[R-P] (Alberto FRANZOIA) CUADERNOS DE EL ORTIBA

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Mie Dic 28 14:31:19 MST 2011


Estimados amigos y compañeros: nuestros Cuadernos de El Ortiba cierran sus 
habituales Novedades hasta febrero de 2012. Sin embargo no queríamos 
despedirnos sin dejar para tantos fieles seguidores un obsequio. Está 
constituido por dos recientes artículos sobre la realidad nacional que son 
enviados sólo a nuestros contactos personales. Nos reencontramos en breve.
Un cordial saludo para todos y…
  .

  1. Para discutir. El Nieto de Mordisquito

Tu nueva postura con respecto a Hugo Moyano, resulta poco creíble. La 
orfandad de referentes del arco opositor hace que cualquier bondi los deje 
bien. Se suman a cada disidencia buscando el milagro de encontrar alguien 
capaz de encabezar el descontento, aún cuando se trate de tipos a los que 
denostaron con toda su energía hasta ayer nomás.
El escenario político es un hecho dinámico, en este episodio acaso haya 
aspectos cuestionables en cada uno de los protagonistas.
Desde mi humilde rol apoyando el proyecto iniciado en el 2003 siento que el 
mejor modo de ayudar es expresando disensos parciales que no impliquen 
ruptura.
Será una forma de desmarcarme de la corte de adulones que crecen como hongos 
a la sombra del poder.
Así me animo a decir que no estoy cómodo viendo que la figura presidencial 
pareciera estar más cerca de la UIA que de la CGT. Escuchar hablar de 
“capitalismo humanizado” me parece estar en presencia de una conjunción 
imposible. Cada avance hacia uno u otro lado irá en detrimento del opuesto.
Solo la intervención del Estado y un marco regulatorio legal puede mediar en 
esta batalla desigual llamada puja distributiva.  Apelar a la conciencia 
empresarial me hace temer llegar a verla desairada como aquella vez que 
contestaron con el bolsillo el pedido de Juan Carlos Pugliese hecho con el 
corazón.
Debilitar la figura de Moyano no parece ser una estrategia adecuada. El 
espacio de su eventual caída no sería ocupado por instancias superadoras.
La opción no es Moyano o Atilio  López, aquel mítico dirigente que fuera uno 
de los artífices del Cordobazo. En los rincones del edificio de Azopardo 
acechan Gerardo Martines o Antonio Caló, cuyo mérito principal fue haber 
abandonado el barco Duhaldista antes de su naufragio.
Del lado del camionero tampoco son todas rosas. Sus reclamos por mejoras 
para el laburante son incuestionables. Esa es su función específica y la 
ejerce con éxito notorio. Su gremio es de los mejores pagos del país. 
Tampoco es malo que luche por espacios de poder que crea haber ganado con su 
apoyo al modelo en tiempos que era moneda escasa.
Equivoca el momento político al confrontar con una presidenta reelecta 
recientemente por un margen aplastante. Personalizar la disputa sería una 
conducta suicida.
Además erra muy feo aceptando apoyos de impresentables como el Momo Venegas 
o Luis Barrionuevo, y quedando pegado a reclamos corporativos por la 
libertad de Zanola. Así pierden legitimidad reivindicaciones genuinas.
La política suele cobrarle caro al que confunde a su enemigo. También lo 
hace con quien se equivoca de amigos.
Repasemos el malestar por la escasa participación gremial en las listas 
oficiales. Los pocos que lograron ingresar, entre ellos su propio hijo 
Facundo, en sus primeras actuaciones privilegiaron su extracción gremial al 
compromiso con el espacio político que los llevó al congreso.
Se abstuvieron de votar el nuevo estatuto del peón en solidaridad con la 
UATRE, un sindicato que poco hizo para combatir el trabajo rural 
esclavizado. Lo más curioso es que en la interna sindical ese gremio ha sido 
un enemigo acérrimo de Moyano.
Esa actitud de priorizar a los hombres sobre el movimiento contradice un 
apotegma peronista y confirma como acierto la decisión de Cristina de 
postergarlos en el armado del espacio propio.
Viene a cuento revisar la procedencia de los votantes. No cabe duda que 
buena parte de ese 54 % proviene de bases trabajadoras.  Ahora bien, si 
Moyano cree que son votos propios que pudiera esgrimir desde un hipotético 
Partido Laborista o de los Trabajadores, sobreestima sus fuerzas.
Desde siempre el PJ ha sido una herramienta electoral pero acaso esa cáscara 
no esté tan vacía. En tanto y en cuanto desde su seno alguien esté dispuesto 
a encarnar las tradiciones del mejor peronismo, es muy difícil “correrlo 
desde afuera”.
Algunos hechos resultan significativos. Clarín y La Nación hoy a Moyano lo 
ven rubio y de ojos claros. Hasta le brindan tapa a su descontento.
Desde puntos de partida opuestos, en apariencia, Pablo Micheli y Luis 
Barrionuevo le ofrecen alianza con sus centrales sindicales que apenas 
superan la categoría de un sello de goma.
Estos casos cuando los extremos terminan atrayéndose, solo confirman que los 
escrúpulos ya son una especie en extinción.
El diputado Jorge Rivas, auténtico ejemplo de vida, tomó una actitud que 
marca un rumbo. Convencido que ante la debacle opositora hoy la lucha pasa 
por el interior del Frente Para la Victoria, resolvió dejar su rol de aliado 
para incorporarse de pleno al bloque. Sin temor a “embarrarse los zapatos” 
está dispuesto a dar todo de sí en el debate ideológico que allí habrá de 
librarse.
Muchos de nosotros, estaremos dispuestos a acompañarlo.

