[R-P] TE PIDO UN ÚLTIMO FAVOR

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Dom Dic 4 10:55:47 MST 2011


[Querido Juan, ya que voy a seguir tu propuesta y voy a mandar a la
lista el texto que tanto te gustó, te remito lo que quizás sea una
mejor y mucho más extensa versión con el objetivo de que le hagas una
edición POLÍTICA que mantenga esta versión lo más cerca posible de
aquella que te gustó tanto. Cuando la tengas, y no tiene porqué ser un
asunto inmediato, te ruego que me la reenvíes. CORTÁ TODO LO QUE TE
PAREZCA SUPERFLUO Y REPETITIVO. Y si creés que la versión anterior
debe ir a la lista sin cambios, decímelo también. Pero no dejes de
mirar ésta. Abrazo.]

La equilibradísima nota de Hugo Presman sobre la polémica producida
por la aparición del Instituto Manuel Dorrego es un verdadero ejemplo
de excelencia periodística y probidad intelectual. Me pareció que
resultaba conveniente, para que todos entendamos de qué se habla,
adjuntar al pie del presente el apartado de Hugo sobre ese particular,
apartado que me exime de mayores comentarios.

En cuanto al intercambio con Rolando, deseo a mi vez poner mi "cambio
y fuera", con lo siguiente (carta, con notas y extracto de artículo de
Hugo Presman en anexo):

Estimado Rolo:

Tu respuesta fue política, la mía también. Solo que no tenemos la
misma política.

Cada uno de nosotros cree que su propia política continúa los
lineamientos fundamentales de esa Izquierda Nacional que creó el PSIN
y el FIP. Lo que yo afirmo es que, como bien ha demostrado Alberto
Regalli, la política que seguís vos (que desde el fallecimiento de
Alberto Guerberoff se parece cada día más a la que propugna desde hace
décadas Regalli, quien con su libro sobre Ramos corona literariamente
sus esfuerzos políticos y sindicales) difiere en algunos asuntos
cruciales de esos lineamientos.

Alberto Regalli celebra en su trabajo de investigación histórica el
replanteo copernicano propuesto por Jorge Abelardo Ramos en la segunda
mitad de la década de 1970, y que al modo de ver de Patria y Pueblo
rompió con asuntos fundamentales de los lineamientos fundacionales de
la Izquierda Nacional. El suyo es, decididamente, un respetable
ejemplo de consecuencia política. Por lo cual es completamente
razonable que pueda hacer una descripción precisa y sin maquillaje de
las posiciones que él considera correctas, algo que quizás le cueste
más a quienes tienden a coincidir con ellas sin terminar de digerir
las conclusiones finales.

Hizo como político aquello que celebra como historiador, e ingresó al
PJ en su momento sin importarle que estuviera menemizado[1]. Es decir,
entendió que la extirpación del "ala Spilimbergo", de la "patrulla
perdida", de los "ultraizquierdistas", implicaba, a la larga o a la
corta, la liquidación de la independencia política de la Izquierda
Nacional y su conversión en una parte más del movimiento nacional
burgués. Es que ese ala amputada representaba uno de los dos
componentes esenciales de la Izquierda Nacional: su voluntad
socialista revolucionaria en el marco de la lucha de liberación
nacional. Sin esa voluntad, no tenía sentido mantener una Izquierda
Nacional independiente de la jefatura nacional burguesa.

No es Alberto el único que siguió ese camino, por cierto. Y salvo por
la acotación que he remitido a la nota al pie en su caso específico,
se trata en todos los casos de compañeros que hacen enormes aportes a
la lucha nacional (pienso en al menos dos: Coscia y Oporto, y podría
seguramente citar muchísimos más, pero con ellos dos alcanza para
entender lo que digo).

