[R-P] Delirium Pagnis
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Lun Abr 18 07:12:27 MDT 2011
["Sin embargo, el avance sobre las obras sociales podría reorientar
contra el Gobierno el discurso de Moyano."
Infrecuente carga de perfidia en estas líneas a su modo magistrales de
Carlos Pagni, capaz de transformar un delirio en un discurso
coherente.
Reitero lo que llevo dicho hace unos días: una verdadera pena que tan
buen vasallo como es Pagni se vea en el brete de servir a tan mal
señor.]
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1366508-tres-frentes-gremiales-acechan-a-cristina?utm_source=newsletter&utm_medium=colum&utm_campaign=pagni
El escenario
Tres frentes gremiales acechan a Cristina
Carlos Pagni
LA NACION
Lunes 18 de abril de 2011
"Yo no soy Isabelita. A mí no me va a voltear la UOM." Con esa
comparación, la Presidenta comunicó al intendente de Quilmes y
gremialista metalúrgico Francisco Gutiérrez, el dramatismo con que
sigue uno de los conflictos sindicales que se abrieron el viernes
pasado: el delegado por los empleados en la asamblea de Siderar votó
contra el Gobierno en la pulseada por incorporar a la compañía más
directores de la Anses. Es uno de los tres desafíos que le llegan a la
Presidenta desde el gremialismo. La CGT también se ha estremecido por
el proyecto de reforma del sistema de las obras sociales que anunció
ayer este diario. Además, el Ministerio de Trabajo debió dedicar el
fin de semana a la suspensión de un conflicto petrolero que paralizó
la producción de crudo por 18 días en Santa Cruz. El paro llevó al
secretario de Energía, Daniel Cameron, a advertir que el
abastecimiento de naftas de los próximos días podía estar en riesgo.
Así comienza, entonces, la semana de Cristina Kirchner: con su
política amenazada por un cerco sindical.
No debería llamar la atención que los actores corporativos se expandan
en una época en la que los partidos políticos no consiguen celebrar
con normalidad una interna. La tragicomedia de la UCR y el Peronismo
Federal convive en las páginas de los diarios con los estremecimientos
gremiales que mortifican al Gobierno. Tampoco debería sorprender: a la
hora de organizar el poder, ella prefiere, en la escuela de su esposo,
las transacciones sectoriales al diálogo político.
El diálogo en el que la señora de Kirchner recordó el derrumbe de la
señora de Perón se produjo el viernes pasado. Recién finalizaba la
asamblea de Siderar y el representante de los trabajadores por el
programa de propiedad participada, un metalúrgico, había votado junto
a los accionistas privados para que se postergara la incorporación de
nuevos representantes de la Anses.
La UOM prestó un servicio catastrófico a la señora de Kirchner. No
sólo demoró la aplicación de su decreto. Además, atestiguó que, ya no
para los diabólicos ejecutivos de Techint, también para los empleados
es preferible que los muchachos de La Cámpora no ingresen en el
directorio. Como el resto del gremialismo, los metalúrgicos creen
tener más derecho a representar a los contribuyentes de la Anses que
los militantes juveniles que rodean a la Presidenta.
El avance oficial sobre las empresas se sostiene en el impecable
argumento de que "el Estado debe cuidar el ahorro de los argentinos".
Nada parece tan urgente, sobre todo cuando se advierte lo poco que
hace la Anses para volver creíble esa consigna. Para empezar, el
kirchnerismo se ha empeñado en aletargar la comisión bicameral del
Congreso creada para monitorear a ese organismo.
Además, las auditorías universitarias prometidas por la Anses para
garantizar la calidad de sus inversiones jamás se realizaron. La única
supervisión, hay que suponer, correría por cuenta del Organo
Consultivo creado por Amado Boudou cuando se estatizó el sistema
previsional. Estaba integrado, entre otros, por el sindicalista Juan
Zanola y por el recaudador de la campaña presidencial, Sebastián
Gramajo, ambos procesados por integrar la "mafia de los medicamentos".
En definitiva: llama la atención que funcionarios tan celosos con la
vigilancia de los activos de los trabajadores sean a la vez tan
remisos en someter a algún control el manejo que ellos mismos hacen de
esos recursos.
Más allá de estas exhibiciones de cinismo, la Presidenta desató una
disputa con el sindicalismo, como demuestra la conducta de la UOM.
Néstor Kirchner y Julio De Vido habían aprovechado la designación de
directores de la Anses en las empresas para reforzar su alianza con
los gremios. Ausente Kirchner, la viuda rompió ese pacto para
beneficiar a La Cámpora, su instrumento de intervención en las
internas del oficialismo.
