[R-P] Por voltear a Perón 2... Agrego a "Menos abogados, más ingenieros..."
Inti Alpert
intialpert en yahoo.com.ar
Sab Abr 23 19:34:54 MDT 2011
Para eso hay una respuesta habitual: "no se sabe nunca; tal vez dentro de
diez años ese teorema va a ser la piedra fundamental de una teoría más
importante que la relatividad o la evolución". Bueno, sí, como posibilidad
lógica no se puede descartar, pero ¿cuál es su probabilidad? Porque si es
muy cercana a cero no vale la pena molestarse. Además, seamos realistas: si
un teorema que yo descubro hoy y que nadie lee ni le importa, dentro de diez
años resulta importante, es seguro que el científico que lo necesite para su
teoría lo va a redescubrir por su cuenta, y recién mucho después algún
historiador de la ciencia dirá "ya diez años antes un señor allá en
Sudamérica había demostrado ese mismo teorema". No tiene mucha importancia
eso para la ciencia universal. Ese valor potencial que tiene cualquier
descubrimiento científico es el que tendría un ladrillo arrojado en
cualquier lugar del país, si a alguno se le ocurriera construir allí una
casa, por casualidad. Es posible, pero no se puede organizar una sociedad,
ni la ciencia de un país con ese tipo de criterio. Hay que planificar las
cosas. No todas las investigaciones tienen la misma prioridad; ellas no
pueden elegirse al azar ni por criterios ajenos.
Esta no es una posición aceptada por todos los científicos: al contrario,
contradice algunas de las bellas frases acerca de la Ciencia con que nos
educan desde niños. En particular parece -sólo parece- contradecir la
"libertad de investigación".
Cuando un científico está tan convencido de la importancia de su tema que no
hay manera de convencerlo de que tiene prioridad baja, hay que dejarlo,
incluso hay que ayudarlo un poco. Porque esa convicción aumenta la
probabilidad de que el tema sirva para algo. Pero esos casos son muy raros.
Piensen, aquellos de ustedes que ya están embarcados en la carrera
científica, si en algún momento han tenido la convicción de que "tengo que
estudiar físico-química o reviento". No es verdad. uno elige su especialidad
llevado en buena parte por las circunstancias: una beca, un buen profesor,
un amigo, la familia. Y si las circunstancias le hubieran hecho estudiar
bioquímica estaría igualmente satisfecho.
Sin embargo hay que tener en cuenta que cuando una persona ya está entrenada
en una rama de la ciencia, cuando ha invertido unos cuantos años de su vida
en aprender una especialidad, es muy difícil pedirle que se dedique a otra
cosa de más prioridad. Si se le insiste mucho lo que hará es irse. Lo que
estoy diciendo se dirige a la gente que tiene que elegir su carrera, y a los
que tienen que decidir cómo se va a planificar la ciencia del país de aquí
en adelante, es decir, con qué criterios se van a repartir los limitados
fondos de que se dispone para investigar.
En esta lucha por la independencia cultural se puede caer, es cierto, en
extremos ridículos o heroicos. Así, el líder negro Fannon rechaza no
solamente la colonización política y económica sino también la cultural, y
dice: no queremos la ciencia de los blancos, no queremos la literatura de
los blancos; todo lo que han hecho desde Aristóteles hasta ahora pueden
guardárselo y vamos a ver qué hacemos nosotros en cambio. Eso realmente es
valiente, pero yo no creo que pueda ser. No puede ser por un motivo
sencillo, la ciencia "blanca" produjo una fuerza física que es irrebatible:
si Africa renuncia a toda la ciencia blanca, en particular renuncia a las
armas. Y no veo entonces cómo se van a proteger de la colonización.
Ese es un hecho incontrovertible; hay una parte de la ciencia que hay que
aceptar aunque sea en defensa propia. Si los guerrilleros vietnamitas no
estuvieran dispuestos a aprender la tecnología de la bazooka sería peor para
ellos. Y esa tecnología lleva implícita una ciencia básica que hay que
aprender.
Tampoco vamos a rechazar una teoría simplemente porque viene del Hemisferio
Norte, como Hitler quería rechazar la relatividad porque la había inventado
un judío. Lo que afirmamos es que no hay que irse al otro extremo: aceptar
cualquier cosa simplemente porque viene del Hemisferio Norte. Independencia
cultural significa dos cosas: obligación de crear, y derecho a elegir. De lo
que se hace en el Norte vamos a elegir lo que nos parezca conveniente; vamos
a tomarnos esa gran responsabilidad. Y vamos a tratar de crear lo que falta.
