[R-P] [Tito Bardini] RAFAEL DE NOGALES: SOLDADO, CABALLERO ANDANTE Y ARISTÓCRATA SOCIALISTA
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Sab Abr 30 09:34:57 MDT 2011
RAFAEL DE NOGALES: SOLDADO, CABALLERO ANDANTE Y ARISTÓCRATA SOCIALISTA
Nació en Venezuela y se llamaba Rafael Ramón Intxauspe Méndez. Se le
conoce como Rafael de Nogales porque prefirió la traducción al español
del apellido vasco Inchauspe. Fue militar profesional y guerrillero,
conspirador político y espía, cazador y viajero, escritor y
conferencista. Hablaba seis idiomas y frecuentó a la nobleza de
Bélgica, Alemania y España. Recorrió cuatro continentes y su divisa
era: “Cuando veas una guerra buena, alístate para combatir en ella”.
Algunos lo definen como “aristócrata socialista” y otros como
“terrorista apoyado por bolcheviques”. Él se considera a sí mismo
“caballero andante y ciudadano del mundo”, a la búsqueda de “un
dictador que derrocar o un ejército de patriotas que organizar”.
Roberto Bardini
Nogales pelea junto a los españoles contra la invasión de Estados
Unidos a Cuba a fines del siglo XIX y a principios del XX recorre el
norte de África y la India. Es vaquero en Arizona y Nevada, minero en
California y cuatrero en Texas. En la frontera se une a los
revolucionarios mexicanos. Opera como agente secreto en China. Maneja
un juzgado en Alaska, caza ballenas y convive con esquimales. Conspira
contra el dictador Juan Vicente Gómez en Venezuela. En la Primera
Guerra Mundial se alista con Alemania, sirve como oficial en el
ejército turco y es condecorado con la Cruz de Hierro. Viaja como
corresponsal de guerra en Nicaragua, conoce al rebelde Augusto C.
Sandino y propagandiza su causa en Estados Unidos.
Personaje que parece surgido de la imaginación de Emilio Salgari o
Joseph Conrad y autor de cuatro libros, de sus 59 años de vida pasa
aproximadamente 15 en Venezuela y siempre por períodos cortos.
Opositor a las dictaduras de turno en su país, una y otra vez parte al
exilio.
El escritor y diplomático Kaldone G. Nweihed, embajador venezolano en
Turquía y autor del libro The world of Venezuelan Nogales Bey, afirma
que este caballero trotamundos y rebelde estuvo en contacto con doce
imperios: el zarista, el prusiano, el austro-húngaro, el otomano, el
manchú, el inglés, el español, el francés, el belga, el holandés, el
portugués… y el naciente imperio de Estados Unidos.
Entre las armas y las letras
Hijo de un acaudalado matrimonio español, Rafael nace en octubre de
1877. Su padre, un hidalgo de origen vasco, es coronel y propietario
de grandes plantaciones de café en Táchira, estado del oeste
venezolano. Dos de sus tres hermanas se casarán con alemanes: una, con
el cónsul Paul Johannes Gerstaecker; la otra, con el conde de
Westerholtz, propietario de un castillo en Renania.
Rafael es enviado a los siete años a Alemania para terminar su
educación primaria. Completa sus estudios en Bélgica e ingresa como
cadete en la Real Academia Militar, donde es compañero del príncipe –y
futuro rey– Alberto. En esa época, los monarcas belgas acostumbran
invitar al palacio al mejor alumno de la academia, honor que goza
Nogales. Egresa como subteniente y toma cursos de filosofía y letras
en las universidades de Bruselas, Lovaina y Barcelona.
El joven frecuenta los círculos del rey Leopoldo de Bélgica, el káiser
Guillermo II de Alemania y Alfonso XIII de España. Para entonces,
además del castellano, habla y escribe alemán, francés, italiano e
inglés. Más adelante, aprenderá turco para comunicarse con sus
soldados sin necesidad de traductor.
Bautismo de fuego
Cuando en 1898 estalla la guerra entre Estados Unidos y España por la
entonces posesión colonial de Cuba, adopta el apellido Nogales y se
alista como alférez en el ejército español. Tiene su bautismo de fuego
en la isla a los 20 años. Tras la victoria norteamericana huye a
Haití, desde donde viaja a Marruecos y revista por poco tiempo en el
ejército del sultán Abd al-Aziz.
Recorre el norte de África, la India, Afganistán, Indonesia y Angola.
Después visita Inglaterra e Irlanda. Se traslada a Boston y en 1902
regresa a Venezuela.
