[R-P] Una importante contribución para entender el Sudeste Asiático

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Jue Ene 6 23:30:53 MST 2011


Gentileza de Héctor Menéndez

Vietnam y su proceso de Doi Moi (renovación) nacional e internacional

Lunes 3 de enero de 2011 por CEPRID

Alberto Cruz

CEPRID

El próximo 12 de enero se va a celebrar el XI Congreso Nacional del
Partido Comunista de Vietnam (PCV), clave para el futuro del país y
ver si el proceso de Doi Moi (renovación) iniciado hace más de dos
décadas se encamina hacia la “transición al socialismo”, como se
planteó inicialmente, o consolida la deriva realizada en los tres
últimos años hacia una “economía de mercado de orientación
socialista”.

Con la aplicación del proceso de Doi Moi a nivel interno Vietnam ha
obtenido unos logros económicos más que notables, con un crecimiento
medio del 6’7% en su Producto Interior Bruto en la última década y
considerables avances sociales que están a punto de ser arrojados por
la borda si no se corrige el rumbo en este crucial congreso. En él no
sólo se va a dilucidar la lucha de poder actualmente existente entre
quienes apuestan por una mayor apertura hacia la inversión extranjera
y la explotación de los recursos naturales y quienes consideran que el
alcance de logros económicos no debe realizarse a expensas de los
logros sociales, sino que al mismo tiempo se adoptará una política
internacional en la que la relación con China jugará (a favor o en
contra) un papel primordial.

El Partido Comunista de Vietnam considera que el proceso de Doi Moi ha
sido un elemento central para hacer del país un referente no sólo
económico, sino político especialmente en el Sureste de Asia. Las dos
décadas que ha cumplido el proceso de Doi Moi ha supuesto que el país
se haya encaminado “hacia la senda del desarrollo”, como se lee en los
documentos presentados a este XI Congreso, y se establece que sólo una
profundización del mismo hará posible que Vietnam se centre en
“impulsar el desarrollo sostenible y la renovación integral a fin de
construir una nación próspera, equitativa y civilizada, promoviendo la
democracia y considerando al hombre como un factor clave en el
desarrollo nacional”. Unas palabras que podrían aparecer en cualquier
documento de cualquier congreso de cualquier partido en cualquier país
del mundo. Pero Vietnam es Vietnam y según el actual secretario
general del PCV, Nong Due Manh, “Vietnam aspira a establecer su base
económica fundamental del socialismo con una superestructura de
política, ideología y cultura a fin de construir una nación próspera”
y esa aspiración se concreta en la fecha de 2020, cuando Vietnam
considera será un país industrial moderno y asegurando mejores
condiciones de vida a la población. Para ello, en el próximo decenio
“se prestará la debida atención al desarrollo de la ciencia y la
tecnología, y el perfeccionamiento de las relaciones de producción en
línea con una economía de mercado de orientación socialista con un
alto sentido de independencia y autosuficiencia en el contexto de una
mayor integración internacional”.

Esta última parte es muy importante e indica que estamos ante un nuevo
Doi Moi, esta vez trascendiendo las fronteras y que será ratificado en
este congreso: lo que los dirigentes vietnamitas entienden como
“integración internacional”. Pero antes de profundizar en él, hay que
hacer referencia al Doi Moi nacional para situar al país en estos
momentos.

Los inicios del Doi Moi nacional

Su puesta en marcha fue relativamente temprana, en 1989, aún
existiendo la Unión Soviética, a raíz del VI Congreso Nacional del
PCV. En él se diseñó la “transición al socialismo” con la aprobación
de un documento marco en el que se lee que “según la ley de la
correspondencia entre las relaciones de producción y el carácter y
nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, el proceso de la
transformación socialista debe adoptar pasos y formas adecuadas. Las
experiencias prácticas demuestran que las fuerzas productivas no solo
están frenadas en el caso del atraso de las relaciones de producción,
sino también en la desincronización de las últimas con los elementos
que van más allá del nivel de desarrollo de las fuerzas productivas.
Las realidades de nuestro país exigen que se debe tomar en
consideración las formas económicas intermedias y transitorias para
avanzar del nivel inferior al superior, de la pequeña a la gran
envergadura" (1). Es decir, se reconocían las condiciones precarias
del país, recién salido de una serie de devastadoras guerras contra
los colonialistas franceses y estadounidenses, y se planteaban una
serie de etapas en las que partiendo del reconocimiento de la
existencia de diferentes estructuras económicas, especialmente en el
sur que estuvo bajo dominio y control de EEUU, se pretendía
estructurar la economía de manera gradual hasta lograr un tipo de
relaciones de producción socialistas.

