[R-P] Declaración de principios del "Centro de Estudios Históricos, Políticos y Sociales “Felipe Varela”"

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Sab Dic 31 05:46:24 MST 2011


[Sobre cómo deben hacerse las cosas cuando uno sinceramente desea
promover algo más que la propia figura, sin deformar la ajena ni
subirse a algún carro del que tiran otros...

En otros tiempos, la Izquierda Nacional supo librar grandes batallas
contra el mitromarxismo. Ahora, es un triunfo del mitro-menemismo el
que no haya en este momento buenas relaciones entre dos centros de
estudios históricos con objetivos parecidos (no idénticos).

Cada cual sabrá lo que hizo para que esto sucediera.]

Centro de Estudios Históricos, Políticos y Sociales “Felipe Varela”
Diciembre de 2011

Los abajo firmante, convencidos de que estamos viviendo momentos de
profunda transformación en nuestra Patria, como asimismo en la mayor
parte de  nuestra América Latina y el Caribe, coincidimos en la
necesidad de agruparnos en un Centro de investigación histórico-social
capaz de profundizar la investigación y reinterpretar  nuestro pasado,
como requisito indispensable para colaborar en la marcha hacia un
futuro de justicia e igualdad para todos. No será tarea menor el
estudio y señalamiento de procedimientos y mecanismos inherentes a la
cultura de la dominación cuya finalidad reside en la colonización
intelectual de quienes se supone deben sujetarse a los dictados de
aquella.
Durante mucho tiempo ha prevalecido tanto aquí como en otras regiones
de la Patria Grande, una interpretación del pasado elaborada desde la
perspectiva de las clases dominantes ligadas a los intereses
imperialistas. Así se nos construyeron héroes falsos con personajes
que fueron represores del pueblo y  entregadores de nuestros recursos
y nuestra soberanía  quienes, en defensa de sus  privilegios,
trabajaron en contra de nuestro progreso, y la justicia social. Esas
minorías oligárquicas monopolizaron la información, controlaron las
academias, colocaron sus apellidos en las calles y las plazas,
impusieron sus falsedades en los colegios, en fin, crearon
mentalidades coloniales para reasegurar nuestra condición semicolonial
respecto a los imperios de turno.
Hubo sí, resistencia nacional, pero ocurrió que cuando los movimientos
nacionales llegaron al poder, la revisión de la ideología colonialista
no pudo lograrse en profundidad. A veces, se produjo una revisión con
fuerte desviacionismo clerical que criticaba el presente pero
idealizando el pasado. Ese nacionalismo de derecha fue denunciado por
FORJA porque no era el canto de los padres frente a la cuna del hijo
mirando al futuro, sino el rezo del hijo frente a la tumba del padre
añorando el ayer. Otras veces, se nos trampeó planteando la discusión
acerca de un solo personaje histórico, ya fuese para exaltarlo o para
denigrarlo, en la vieja interpretación de Carlyle de que la Historia
la hacen los grandes hombres y no los vastos y heterogéneos grupos
humanos que componen las denigradas masas populares. O se redujeron
los cambios a rectificar dos o tres sucesos importantes aislados, en
el camino de la historia fragmentada que enseña minuciosamente los
caracteres del árbol a condición de hurtarnos la visión general del
boque. Así, discutimos últimamente acerca de una estatua en base a uno
o dos sucesos, sin analizar profundamente las condiciones
socio-políticos que condujeron a esos hechos, ni tampoco los ocurridos
posteriormente que permitirían echar una luz más clara y correcta
sobre el suceso analizado.
Nosotros creemos que ya es hora de afirmar contundentemente que
nuestra historia tiene un protagonista fundamental que está
constituido por nuestras masas populares, cuya lucha contra las
minorías esclavizadoras, represoras y entreguistas vinculadas a
poderes extranacionales, son las que han permitido el progreso
histórico de nuestros países. Y que esa lucha debe ser vista en su
continuidad, entendiendo como las masas populares, a través de
distintos movimientos y hombres que han sabido representarlas, son las
que han dado los mejores días a nuestras patrias chicas y a nuestra
Patria Grande.
Ese protagonismo popular vive desde los pueblos originarios contra los