Esos dignos compañeros de la Izquierda Nacional, en su momento,
consideraron que la lucha por el socialismo no estaba a la orden del
día, y por lo tanto sin negar su raíz de izquierda nacional se
hicieron peronistas. Como dijo alguien recientemente en "La Nación",
son "de IN, pero peronistas", o sea: no son socialistas. Y eso es
perfectamente aceptable. Que alguien pretenda reducir el espectro de
la IN a los "peronistas", es otro asunto, pero sobre eso volveremos
luego.

Dentro del peronismo, esos compañeros jamás pretendieron (porque eso
hubiera sido antiperonista y porque no les parecía que fuera el
momento para el socialismo) organizarse como agrupación socialista
revolucionaria independiente de la jefatura del movimiento. Cuando
tuvieron manos libres para desarrollar una política, esa raíz fue uno
de los orígenes de sus numerosos y múltiples aciertos, los que por lo
tanto considero al menos en parte un poquitito míos y, en ese sentido,
aciertos "de la Izuierda Nacional".

Dicho esto, agrego que hay cosas que me diferencian de esa política,
que son el motivo por el cual se equivocan tantos compañeros
peronistas que piensan que en Patria y Pueblo "somos peronistas pero
todavía no nos dimos cuenta",  y merecen explicitarse en el más
fraternal de los espíritus.

Para los socialistas revolucionarios de la Izquierda Nacional que
militamos en Patria y Pueblo,  la mejor manera de celebrar la actual
difusión de la obra de Ramos, la mejor manera de que esa difusión
rinda los frutos que tiene que rendir, es sostenerla en el marco de
los objetivos que él tenía cuando la escribió, y que son justamente
los que en su momento se plasmaron primero en el PSIN y luego en el
FIP.

Jorge Abelardo Ramos, el patriota revolucionario y socialista que
escribió el libro que tanto le gustó a Chávez, creó un marxismo para
latinoamericanos anclado en la experiencia histórica de los
latinoamericanos. La Historia de la Nación Latinoamericana fue el
máximo logro de esa tarea, pero para el Ramos que la redactó era un
punto de partida. El punto de partida necesario para darle marco
coherente a la lucha por el socialismo en América Latina, que es
simultánea con la lucha por la unidad y no una "etapa" posterior.

Socialismo que no puede alcanzarse si no es con una herramienta que
por entonces a Ramos le parecía insoslayable. La difusión de Historia
de la Nación Latinoamericana formaba parte de otra batalla, mayor y
que le daba sentido. Faltaba completarla, desde la perspectiva del
patriotismo revolucionario y socialista, acometiendo esa empresa en
que estaba empeñado al momento de redactarla, y a cuyo servicio la
redactó: la "Lucha por un partido revolucionario" (el título del único
libro del Colorado que yo tengo con un autógrafo de él, creo que de
1974).

Pues bien: como bien demostró Alberto Regalli en su biografía arriba
mencionada, el propio Abelardo Ramos, en un largo periplo que se
inició hacia 1975, fue alejándose de esa posición. En la práctica fue
alejándose también de la lucha por el socialismo, al menos en el
sentido de que la lucha por el socialismo implica tener siempre
presente que no habrá revolución nacional posible (y que la unidad
nacional latinoamericana será siempre precaria) si no se liquidan las
relaciones sociales concretas y reales, palpables y verificables en la
lucha de clases cotidiana, que garantizan la supervivencia de las
clases interesadas en mantener la división.

Todo el libro que invocó Chávez en la reunión de la CELAC estaba
orientado a remachar esa idea. Y también la de que esas clases
sociales solo pueden ser eliminadas con los métodos del socialismo. Y
que no se podía ni se debía esperar (ni mucho menos exigir, fatídico
error de una generación entera contra el cual también,
premonitoriamente en parte, se escribió Historia de la Nación
Latinoamericana) que el nacionalismo popular espontáneo (es decir,
cuestionador de la dependencia pero no del orden social capitalista)
realizara tareas que, por sus propias características y por el período
de la historia mundial en que se está librando la lucha por la unidad
latinoamericana, se topaban orgánicamente con los métodos burgueses.