Esta fase duró aproximadamente una década, hasta que en 1995 el
entonces presidente de EEUU, Bill Clinton, realizó su visita a
Vietnam, la primera de este nivel tras la finalización de la guerra en
1975. El fruto de la misma fue rápido: se normalizaron de inmediato
las relaciones entre ambos países. Eso significó, en la práctica, no
sólo que decenas de miles de ex combatientes estadounidenses llegaron
en masa a visitar los lugares donde combatieron, dando inicio así a un
turismo “a los lugares de la guerra” que permitió la entrada de
divisas al país, sino que se permitió a Vietnam iniciar el proceso de
incorporación a la Organización Mundial del Comercio (es miembro de
pleno derecho desde el año 2007) y acceder a préstamos de los
organismos internacionales. Pero eso no fue gratis. A cambio, Vietnam
dejaba de reclamar a EEUU el pago de las reparaciones de guerra
acordadas por Richard Nixon en 1973 en los Acuerdos de París que
supusieron el inicio de la retirada estadounidense y que, por cierto,
nunca fueron pagadas en esos más de veinte años transcurridos hasta la
visita de Clinton.

Había, por lo tanto, que readecuar el proceso de Doi Moi a los nuevos
tiempos, y así en 2001 se consideró necesario extender las relaciones
económicas y financieras con todos los países, los organismos
multilaterales y las empresas transnacionales. Eso supuso que el
capital internacional comenzase a fluir hacia Vietnam y el país
lograse un despegue económico espectacular. Sin embargo, no fue como
en otros lugares del sudeste asiático. Los dirigentes vietnamitas
tuvieron mucho cuidado en proteger a la población estableciendo, por
ejemplo, líneas de crédito para pequeñas y medianas empresas o
acelerando el ritmo de las inversiones públicas en grandes proyectos
de infraestructura para garantizar el puesto de trabajo de la gran
masa de vietnamitas. Por no olvidar un hecho muy relevante: la puesta
en marcha de un programa de vivienda social que desactivó de raíz
cualquier atisbo de rebelión por las medidas económicas.

Esto permitió a Vietnam afrontar mucho mejor que los otros “tigres
asiáticos” la crisis económica y la comparación puede llegar hasta los
mismísimos países ricos. El Banco Mundial reconoce que el impacto de
la crisis en Vietnam supuso para el país una reducción del 37% en su
tasa de crecimiento, porcentaje que se eleva hasta el 137% en el caso
de Malasia, el 155% en el caso de Tailandia o el 219% de EEUU, el 224%
de la Europa del euro y el 335% de Japón (2).

Los datos podían haber sido mucho mejores de no ser por un fenómeno
que se está generalizando en el país: la corrupción. La realización de
grandes obras de infraestructura, no siempre con lógica social, ha
favorecido la aparición de una élite política que lo ha fiado todo a
este modelo de desarrollo y que se está enriqueciendo con él,
especialmente en el ámbito más local. Al mismo tiempo, ello ha servido
para que dentro del PCV haya cogido fuerza una corriente que comienza
a cuestionar este proceso y que ya ha logrado una primera y simbólica
victoria: la Asamblea Nacional ha paralizado el macroproyecto de
construcción de un tren de alta velocidad entre Hanoi y Ho Chi Minh
(1.700 kilómetros) cuyo costo suponía nada más y nada menos que el 60%
del PIB de Vietnam y en el que tenía un interés preferente Japón
puesto que aportaba la tecnología. La votación lo dice todo: 178
diputados se opusieron al macroproyecto frente a 157 que votaron a
favor (3). Dado que la práctica totalidad de los diputados son
miembros del PCV –aunque hay unos pocos independientes, cercanos auque
no militantes del PCV-, lo ajustado de la votación pone de manifiesto
lo dicho más arriba e indica, al mismo tiempo, la batalla que se
librará en el XI Congreso Nacional del 12 de enero.

