[R-P] [Aurelio Narvaja / Héctor Menéndez] A propósito de la respuesta de Altamira a Galasso y la revolución china.
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Sab Ene 8 07:12:10 MST 2011
He escrito varios artículos combatiendo la política testimonial de
Jorge Altamira definida bajo la consigna: Kirchner es igual que Menem.
No quiero ahora colarme en esta polémica entre él y Galasso. Solo que
su referencia a la revolución china trajo a mi recuerdo el capítulo
del libro de Aurelio Narvaja, Trotsky ante la revolución nacional
latinoamericana, de 1953, que publicamos en el número 24 de Frente
Comunista en julio de 2003. Ya no espero que la secta que conduce
dictatorialmente Jorge Altamira, con la colaboración inestimable de su
hermano, Ismael Bermúdez, editorialista de primera plana de Clarín y
tan “trotskista a la violeta” como él, vayan a encontrar la
oportunidad para luchar contra el imperialismo, aunque más no sea
cinco años, como los que apunta que lucho Mao en el párrafo de su
respuesta a Galasso que transcribo a continuación. Hablar de China es
hablar de la lucha histórica más trascendente e histórica contra el
imperialismo. Acotarla a cinco años contra el militarismo japonés,
como lo hace Altamira en este párrafo es no saber, mejor dicho no
querer saber nada de la lucha contra el capitalismo en esta etapa de
la historia cuya forma concreta es la imperialista. Héctor Menéndez
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Párrafo de la respuesta de Altamira
"Galasso sabe que, al menos en los 60, el más conocido divulgador del
tema de las contradicciones, fue Mao Tsetung. Los divulgadores de Mao
se encargaron de divulgar, a su vez, la especie del enemigo principal,
cuya versión es de origen más antiguo, pues fue el eufemismo del
stalinismo para justificar los frentes populares contra ‘la derecha’.
Pero en ese opúsculo vulgar, Mao toma sus precauciones; dice por
ejemplo que, en ciertas ocasiones, la contradicción secundaria podía
transformarse en la principal. Sabía de lo que hablaba: en dos décadas
de “guerra prolongada”, el ejército rojo de Mao había pasado 15 años
en una guerra civil contra su ‘enemigo secundario’ –el nacionalista
Kuomintang de ChiangKaisek; los otros cinco contra el militarismo
japonés, aunque combinado con choques reiterados con sus rivales
kirchneristas de China. Visto el resultado final –la victoria de la
revolución china– se debe concluir que sin la guerra civil contra los
nac & pop del Kuomintang las masas chinas hubieran terminado en la
derrota. Mao desarrolló esta orientación en el peor momento de “la
lucha de clases" (como le gusta a Galasso), cuando tuvo que recorrer
diez mil kilómetros a pie para escapar de sus perseguidores
kirchneristas, o sea, los representantes de la burguesía nacional de
China."
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Capítulo del libro de Narvaja reproducido por Frente Comunista en julio del 2003
Las citas de este capitulo del libro "Trotsky ante la Revolución
Nacional Latinoamericana", firmado como Juan Ramón Peñaloza, escrito
por Aurelio Narvaja en 1953, es de enorme utilidad para la definición
de la política de los comunistas en los procesos abiertos en América
Latina. Con el mismo propósito, publicaremos en el próximo número de
Frente Comunista un trabajo de Lenin sobre la Cuestión Nacional.
La discusión de estos trabajos, en el seno de los grupos y partidos,
podrá separar lo episódico de lo permanente, incorporar los nuevos
datos de la realidad, revisar de manera concreta y sistemática lo que
se considera erróneo y, fundamentalmente, impedir que sea desechada en
bloque la historia del pensamiento, de la táctica y la estrategia
marxista. Las "nuevas verdades sobre el socialismo" de los años 80 y
90 se acuñaron sin la revisión crítica necesaria.
ESCRITOS DE TROTSKY SOBRE LA REVOLUCIÓN CHINA
EL PEOR ENEMIGO INTERIOR
Trotsky consideró siempre de importancia esencial para la clase obrera
de los países coloniales y semicoloniales la experiencia de la
Revolución China de 1926-1927 y dedicó a su estudio gran parte de sus
escritos. Debemos, pues, detenernos aquí.
La política de Stalin en China, según acabamos de ver, recorrió dos
etapas. En la primera, Stalin atribuyó inalterables condiciones
revolucionarias a la burguesía china y le enfeudó el partido
comunista, paralizando a la vez, para no molestarla, el movimiento
revolucionario de las masas. Esto llevó a la revolución a la
catástrofe. En la segunda etapa, Stalin consideró definitivamente
antirrevolucionaria a la burguesía china y lanzó al partido comunista
directamente contra ésta, prescindiendo de la lucha democrática y
nacional. Los obreros chinos quedaron aislados del resto de las masas
de la nación y la Comuna de Cantón resultó un miserable aborto.