De todo lo anterior se deducía que hacía falta el "partido
revolucionario". Pues bien, cuanto más avanzamos (y en estos días
estamos dando pasos de gigante) más se nota la ausencia de ese partido
consecuente que logre encapsular en su escuálida pequeñez numérica a
los enemigos de la Patria Grande y brinde a todas las clases oprimidas
por la condición semicolonial una herramienta para liquidar
definitivamente a los enemigos de nuestra grandeza.

Nada más lejos de mi intención que tener un pequeñitito partiditito
sectario, una quintita donde regodearme en alguna esencialidad
autosatisfactoria. Solo que desde tu perspectiva, Rolando, ese partido
puede integrar en sus filas a quienes queremos construirlo y a quienes
han abandonado esa tarea e incluso han descartado los objetivos
socialistas que le daban sentido. Y yo no coincido.

Para un socialista de la IN, una cosa es el movimiento nacional, y si
querés el "movimiento de la Izquierda Nacional", y otra cosa es el
partido político socialista y revolucionario que necesita tener el
movimiento nacional.

La única razón para tener una organización independiente del
movimiento nacional popular espontáneo (burgués, digamos) era (y es)
el objetivo socialista, así como la convicción de que ese objetivo
socialista solo se alcanza dividiendo aguas claramente entre los
enemigos jurados del orden oligárquico y quienes solo se plantean
domesticar a la bestia antinacional.

Las "tareas del futuro" o se preparan desde el presente o se remiten a
la eternidad. O Izquierda Nacional con lucha por el socialismo (que en
la Argentina significa en primer lugar generar las condiciones
sociales, ideológicas y organizativas que permitan liquidar el poder
oligárquico), o peronismo que no lucha por el socialismo (y se niega,
por lo tanto, a liquidar el poder oligárquico). Si se abandona el
socialismo, lo lógico es abandonar la pretensión de "ser" de Izquierda
Nacional y reconocerse peronista. Así de simple.

¿Para qué, en efecto, tener un partido socialista de la Izquierda
Nacional si el socialismo es, en el mejor de los casos, un horizonte
que se aleja con creciente velocidad cuanto más aceleramos?

Abandonar el socialismo revolucionario, abandonar la lucha por ese
partido que permita liquidar socialmente a la oligarquía, preferir
otros caminos menos radicalizados, en tanto decisión "pura", no puede
merecer reproche alguno. Pero corresponde, a no ser que uno desee
atribuirse honores que en rigor le son ajenos, aclarar que uno sí hizo
ese abandono cuando se alegra por los resultados que ha producido un
libro escrito por alguien que, al momento de escribirlo (1949-1968),
no había tomado aún esa decisión y ni siquiera tenía la intención de
hacerlo.

En las ediciones posteriores (tengo en mis manos la última, magnífica,
de Ediciones Continente/Peña Lillo que es un verdadero ejemplo de cómo
se debe publicar un libro que uno ama) el Colorado repudió el marxismo
que había dado origen a la edición que llegó a manos de Chávez.
Seguramente ESA versión hubiera tenido OTRO efecto que el que tuvo la
que Chávez leyó. Esta mantenía, como siempre mantuvo Jorge Enea
Spilimbergo, todas las banderas originales e inescindibles de la IN
argentina, y Hugo Chávez, quien entre otras cosas tiene en claro la
inevitabilidad de un derrumbe próximo del sistema capitalista (o de la
alternativa: la destrucción del género humano y váyase a saber si no
el de toda forma de vida sobre la Tierra), encontró en el Ramos de la
Izquierda Nacional original aquello que quizás le hubiera sido
bastante más difícil encontrar en el posterior, el que siguen
reivindicando contra el Ramos que escribió la Historia de la Nación
Latinoamericana original (o pretenden igualarlo, como si no hubiera
distancia alguna entre uno y otro, como si el relato de Alberto
Regalli fuera un cuento de hadas) los mismos sectores de la IN que no
consideran un problema ponerse bajo el taco de un mitrista si ello
permite "ganar espacios políticos".