Tiene 24 años, habla con acento alemán y aspira a iniciar una carrera
en el ejército. Pero enseguida surgen diferencias políticas con el
régimen del general Cipriano Castro y se interna en la selva con la
idea de derrocarlo. No tiene éxito, pero adquiere experiencia en algo
que no le enseñaron en la academia militar ni aprendió en Cuba y
Marruecos: la guerra de guerrillas.
Al año siguiente, enfermo de malaria y herido en una pierna, huye
rumbo a República Dominicana y pasa a Haití. Después atraviesa América
Central –en Nicaragua es bien recibido pero Honduras y Guatemala
ofrecen una recompensa por su captura– y llega a México. Cruza la
frontera, trabaja con vaqueros en Arizona y caza osos en Nevada, donde
se hace llamar Nevada Méndez. En Yuma vende su caballo, armas y
equipo, va a San Francisco y se embarca a China, adonde llega a
principios de 1903.
En el Lejano Oriente ha terminado la guerra chino-japonesa y está por
comenzar la ruso-japonesa. Recorre Cantón y Shangai, se mueve en
círculos diplomáticos, trabaja como espía para los gobiernos de Japón
y Corea, viaja a Pekín. Una noche, cuando una bala rusa le roza el
estómago, se da cuenta de que está siendo utilizado como carnada en el
“gran juego” de la intriga internacional. A fines de aquel año sale
apresuradamente a Siberia y se embarca hacia Alaska. En octubre ha
cumplido 26 años y ya ha recorrido medio mundo.
Cazador, buscador de oro, cuatrero
De 1904 a 1906 vive en Alaska. Atiende por un tiempo el juzgado de la
naciente ciudad de Fairbanks y convive con esquimales. Con ellos caza
ballenas, come su carne cruda y bebe hootch, aguardiente que los
nativos destilan de azúcar, harina y helechos. Los siguientes dos años
los pasa en Estados Unidos, donde se dedica primero a buscar oro y
después a vender ganado en Nevada y California.
En el Hotel Green, de Pasadena (California), conoce al anarquista
mexicano Ricardo Flores Magón, quien ha oído vagamente acerca de sus
andanzas. Viaja a Texas, donde se le unen Mike O’Reilly y Jimmy Sears,
“vaqueros por tradición, mineros por necesidad y aventureros de
nacimiento”. En la zona fronteriza de El Paso y Ciudad Juárez se
dedican al arreo y venta de reses ajenas. En sus memorias describirá
aquellos “antiguos días de vaquero en Río Grande, donde cada quien
llevaba la ley colgada del cinturón”.
“Por aquellos días lo cuatreros eran regularmente distinguidos
caballeros deportistas que cruzaban la frontera”, relatará años
después en sus Memorias de un soldado de fortuna. “Algunas veces
cabalgando por semanas una angosta vereda, escapando de la vigilancia
bajo un cielo abierto, aventurando ser colgados del árbol más cercano.
Era una fortuna cuando el árbol se encontraba algo distante, como para
darle tiempo al hombre de pensar, de rezar sus oraciones, de sobornar
a sus captores”.
Con los revolucionarios mexicanos
En esa época, Nogales es un hombre alegre: “Hoy hablaba de política
americana con el gobernador de Texas, mañana hacía conocer a un par de
senadores de Estados Unidos las explosivas y deliciosas enchiladas en
un café mexicano, dirigido por un chino y financiado por un americano.
Dos días después estaba arreando ganado cien millas afuera, sucio y
sudoroso, pero tan feliz como un estudiante escapado de clases”.
A eso se dedica cuando es convocado por Flores Magón para unirse a la
revolución contra Porfirio Díaz. A partir de entonces, merodea con sus
amigos O’Reilly y Sears entre Durango, Chihuahua y Sonora. Hacen lo
que mejor saber hacer: transportar explosivos y robar ganado para
alimentar a los revolucionarios mexicanos.
En 1909, Cipriano Castro es alejado del poder en Venezuela y Nogales
regresa tras ocho años de ausencia. En 1910 asume el general Juan
Vicente Gómez, quien se propone gobernar con mano dura. Nuestro hombre
se transforma en opositor. De los cinco años que reside en su país,
dedica cuatro a intentar el derrocamiento de Gómez –que permanecerá en
el poder hasta 1935– desde la frontera con Colombia.
En la Media Luna turca
Cuando en 1914 estalla la Primera Guerra Mundial, Nogales se encuentra
refugiado en Curazao y se embarca hacia Europa. Se ofrece como
voluntario primero en el ejército de Bélgica y después en el de
Francia, pero no acepta en ninguno de los dos el requisito de
renunciar a su nacionalidad.
