[R-P] Los lenguajes del pasado. Por Luis Alberto Quevedo

eliana gabay egabay62 en gmail.com
Mar Dic 6 09:36:16 MST 2011


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Los lenguajes del pasado

En:http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-182671-2011-12-05.html


 Por Luis Alberto Quevedo *

¡Indignados!

Se ha formado en la Argentina una nueva plaza de indignados: son
académicos provenientes de las universidades y del Conicet que se
sublevan contra... ¿los estragos del capital financiero global?, ¿los
bombardeos de la OTAN en Trípoli?, ¿las patotas que golpean a los
docentes...? ¡Nada de eso! Los indigna la creación del Instituto
Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel
Dorrego. Y en pocos días, la prensa se pobló de artículos cargados de
enojo y voces agitadas que nos alertan sobre los peligros de esta
embestida totalitaria del “discurso oficial”.

¿Cuál es la frase del escándalo que está contenida en el famoso
Decreto 1880/11? En realidad son básicamente dos: el artículo 1,
cuando dice que “la finalidad primordial será el estudio, la
ponderación y la enseñanza de la vida y obra de las personalidades de
nuestra historia y de la Historia iberoamericana, que obligan a
revisar el lugar y el sentido que les fuera adjudicado por la historia
oficial, escrita por los vencedores de las guerras civiles del siglo
XIX”. Y también en el punto (c) del artículo 3, donde se dice que el
instituto deberá colaborar “con las instituciones de enseñanza
oficiales y privadas, para enseñar los objetivos básicos que deben
orientar la docencia para un mejor aprovechamiento y comprensión de
las acciones y las personalidades de las que se ocupará el instituto
como, asimismo, el asesoramiento respecto de la fidelidad histórica en
todo lo que se relacione con los asuntos de marras”.

Decidí ir a la plaza de los indignados y averiguar un poco más. Llegué
a un lugar sin estruendo de bombos y redoblantes, pero con muchas
pancartas, algunos cánticos y una alta tensión de pensamientos en el
ambiente. Apenas ingresé, vi a un puñado de indignados que se paseaban
con una leyenda que me intrigó: “Ahora dicen que cualquiera puede
escribir sobre nuestra Historia”. Con la distancia que puede tener un
periodista holandés y sin molestar, les pregunté: ¿a qué se refieren
exactamente? Con cara de pocos amigos, un profesor me dijo: nos
indigna que nos saquen del medio a quienes somos los únicos académicos
independientes que hemos dedicado nuestra vida a la investigación.
Mientras lo escuchaba, se acercó un grupo menor con su cartel “Basta
de divulgación, sí a la investigación”, a los que me animé a
preguntarles: los que divulgan, ¿qué deberían hacer? “Deberían
anotarse en la UBA, hacer la carrera de Historia... ¡y después hablar!
Y en lo posible, ¡estar menos en los medios!”, me respondieron.

En otro rincón de la plaza, casi sin querer mezclarse con los
indignados más ásperos y bochincheros, se ubicaba un pequeño grupo con
una pancarta bien escrita y mejor pensada que decía: “No renunciaremos
a nuestro punto de vista”. Me acerqué sabiendo que el diálogo no sería
fácil y les pregunté si conocían el Decreto 1435/92 que firmó Carlos
Menem para la creación del Instituto Belgraniano Central de la
República Argentina. Me dijeron que no, pero que seguramente era menos
totalitario que el de este gobierno. Decidí leerles el artículo 15,
que dice literalmente: “Los actos de cualquier naturaleza a ejecutar
por el Estado o con participación del mismo relacionados con el
General Don Manuel Belgrano requerirán asesoramiento previo al
Instituto Nacional Belgraniano. Asimismo cuando se trate de actos a
realizarse por particulares, instituciones privadas, autoridades,
dependencias provinciales y municipales que requieran apoyo financiero
o de otro tipo por parte del Estado, será indispensable el
asesoramiento previo mencionado”. Luego les pregunté: en estos años,
¿ustedes consultaron a este instituto cada vez que hablaron de
Belgrano y cambiaron su punto de vista sobre este héroe nacional?
“¡Por supuesto que no!”, me dijeron a coro, porque ese instituto
seguramente es independiente... ¡y no está en manos del pensamiento
único! Bueno, les aclaré, en realidad es igualmente autárquico y
depende formalmente de la misma secretaría que el Instituto Manuel
Dorrego.