Esto pone de manifiesto, al mismo tiempo, la realidad que se vive hoy
en Vietnam. Una visita al país lo refleja en pequeñas cosas como ese
poema colgado en la parte trasera de la puerta de la habitación del
hotel en el que se lee, entre otras cosas que hablan de la realidad
nacional, que “las piedras se están ablandando”. Tenga o no simbolismo
este verso, y tal vez sacado de contexto, lo cierto es que deambular
por Hanoi es hacerlo entre hoteles y centenares de bloques de casas en
construcción. La capital de Vietnam es una ciudad que está viviendo un
enorme proceso de expansión que cuadruplicará su tamaño actual (tiene
unos 3’5 millones de habitantes) y está absorbiendo a las provincias
vecinas, dicen que para preparar la capital para ese 2020 que se ha
convertido en el icono del paradigma desarrollista junto a las tiendas
Gucci que ya se comienzan a ver con profusión en Hanoi.

Y junto a este desarrollismo a gran escala, la gente de la calle
afronta con una mezcla de curiosidad e interés los prolegómenos del XI
Congreso del PCV con referencias a lo que ha sido “la época
comunista”, un término desconcertante puesto que se refieren a los
años pasados como si, efectivamente, hubiesen pasado definitivamente y
como si el PCV ya no estuviese en el poder o, al menos, que no fuese
ya el PCV de hace unos años. No es que lo critiquen, es que lo
trascienden porque, por encima de todo, está Vietnam y, como decía Ho
Chi Minh, “el derecho a no rendirse nunca”. Y en esta frase parece que
se encierra esa lucha interna que se desarrollará en esta crucial cita
congresual, donde también habrá una renovación entre los dirigentes.

En esta renovación que se presume hay unos cuantos dirigentes actuales
que pueden verse relegados. Es el caso del actual secretario general
del PCV, Nong Due Manh, del primer ministro, Nguyen Tan Dung y de los
ministros de Planificación e Inversiones, Vo Hong Phuc, y de
Transporte, Ho Nghia Dung, entre otros. Para candidato a nuevo
secretario general se menciona en la calle a Nguyen Phu Trong, miembro
del Buró Político del PCV y presidente del Comité Permanente de la
Asamblea Nacional. Si finalmente se confirma, será la demostración
palpable de que la rebelión interna frente a los planteamientos
desarrollistas y “prooccidentales” –con el caso del tren de alta
velocidad como ejemplo, puesto que, además, se considera a Tan Dung
como alguien próximo a Japón- pierden terreno en favor de los sectores
más “hochiminhistas”, por denominarlos de alguna manera, defensores a
ultranza de la independencia del país frente a las potencias
extranjeras.

El Doi Moi internacional

Este será el gran caballo de batalla de este XI Congreso, puesto que
en la actual dirección del PCV hay un amplio sector que no ve con
buenos ojos el ascenso de China como superpotencia mientras que otros
creen que no se puede obviar al gran vecino. No obstante, ambos
sectores critican, de forma concreta, las pretensiones hegemónicas de
este país en la parte meridional del Mar de China (los vietnamitas
llaman a esta zona el Mar del Este). La expansión naval de China en
estas aguas y las afirmaciones de Beijing en el sentido de que esta
zona es de interés vital para ellos ha llevado a Vietnam a alinearse
con las tesis de Japón y Corea del Sur, reclamando a EEUU un “paraguas
de seguridad” que permita controlar el “expansionismo” chino. Así
quedó reflejado en la reciente cumbre de la Asociación de Naciones del
Sudeste Asiático (ASEAN) celebrada precisamente en Hanoi en el pasado
mes de octubre (4).

Esta posición “anti china” se debe a que en los últimos años se han
recrudecido las controversias territoriales y, sobre todo, marítimas
entre Vietnam y China centradas en las islas conocidas como Spratly
(Truong Sa para los vietnamitas, Nansha para los chinos) y por las que
ya en 1988 se produjo un enfrentamiento militar entre los dos países,
así como otros no reconocidos –ataques a pesqueros, sobre todo- en
2005 y 2008. No olvidan tampoco que China y Vietnam se enfrentaron en
una breve guerra fronteriza en 1979. Y tal vez por ello, son los
militares los más reacios a normalizar las relaciones con China,
teniendo al mítico general Vo Gguyen Giap, ya centenario, como uno de
los abanderados al menos en un aspecto no menor: el rechazo a la
explotación de bauxita en las montañas centrales del país por parte de
la empresa estatal china Chinalco.