Viaja a Bulgaria y en Sofía conoce al mariscal prusiano Colmar von der
Goltz, veterano de las guerras austro-prusiana y franco-prusiana,
autor del libro El pueblo en armas. Von der Goltz le ofrece unirse al
ejército alemán con el grado de capitán sin perder su condición de
venezolano. Nogales acepta combatir al servicio del Imperio Otomano,
aliado de Alemania.
Desde enero de 1915 hasta octubre de 1918 es oficial del ejército
turco con el nombre de Nogales Bey. Primero lucha contra el ejército
zarista en Anatolia. Después, hostiga a los armenios del Cáucaso que
se han aliado a los rusos para independizarse de los otomanos. Al
mando de 12.000 soldados, se enfrenta a 35.000 milicianos armenios en
la ciudad de Van, situada a 1.700 metros de altura. De ahí parte al
Kurdistán, en la frontera con Persia, para frenar a 30.000 rusos que
vienen al rescate de Van y se enfrenta a la caballería cosaca en
Bash-Kale, en las montañas de Kurdistán.
Sin embargo, indignado por las masacres de armenios cristianos
solicita la baja. El Estado Mayor no se la acepta, pero lo cambia de
frente. Es posible que de esa forma haya salvado su vida, ya que
varios oficiales turcos están dispuestos a matarlo porque lo
consideran un testigo comprometedor.
La Cruz de Hierro
En su nuevo destino, Nogales combate a británicos y árabes en Irak,
Siria y Gaza. En mayo de 1917, penetra cien kilómetros tras las líneas
inglesas y destruye líneas de ferrocarril y bases logísticas. Ese año
lo nombran gobernador militar del Sinaí.
En 1918 toma cursos avanzados en la Academia de Guerra de
Constantinopla, dictados por profesores alemanes. El sultán otomano
Reshid Effendi lo condecora con la Estrella de Medchedieh y lo
asciende a coronel. También recibe la Cruz de Hierro en Primera Clase,
otorgada por el káiser Guillermo II. El origen de esta distinción –que
muchos consideran erróneamente una condecoración nazi– se remonta a
1813, como homenaje a los militares que combatieron contra Napoleón.
Nogales va de licencia a Europa, donde al poco tiempo se entera de la
derrota de su bando y el fin de la guerra. Podría haberse quedarse a
salvo allí, pero regresa a Estambul para estar junto a sus camaradas
de armas y asumir las consecuencias. Los vencedores, sin embargo, lo
agasajan por haber salvado a 250 prisioneros británicos de la muerte.
Recoge sus condecoraciones y cuadernos de apuntes, y en abril de 1919
se embarca rumbo a Madrid y de ahí a América.
Tiene 42 años y es general de brigada. Pero la prensa de su país no le
perdona que haya elegido un exótico bando “oriental”. “El Garibaldi
andino”, lo apoda un escriba al servicio del dictador Juan Vicente
Gómez.
A partir de entonces, sin dejar de viajar, se transforma en
periodista, escritor y conferencista. En 1920 regresa a Venezuela. Se
recluye en un pueblo de los Andes, cerca de la frontera colombiana, y
se dedica a escribir Cuatro años bajo la Media Luna. Viaja a Berlín,
donde en 1925 sale la edición en alemán. Y se publica en inglés en
Londres en 1926, dos años antes que Los siete pilares de la sabiduría,
de Thomas Edward Lawrence.
En Venezuela, el general Gómez prohíbe el libro.
La contracara de Lawrence de Arabia
El 15 de noviembre de 1937, el escritor Roberto Arlt publica en el
diario El Mundo un artículo titulado “Lawrence: 500.000 dólares. ¿Y
Rafael de Nogales?”. Allí se pregunta:
“¿Por qué se recuerda a Lawrence y se olvida a Nogales? Los dos han
sido temerariamente aventureros, los dos ‘han trabajado con las manos
tintas en sangre’ durante varios años en el desierto; los dos fueron
escritores. […] Cuatro años bajo la Media Luna, el libro del general
Nogales, tiene la misma grandeza sombría que Los siete pilares de la
sabiduría de Thomas E. Lawrence. […] Creo que era un deber de justicia
evocar el libro del aventurero Nogales, agotado en castellano,
mientras que en estos momentos se recuerda tan vivamente la obra de
Lawrence”.
Al igual que Lawrence, su contraparte en Oriente Medio, Nogales nunca
se casa ni tiene hijos. Pero a diferencia del inglés, no existen
testimonios de que le gustaran los jovencitos. Hay que reconocer, sí,
que quiere más a sus caballos y mulas que a las mujeres. Está
convencido –y así lo escribe en Memorias de un soldado de fortuna– que
“las mujeres, con excepción de aquellas que sirven como enfermeras, se
convierten en verdaderos problemas para los ejércitos”.
