro del cual combatir la
inflación, despejar la incógnita energética, restablecer el equilibrio
fiscal, formular una política agropecuaria y disminuir el costo del
financiamiento, entre otros objetivos. Esa nueva racionalidad
acercaría a la Argentina al grupo que integran Brasil, Chile, Uruguay,
Perú o Colombia. El ciclo bolivariano estaba por concluir.

La comunidad de negocios, con menos certezas que presunciones, había
fantaseado esta imagen del futuro. A partir de ella comenzó a
registrarse un tímido ingreso de inversiones especulativas; se preveía
para el próximo otoño una ola de adquisiciones de activos reales,
sobre todo agropecuarios y energéticos; las compañías se preparaban
para ampliar sus planes de inversión, y las que se resignaban a
abandonar el país demoraban la salida a la espera de un ambiente más
amigable.

Esas hipótesis han perdido su valor. La muerte de Néstor Kirchner
mejoró la competitividad electoral del oficialismo, permitiéndole
imaginar otro mandato. Y el nuevo candidato, su viuda, manifiesta una
escasísima vocación para revertir las patologías que promueve su
gestión. La expectativa de un cambio de rumbo a partir de diciembre
comienza a ser sustituida por una creciente incertidumbre. Aparecen
interrogantes muy precisos sobre cómo hará el Gobierno, en la
eventualidad de una reelección, para dar a su gestión económica una
supervivencia de cuatro años sin provocar una crisis. Y aparecen
también interrogantes, menos precisos, sobre la convicción de la
oposición para elaborar una política distinta.

El kirchnerismo inauguró el año demostrando su asombrosa tenacidad
para el error. En el servicio eléctrico volvieron a registrarse cortes
masivos. Con la actual política era inevitable: la demanda aumenta por
el calor y por la mayor cantidad de electrodomésticos; la
infraestructura requeriría de una mayor inversión, pero es imposible
conseguirla con las tarifas congeladas y una inflación que crece año
tras año. Los Kirchner prefirieron siempre este desequilibrio a
revisar su dependencia del conurbano bonaerense. En el resto del país
la luz cuesta seis o siete veces más. Imposible de justificar.

La Presidenta, que conoce el problema, analizó hace unos meses un
aumento fijo, de 10 o 20 pesos, para los clientes de mayor consumo.
Julio De Vido lo comunicó a las empresas. Hasta les aconsejó pedir ese
ajuste con avisos en los diarios. Pero, una vez más, no se animaron a
hacerlo. Las dificultades volvieron a estallar y el Gobierno disimuló
su mala praxis atacando a la distribuidora Edesur. Con una resolución
publicada el martes pasado pero elaborada en septiembre, se la obligó
a aumentar el presupuesto de 2010. Una jugarreta con el tiempo a la
que no se hubiera atrevido Julio Cortázar.

La agresividad de De Vido, que incluyó la creación de un tribunal
popular de intendentes peronistas, despierta suspicacias. La
Presidenta le pidió moderación, porque no quiere espantar a los
accionistas italianos de Edesur. Pero los que están para irse son sus
socios brasileños. La estatal Petrobrás estudia vender el 27% de la
compañía antes de que se siga desvalorizando. Cristóbal López,
asociado a un fondo local, entraría a Edesur por menos de lo que le
pedían hace dos meses. La noticia podría titularse así: "El Brasil de
Dilma Rousseff desinvierte en la Argentina de Cristina Kirchner". Pero
sería malicioso.

El Gobierno también sigue asfixiando al sector rural, con la excusa de
que "gana mucha plata". Hay 8 millones de toneladas de trigo
disponibles para la exportación. Pero Guillermo Moreno sólo autorizó
embarcar 4 millones. Al bajar la demanda, el productor, que podría
cobrar 210 dólares por tonelada, recibe 170. Un viejo regalo de Moreno
a la industria molinera. Más suspicacias.

Hace tres semanas, el ministro de Agricultura, Julián Domínguez,
refutó a Moreno delante de la Presidenta demostrándole que su decisión
era antojadiza. Fue durante una comida con representantes de cinco
cerealeras. La señora de Kirchner guardó silencio.

Los desvaríos trigueros de Moreno se suman al drama de la seca. La
cosecha de maíz ya perdió el 20%. La de soja, para la que se preveían
56 millones de toneladas, se calcula hoy en 46 millones. El fisco
cobrará por retenciones unos 1000 millones de dólares menos que los
calculados.

La inflación, que es la gran deformación de la política económica,
tampoco será corregida. Mercedes Marcó del Pont, cuya falta de
previsión llevó a los bancos al borde de un estallido por la falta de
billetes, programó para 2011 una emisión de 24.000 millones de pesos
sin respaldo. Gran parte de ese dinero financiará al Tesoro en el año
electoral. Alfonso Prat-Gay acaba de consignar que esa expansión
monetaria garantiza para este año una suba del 35% en los precios.
Prat-Gay se pregunta "cómo van a hacer para convencer a Moyano para
que acepte un aumento salarial del 20%, si el Central está emitiendo
pesos al 40%". ¿Cómo harán las empresas de servicios para asimilar esa
inflación con la tarifa congelada? Difícil de responder, sobre todo si
se descarta una ola de estatizaciones.

Si la agenda del Gobierno está muy envejecida, la de la oposición
todavía no ha llegado a formularse. A pesar de que los candidatos
consultan a economistas y abren fundaciones, es muy difícil localizar
hoy un equipo que esté elaborando un programa alternativo al del
kirchnerismo y, sobre todo, que esté diseñando la estrategia política
capaz de llevarlo a cabo. Ernesto Sanz, el presidente de la UCR,
ilustró esa dificultad el miércoles pasado, al confesar en este diario
que él imagina un Banco Central "desarrollista", y que mantendría a
Aerolíneas en manos del Estado -olvidó que, dicho sea de paso, todavía
no fue estatizada-. Conviene aclarar: Sanz es, para el
neoalfonsinismo, "el candidato del establishment".

El fenómeno excede en mucho el caso de Sanz. Por improvisación, por
falta de convicción, o por temor a enfrentar lo que se presume como un
consenso social mayoritario, en el país todavía no ha aparecido un
discurso de ruptura con la organización de la economía que propone el
kirchnerismo. La preservación de la moneda, el estímulo a la
inversión, la creación competitiva de riqueza, el regreso a los
mercados de crédito, el aliento a la creatividad privada carecen
todavía, aún en sus modulaciones socialdemócratas, de una voz y de un
programa. Esa ausencia pinta un cuadro inesperado. La posibilidad de
que, más allá de lo que le suceda a la Presidenta, sea "el modelo",
con todos sus achaques, el que logre hacerse reelegir.


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Néstor Gorojovsky
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