Es muy razonable que hoy haya peronistas (hayan estado en el menemismo
o fuera de él, hayan tenido origen IN u otro origen, o hayan sido
siempre peronistas) que sin dejar de ser peronistas acepten nutrirse
del Ramos "posterior al 75" (descartando, quizás, su período final
menemista del mismo modo que algunos ocultan su propia menemización
para reciclarse en los nuevos tiempos). Con esos peronistas, al igual
que hizo históricamente con el peronismo, la IN tendrá las mejores
relaciones en la medida que mantengan firme un rumbo nacional y
revolucionario, que es todo lo que cabe exigirles puesto que el
peronismo jamás se propuso más (ni menos) que eso.

Pero no pasa lo mismo con la Izquierda Nacional. Para la Izquierda
Nacional, en la cuestión del socialismo radica el sentido de su
derecho mismo a la existencia, y de ella se deriva la cuestión de la
organización partidaria independiente. Y si bien esto parece, hoy,
música del futuro lejano (veremos lo que sucede a medida que madure la
crisis mundial), reverbera directamente sobre el presente.

Retornemos al ejemplo concreto que inició todo este intercambio: la
presencia de un mitrista macarteador al frente del Instituto Dorrego
que algunos miembros de la IN han colaborado a constituir.

Hay una razón muy profunda por la cual un peronista puede, sin
traicionar a su movimiento en lo más mínimo, integrar un "instituto
revisionista" que pone un glorificador de Mitre a la cabeza. El
peronismo se plantea la liberación nacional de la Argentina y la
liquidación del poder imperialista en nuestro país, pero no se plantea
la liquidación del régimen de propiedad oligárquica en la región
pampeana, y no hay mejor expresión de ese régimen que la figura de Don
Bartolo.

Si uno no se plantea eliminar a la oligarquía como clase social sino
trabajar políticamente hasta que ésta se reforme o diluya en el marco
de un crecimiento de fuerzas sociales alternativas, puede permitirse
convivir con el mitrismo, o cooptarlo. Como lo demostró Menem, hasta
puede mimetizarse con el mitrismo y abrazar al Alte. Rojas mientras
terminaba de ejecutar el programa del ala más antinacional de la
Libertadora.

Pero la IN no puede ni debe permitirse esos lujos. Para la Izquierda
Nacional de Ramos y Spilimbergo, es decir la IN original, que parió
esa obra magnífica que es "Historia de la Nación Latinoamericana", esa
propiedad oligárquica que el peronismo no considera esencial liquidar
es el origen último de la supervivencia del mitrismo y pieza maestra
de la dependencia.

Es por eso, entre otras cosas, que no comparto el criterio según el
cual plantear estos asuntos con claridad nos deje en soledad. Nos
aleja, y lo lamento, de quienes pretenden diluir este aspecto del
pensamiento originario de la IN pero al mismo tiempo tratan de
usufructuar sus resultados, pero eso es otro tema.

Los socialistas revolucionarios de la Izquierda Nacional que militamos
en Patria y Pueblo queremos un partido de masas, sí. Pero para ganarse
el respeto de las grandes masas, el mensaje tiene que ser claro y sin
dobleces. Ese empeño es contradictorio con la tendencia a la rebatiña,
el revoltijo y la pesca en aguas turbias a que tan afectos son muchos
políticos de la inmediatez cortesana que alguna vez compartieron ese
proyecto del que Historia de la Nación Latinoamericana fue una de las
grandes cumbres. Las señales tienen que ser nítidas, decía Jorge Enea
Spilimbergo, que jamás cejó en ese empeño.

Sostengo, entonces, la validez de seguir peleando por ese objetivo que
para otros, nutridos originalmente por las mismas ideas, parece haber
caído en el descrédito y el olvido sin sacar todas las consecuencias
prácticas de esa conclusión. Con quienes sí lo hicieron, no tengo el
menor inconveniente: me conduzco con ellos tal como lo hago con
cualquier otro peronista, es decir según su mayor o menor consecuencia
con las tres banderas esenciales levantadas por el General Perón en su
momento.