Decía Trotsky sobre esta segunda fase de la política stalinista: "Si
ayer se incluía a la burguesa china en el frente revolucionario único,
hoy, por el contrario, se proclama que "ha pasado definitivamente al
campo de la contrarrevolución". Pero no es difícil descubrir que estas
clasificaciones y estos traslados de campo, efectuados de una manera
puramente administrativa, sin el menor análisis marxista serio,
carecen de fundamento. Es evidente que la burguesía no viene al campo
de los revolucionarios al azar ni a la 1igera, sino porque sufre la
presión de sus intereses de clase. Después, por temor a las masas,
abandona la revolución o le manifiesta abiertamente el odio que había
disimulado. Pero no puede pasar definitivamente al campo de la
contrarrevolución, es decir, liberarse de la necesidad de "sostener"
de nuevo a la revolución o, al menos, de coquetear con ella, más que
cuando con métodos revolucionarios o de otra especie (bismarckianos,
por ejemplo), logra satisfacer sus aspiraciones fundamentales de
clase. Recordemos la historia de los años 1848-1871. Recordemos que la
burguesía rusa sólo pudo volver tan resueltamente la espalda a la
revolución de 1905 porque, gracias a ella, recibió la Duma de
Estado[i] abriéndose una ruta por la cual podía obrar directamente
sobre la burocracia y negociar con ella. Sin embargo, cuando la guerra
de 1914-1917 demostró que el régimen "renovado" era incapaz de dar
satisfacción a sus intereses principales, la burguesía se puso de
nuevo del lado de la revolución y su cambio fue más brutal que en
1905.
"¿Se puede decir que la revolución de 1925-1927 en China ha dado
al menos satisfacción parcial a los intereses fundamentales del
capitalismo chino? No. China está actualmente tan lejos de una
verdadera unidad nacional y de la independencia aduanera como antes de
1925. Sin embargo, para la burguesía china, la creación de un mercado
interior único y su protección contra las mercancías extranjeras de
precio inferior constituye casi una cuestión de vida o muerte, la
segunda en orden de importancia después del mantenimiento de su
dominación sobre el proletariado y los campesinos pobres. Pero para
las burguesías inglesa y francesa, el mantenimiento de China en estado
de colonia es una cuestión no menos importante que la autonomía
económica para la burguesía china. Por eso, habrá aún numerosos
zigzags hacia la izquierda en la política de la burguesía china. No
faltarán en el porvenir tentaciones para los aficionados al frente
único naciona1. Decir hoy a los comunistas chinos: "vuestra coalición
con la burguesa fue justa", de I924 hasta fines de 1927, pero ahora ya
no serviría de nada, porque la burguesía se ha pasado definitivamente
al campo de la contrarrevoluci6n, es desarmarlos de nuevo ante los
cambios objetivos de situación que se producirán en el futuro y ante
los zigzags hacia la izquierda que la burguesía china describirá
inevitablemente. Ya la guerra que Chiang Kai Shek sostiene actualmente
en el Norte desbarata completamente este esquema mecánico".
La guerra del imperialismo japonés contra China, iniciada en 1933
(año de la victoria de Hitler en Alemania), reactualizó estas
cuestiones de estrategia revolucionaria del proletariado de los piases
coloniales y semicoloniales frente a la burguesía nacional que
acabamos de exponer. En 1935, cundió en el movimiento trotskysta
norteamericano una tendencia "ultraizquierdista" contra la posición
asumida por Trotsky de que "el deber de todas las organizaciones
obreras en China era participar activamente y en primera línea en la
guerra contra el Jap6n, sin abandonar naturalmente su programa y su
actividad independiente". Esa tendencia afirmaba que, al aceptar de
este modo la dirección militar de Chiang Kai Shek, Trotsky y el
trotskysmo "servían a éste en los hechos y al proletariado en
palabras". Referíanse, en particular, a la critica que la Oposición
hizo de la primera etapa de la política stalinista en 1926-1927 en
China y decían que Trotsky había cambiado de posición.
Trotsky respondió a esta tendencia expresando categóricamente:
"Nosotros no hemos puesto nunca, ni pondremos jamás, en un mismo plano
a todas las guerras. Marx y Engels apoyaban la guerra revolucionaria
de los irlandeses contra Gran Bretaña, de los polacos contra el Zar,
aunque en estas dos guerras los jefes eran en su mayoría burgueses.