Don Quijote militar
Nogales frecuenta a compatriotas exiliados en Londres y da
conferencias en Europa. Aunque él combatió en el bando rival a Gran
Bretaña, el gobierno le reconoce haber salvado la vida de prisioneros
ingleses.
“Profesores de Salamanca, Coimbra, Oxford y Cambridge le rinden
pleitesía”, recuerda la periodista y poetisa Ana Mercedes Pérez, que
lo conoció de pequeña porque era hija del cónsul de Venezuela en
Londres. Pero el embajador venezolano lo considera un “comunista y
peligroso terrorista, apoyado por bolcheviques rusos y mexicanos”. El
consulado no opina igual… y “rompe relaciones” con la embajada.
Nogales viaja a Nueva York, donde conoce a la feminista, poetisa y
escritora Muna Lee, nacida en Mississippi y esposa del periodista Luis
Muñoz Marín, futuro gobernador de Puerto Rico. Ella mejora
notablemente la traducción al inglés de Cuatro años bajo la Media Luna
y logra que la crítica se ocupe del autor. “Don Quijote militar”, lo
define The New York Herald Tribune.
Entre 1927 y 1928, Nogales es corresponsal de guerra en Nicaragua.
Entrevista al “general de hombres libres” Augusto C. Sandino y
colabora con su causa. Después publica El saqueo de Nicaragua, donde
describe al Héroe de las Segovias así:
“Pálido y ojeroso. Mirada penetrante. Labios resecos. Estatura de
Bolívar. Sandino no es un Napoleón ni tampoco un hotentote. Para mí,
es un líder de masas, un estratega astuto de la escuela de
Abd-el-Krim, de fama en Marruecos. Como Abd-el-Krim, Sandino consiguió
adaptar las tácticas militares modernas a las condiciones topográficas
y climáticas de la región en la cual realiza sus operaciones. Es un
hombre sencillo, hecho a propio esfuerzo, de lo que está orgulloso”.
En 1930 el libro es prohibido por el gobierno en Estados Unidos. La
editorial Robert McBride & Co debe pagar una multa de 250.000 dólares
–una suma exorbitante para la época– y quiebra. El autor lo publica
nuevamente en Londres, pero enviados de Washington compran casi toda
la edición.
“Ya no es el viajero que vaga errante por los siete mares, a caza de
un contrabando de armas o de una mina de oro”, escribe Ana Mercedes
Pérez en el prólogo de 1975 a El saqueo de Nicaragua. “Ahora lucha
contra las invasiones armadas en América Latina y contra el oro robado
de nuestras minas. Tampoco es el Bey Nogales a la cabeza de doce mil
turcos tomándose la ciudad de Van, ni es el caballero ocioso fuera de
combate, buscando ingeniosamente el modo de hacer fortuna. Prefiere
viajar con título de periodista, armado de su pluma y cámara
fotográfica al mismo teatro de los acontecimientos, para desnudar el
alma de la dolida Nicaragua”.
Entre Estados Unidos e Inglaterra, Nogales publica Memorias de un
soldado de fortuna (1932) y Sombrero de copa y espuelas (1934).
Con la pobreza en los talones
El tirano Juan Vicente Gómez –apodado “El Bagre” y padre de 15 hijos
reconocidos y más de 70 naturales, casi todos empleados en la
administración pública– muere en 1935. Al año siguiente, Nogales
regresa a Venezuela y se pone a las órdenes del nuevo gobierno. Quiere
contribuir como militar o político a la reorganización de su patria.
Pero la desconfiada mediocridad ambiente de algunos compatriotas le
retacea un cargo en el ejército o una banca en el Senado. Brilla
demasiado y temen que los opaque. Sólo le ofrecen un puesto de
administrador en la aduana de Las Piedras, un pueblucho costero al
noroeste del país, a más de 500 kilómetros de Caracas. Acepta porque
no tiene un centavo. La humedad del lugar agrava sus enfermedades.
“La pobreza rondaba sus talones de hombre honesto”, recuerda Ana
Mercedes Pérez. “Ahora era simplemente Nogales, escritor, que había
sobrevivido por el oficio quijotesco de vender sus libros. […]. En
pocos meses se había envejecido. Su aparente artritis parecía venirle
del alma”. Inactivo, aburrido y desterrado en su propia tierra,
renuncia a los cinco meses.