En cuanto a los otros, creo que el rescate que hacen ahora de Historia
de la Nación Latinoamericana que leyó Hugo Chávez, producto de un
Ramos que no es el que generó las ideas que ellos luego siguieron, es,
como mínimo, parcial, porque es un rescate emasculador. Yo quiero
rescatarlo por completo, en cambio, para que le dé fuerza a esa lucha
que daba sentido a toda la existencia literaria del Colorado. Y es por
eso que, al mismo tiempo en que expreso mi alegría, marco los dos
modos en que se lo puede rescatar, para ubicarme y ubicar a los que me
leen.

A mí no me parece que ese rescate sea "mirar lo chiquito". Abandonar
el empeño original no es "chiquito".

La historia la hacemos los seres humanos. Su "viento" no sopla solo.
Frente a lo que entiendo era el objetivo para el cual Ramos escribió
ese libro, creo honestamente que uno tiene el derecho (y el deber) de
plantear que no todos quienes se alegran hoy por la publicación de
Historia de la Nación Latinoamericana (y cada uno tiene sus justísimos
motivos y razones para alegrarse, que no soy quién para analizar) son
fieles a ese mandato original.

De lo que se trata es de darle vida política práctica a la Historia de
la Nación Latinoamericana, no de adormecerla en el opio de las
lecturas ilustrativas e iluminadoras de unas "nuevas generaciones" tan
abstractas como indiferenciadas y desorganizadas. Y aún si ése fuera
el mejor camino, la manera de emprenderlo no puede pasar por abandonar
la regla de oro de no transar jamás con la oligarquía y sus figurones.

Dio la mala casualidad de que algunos de quienes hoy -con todo
derecho- se alegran con la difusión del libro del Colorado acaben de
mandarse lo que entiendo es un error serio, que se aparta muchísimo de
la senda de esa construcción. Yo creo que tenemos que hacerla al modo
que la hacía Ramos, sin

(1) concesiones al mitrismo de todo pelaje, que es el gran enemigo que
Ramos demuele en ese libro, ni

(2) oportunismos hacia el poder, ni siquiera el poder parcialmente en
manos de un gobierno que está actuando en el sentido de la historia,
porque esto último puede servir a satisfacer necesidades políticas
personales pero impide forjar las herramientas que hacen falta para
que ese libro deje de ser un libro y se convierta en realidad
palpitante de masas humanas dispuestas a cambiar para siempre el rumbo
de los acontecimientos.

Eso es todo, Rolo. Cambio y fuera yo también.

Disfrutemos lo que nos pone contentos a los dos. Qué hacemos aparte de
eso, ya es otro tema.

N O T A

[1] Incluso, Regalli es consecuente aún en un sentido retrospectivo y
en su trabajo no omite líneas cuando menos equivocadas contra Jorge
Enea Spilimbergo (otros dirían que calumniosas y difamatorias, tal
como lo fueron los argumentos -agrego yo, que la viví y no me la
contaron- que él y sus compañeros utilizaron durante la lucha entre
quienes confiaban en la nueva orientación que imprimía Ramos al FIP y
quienes apoyábamos a Spili).

Pero eso es otro asunto, aunque por supuesto está vinculado con la
relación entre compañeros de lucha política implícita en el "giro
copernicano" que Alberto atribuye a la creciente influencia -para él,
benéfica- del grupo de Giubergia en el FIP. Lo menciono solo para
demostrar que cuando los seguidores de Spilimbergo insistimos en estos
viejísimos asuntos no solo no atizamos viejos odios sino simplemente,
lo reitero, como vemos que quienes entonces calumniaban y macarteaban
siguen calumniando hoy y quizás puedan macartearnos, nos negamos a
dejar de ejercer el derecho a la propia defensa. Para vos, eso nos
condena a la soledad. Puede ser, al menos en relación a ciertas
compañías, que nos hubiera gustado tener pero ellos hicieron y hacen
imposible.


