[R-P] El levantamiento espartaquista
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mar Ene 4 18:56:55 MST 2011
Hace hoy 91 años se producía el levantamiento espartaquista en Berlín.
Diez días después, aplastada la revolución obrera alemana, Rosa
Luxemburgo era asesinada por las "fuerzas del orden" enviadas por el
socialismo democrático alemán de Noske.
Lo que sigue, Rosa Luxemburgo lo escribió un día antes de morir:
Fuente: http://www.marxists.org/espanol/luxem/01_19.htm
Rosa Luxemburg
EL ORDEN REINA EN BERLIN
(14 de enero de 1919)
[Escrito en alemán por Rosa Luxemburgo el 14 de enero de 1919, la
víspera de ser asesinada por los soldados de la Caballería de la
Guardia d el Gobierno del SPD. Editado digitalmente para la Red Vasca
Roja, con cuyo permiso aparece aquí, por Justo de la Cueva en mayo de
1997. Formato recodificado para el MIA por Juan R. Fajardo en octubre
de 1999.]
"El orden reina en Varsovia", anunció el ministro Sebastiani a la
Cámara de París en 1831 cuando, después de haber lanzado su terrible
asalto sobre el barrio de Praga, la soldadesca de Paskievitch había
entrado en la capital polaca para dar comienzo a su trabajo de
verdugos contra los insurgentes.
"¡El orden reina en Berlín!", proclama triunfante la prensa burguesa,
proclaman Ebert y Noske, proclaman los oficiales de las "tropas
victoriosas2 a las que la chusma pequeñoburguesa de Berlín acoge en
las calles agitando sus pañuelos y lanzando sus ¡hurras! La gloria y
el honor de las armas alemanas se han salvado ante la historia
mundial. Los lamentables vencidos de Flandes y de las Ardenas han
restablecido su renombre con una brillante victoria sobre...los 300
"espartaquistas" del Vorwärts. Las gestas del primer y glorioso avance
de las tropas alemanas sobre Bélgica, las gestas del general von
Emmich, el vencedor de Lieja, palidecen ante las hazañas de Reinhardt
y Cía., en las calles de Berlín. Parlamentarios que habían acudido a
negociar la rendición del Vorwärts asesinados, destrozados a golpes de
culata por la soldadesca gubernamental hasta el punto de que sus
cadáveres eran completamente irreconocibles, prisioneros colgados de
la pared y asesinados de tal forma que tenían el cráneo roto y la masa
cerebral esparcida: ¿quién piensa ya a la vista de estas gloriosas
hazañas en las vergonzosas derrotas ante franceses, ingleses y
americanos? "Espartaco" se llama el enemigo y Berlín el lugar donde
nuestros oficiales entienden que han de vencer. Noske, el "obrero", se
llama el general que sabe organizar victorias allí donde Ludendorff ha
fracasado.
¿Cómo no pensar aquí en la borrachera de victoria de la jauría que
impuso el "orden" en París, en la bacanal de la burguesía sobre los
cadáveres de los luchadores de la Comuna? ¡Esa misma burguesía que
acaba de capitular vergonzosamente ante los prusianos y de abandonar
la capital del país al enemigo exterior para poner pies en polvorosa
como el último de los cobardes! Pero frente a los proletarios de
París, hambrientos y mal armados, contra sus mujeres e hijos
indefensos, ¡cómo volvía a florecer el coraje viril de los hijitos de
la burguesía, de la "juventud dorada", de los oficiales! ¡Cómo se
desató la bravura de esos hijos de Marte humillados poco antes ante el
enemigo exterior ahora que se trataba de ser bestialmente crueles con
indefensos, con prisioneros, con caídos!
"¡El orden reina en Varsovia!", "¡El orden reina en París!", "¡El
orden reina en Berlín!", esto es lo que proclaman los guardianes del
"orden" cada medio siglo de un centro a otro de la lucha
histórico-mundial. Y esos eufóricos "vencedores" no se percatan de que
un "orden" que periódicamente ha de ser mantenido con esas carnicerías
sangrientas marcha ineluctablemente hacia su fin. ¿Qué ha sido esta
última "Semana de Espartaco" en Berlín, qué hatraído consigo, qué
enseñanzas nos aporta? Aun en medio de la lucha, en medio del clamor
de victoria de la contrarrevolución han de hacer los proletarios
revolucionarios el balance de lo acontecido, han de medir los
acontecimientos y sus resultados según la gran medida de la historia.
La revolución no tiene tiempo que perder, la revolución sigue
avanzando hacia sus grandes metas aún por encima de las tumbas
abiertas, por encima de las "victorias" y de las "derrotas". La
primera tarea de los combatientes por el socialismo internacional es
seguir con lucidez sus líneas de fuerza, sus caminos.
¿Podía esperarse una victoria definitiva del proletariado
revolucionario en el presente enfrentamiento, podía esperarse la caída
de los Ebert-Scheidemann y la instauración de la dictadura socialista?