Podremos equivocarnos, como se equivocaron en Rusia al apoyar al genetista
Lyssenko contra las teorías "occidentales", pero por lo menos intentaron una
nueva vía. Tal vez Lyssenko era demasiado pirata y ese error pudo haberse
evitado. Pero no importa; un error así es menos grave que aceptar a pies
juntillas todo lo que viene del Norte, cono hacemos nosotros. Prefiero el
otro tipo de pecado.
Elegir en vez de aceptar no es fácil. Crear, mucho menos. La Ciencia parece
a primera vista un cuerpo tan completo y perfecto que uno se descorazona
fácilmente ante la tarea de innovar. Sin embargo, todos están de acuerdo en
que dentro de un siglo la ciencia habrá descubierto campos, teorías y
métodos totalmente nuevos. Eso significa que la ciencia de hoy no está
cubriendo todos los campos posibles. Hay un horizonte inmenso de nuevas
posibilidades.
Es verdad que la mayoría de estas novedades futuras no podrían aparecer hoy,
de pronto. Necesitan que transcurra el tiempo para que se hacen ciertos
descubrimientos empíricos, se inventen ciertos materiales y aparatos, etc.
Pero en muchos otros casos, el hecho de que se descubran hoy o dentro de
cien años depende principalmente del interés de los investigadores. Incluso
hay fenómenos sociales, biológicos, geológicos, que si no se investigan hoy
no se podrán investigar ya nunca porque habrán desaparecido.
En la Facultad de Ciencias, el deseo de crear, de ser originales, tropieza
con dificultades cada vez mayores a medida que se trata de una ciencia más
básica. Para un biólogo, encontrar temas que no sean sugeridos por el último
grito de la biología molecular no es muy difícil, dado el carácter local de
muchos fenómenos biológicos interesantes. Lo mismo pasa con los geólogos
(que deberían estar en esta Facultad). Hace poco leí que un estudio del río
Caroní sirvió para modificar una serie de conceptos hidrogeológicos. Ese
estudio lo dirigió un norteamericano ¿Por qué no un venezolano? Es un tema
tan interesante que pesó el nivel de revista técnica y alcanzó el de
divulgación. Como éste, sin duda hay muchos otros temas empíricos que
conducen rápidamente a cuestiones teóricas novedosas.
Pero si pasamos a la Química, la Física o la Matemática, la cosa es más
difícil, aún si el único criterio fuera la originalidad, que no lo es.
Evidentemente los átomos son los mismos en todas partes, parece difícil
encontrarles carácter local., y en efecto, una teoría de las partículas
elementales venezolanas sonaría bastante ridícula, y una teoría venezolana
de las partículas elementales suena bastante difícil porque sería correr una
carrera con el Hemisferio Norte en un tema que inventaron ellos, al cual
aplican enormes recursos y donde nos llevan una gran ventaja inicial. Es
justamente lo que se quiere evitar.
Sin embargo, los átomos de azufre pueden estudiarse en general o en su
relación con el petróleo venezolano. Este es un problema empírico que lleva
inmediatamente a cuestiones teóricas fundamentales. Y tampoco es imposible
hacer teorías en las que en el Norte no se ha pensado: en esta misma
Facultad, el profesor Alsina, un sudamericano, completó su interpretación
del electromagnetismo y otros conceptos físicos a través de la relatividad
especial, un estudio original y de calidad.
Se puede estudiar la teoría de líquidos en vez de la de sólidos como todo el
mundo, o dentro de los sólidos la física del suelo en vez de los
semiconductores o los cristales. Toda la teoría de los fenómenos
irreversibles está muy atrasada. No se sabe nada de posibles memorias
orgánicas para computadoras: hay allí un campo abierto para equipos de
ingenieros, biólogos, químicos y físicos.
Ya ven que es posible plantear ternas que no están de moda, si es eso lo que
uno se propone.
Pero la originalidad no puede ser el único criterio. Eso corresponde a la
ideología de que la ciencia es un juego y que el científico puede elegir el
tema que le divierta más, porque su recompensa es el placer que experimenta
al dedicarse a ese juego. Esa ideología se lava las manos de los problemas
sociales y por eso debemos rechazarla.
Intentemos por lo menos una respuesta tentativa a este problema de hacer
ciencia autónoma pero con un contenido social.
Yo creo que lo que tiene que hacer un país subdesarrollado es integrar la
actividad científica alrededor de algunos grandes problemas del país. Y la
Facultad de Ciencias tiene que orientar su enseñanza para que eso sea
posible. Afirmo que con ese método de trabajo se conseguirá que la
Universidad contribuya mejor al desarrollo del país y que no se haga
seguidismo científico.