ANEXO:
EXTRACTO DE LA NOTA DE HUGO PRESMAN SOBRE EL INSTITUTO DORREGO


El día 2 de diciembre de 2011 23:08,  <hugopresman en yahoo.com.ar> escribió:
> CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
>
> EL INSTITUTO Y PACHO O` DONNELL
> Mario O`Donnell es un meritorio divulgador histórico y un revisionista
> contradictorio. En una nota publicada en Tiempo Argentino el domingo 27 de
> noviembre, bajo el título "La soberanía cultural" nos da pautas implícitas
> sobre el nuevo Instituto: "¿ Por dónde empezar la lucha por la soberanía
> cultural? Cabe a los intelectuales desarrollar lo que nos ayudará a la
> comprensión, pero valdrán sobre todo las pequeñas acciones; por ejemplo
> pensar si no es víctima del deseo ajeno inoculado cuando estamos dispuestos
> a pagar una fortuna por ver a treinta metros de distancia a un envejecido
> rockero norteamericano y en cambio convencernos de que el rock nacional, el
> tango, el folklore, también la cumbia, no son músicas devaluadas, "grasas"
> sino que expresan a sectores importantes de nuestra sociedad, sobre todo
> populares, y ello las valida por encima de todo juicio "contaminado" por el
> vasallaje cultural. También será resistencia hacer y hacerse preguntas
> incómodas: ¿por qué a Jauretche, a Scalabrini Ortiz, a Abelardo Ramos
> prácticamente no se estudia en las universidades nacionales? ¿ Por qué
> personajes tan cuestionables, tan funcionales  as la dominación imperial
> económica, política y cultural se los exalta hasta el procerato y a alguno
> hasta se le honra  con la avenida más larga del mundo? ¿O será justamente
> por eso que se los exalta? Preguntarse también: ¿ por qué se ha extirpado de
> nuestra historia oficial a los pueblos originarios, que resistieron a la
> conquista europea que nutrieron de heroísmo a los ejércitos de nuestra
> independencia? ¿Será porque constituyen hoy, su sangre mezclada, las fuerzas
> del trabajo nacional, "los cabecitas negras de Evita"? Convencernos que
> abjurar de nuestro nacionalismo o confundiéndolo con chauvinismo, fascismo,
> es hacerle el campo orégano a los nacionalismos codiciosos de los
> imperios...Citando a mi amiga, la rectora de la Universidad de Lanús, Ana
> Jaramillo: "Si alguna vez fue necesaria la sustitución de productos
> importados, hoy es necesario la sustitución  de ideas importadas"
> O´Donnell tiene una trayectoria política sinuosa, es un revisionista
> contradictorio y a su vez autor de libros meritorios. Presidirá el Instituto
> revisionista y sostiene que el objetivo es "profundizar el conocimiento de
> la vida y obra de los mayores exponentes del ideario nacional, popular
> federalista e iberoamericano".
> Del radicalismo, en sus diversas variantes, pasó al justicialismo menemista.
> Dice que fue menemista porque todo el peronismo lo fue y que se alejó cuando
> buscó la re- reelección. Hacerse peronista con Menem no es precisamente un
> título de honor. Es entrar al movimiento nacional y popular a través de su
> claudicación.  Su facilidad para el elogio infundado ya lo había demostrado
> en el prólogo de las memorias de Carlos Menem llamadas "Universos de mi
> tiempo. Un testimonio personal" en 1998, en donde le llegó a dedicar frases
> como estas:  " Desde el primer momento en que lo conocí  quedé impresionado
> por su inteligencia..Menem ha sido, en muchos sentidos un visionario..Nunca
> hizo alarde de su elevada cultura que fue forjando en la lectura de libros y
> en la frecuentación de maestros. Fue El Gran Transformador..La vida y la
> obra de Menem son justicialistas por espíritu y metodología".
> Como la historia es según Arturo Jauretche,  la política del pasado, como la
> política es la historia del presente, las debilidades o el oportunismo de
> Pacho se exteriorizan en su revisionismo mitrista. Reivindica correctamente
