[R-P] [Marcelo Gullo] El país que soñó Sarmiento.

Gustavo Battistoni gustavo.battistoni en gmail.com
Mar Feb 15 21:39:53 MST 2011


El país que soñó Sarmiento

Por Marcelo Gullo*


Hoy 15 de febrero se cumplen 200 años del nacimiento del “Maestro de
América”, don Domingo Faustino Sarmiento. “Sarmiento el soñador, sigue
soñándonos”, escribió en una ocasión Borges, quizás, porque el país
que imaginó Sarmiento en el siglo XIX, era el mismo que Borges quería
ver restaurado en pleno siglo XX, luego de la caída, en septiembre de
1955, del  “segundo tirano”. Pero, con qué país soñó el ilustre
sanjuanino. Dejemos, en lo posible, que el mismo  Sarmiento nos lo
relate

Fue Domingo Faustino Sarmiento quien preguntándose qué cosa era
“civilización” y qué “barbarie”, definió que “civilización” era el
idioma inglés y, “barbarie” el castellano. “Barbarie” era, para “el
Maestro de “América”, todo lo autóctono, por el solo hecho de serlo y,
por supuesto - y he ahí el punto que más le interesaba a Inglaterra-
“civilización” era la aceptación a rajatabla de la teoría del
liberalismo económico salvaje y del libre cambio absoluto. Fue
Sarmiento el más brillante propagandista argentino de la teoría del
libre cambio y la división internacional del trabajo. Al respecto,
Manuel Gálvez, en su biografía de Sarmiento, escribe: “Nadie escribió
tanto como él a favor del comercio libre, y aun fue el primero en
hacerlo. Cuando cayó Rosas y con él su ley de Aduanas, nuestras
industrias se arruinaron. Ya he dicho que solamente en Buenos Aires
había ciento seis fábricas y setecientos cuarenta y tres talleres y
que  la industria del tejido florecía asombrosamente en las
provincias. El comercio libre significó la entrada, con
insignificantes derechos aduaneros, de los productos manufacturados
ingleses, con los que no podían competir los nuestros. Y la industria
argentina murió.”

A tal punto llegó el desprecio por lo autóctono en la mentalidad de
Sarmiento- conquistada por el imperialismo cultural anglosajón - que
llegó a aconsejar, durante las guerras civiles desarrolladas en
Argentina, que: “...no se ahorrara sangre de gaucho, porque era lo
único que tenían de humano...” y que este, el gaucho, “... sólo servía
para estiércol de la pampa”

Importa destacar que su desprecio por el gaucho solo fue superado por
el que sentía hacia la población indígena. El 27 de septiembre de 1844
escribió en el diario “El Progreso”: “Por los salvajes de América
sentimos una invencible repugnancia sin poderlo remediar; y para
nosotros, Colocolo, Lautaro, Caupolicán, no son más que indios
asquerosos a quienes habríamos hechos colgar y mandaríamos colgar
ahora mismo si reapareciesen.”  Años después escribía en “El
Nacional”, del 19 de mayo de 1857: “Logramos exterminar a los indios?
: Lautaro, Rengo, y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así
son todos. Incapaces del progreso. El exterminio de esa canalla es
providencial y útil, sublime y grande... Se les debe exterminar sin ni
siquiera perdonar al pequeño que tiene ya, el odio instintivo al
hombre civilizado.”

Era  seguramente el país con que soñó Sarmiento un país democrático:
“Los gauchos que se resistieron a votar por nuestros candidatos
–exclamó exultante Sarmiento el 17 de junio de 1857- fueron puestos en
el cepo o enviados a las fronteras con los indios y quemados sus
ranchos. Bandas de soldados armados recorrían las calles acuchillando
y persiguiendo a los opositores. Tal fue el terror que sembramos que
el día 29 triunfamos sin oposición”.

Era seguramente, también, el país con que soñó Sarmiento un país donde
debía reinar la justicia social: “Las Cámaras no deben votar partidas
para la caridad pública  -sostuvo Sarmiento, el 13 de septiembre de
1859 en el Senado de la Provincia de Buenos Aires- porque la caridad
cristiana no es del dominio del Estado. El Estado no tiene caridad, no
tiene alma...Si los pobre se han de morir que se mueran...El mendigo
es como la hormiga. Recoge los desperdicios. De manera que es útil sin
necesidad que se le dé dinero...¿Qué importa que el Estado deje morir
al que no puede vivir por causa de sus defectos? Los huérfanos son los
últimos seres de la sociedad; no se les debe dar más de comer.”

(*) Doctor en Ciencia Política por la Universidad del Salvador,
Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Rosario,
graduado en Estudios Internacionales por la Escuela Diplomática de
Madrid, obtuvo el Diploma de Estudios Superiores (Maestría) en
Relaciones Internacionales, especialización en Historia y Política
Internacional, por el Institut Universitaire de Hautes Etudes
Internationales, de Ginebra. Discípulo del politólogo brasileño Helio
Jaguaribe y del sociólogo y teólogo uruguayo Alberto Methol Ferré, ha
publicado numerosos artículos y libros, entre ellos Argentina Brasil:
La gran oportunidad (prólogo de Helio Jaguaribe y epílogo de Alberto
Methol Ferré) y La insubordinación fundante: Breve historia de la
construcción del poder de las naciones (prólogo de Helio Jaguaribe).,
asesor en materia de Relaciones Internacionales de la Federación
Latinoamericana de Trabajadores de la Educación y la Cultura (FLATEC)
y profesor de la UNLa




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