[R-P] Subject: VERSION HISTORICA DE LOS MAS JOVENES (II)
jorge tribo
jorgetribo en yahoo.com.ar
Vie Abr 15 20:28:01 MDT 2011
Maria S.,
Continúa el relato sobre Sabino Navarro, por otros dos protagonistas de la época:
indymedia
HOMENAJE A JOSÉ SABINO EL NEGRO NAVARRO
Hace 35 años que venimos charlando sin vernos, Negro. Nos ha pasado de todo durante mucho tiempo y sin embargo te veo como si fuera ayer.
Es difícil explicarles a otros este grado de intimidad. En aquellos tiempos quizás hubiera sido más fácil. Cuando todos sabíamos que muchos moriríamos para que la Patria viva, cuando todos creíamos que morir no era desaparecer, cuando sentíamos que morir por la Patria y el Pueblo no era dejar de existir, cuando morir de amor por los más humildes y explotados no era -perder.
Es que nuestra intimidad está basada en la trascendencia. Hoy es difícil de explicarles a otros porque se han acostumbrado a vivir sin trascendencia, se han acostumbrado a afanarse por causas intrascendentes.
La verdad, Negro, no creo que seamos anticuados. Las cosas hoy han cambiado, pero no son más modernas, sino que simplemente son más degradadas. No creas que te lo digo para consolarte; la verdad es que no creo que hayamos jugado nuestras vidas por error. Vos no moriste por un tonto idealismo, Negro. Creo profundamente que nuestros valores trascendentes sobrevivirán en muchísimos siglos a los rastreros principios del oportunismo político y el descompromiso.
¿Cómo podría entenderse nuestra intimidad trascendente si no fuera porque nos hermanamos para siempre en eso que llamábamos -el compromiso? ¿Cómo podrían entender hoy esta hermandad esencial quienes buscan -triunfar sin comprometerse con nada que les ponga en juego la vida? ¿Cómo van a entender lo que es el compromiso si tienen terror de lo que llaman -quedar pegado?
No sé me ocurre cómo podría homenajearte alguien que no tiene un compromiso a muerte con la justicia y la dignidad de los oprimidos. ¿Qué intimidad podríamos tener con quien -hace política bien remunerada cacareando sobre el pasado sin comprometerse para que nada cambie en el futuro?
Lo más importante de tu ejemplo, Negro, es que los pibes comprendan lo valioso de un compromiso existencial con la justicia social y con la independencia económica de la Patria, de un compromiso del alma con la integración liberadora de la Patria Grande.
Mi sencillo homenaje, Negro, es decirte que seguiré caminando junto a vos, como siempre.
Julio de 2006
Mario Eduardo Firmenich
www.uniondeargentinosencatalunya.com/
LOS COMPAÑEROS DEL GRUPO SABINO
Por José Amorín
El Negro, José Sabino Navarro, delegado sindical metal mecánico y peronista de toda la vida, fue el jefe de Montoneros a partir de la muerte de Abal Medina y hasta julio de 1971 cuando, sancionado por la Conducción Nacional, debió trasladarse a Córdoba y Firmenich ocupó su lugar.
El Negro, cuando se organizó nuestro grupo en enero de 1969, habitaba una casilla prefabricada en San Miguel y tenía 26 o 27 años. Era dirigente de la Juventud Obrera Católica y poseía un gran prestigio en el universo del Peronismo Combativo. Prestigio bien ganado por sus luchas sindicales pero, tal vez más, debido a la feroz paliza que propinó al secretario general de los mecánicos, José Rodríguez, por haber traicionado una huelga. Tenía una pinta a toda prueba y yo lo veía idéntico a Emiliano Zapata.
Las no muy numerosas minas que había en nuestro ambiente morían por él. Estaba casado y tenía dos hijos, pero jamás dejó de usufructuar su pinta. Me consta. Ilana, Hilda Rosenberg, pocos meses menor o mayor que el Negro -pintora, divorciada, dos hijos y mi pareja hasta mediados del '71- había pasado por la izquierda tradicional pero sin establecer grandes compromisos hasta ingresar en nuestro grupo. Cursaba quinto año en un colegio nocturno y me la presentó, en abril del '68, Gustavo Oliva: un flaco jodón -de a ratos poeta y de siempre tomador- que era su compañero en el colegio y mi compañero en el servicio militar.