> a los caudillos federales y tiene una mirada condescendiente del instigador
> del asesinato de algunos de ellos. Es en términos actuales es una posición
> duhaldista hacia el pasado aunque se proclama fervorosamente kirchnerista.
> O´Donnell, como hábil equilibrista,  es revisionista en muchos aspectos pero
> al mismo tiempo no quiere romper con el guardaespaldas que dejó Mitre en
> cuyas páginas llegó a defender la guerra de la triple infamia. Ser
> revisionista mitrista es como atacar en materia futbolística  lo que sucede
> en la AFA y defender al mismo tiempo a Grondona.  O criticar la dictadura
> establishment -militar y defender a Videla. Incluso ahora que desde La
> Nación critican a O´Donnell recordándole " que participa en la televisión de
> las campañas publicitarias del gobierno", no tiene empacho en afirmar: " La
> historia  de Mitre no será cuestionada. Yo soy un revisionista que nunca ha
> hecho antimitrismo...La historia oficial nace de ese personaje maravilloso
> que es Mitre". LaNación, lunes 28 de noviembre de 2011.
> Si Mitre colocó arbitrariamente en la misma trinchera a enemigos
> irreconciliables como San Martín y Rivadavia, O´Donnell con el mismo método
> manifiesta su admiración por los caudillos federales sobre los cuales ha
> escrito conmovedoras páginas y enaltece al enemigo y asesino de algunos de
> ellos como Bartolomé Mitre. Siguiendo el mismo criterio, algún divulgador
> histórico del siglo XXII, imitando a Mitre y O´Donnell podrá escribir
> páginas emotivas sobre las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y reivindicar a
> los terroristas de estado, colocando a todos en la misma trinchera
> histórica.
> LA DISCUSIÓN HISTÓRICA ES SIEMPRE SOBRE EL PRESENTE
> Es positiva la creación del Instituto, más allá de las debilidades políticas
> e históricas de su presidente. La reacción de los beneficiarios de la
> historia oficial es lógica y reafirma la posición habitual de esos sectores
> que sólo son democráticos en la medida que sólo ellos puedan expresarse. No
> se está discutiendo sólo el pasado, sino fundamentalmente el presente. Ese
> que le produce escozor al republicano periodista Nelson Castro, o pone
> histérico al propagandista  primariamente liberal Marcelo Longobardi.
> Lo confirma indirectamente el historiador académico Luis Alberto Romero que
> desde la tapa de La Nación (¿Donde sino?) del 30 de noviembre escribió: "La
> retórica revisionista, sus lugares comunes y sus muletillas, encaja bien en
> el discurso oficial. Hasta ahora, se lo habíamos escuchado a la Presidenta
> en las tribunas, denunciando conspiraciones y separando amigos de enemigos.
> Pero ahora es el Estado el que se pronuncia y convierte el discurso
> militante en doctrina nacional. El Estado afirma que la correcta visión de
> nuestro pasado-que es una y que él  conoce- ha sido desnaturalizado por la
> "historia oficial", liberal y extranjerizante, escrita por los vencedores de
> las guerras civiles del siglo XIX". Los  historiadores profesionales
> quedamos convertidos en otra "corpo" que miente, en otra cara del eterno
> "enemigo del pueblo"". En una frase final, Romero defiende su quiosco y el
> medio que lo proteje, involucrados en el neologismo corpo.
> Es preciso tener siempre presente aquel proverbio africano: "Hasta que los
> leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacerías seguirán
> glorificando al cazador"
> Hace muchos años, el escritor británico George Orwell, aquél de "Rebelión en
> la Granja" y "1984" describía lo que aquí se ha intentado de explicar en una
> frase  de notable precisión: "Quien controla el pasado controla el futuro:
> quien controla el presente controla el pasado"
> 3-12-2011
>
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