 2  Profundizar el modelo requiere más liberación. Por Alberto J. Franzoia

Vamos cerrando el año 2011 y Cuaderno de la Izquierda Nacional inicia el 
camino de la despedida hasta nuestro próximo reencuentro, programado para 
febrero de 2012. La inauguración del segundo período presidencial de 
Cristina Fernández, reelegida con justicia por una abrumadora mayoría de 
votos, alimenta nuestras esperanzas para ratificar y profundizar el rumbo 
iniciado por Néstor Kirchner en 2003, sin embargo es necesario realizar 
algunas observaciones antes de que llegue el diario del lunes.
La actual conducción de nuestro poder ejecutivo expresa, como en cualquier 
otra conducción política, una relación de fuerzas específica. Sabemos que la 
historia la hacen hombres y mujeres pero no en condición de individuos 
aislados (ya sea como elegidos o bien como réprobos) sino como expresión de 
intereses colectivos. Y esos colectivos están constituidos por  clases y 
sectores sociales que,  burlando cualquier teoría abstracta policlasista, 
ponen en evidencia conflictos históricos concretos por un lado y, también, 
alianzas necesarias para tratar de resolverlos.
En Argentina el conflicto liberación o dependencia es mucho más que aquella 
consigna que se puso de moda en los sesenta-setenta, más tarde fue censurada 
por dictadores que la consideraron subversiva y finalmente resultó archivada 
por  demócratas liberales que la juzgaron “antigua”.  Ella, aunque les pese 
a unos cuantos posmodernos,   sigue siendo la expresión conceptual más 
adecuada para dar cuenta de la tarea fundamental que  tiene aún por delante 
el frente nacional y popular. Porque sólo la liberación (nacional y social, 
porque si no es dialéctica no será completa) ha de permitirnos vivir en una 
Argentina (integrada en la Patria Grande como condición necesaria) con un 
desarrollo autocentrado, con plena inclusión social, y con justa 
participación de todos los incluidos en los beneficios gestados.
El frente nacional y popular en su lucha por la liberación debe expresar la 
alianza de aquellas clases y sectores populares que se necesitan mutuamente 
y son capaces de llevar adelante dicho proceso hasta las últimas 
consecuencias, resolviendo en su desarrollo la contradicción fundamental con 
el bloque oligárquico-imperialista. Obviamente no puede faltar la clase 
trabajadora (o para ser más preciso obrera), ya que sin ella no hay frente 
nacional posible, porque es la clase que por su inserción en la estructura 
de producción y comercialización de bienes materiales constituye el eje de 
toda política auténticamente nacional y popular. Pero con los trabajadores 
manuales no basta, por eso resulta esencial su alianza con buena parte de la 
mal llamada clase media, que en realidad son  las complejas capas  medias; 
tan heterogéneas en su composición como para no constituir realmente una 
clase.  Pero esta alianza esencial para la liberación y gestación de una 
nueva sociedad requiere integrar, además,  a otros grupos sociales 
(desocupados, trabajadores informales, pueblos originarios, comunidad gay, 
agrupaciones que reivindican sus derechos de género, etc.) que fueron 
excluidos en la vieja sociedad durante mucho tiempo por reduccionismo, 
sectarismo o ignorancia.
La razón histórica de la aparición del kirchnerismo en el siglo XXI 
(fenómeno político surgido de la descomposición ideológica experimentada por 
el  partido justicialista durante el menemismo, pero con significativas 