Tato, Gustavo Lafleur, un tipo risueño y serio quien después se casó con su novia eterna, la más que bancadora Helena Alapín, era maestro mayor de obras, segundo de Gustavo Rearte en la Juventud Revolucionaria Peronista e íntimo amigo de Envar El Kadri. A sus 23 años, poseía la mayor capacidad política y experiencia militante de nuestro grupo. También tenía un considerable prestigio en el mundo del Peronismo Combativo.
Cuando lo conocí, en 1968, daba clases de peronismo en el sótano de un edificio que se caía a pedazos. Almagro o el Centro, no recuerdo. Sí recuerdo que asistí a una de sus clases gracias a un aviso publicado en Che Compañero. Una publicación semi-clandestina de la cual yo compraba varios ejemplares para distribuir entre mis compañeros del servicio militar.
Una mañana, durante la formación de la compañía de Policía Aeronáutica en la cual revistaba, el sargento enarboló un ejemplar de Che Compañero y ladró: -quién trajo esto aquí.
Me cagué en las patas, pero di un paso al frente: muchos de los compañeros sabían que era yo, y mi prestigio estaba en juego. -Fui yo, sargento ayudante, grité mientras intuía el peor de los destinos. Sin embargo, el milico se limitó a decir -no lo haga más, reclutón, me entregó el periódico y me hizo volver a la fila.
No me castigaron. Pero, cuando llegó el momento, no me dejaron jurar la bandera. Para ellos, el peor de los castigos. Para mí, un premio: me evité horas de pie cargando con no sé cuántos kilos del anacrónico máuser de los desfiles.
Por supuesto, continué la distribución del periódico - aunque con mayor prudencia- hasta que leí el aviso, conocí a Tato y, esa misma noche, entre ginebras y café, sumamos fuerzas, armamos nuestro primer -grupúsculo político-militar y decidimos comenzar la lucha armada.
Leandro, quien después fue conocido mediante los pseudónimos Pingulli y Diego, se llamaba Carlos Hobert, era empleado público, dirigente universitario en la Facultad de Historia y, a sus 22 años, el más sensato de nosotros: fue el jefe real de Montoneros desde 1971 hasta su muerte en 1976.
Formalmente, Firmenich era el número uno de la Organización y Leandro el segundo. Pero lo cierto es que los cuadros medios (jefes de columna, de unidades de combate y responsables de los frentes de masas) nos referenciábamos en Hobert. Quien más de una vez, en momentos de decisiones trascendentales, jugó la propia y le pasó por encima a Firmenich. Todo lo cual constituía un acto de justicia elemental: Firmenich, en realidad, quedó como número uno por casualidad. Aunque la casualidad, como casi siempre, tiene nombre. En este caso nombre y apellido: tragedia y estupidez.
En agosto de 1970, Abal Medina estaba en primer lugar, el Negro Sabino segundo, Gustavo Ramus tercero y Hobert cuarto. El quinto era Firmenich.
Dos o tres meses antes, cuando nuestro grupo se integró con el de Abal, estructuramos una jerarquía en la cual se alternaban, uno a uno, los compañeros de los dos grupos que conformaron Montoneros en Buenos Aires para la época del Aramburazo.
La tragedia: En septiembre de 1970, en Willam Morris, murieron Abal y Ramus. En consecuencia, el Negro pasó al primer lugar. Y a Leandro le tocaba el segundo, en reemplazo de Ramus.
La estupidez: en un exceso de buena leche o generosidad, para -respetar el acuerdo inicial de la integración, decidimos que Firmenich ocupara el lugar de Ramus ya que ambos procedían del mismo grupo. Y claro, cuando murió el Negro Sabino, pasó a ser el número uno.
Reinterpreto, en mis palabras, una frase de Jorge Dorio: -cómo habría cambiado la historia siustedes no hubiesen sido tan estúpidos.