Desde luego que no si se toman en consideración la totalidad de los
elementos que deciden sobre la cuestión. La herida abierta de la causa
revolucionaria en el momento actual, la inmadurez política de la masa
de los soldados, que todavía se dejan manipular por sus oficiales con
fines antipopulares y contrarrevolucionarios, es ya una prueba de que
en el presente choque no era posible esperar una victoria duradera de
la revolución. Por otra parte, esta inmadurez del elemento militar no
es sino un síntoma de la inmadurez general de la revolución alemana.
El campo, que es de donde procede un gran porcentaje de la masa de
soldados, sigue sin estar apenas tocado por la revolución. Berlín
sigue estando hasta ahora prácticamente asilado del resto del país. Es
cierto que en provincias los centros revolucionarios -Renania, la
costa norte, Braunschweig, Sajonia, Württemberg- están con cuerpo y
alma al lado de los proletarios de Berlín. Pero lo que sobre todo
falta es coordinación en la marcha hacia adelante, la acción común
directa que le daría una eficacia incomparablemente superior a la
ofensiva y a la rapidez de movilización de la clase obrera berlinesa.
Por otra parte, las luchas económicas, la verdadera fuerza volcánica
que impulsa hacia adelante la lucha de clases revolucionaria, están
todavía -lo que no deja de tener profundas relaciones con las
insuficiencias políticas de la revolución apuntadas- en su estadio
inicial.
De todo esto se desprende que en este momento era imposible pensar en
una victoria duradera y definitiva. ¿Ha sido por ello un "error" la
lucha de la última semana? Sí, si se hubiera tratado meramente de una
"ofensiva " intencionada, de lo que se llama un "putsch". Sin embargo,
¿cuál fue el punto de partida de la última semana de lucha? Al igual
que en todos los casos anteriores, al igual que el 6 de diciembre y el
24 de diciembre: ¡una brutal provocación del gobierno! Igual que el
baño de sangre a que fueron sometidos manifestantes indefensos de la
Chausseestrasse e igual que la carnicería de los marineros, en esta
ocasión el asalto a la jefatura de policía de Berlín fue la causa de
todos los acontecimientos posteriores. La revolución no opera como le
viene en gana, no marcha en campo abierto, según un plan
inteligentemente concebido por los "estrategas". Sus enemigos también
tienen la iniciativa, sí, y la emplean por regla general más que la
misma revolución.
Ante el hecho de la descarada provocación por parte de los
Ebert-Scheidemann, la clase obrera revolucionaria se vió obligada a
recurrir a las armas. Para la revolución era una cuestión de honor dar
inmediatamente la más enérgica respuesta al ataque, so pena de que la
contrarrevolución se creciese con su nuevo paso adelante y de que las
filas revolucionarias del proletariado y el crédito moral de la
revolución alemana en la Internacional sufriesen grandes pérdidas.
Por lo demás, la inmediata resistencia que opusieron las masas
berlinesas fue tan espontánea y llena de una energía tan evidente que
la victoria moral estuvo desde el primer momento de parte de la
"calle".
Pero hay una ley vital interna de la revolución que dice que nunca hay
que pararse, sumirse en la inacción, en la pasividad después de haber
dado un primer paso adelante. La mejor defensa es el ataque. Esta
regla elemental de toda lucha rige sobre todos los pasos de la
revolución. Era evidente -y haberlo comprendido así testimonia el sano
instinto, la fuerza interior siempre dispuesta del proletariado
berlinés- que no podía darse por satisfecho con reponer a Eichhorn en
su puesto. Espontáneamente se lanzó a la ocupación de otros centros de
poder de la contrarrevolución: la prensa burguesa, las agencias
oficiosas de prensa, el Vorwärts. Todas estas medidas surgieron entre
las masas a partir del convencimiento de que la contrarrevolución, por
su parte, no se iba a conformar con la derrota sufrida, sino que iba a
buscar una prueba de fuerza general.
Aquí también nos encontramos ante una de las grandes leyes históricas
de la revolución frente a la que se estrellan todas las habilidades y
sabidurías de los pequeños "revolucionarios" al estilo de los del USP,
que en cada lucha sólo se afanan en buscar una cosa, pretextos para la
retirada. Una vez que el problema fundamental de una revolución ha
sido planteado con total claridad -y ese problema es en esta
revolución el derrocamiento del gobierno Ebert-Scheidemann, en tanto
que primer obstáculo para la victoria del socialismo- entonces ese
problema no deja de aparecer una y otra vez en toda su actualidad y
con la fatalidad de una ley natural; todo episodio aislado de la lucha
hace aparecer el problema con todas sus dimensiones por poco preparada
que esté la revolución para darle solución, por poco madura que sea
todavía la situación. "¡Abajo Ebert-Scheidemann!", es la consigna que
aparece inevitablemente a cada crisis revolucionaria en tanto que
única fórmula que agota todos los conflictos parciales y que, por su
lógica interna, se quiera o no, empuja todo episodio de lucha a su mas
extremas consecuencias.