Cuando Abd-el-Krim se levantó contra Francia en Marruecos, los
demócratas y los socialdemócratas hablaron con desprecio de la lucha
de un tirano salvaje contra la democracia. Pero nosotros, marxistas y
bolcheviques, considerábamos la guerra de los rifeños contra la
dominación Francesa como una guerra progresista. Lenin ha escrito
centenares de páginas para demostrar la necesidad capital de
distinguir las naciones imperialistas de las colonias y semicolonias,
que constituyen la mayor parte de la humanidad. Hablar de derrotismo
revolucionario en general, sin distinguir entre países opresores y
oprimidos, es hacer del bolchevismo una caricatura grotesca y
miserable y poner esta caricatura a1 servicio del imperialismo. En el
Extremo Oriente tenemos un ejemplo clásico. China es un país
semicolonial, que el Japón ante nuestros ojos transforma en colonial.
La lucha de parte del Japón es imperialista y reaccionaria; la lucha
de parte de China es libertadora y progresista. Pero: ¿y Chiang Kai
Shek? Nosotros no tenemos ninguna necesidad de hacernos la menor
ilusión sobre él, sobre su partido y sobre toda la clase dirigente
china, lo mismo que Marx y Engels no se hacían ninguna ilusión sobre
las clases dirigentes de Irlanda y Polonia. Chian Kai Shek es un
opresor de los obreros y campesinos chinos y no tenemos necesidad de
que se nos lo recuerde. Pero hoy día está empujado, a pesar de su mala
voluntad, a hacer la guerra al imperialismo japonés por los restos de
la independencia china. Mañana puede traicionar nuevamente. Es
posible. Más aún, es inevitable. Pero hoy hace la guerra; la no
participación en esta guerra es cosa que sólo pueden hacerla los
cómodos, los canallas y los imbéciles completos. El patriotismo
japonés es la máscara del bandidaje mundial. El patriotismo chino es
legítimo y progresivo. Poner a los dos en el mismo plano y hablar de
social-patriotismo sólo puede hacerlo quien no ha leído nada de Lenin,
quien no ha comprendido la actitud de los. bolcheviques durante la
guerra imperialista y quien no puede más que comprometer y prostituir
las enseñanzas del marxismo.
"Afirman que nosotros hemos cambiado nuestra actitud en la cuestión
china sobre la guerra chino-japonesa. Es que estos pobres de espíritu
no han comprendido nuestra actitud en 1925-1927. Nosotros no negamos
jamás el deber para el Partido Comunista de participar en la guerra de
los burgueses y pequenoburgueses del sud contra los generales del
norte, agentes del imperialismo extranjero. Nosotros no negamos jamás
la necesidad de un bloque militar entre el partido comunista y Chiang
Kai Shek. Al contrario, nosotros fuimos los primeros en propiciarlo.
Pero propusimos que el partido comunista guardara toda su
independencia orgánica y política, es decir, que durante la guerra
civil contra los agentes internos del imperialismo, como durante la
guerra exterior contra el invasor extranjero, la vanguardia obrera,
permaneciendo en la primera línea del combate militar, preparara
políticamente el derrocamiento de la burguesía. Nosotros defendemos la
misma política durante la guerra actual. No cambiamos nuestra actitud
en nada. Participar activa y conscientemente en la guerra no significa
servir a Chiang Kai Shek, sino servir la independencia de un país
semicolonia1 a pesar de Chiang Kai Shek. Las palabras dirigidas contra
el Kuomintang son el instrumento de educación para las masas y
servirán para derrocar a Chiang Kai Shek. Participar en la lucha
militar bajo las ordenes de Chiang Kai Shek, puesto que es él quien
desgraciadamente tiene el poder en esta guerra por la independencia,
pero preparar políticamente el derrocamiento es la única política
revolucionaria. Estos señores oponen a esta política "nacional y
socialpatriótica" la política de la "lucha de clases". Durante toda su
vida Lenin combatió esta política abstracta y estéril. El interés del
proletariado mundial le dicta el deber de ayudar a los pueblos
oprimidos contra sus opresores, en su lucha nacional y patriótica
contra el imperialismo. Aquel que no ha comprendido esto hasta hoy,
casi un cuarto de siglo después de la guerra mundial y veinte años
después de la revolución de Octubre, debe ser implacablemente
apartado de la vanguardia revolucionaria como el peor enemigo
interior"
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[i] Duma del Estado, especie de Parlamento en Rusia
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Néstor Gorojovsky
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