Sin embargo, y de forma paralela, también son los militares los más
críticos con el camino trazado por los desarrollistas
“prooccidentales” y sus megaproyectos, puesto que entienden que son
proyectos caros, sin una sustentabilidad económica y a veces no social
–de nuevo con el tren de alta velocidad como ejemplo, que no estaría
al alcance más que de los extranjeros y privilegiados, y que los
militares criticaron argumentando que las inversiones en
infraestructuras deben centrarse en resolver los problemas
socioeconómicos del país como vivienda, comunicaciones y energía- que
desvían fondos que deberían ir para los programas de modernización de
las fuerzas armadas.

Lo que los militares del Ejército Popular de Vietnam proponen es un
mayor acercamiento a Rusia, puesto que recuerdan el apoyo que
recibieron de la Unión Soviética y entienden que una profundización de
la relación con Moscú proporcionaría a Vietnam una cobertura adicional
contra China en un momento en que Rusia se distancia de China (5) al
tiempo que contribuiría a la modernización de las fuerzas armadas.
Para ello, los militares han propuesto que Rusia pueda alojar una base
de submarinos en la bahía de Cam Ranh (donde durante la guerra los
EEUU tuvieron una de sus principales bases navales, por la profundidad
de sus aguas), un caramelo que gusta mucho en Moscú puesto que le
daría acceso al Mar de China, una zona caliente geopolíticamente
hablando y de la que está ausente y donde hay importantes reservas de
petróleo y gas.

Estos aspectos serán definitorios del rumbo que va a adoptar China en
el ámbito internacional en la próxima década, repercutiendo también en
el nacional. Si se mantiene la correlación de fuerzas actual, serán
potencias como Japón (con quien ya hay acuerdos en materia de
seguridad, comercio y ayuda al desarrollo), Rusia e India, este país
en menor medida, quienes se conviertan en los principales
beneficiarios de la estrategia desarrollista de Vietnam. Sin olvidar
la estrecha relación que hay ya con EEUU. Por el contrario, si en este
XI Congreso hay un cambio de rumbo eso significará que se es
consciente que no se puede hacer nada en esta parte de Asia sin el
beneplácito de China, aunque no les guste demasiado a los vietnamitas.
Es el viejo dicho de que una cosa es la geopolítica –ese acercamiento
a EEUU y a otras potencias regionales- y otra la geografía. Un
dirigente del PCV dijo a este analista que “los amigos lejanos son
agradables y útiles, pero el paisaje es el que es y hay que adaptarse
a él si se quiere sobrevivir”. En otras palabras, Vietnam no puede ser
ajeno al auge de China como superpotencia política, económica y
militar y debe intentar reconciliarse con este gigante si quiere
cumplir su meta de ser un país desarrollado e industrial para el 2020.

Tal vez por ello, en estas fechas se está celebrando el 60 aniversario
de la “amistad” entre los dos países, el establecimiento de relaciones
diplomáticas. Es como si se estuviese preparando al país para lo que
pueda pasar a partir del 12 de enero. Y un aspecto que va a servir
para limar asperezas es la participación conjunta en la explotación de
las denominadas “tierras raras”, así denominadas por contener metales
hasta hace poco tiempo difíciles de separar y que raramente eran
utilizados para algo pero que ahora se han convertido en
imprescindibles para la alta tecnología civil y militar en aspectos
que van desde los móviles o los ordenadores al guiado de misiles y
cohetes y son metales como el cerio, itrio, neodimio, disprosio,
europio (presente en la Luna), gadolinio, bastnasita, didimio, etc.

China proporciona el 90% del mercado mundial de estos minerales,
mientras que en Vietnam se han descubierto reservas importantes que
hacen que estos dos países cubran, de hecho, el 100% del comercio
mundial de estos minerales en estos momentos. Como las reservas chinas
han sufrido una importante reducción por la extracción masiva en los
últimos años y ahora China está imponiendo una “moratoria” en la
exportación para dedicarles a las necesidades internas como
superpotencia, las reservas de Vietnam cobran un mayor relieve aunque
los chinos van muy por delante en cuanto a la tecnología para su
extracción y procesamiento.

Notas:

(1) Informe Político del Comité Central del Partido Comunista de Vietnam al VI

Congreso Nacional. Diciembre de 1986.

(2) Banco Mundial. Impacto de la crisis en el crecimiento (2007-2009).

(3) Asia Times, 20 de junio de 2010.

(4) Xinhua, 30 de octubre de 2010.

(5) Alberto Cruz, “La deriva prooccidental de Rusia en el
enfrentamiento Medvedev-Putin”
http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1010

Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor.

albercruz en eresmas.com


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