anticipaciones ya en tiempos de Isabel Martínez) es el intento de expresar 
esta alianza durante el siglo XXI en una etapa de conducción 
nacional-burguesa actualizada. Ahora bien, por más que  resulte apresurado 
imaginar en nuestros días una conducción superadora de ésta como sería la 
ejercida por la propia clase trabajadora, todo intento real de profundizar 
el modelo no puede excluir la participación creciente de dicha clase.
Resulta evidente que la crisis mundial, inscripta en las crisis cíclicas del 
capitalismo pero con una profundidad asombrosa (por lo menos para un esquema 
de pensamiento que no supere los límites que impone el sistema) llevará a 
nuestro gobierno a un replanteo de tácticas para la emergencia. Nuestra 
economía es a más de ocho años de iniciado el período kirchnerista todavía 
muy dependiente del clásico modelo exportador primario, por lo que estará 
inexorablemente expuesta a los deterioros que en el corto o mediano plazo 
han de producirse como consecuencia de la crisis. La producción industrial y 
de alta tecnología con suficiente integración en el espacio latinoamericano 
(la Patria Grande que estamos tratando de construir) es aún poco 
significativa de cara a las necesidades de los tiempos que corren.
Lo últimos pasos que ha dado el gobierno apuntarían a frenar las demandas 
económicas (y también políticas)“desmedidas” de los trabajadores para 
ganarse el apoyo de una supuesta gran “burguesía nacional”. La idea sería 
que ésta apuntale al gobierno en los difíciles tiempos que se acercan con un 
comportamiento productivo, generador de bienes y trabajo. Sin embargo se 
parte de un error conceptual: dicha burguesía no existe. El gran 
empresariado está compuesto por dos vertientes y ninguna es nacional en su 
comportamiento de clase. Unos son directamente empresarios o gerentes 
extranjeros inscriptos desde ya en la lógica del capital imperialista, que 
toma nuestro mercado interno sólo como fuente de beneficios (exportables) 
rápidos y  fáciles gracias a la mano de obra, recursos naturales y materias 
primas baratas.  Los otros, sin bien son nacidos en Argentina, componen una 
de las fracciones que integran la histórica oligarquía nativa.  Se presentan 
como industriales, pero en realidad operan con la misma lógica del resto de 
su clase: maximizando ganancias no a partir de la reinversión productiva 
sino de la especulación que permite un mercado reducido y con control 
oligopólico.  Esta fracción es tan especulativa como aquellas que  ejercen 
el control de la renta diferencial de la tierra o circulan por el mercado 
financiero. Por otra parte esta oligarquía industrial mantiene inalterable a 
lo largo de los años su condición de satélite de la burguesía imperialista. 
Entonces,  la clase a la que se alude (gran burguesía nacional) carece de 
entidad como sujeto social para encarar la profundización de un capitalismo 
nacional, porque sin reinversión constante en el circuito de la producción 
(no en la especulación)  no puede haber desarrollo sostenido de las fuerzas 
productivas. Los antecedentes históricos al respecto me eximen de mayores 
comentarios.
Algunos subestiman el valor de la teoría política en tanto se reivindican 
como pragmáticos, sin embargo existe una sentencia que ninguna práctica 
política ha logrado desmentir hasta la fecha: sin teoría revolucionaria no 
hay revolución. Y aunque muchos compañeros de ruta no estén interesados en 