Para aclarar, tomemos como ejemplo un proyecto que se planteó en esta misma
Facultad sin mayor éxito. Es el estudio general de la región de los Llanos.
Que eso es útil, muy útil, al país es evidente, pero además puede dar origen
a descubrimientos empíricos, teóricos y metodológicos de tanto interés como
los de cualquier otra parte del mundo.
La idea es que al plantear un estudio tan amplio es forzoso trabajar en
equipo multidisciplinario. Se debe conseguir una integración no sólo de
ecólogos, zoólogos y botánicos, edafólogos y micólogos, sino también de
físicos y químicos, porque el suelo debe ser analizado desde ese punto de
vista, y de matemáticos, porque toda esa información debe poder manipularse
de una manera eficiente y rigurosa, es decir con métodos matemáticos. Y por
supuesto tiene que haber economistas y sociólogos: sería absurdo estudiar
toda la vida de los Llanos menos la humana; hay que estudiar cómo es la
gente que vive allí, cuáles son sus necesidades, y qué representa esa región
para los objetivos nacionales de Venezuela.
Estoy seguro de que cuando los campesinos del Llano empiecen a plantear sus
problemas acerca de por qué tal planta crece peor aquí que allá, los
fisiólogos vegetales encontrarían cien temas de interés, y como no estarán
estudiando ejemplares de invernadero deberán llamar en su auxilio a los que
estudian las propiedades del suelo, las características de las inundaciones,
los enemigos naturales, etc., etc. Esta interacción de disciplinas, que
exige a su vez discusión, crítica y estímulo constante entre los
investigadores y permite que ideas comunes en una rama de la ciencia se
propaguen de manera natural a las otras, es una garantía de éxito.
Les recuerdo además una característica propia de la ciencia del norte, y es
que allí es muy raro el trabajo en equipo, justamente porque la filosofía de
la vida en Estados Unidos requiere una alta competitividad individual. Cada
científico tiene que firmar él su paper, porque si no ha publicado tantos
por año pierde su contrato en la Universidad a favor de otro que publicó
más. Hay una resistencia muy grande a hacer un trabajo en el que haya cierta
dosis de, digamos, generosidad colectiva con respecto a las ideas y a los
papers. Es muy difícil plantear allá un trabajo grande, cuyos resultados
pueden tardar 3, 4 ó más años en aparecer, y cuando aparezcan estarán
firmados por muchas personas. Eso no sirve para hacer carrera científica en
Estados Unidos, y no se hace salvo cuando no hay más remedio: cuando hay
guerra, en las industrias de defensa, en la industria espacial. Allí sí;
cuando hay que hacer la bomba atómica se reúnen todos los cráneos necesarios
y se hace. Pero no es lo usual; ellos no están preparados ideológicamente
para trabajar en equipo. Yo no sé si nosotros lo estamos, pero es un camino
promisorio y deberíamos probarlo.
Pero hasta ahora no ha habido confianza suficiente en las propias fuerzas.
Así un Magnífico estudio interdisciplinario, el plan de desarrollo de Ciudad
Cuyana y su zona de influencia, fue encargado a un grupo de expertos
extranjeros. Y los resultados no fueron muy brillantes, por cierto.
Seguramente un equipo venezolano no lo hubiera hecho peor.
Esto nos indica otro ejemplo, el más importante de los que se me ocurren. Es
el estudio de la estrategia de desarrollo que más conviene al país.
Partiendo de la situación actual objetiva, y de ciertas metas generales como
eliminar la pobreza, la dependencia económica y cultural, etc., se debe
investigar cómo efectuar ese cambio, pero analizando todos sus aspectos: con
qué recursos naturales y humanos se cuenta, qué fuerzas internas o externas
se oponen al cambio, qué instituciones se necesitan, qué fábricas son
indispensables, cómo pueden continuar funcionando si hay un bloqueo
comercial, etc., etc. Este es un problema que parece pertenecer a las
ciencias sociales, pero si se plantea en todo su real tamaño requiere la
colaboración esencial de las ciencias básicas, desde la discusión de las
recursos naturales y los procesos tecnológicos de producción hasta los
métodos matemáticos y estadísticos de analizar la enorme cantidad de
factores que intervienen en el proceso simultáneamente.