conquistadores, desde los “chisperos” de la plaza de Mayo en 1810
contra la burocracia virreinal, desde las comunidades del Alto Perú
contra la opresión y después, en las republiquetas contra el
absolutismo, en la misma línea de los gauchos del noroeste y del
artiguismo en la Banda Oriental. También en la lucha de indios, negros
y mestizos que integraron el ejército libertador latinoamericano que
llegó hasta el Perú tras el objetivo de la Patria Grande libre y
unida. Igualmente, en la lucha de las montoneras, especialmente las
del interior - desocupados en armas a causa de la libre importación de
las mercaderías inglesas impulsada por la burguesía comercial porteña-
y que exigían asimismo su participación en las rentas aduaneras del
puerto de Buenos Aires, como también de aquellos hombres del
autonomismo nacional del interior que pelearon en el 1880 para evitar
el secesionismo bonaerense que pretendía constituirse en otro país con
su puerto y su aduana desprendiéndose de lo que llamaban
despectivamente “los catorce ranchos”. Fueron después las denigradas
chusmas yrigoyenistas que se levantaron una y otra vez para conquistar
el sufragio libre y cercenar los privilegios del régimen “falaz y
descreído” de la oligarquía conservadora y lo fueron también los
calificados como “cabecitas negras” que se adueñaron de la Plaza
histórica el 17 de octubre de 1945 para rescatar a quien había
defendido sus derechos desde la Secretaría de Trabajo y Previsión,
para dar paso a una experiencia nacional de nacionalizaciones,
planificación y deuda externa cero. Lo fueron también en la
resistencia y los estallidos sociales desde el Cordobazo en adelante y
a través de la juventud, en su mayor parte, de la clase media, que
sostuvo, más allá de lo discutible de sus tácticas, la propuesta de
“la liberación nacional en el camino del socialismo nacional” contra
la dictadura entregada a los yanquis, como también lo expresaron las
heroicas Madres de Plaza de Mayo erguidas con coraje frente a la
dictadura genocida. Al mismo tiempo, obreros, campesinos, pueblos
originarios y sacerdotes populares, así como también soldados
nacionales y pequeña burguesías revolucionarias le daban a América
Latina y al Caribe el rostro moreno y la bandera de la liberación en
alto, destruyendo el ALCA y construyendo el UNASUR que está en
nuestras raíces históricas más profundas.
Convencidos de ese protagonismo popular, comprometidos con el mayor
rigor científico en la investigación –que no es sólo estadística,
curva y cálculo matemático sino también tradición oral y emoción
popular– y entendiendo que debemos recurrir a una figura popular e
indiscutiblemente latinoamericana para designar a nuestro Centro hemos
optado por quien levantó la bandera de la Unión Americana y se irguió
heroicamente contra el mitrismo oligárquico: Felipe Varela.
Por estas razones nace así hoy el Centro de Estudios Históricos,
Políticos y Sociales Felipe Varela. A todos aquellos interesados en
una revisión profunda, científica, que rechace todo oportunismo, toda
ambigüedad, toda concesión a los grandes poderes mediáticos y a las
academias, los convocamos a colaborar con nosotros, abriendo espacios
para el intercambio con investigadores del interior (carácter federal)
y con otros centros de estudios latinoamericanos, como así también
realizar cursos, mesas redondas, ciclos de capacitación y difundir
publicaciones.
Para quienes estén interesados les comunicamos que hemos formado una
Junta Provisoria que se indica al final de esta declaración, que
estamos abocados a la reglamentación interna y a la obtención de
personería jurídica y que provisoriamente funcionamos en el local de
la Corriente Enrique Santos Discépolo, Pasaje Rivarola 154, de esta
capital, correo electrónico: estudioshistoricos.felipevarela en gmail.com
Junta Provisoria: Norberto Galasso, León Pomer, Germán Ibáñez,
Maximiliano Molocznik, Juan Carlos Jara, Facundo Cersósimo, Daniela
D´Ambra, Ramón Scheines, Javier Vitale, Javier Azzali, Horacio
Chitarroni, Judith Lestingi, Nicolás Del Zotto, Mara Espasande.


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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría



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