Yo, en 1968 -conscripto, estudiante de medicina y dirigente del proto peronismo universitario en La Plata-, tenía la misma edad que Leandro pero, con cierta frecuencia, pecaba de insensatez.
De Julia no tengo datos pero, además de poseer una belleza felina que volvía loco a cualquiera, entendía de política, entendía de sensatez y era la menor del grupo.
De la Renga, Graciela Maliandi, tampoco tengo datos biográficos aunque sé que antes de morir se cargó a un oficial del ejército. Se casó con Hobert y tuvieron dos hijos que fueron criados por una abuela en la ignorancia de sus orígenes. Hoy el pibe, Diego, es músico. Y la nena, Alejandra, bailarina de tango.
Cosas de la vida o, para ser un poquito más cursis, la vida es un pañuelo: mi hijo menor –Diego también- y Alejandra Hobert, como bailarines de la compañía Tango-Danza, compartieron una gira por los Estados Unidos. Meses. Y nunca llegaron a enterarse de la relación entre sus padres. El mundo es un pañuelo obscuro y mal planchado.
Mi madre, Dora Neri, quien en nuestros primeros tiempos y al volante de
su Ford Falcon nos hacía de posta sanitaria cuando nos tocaba realizar algún
operativo armado, conoció a los seis compañeros. Pero sólo recuerda en
detalle a Hilda Rosenberg y a Hobert. De Hobert, a veces dice: -te cuidaba
cuando estabas enfermo, era un ser humano excepcional.
Entre mediados y fines de 1969, también se incorporaron como combatientes Tito Veitzman, el Pelado Ceballos y Carlos Falaschi, Mauro, aunque en la intimidad yo le decía el Boga. Tito era psiquiatra y provenía de la Federación Universitaria de la Revolución Nacional.
El Pelado Ceballos era dirigente del sindicato de la Fiat Caseros, encuadrado en la Corriente Clasista y Combativa aunque al igual que su secretario General -Palacios, desaparecido por la Triple A en 1975- había pasado por la Juventud Obrera Católica. Tito se suicidó en 1971 y el Pelado murió en combate un par años después.
Hasta hace poco suponía que el Boga estaba desaparecido. Pero vive, es docente universitario y, a sus muy largos 70 años, todavía milita en la provincia de Neuquén. Tenía 36 años, hijo de obrero y obrero el mismo, iniciósu militancia en los tiempos de la Resistencia.
Antes de recibirse de abogado, fue sindicalista del gremio de la alimentación y luego de la rama docente (CONET) de la Unión del Personal Civil de la Nación. Militó en el grupo de la Juventud Obrera Católica que dirigía el Negro Sabino a quien, además, representó como abogado cuando el Negro fue despedido de Deutz.
Estaba casado, tenía tres hijos, casa, auto, y una humilde quinta -sería mejor decir casita- de fin de semana: una vivienda precaria, un galpón y un terreno chico en el cual intentaban crecer cuatro árboles frutales.
De más está decir que tanto su auto como la casita de fin de semana estuvieron a nuestro servicio a partir del primer día en que se integró el grupo Sabino.
En verdad, desde el comienzo y hasta la ejecución de Aramburu, cuando se vio obligado a pasar a la clandestinidad, fue nuestra principal infraestructura, algo así como nuestro amparo incondicional. No sólo en lo material, también en lo afectivo.
El mismo hace hincapié en ello, no le hacía asco a los fierros. Siempre y cuando fueran usados, en sus palabras, -con fundamento político y aún constitucional, prudencia y sabiduría. Vamos, de él se puede decir lo que digo de muy pocos: era un buen combatiente.
De hecho, más de una vez el Negro Sabino lo subió a su Peugeot rojo para que, en el rol de custodia, lo acompañara durante sus interminables viajes por el interior del país.
De su calidad como combatiente -la cual siempre relumbra cuando es necesario improvisar- da fe la historia que viene a continuación.
En esta -historia el personaje del Boga corresponde a Falaschi y el de Pepe a Firmenich. Está basada en hechos reales -el asalto montonero a la Quinta Presidencial, verano del '71- apenas distorsionados por algún bache de la memoria y los obligados sesgos del estilo con el cual están narrados.
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