De esta contradicción entre el carácter extremo de las tareas a
realizar y la inmadurez de las condiciones previas para su solución en
la fase inicial del desarrollo revolucionario resulta que cada lucha
se salda formalmente con una derrota. ¡Pero la revolución es la única
forma de "guerra" -también es ésta una ley muy peculiar de ella- en la
que la victoria final sólo puede ser preparada a través de una serie
de "derrotas"!
¿Qué nos enseña toda la historia de las revoluciones modernas y del
socialismo? La primera llamarada de la lucha de clases en Europa, el
levantamiento de los tejedores de seda de Lyon en 1831, acabó con una
severa derrota. El movimiento cartista en Inglaterra también acabó con
una derrota. La insurrección del proletariado de París, en los días de
junio de 1848, finalizó con una derrota asoladora. La Comuna de París
se cerró con una terrible derrota. Todo el camino que conduce al
socialismo -si se consideran las luchas revolucionarias- está sembrado
de grandes derrotas.
Y, sin embargo, ¡ese mismo camino conduce, paso a paso,
ineluctablemente, a la victoria final! ¡Dónde estaríamos nosotros hoy
sin esas "derrotas", de las que hemos sacado conocimiento, fuerza,
idealismo! Hoy, que hemos llegado extraordinariamente cerca de la
batalla final de la lucha de clases del proletariado, nos apoyamos
directamente en esas derrotas y no podemos renunciar ni a una sola de
ellas, todas forman parte de nuestra fuerza y nuestra claridad en
cuanto a las metas a alcanzar.
Las luchas revolucionarias son justo lo opuesto a las luchas
parlamentarias. En Alemania hemos tenido, a lo largo de cuatro
decenios, sonoras "victorias" parlamentarias, íbamos precisamente de
victoria en victoria. Y el resultado de todo ello fue, cuando llegó el
día de la gran prueba histórica, cuando llegó el 4 de agosto de 1914,
una aniquiladora derrota política y moral, un naufragio inaudito, una
bancarrota sin precedentes. Las revoluciones, por el contrario, no nos
han aportado hasta ahora sino graves derrotas, pero esas derrotas
inevitables han ido acumulando una tras otra la necesaria garantía de
que alcanzaremos la victoria final en el futuro.
¡Pero con una condición! Es necesario indagar en qué condiciones se
han producido en cada caso las derrotas. La derrota, ¿ha sobrevenido
porque la energía combativa de las masas se ha estrellado contra las
barreras de unas condiciones históricas inmaduras o se ha debido a la
tibieza, a la indecisión, a la debilidad interna que ha acabado
paralizando la acción revolucionaria?
Ejemplos clásicos de ambas posibilidades son, respectivamente, la
revolución de febrero en Francia y la revolución de marzo alemana. La
heroica acción del proletariado de París en 1848 ha sido fuente viva
de energía de clase para todo el proletariado internacional. por el
contrario las miserias de la revolución de marzo en Alemania han
entorpecido la marcha de todo el moderno desarrollo alemán igual que
una bola de hierro atada a los pies. Han ejercido su influencia a lo
largo de toda la particular historia de la Socialdemocracia oficial
alemana llegando incluso a repercutir en los más recientes
acontecimientos de la revolución alemana, incluso en la dramática
crisis que acabamos de vivir.
¿Qué podemos decir de la derrota sufrida en esta llamada Semana de
Espartaco a la luz de las cuestiones históricas aludidas más arriba?
¿Ha sido una derrota causada por el ímpetu de la energía
revolucionaria chocando contra la inmadurez de la situación o se ha
debido a las debilidades e indecisiones de nuestra acción?
¡Las dos cosas a la vez! El carácter doble de esta crisis, la
contradicción entre la intervención ofensiva, llena de fuerza,
decidida, de las masa berlinesas y la indecisión, las vacilaciones, la
timidez de la dirección ha sido uno de los datos peculiares del más
reciente episodio.
La dirección ha fracasado. Pero la dirección puede y debe ser creada
de nuevo por las masas y a partir de las masas. Las masas son lo
decisivo, ellas son la roca sobre la que se basa la victoria final de
la revolución. Las masas han estado a la altura, ellas han hecho de
esta "derrota" una pieza más de esa serie de derrotas históricas que
constituyen el orgullo y la fuerza del socialismo internacional. Y por
eso, del tronco de esta "derrota" florecerá la victoria futura.
"¡El orden reina en Berlín!", ¡esbirros estúpidos! Vuestro orden está
edificado sobre arena. La revolución, mañana ya "se elevará de nuevo
con estruendo hacia lo alto" y proclamará, para terror vuestro, entre
sonido de trompetas:
¡Fui, soy y seré!
--
Néstor Gorojovsky
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