E insisto en que aunque estos grandes proyectos parecen ser ciencia
aplicada, en la realidad darán origen a muchos problemas de ciencia pura, y
de manera funcional: no problemas teóricos cualesquiera, sino sugeridos por
la necesidad de contestar a las preguntas planteadas en el proyecto y que la
ciencia actual no alcanza a responder. En Venezuela tenemos varios ejemplos
concretos de esto. Así, en el estudio de sistemas socio-económicos mediante
modelos matemáticos complejos que se hace en el Cendes y en el Departamento
de Computación de esta Facultad, notamos la necesidad de ciertas
herramientas matemáticas que la ciencia del Hemisferio Norte no se ha
preocupado por desarrollar. Ellos publican muchos teoremas de Topología, de
Análisis Funcional, de Algebra Homológica, pero no nos sirven. Nos harían
falta otro tipo de teoremas aún no descubiertos. No es que queramos ser
originales; es una necesidad que apareció naturalmente en el curso de
nuestro trabajo, y que nos hace desear una mayor integración con los
matemáticos 'puros' de esta Universidad.
Este ejemplo es interesante porque se refiere a la ciencia considerada más
universal entre todas, y donde parece más difícil que una investigación
'aplicada' pueda originar problemas teóricos novedosos. ¿No es lógico pensar
que los matemáticos sudamericanos podrían contribuir más eficazmente al
desarrollo de esta ciencia interesándose por estos problemas en vez de
seguir a la cola de los temas de moda? La famosa ciencia universal puede
ganar muchos más de unas pocas ideas frescas, motivadas por problemas reales
nuestros, que de nuestra incorporación pasiva a la gran competencia
atlético-científica del Hemisferio Norte.
Pero ¿como se hace para lograr una renovación académica en esta dirección;
para que los hábitos de investigación se orienten hacia estos grandes
proyectos interdisciplinarios? Esto no se consigue en un día ni con un
decreto del Consejo Directivo. Hay muchos pequeños y grandes ajustes que
hacer en todas las actividades de la Facultad lo antes posible. Veamos
algunos, propuestos por el Profesor Domingo, y que yo comparto totalmente.
1. Aumentar la interacción profesor-alumno en ambas direcciones:
reducir la importancia de las clases magistrales ante aulas repletas y
aumentar la enseñanza en grupos pequeños, pasando rápidamente a seminarios,
y luego a grupos de trabajo antes de graduarse. Utilizar medios mecánicos y
electrónicos para enseñar el material que puede aprenderse rutinariamente,
de memoria, pero sólo para ese material. El uso exagerado de televisión
educativa y enseñanza programada es un peligro mortal para la independencia
de nuestros países.
2. Modificar el régimen de calificaciones de modo que premie no sólo
el conocimiento individual sino la capacidad de trabajo en equipo, de
colaboración, la dedicación a transmitir conocimientos y la imaginación
creadora.
3. Los mismos criterios pero con mayor énfasis aún, deben usarse para
la selección de becarios al exterior. No debe becarse a nadie que no está
formando parte de un grupo de trabajo y no sepa lo que va a hacer a su
regreso. El pedido de beca debe ser aprobado por el grupo de trabajo.
4. Modificaciones del pensum para introducir temas que vinculen la
ciencia con la sociedad. En Particular debe darse una descripción del país
con sus problemas actuales y previsibles, con un criterio muy concreto y
dinámico.
5. La tesis de grado debe hacerse preferentemente colaborando como
asistente en un equipo que ya está funcionando interdisciplinariamente.
6. Estimular reuniones de profesores de distintas Escuelas y de
distintas Facultades para sugerir vinculaciones de cada materia y de cada
investigación con otras disciplinas.
7. Utilizar los criterios enunciados en 2.- para los ascensos,
subsidios y años sabáticos a profesores.
8. Dar mayor responsabilidad en la enseñanza a los asistentes e
instructores.
Tal vez estas normas ayuden a luchar exitosamente contra los fósiles y los
cientificistas al mismo tiempo, y los universitarios puedan por sentir que
están cumpliendo con su país y con la ciencia.
* Oscar Varsavsky nació en Buenos Aires, Argentina, un 18 de enero de 1920;
murió en esa misma ciudad el 17 de diciembre de 1976.Se graduó como doctor
en Química en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos
Aires. Vinculó el quehacer científico con la realidad social, considerando
que la ciencia debe estar al servicio de un proyecto político para cambiar
la sociedad. Fue un pionero en la creación de modelos matemáticos aplicados
a las ciencias sociales. A lo largo de su vida dio clases de Matemáticas en
las universidades del Sur, de Cuyo y de Caracas. Y desde 1958 fue miembro
del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y
en sus últimos años profundizó en el estudio de la Historia y la
Epistemología (estudio crítico del desarrollo, método y resultado de la
ciencia). "Ciencia, política y cientificismo" es una de sus obras más
significativas para gestar una ciencia al servicio de un proyecto nacional.
Fuente: http://www.oei.es/salactsi/varsavsky.htm
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