[R-P] Memoria! A 10 años del corralito

Aurelio Horacio Bujaldon abujaldon en gmail.com
Jue Dic 1 07:37:11 MST 2011


fuente: Diario La Nación
(http://www.lanacion.com.ar/1428905-la-pesadilla-de-una-ahorrista-pasaba-por-el-banco-y-me-largaba-a-llorar)

A diez años del corralito: el recuerdo de una ahorrista que no
despertó de la pesadilla

La historia de una mujer que estaba saliendo de una grave enfermedad
cuando fue afectada por las medidas restrictivas; quiso retirar sus
ahorros, pero no llegó a tiempo; todavía pide justicia
Por Silvina Ajmat


Faltaban dos semanas para el anuncio del corralito. En 15 días,
Domingo Cavallo diría que había que adoptar "medidas extraordinarias"
para "asegurar el buen funcionamiento de la economía" ante el peligro
de los "ataques especulativos". Promediaba noviembre de 2001, los
rumores de una crisis financiera pululaban y Silvia temió por sus
ahorros. "Decidí sacar los fondos, fui al banco y me dijeron que tenía
que esperar 48 horas". Pensó en volver después. No se imaginaba que
ese después no llegaría.

María Silvia Dickson atravesaba la peor etapa de su vida a nivel
personal. Había pasado los dos últimos años luchando contra un cáncer
y estaba saliendo de esa grave enfermedad. Sin embargo, en el
transcurso de esa recuperación, el 2001 le daba otra mala noticia: su
matrimonio de más de dos décadas llegaba a su fin, y en malos
términos.

"Junté mi dinero y pensaba que un día me compraría con esa plata un
departamento para alquilar, de manera que mi jubilación sería la
renta"
Cuando se casó, allá por los 70, tomó el rol de ama de casa con mucha
alegría. Tuvo dos hijos muy seguidos: en 1980 y en 1982. Al poco
tiempo sintió que tenía que generar sus propios ahorros e idear un
plan para solventar su vejez ya que no cobraría jubilación. Ni lerda
ni perezosa formó primero una pyme y después una ONG dedicada a
realizar cursos de capacitación en los diferentes municipios del
conurbano bonaerense.

"Me fue muy bien. Junté mi dinero y pensaba que un día me compraría
con esa plata un departamento para alquilar, de manera que mi
jubilación sería la renta", recuerda en una entrevista con LA NACION.
En diez años, Silvia acumuló casi 100 mil dólares y los depositó en un
Fondo Común de Inversión, aconsejada por el banco que eligió, donde le
aseguraron que podía tomar la opción de ahorro en dólares.
"Volví a las 48 horas. Noté que algo no andaba bien. Sólo podía
retirar 20 mil dólares y en forma pesificada, así que me dieron 28 mil
pesos. Pedí un amparo y salieron dos sentencias favorables pero no me
pagaron", cuenta exaltada por lo que considera una "injusticia y una
estafa".

El 1 de diciembre de 2001, hace exactamente 10 años, Domingo Cavallo
anunciaba el corralito bancario, la primera medida restrictiva que
luego se acrecentaría con el denominado corralón, que se puso en
marcha durante el gobierno de Eduardo Duhalde.

En esa gestión además llegaría la pesificación.

Primero, Silvia vendió su auto. "Lo malvendí. Cuando me terminé de
comer el auto, malvendí mi departamento", enumera, enojada como si
estuviera realizando su descargo ante un juez.

-¿Asistió a las manifestaciones? Baja la vista y suaviza la voz, con
la decepción atravesada entre sus cuerdas vocales: "No manifesté.
Cuando vi que ni siquiera con el amparo me devolvían mis ahorros, me
di cuenta que en este país no hay justicia. ¿Cómo lo vas a arreglar?
La sensación es de una impotencia tan grande."

Pasaron varios meses hasta que Silvia se inclinó por iniciar nuevas
causas judiciales. Sin embargo, su abogada renunció aduciendo que no
había forma de que le devolvieran el dinero.

"Decidí esperar un tiempo porque me afectó mucho psicológicamente.
Estaba recuperándome de un cáncer y me hacía mucha mala sangre ir a
protestar. Pasaba por el banco y me largaba a llorar. Pensaba en lo
que me costó ahorrar toda esa plata", relata con los ojos chispeantes.
A diez años todavía le duele, y mucho.

Hoy vive en un luminoso monoambiente en Palermo. Ya no añora los
espacios amplios a los que estaba acostumbrada antes del corralito y
siente que está volviendo a empezar, a fuerza de una gran voluntad.
"Las madres nos seguimos haciendo cargo de los chicos como sea, aunque
la parte económica flaquee. Pero yo pensaba que en algún momento iba a
poder cobrar. Empecé a ir barranca abajo porque cambió toda mi vida de
repente", explica resignada. Recuperó sólo el 20% de sus depósitos y
sigue peleando, aunque el banco donde todo comenzó ya no existe con
ese nombre: en el transcurso de estos 10 años se vendió dos veces. Y
Silvia ya no figura como clienta ante los nuevos dueños.
"Me trataban como una reina cuando llevé mis fondos. Después, me
miraban como si les estuviera pidiendo una limosna y yo sólo quería mi
dinero". Un brillo cruza la mirada de esta ahorrista cuando evoca el
rostro de esa empleada que, con ambicioso empeño, la convenció de
elegir ese banco y que luego la trataría "como un mueble de oficina",
con "desprecio" y arrogancia. Hoy sigue siendo su principal
interlocutora y nexo con el nuevo banco. "De sólo pensar que tengo que
ver esa cara otra vez, saber que me va a ignorar como lo hizo en cada
ocasión en estos diez años, me da tanta impotencia, tanta."

En junio pasado, contrató otra abogada e inició una demanda comercial
a la nueva entidad, pero no obtuvo respuesta.

La desazón se dibuja en su rostro tan clara como las arrugas de un
ceño harto de fruncirse. "Pensé en irme a vivir a otro lado. Pero aquí
están mis hijos, y ellos son todo lo que tengo. Este es un país
lindísimo pero.", la frase se corta con un profundo suspiro. No hace
falta hablar. Sus ojos se tiñen de decepción. "No hay justicia, y sin
justicia, no hay confianza ni esperanza", afirma, a diez años del
corralito.



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