Una mujer de suaves modales, que pareció entender que valía la pena
dialogar, me dijo con voz pausada que el problema es que el nuevo
instituto tiene en sus manos construir una versión de la historia que
incumbe a más de veinte héroes y quieren que lo que ellos producen se
enseñe en las escuelas: ¡esto es realmente peligroso! Yo le dije que
los entendía, pero que el Instituto Belgraniano también tenía como
misión enseñar toda su producción en las escuelas y que el Instituto
Nacional Sanmartiniano era mucho peor en este punto. Le recordé que el
Decreto 22.131 del año 1944 decía textualmente en su artículo 2 que el
Instituto Sanmartiniano “rectificará públicamente por comunicaciones,
escritos, conferencias o cualquier otro medio de difusión todo error
que se ponga de manifiesto en publicaciones, obras, conferencias,
etc., con respecto a la verdad histórica sobre la vida del prócer y
hechos en que intervino”. Me miró casi con piedad y me dijo: “Pero lo
conduce desde hace muchos años el general brigadier Diego Alejandro
Soria, un hombre confiable y sin vocación totalitaria”. Yo sólo le
pregunté: ¿es investigador del Conicet el general brigadier? Pero no
alcanzó a escucharme, ya que aceptó una nota para una radio que cubría
todo el evento cuyo nombre recuerda, justamente, a quien escribió la
Historia Argentina y la vida del general San Martín a fines del siglo
XIX.

Mientras pensaba en qué poco sabíamos de las misiones de muchos
institutos históricos que nos acompañan desde hace mucho tiempo, vi
entrar a un grupo un poco más ruidoso. No eran académicos, eran
intelectuales y periodistas que tenían en sus manos pancartas hechas
con el típico papel prensa que usan los diarios y gritaban: “¡Se va a
acabar, se va a acabar, esa manera de pensar!”. Me acerqué porque no
tenía el tono conciliador de los académicos y me di cuenta de que los
gritos aludían con desprecio tanto al Ejecutivo nacional como a los
divulgadores e historiadores revisionistas que acompañaban al proyecto
del Instituto Manuel Dorrego. Les pregunté una sola cosa: ¿qué es lo
que más los indigna? “¡Todo! Pero lo que no soportamos es que no
pongan a gente idónea y consagrada al frente de los institutos
históricos.” Les dije que no me parecía que el Instituto Manuel
Dorrego fuera una excepción y les pregunté si conocían al Instituto
Nacional Browniano, que fue creado también por Carlos Menem en 1996 y
que no despertó tantas polémicas. Me dijeron que sí, que sabían que
existía un instituto que preservaba la figura del glorioso Almirante
Brown, pero que estaba manejado por historiadores serios y no por
divulgadores de poca monta. Les recordé que el artículo 10º del
Decreto 1486/96 firmado por Menem y Corach decía que entre los
distintos miembros del instituto están los miembros honorarios que
serán (entre otros) “el presidente de la Nación argentina; el jefe de
Estado Mayor General de la Armada; el embajador de la República de
Irlanda acreditado en el país; el presidente del Centro Naval; el
presidente del Círculo Militar; el presidente del Círculo de
Aeronáutica y el intendente municipal del Partido de Almirante Brown
de la Provincia de Buenos Aires” (sic). ¿Serán historiadores y
académicos probos tanto el embajador de Irlanda como el intendente del
Partido de Almirante Brown para merecer esta distinción? ¿Constituirá
una discriminación –que debemos denunciar ante el Inadi– haber
excluido al presidente del Club Atlético Almirante Brown?

A los gritos, fui acusado de oficialista, totalitario y pagado por el
Gobierno para hacer esta provocación, y por eso me dejaron solo otra
vez en medio de la plaza. Confieso que fue el único momento en que
sentí algo de temor y por eso terminé refugiándome en un grupo de
Indignados 2.0 que sostenían una pancarta que rezaba: “¡Control a
Wikipedia ya!”. Me gustó el aspecto de estos jóvenes y les pregunté:
pero, ¿ustedes quieren controlar la web? Y me dijeron: no toda la web,
¡sólo la que habla de historia, y que usan nuestros docentes y
alumnos! ¡Vamos a exigir que todo lo que allí se escriba sea también
controlado por el Conicet y los académicos de las universidades! ¡La
web es un caos intolerable y en Wikipedia escribe cualquiera! Pero ésa
es la lógica de Internet, dije en voz baja, y es también un rasgo de
nuestra cultura: la pluralidad de voces, opiniones, saberes,
conocimientos... No terminé de decir la palabra “pluralidad” cuando
estos jóvenes ilustrados me habían dejado otra vez solo, aunque antes
de irse me sacaron fotos con sus celulares y me juraron un escrache en
las pantallas del periodismo independiente. Me quedé sin crédito en el
celu, sin amigos en Facebook y sin seguidores para twittear... ¡game
over!

* Sociólogo, profesor de la UBA y de Flacso.



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