Esta novedad puso en alerta a Hugo Moyano. A él y a sus colegas el
avance de los "camporitas" -así llaman a los "cuadros universitarios"
de la señora de Kirchner- les produce alergia. La cúpula sindical
conserva reflejos pavlovianos adquiridos en los años 70 que la
enfrentan al entorno de Olivos. Un ejemplo: al gremialista Julio
Piumato le han escuchado conjeturar que el exhorto suizo sobre los
Moyano puede haber sido una artimaña del ex montonero Juan Gasparini,
experto en finanzas que ejerce el periodismo en la Confederación
Helvética.
Ahora la dirigencia sindical y la izquierda del Gobierno tienen un
motivo menos fantasmagórico para enfrentarse: como publicó ayer LA
NACION, por los despachos oficiales circula un proyecto de reforma del
sistema de obras sociales cuya aplicación sería dramática para el
gremialismo.
El inspirador fue Kirchner. A fines de 2008 él comenzó a estudiar con
el interventor en el PAMI, Luciano Di Cesare, un mecanismo para que
ese instituto, junto a la Administración de Programas Especiales (APE)
de la Superintendencia de Salud, concentre las contrataciones de las
entidades sindicales. Los sindicalistas perderían de ese modo una
fuente invalorable de poder y de dinero. Al final del camino, el PAMI
quedaría transformado en una megaobra social estatal, similar al
seguro de salud que había imaginado Raúl Alfonsín en los años 80. Los
prestadores privados -clínicas, laboratorios, farmacias- se
convertirían en proveedores del Estado.
Es posible que con la resurrección de este plan se pretenda llamar a
Moyano a una mesa de negociación antes de que se confeccionen las
listas del PJ. Sobre las espaldas del camionero pesa el dictamen del
salteño Juan Urtubey: "Piantavotos". No hay que engañarse: el
gobernador habló por todo el peronismo territorial (una versión
insistente afirma que la Presidenta padeció su lipotimia después de
que Moyano la conminó a suspender una entrevista con Urtubey, el
miércoles pasado).
La polémica por el diseño del sistema de salud agrega más presión a un
debate preexistente. La CGT reclama $ 3000 millones de recursos
concentrados en la APE. Pero la Presidenta se resiste a distribuir más
de $ 1000 millones. Por un lado, porque no encuentra funcionarios con
el arrojo suficiente como para firmar semejante cheque y no terminar
en lo de Norberto Oyarbide. Por otro, porque el reparto beneficiaría
al gremio de los trabajadores rurales, del duhaldista Gerónimo
Venegas.
Los sindicalistas ganaron una provisoria tranquilidad judicial desde
que el segundo de Zanola, Sergio Palazzo, fue a declarar en la causa
de los medicamentos. Desde el corazón del poder, alguien le aseguró:
"Andá tranquilo; hasta fin de año no sale nadie, pero tampoco entra
nadie". Hablaban de la cárcel, claro.
Sin embargo, el matrimonio de Hugo Moyano y Liliana Zulet no consiguió
lo que pretende: que el sistema que eximió de una investigación
patrimonial exhaustiva al matrimonio Kirchner se aplique para cerrar
también sus causas. Esa inquietud y la polémica por el sistema de
salud le otorgan un nuevo significado al acto del próximo 29 en la
avenida 9 de Julio.
El camionero se propuso reunir allí a unas 300.000 personas. De su
entorno ha trascendido que piensa proponer esta opción: "¿A quién le
creen? ¿A Clarín o a mí?". Acaso Héctor Magnetto no deba esperar un
auxilio mayor en su duelo con la Casa Rosada.
Sin embargo, el avance sobre las obras sociales podría reorientar
contra el Gobierno el discurso de Moyano.
Ninguna de estas tensiones tiene para la Presidenta el dramatismo que
la que llega desde Santa Cruz. Allí los petroleros dejaron de extraer
crudo hace 18 días. El conflicto llevó al secretario de Energía,
Daniel Cameron, a anticipar que por la caída de la producción -20% del
total del país- podía faltar nafta en estos días. De Vido se reunió
con el titular del sindicato, Héctor Segovia -a quien en varias
pintadas amenazan de muerte-, y su rival, el rebelde Rubén Retamoso.
Ayer lo hizo la viceministra de Trabajo, Noemí Rial. Mientras se libra
esa interna, las autoridades sugirieron a YPF que importe
combustibles.
No deja de ser una paradoja que los desafíos más angustiantes contra
Cristina Kirchner lleguen desde la corporación sindical. Contra lo que
indica su retórica, contra lo que consigna su currículum, ella
proviene de esa matriz. No sólo porque convivió por décadas con un
dirigente que, como su esposo, inició su carrera al amparo de Armando
Mercado, ex esposo de Alicia Kirchner y ex jefe de los petroleros de
Santa Cruz. El primer acercamiento de la Presidenta a la política se
produjo, cuando niña, de la mano de su madre, Ofelia, delegada del
sindicato del Ministerio de Economía bonaerense. Desde ese rincón, tan
conocido y tan arcaico, está recibiendo hoy las amenazas.
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Néstor Gorojovsky
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