Un bulto en un depósito
Para alejarlo de Venezuela, le ofrecen viajar a Panamá a estudiar el
funcionamiento de la Guardia Nacional. Llega de traje raído, suelas
gastadas, muy enfermo. El 10 de julio fallece de pulmonía. Faltaban
tres meses para que cumpliera 60 años y ya era un anciano decrépito,
pero de tristeza. Entre las pocas pertenencias de su austera vivienda
se encuentra un cheque del National Bank of New York por poco más de
mil dólares que se destina a embalsamarlo y trasladarlo en barco a su
país.
Como paradoja final, el 24 de julio de 1937, mientras se conmemora el
natalicio del Libertador Simón Bolívar, su cadáver es descargado en el
puerto de La Guaira. Nadie lo espera ni lo reclama. El gobierno y los
políticos permanecen tan indiferentes como cuando el militar se
enfermaba en la aduana de Las Piedras. Una semana después, unos
periodistas logran rescatar el bulto abandonado en un depósito.
Lo entierran el 2 de agosto sin honores ni ceremonia. El káiser de
Alemania, su amigo exiliado en Holanda, envía una corona de flores al
cementerio y una tarjeta: “A Rafael de Nogales Méndez, generalísimo
en la gran guerra, uno de los caballeros más valientes y nobles que
haya conocido”. Recién en 1975 –casi cuatro décadas después– sus
restos son trasladados al panteón de las Fuerzas Armadas de Venezuela.
Sus condecoraciones se hallan en el Museo del Recuerdo de la Escuela
Militar.
Nacionalista y bolivariano
En los últimos años, ha comenzado a rescatarse la figura de este
militar hidalgo que proponía la unificación de América latina a través
de carreteras y redes ferroviarias construidas sin participación
estadounidense ni europea. Una de las personas más activas en esta
tarea es el embajador Kaldone G. Nweihed, quien en un prólogo reciente
a Cuatro años bajo la Media Luna afirma:
“Su pensamiento político sigue siendo materia prima poco aprovechada.
A nivel venezolano era nacionalista, admirador del Libertador y
manifiestamente opuesto a la dictadura. A nivel latinoamericano
reiteraba su fe en la integridad histórica y cultural del continente
con plena autonomía con respecto a Estados Unidos. A nivel universal
partía de la defensa de los países débiles desde una plataforma
antiimperialista e izquierdista”.
La historiadora Jasmina Jäckel de Aldana coincide:
“Desde el punto de vista nacional, Nogales aparentemente fue influido
por la idiosincrasia bolivariana y democrática, mientras que en el
aspecto regional latinoamericano se manifestó expresamente
panlatinoamericanista y pionero de la unificación. Abogó por la idea
de la ‘raza’ latinoamericana unida, como contrapeso a las potencias
mundiales, Estados Unidos y Europa, proponiendo la idea original de
una alianza con la naciente potencia japonesa”.
En la dedicatoria de Cuatro años bajo la Media Luna, Nogales indica:
“Esta modesta obra, escrita con la tosca pluma de un soldado, la
dedico respetuosamente a la memoria de mis compatriotas
latinoamericanos, desde México hasta la Argentina, que durante la
Guerra Magna supieron combatir y morir con gloria para mantener en
alto la tradición guerrera de nuestra raza”.
Y muchas décadas después, Otto H. Burguera lo recordará con estos versos:
En su bajel de eterno, errante peregrino,
los inmensos mares de la aventura surca.
Y, sueña cuatro años este andino,
bajo la Media Luna de la bandera turca.
Fuentes
Jasmina Jäckel de Aldana, “¿Del aventurero trotamundos al héroe
nacional venezolano?”, Estudios de Asia y África, El Colegio de
México, enero-abril 2000, en http://www.redalyc.uaemex.mx
Luciana Mc Namara, “Rafael de Nogales Méndez, militar y aventurero:
venezolano de película”, revista Encontrarte, fascículo 101
http://encontrarte.aporrea.org/101/personaje/
Rafael de Nogales Méndez, Memorias, Tomos I y II, Editorial Fundación
Biblioteca Ayacucho, Colección La Expresión Americana, 1991.
Traducción y prólogo: Ana Mercedes Pérez.
Rafael de Nogales Méndez, Cuatro años bajo la Media Luna, Fundación
Editorial El Perro y la Rana, Caracas, 2006. Prólogo: Kaldone G.
Nweihed.
Rafael de Nogales Méndez, El saqueo a Nicaragua, Fundación Editorial
El Perro y la Rana, Caracas, 2007. Traducción y prólogo: Ana Mercedes
Pérez.
Violeta Rojo, “Memorias de un aventurero venezolano: Rafael de Nogales
Méndez”, Revista Virtual Contexto, N° 8, 2002.
http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/18898/1/violeta_rojo.pdf
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