una sociedad socialista, todo proceso que aspire a construir una entidad 
regional autónoma (del imperialismo y sus agentes nativos) ya transita el 
inicio de una  revolución.. Producto de otro error conceptual (tal como lo 
manifesté en su momento) nuestro gobierno estuvo al borde del abismo en 
2008.  Fue cuando desde las más altas esferas (como ocurrió con Alberto 
Fernández y Martín Lousteau) se confundió a la oligarquía con “el campo”, lo 
cual sólo sirvió para facilitar la constitución de un frente agrario 
coyunturalmente compacto que impidió la aprobación de la necesaria 125.
Ciertas prácticas de alta complejidad parecen demostrar que en algunos 
cuadros oficiales está faltando una buena teoría acerca de las clases 
sociales realmente existentes, así como de sus comportamientos de clase 
comprobables a lo largo de la historia. Eso nos evitaría muchos problemas. 
La oligarquía no es el campo (compuesto por diversas clases con intereses 
diversos), la gran burguesía nacional no existe (es extranjera o integra una 
fracción de la oligarquía), y el policlasismo  (que imagina un  futuro 
dorado gracias a la supuesta armonización de intereses entre clases 
dominantes y dominadas) expresa  una utopía teórica. Evita consideró con 
sobrada sabiduría popular que “el peronismo será revolucionario o no será 
nada”. Como algunos menemistas reciclados en busca de los siempre 
apetecibles cargos (que dan prestigio, dinero y poder)  están otra vez entre 
nosotros,  es un deber de todo auténtico revolucionario recordar que con 
Menem el peronismo ya fue, para los intereses populares, la  NADA.
Para profundizar el modelo en tiempos de crisis mundial no queda otro camino 
entonces que fortalecer las alianzas naturales y desalentar aquellas que 
resultan contra natura. El frente nacional y popular  requiere la 
participación  creciente de los trabajadores, obviamente encabezados por 
aquellos dirigentes que han dado muestras de defender sus intereses, sobre 
todo en los años noventa cuando la NADA fue vista por muchos desmemoriados 
como sinónimo del pensamiento actualizado y posible después del anunciado 
“fin de la historia” de Fukuyama.  Desde ya la inversión productiva es la 
segunda pata necesaria, pero ese papel sólo lo puede desempeñar en Argentina 
un Estado nacional que invierta en la producción (no dependiente del 
imperialismo) y, en escala mucho más reducida, la pequeña burguesía 
productiva.  Si el Estado no asume decididamente ese rol no habrá desarrollo 
sostenido del mercado interno ni diversificación de nuestra producción 
exportable. Finalmente, la tercera pata que debe continuar su desarrollo es 
la creciente integración con las economías de las restantes provincias que 
integran la Patria Grande Latinoamericana.  Sólo fortaleciendo  este 
trípode, y con la conducción de un cuadro tan valioso como Cristina, la 
profundización del modelo irá en la dirección  adecuada para dar respuestas 
genuinas a las necesidades populares. Por lo dicho considero entonces que 
profundizar el modelo que transitamos no puede requerir otra cosa que más 
liberación.
La Plata, 28 de diciembre de 2012





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Lic. Alberto J. Franzoia
albertofranzoia en yahoo.com.ar
Director General del Cuaderno de la IN
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Director General del Cuaderno de la C.Social
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