[R-P] [Raúl Wiener] Otra vez las narices tapadas

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Jue Abr 14 11:00:26 MDT 2011


Otra vez las narices tapadas
por Raúl Wiener

Fue un 10 de abril de hace 11 años que Toledo salió al balcón del
hotel Sheraton para denunciar el fraude electoral de Fujimori y llamar
al pueblo a la resistencia. Este domingo, el mismo Toledo que días
antes había estado convocando a enfrentar en las calles el anunciado
triunfo de Ollanta Humala en las urnas y amenazado con volverse a
poner la vincha, tuvo que rendirse y admitir que el Perú había
manifestado su enojo en las urnas.

Un enojo que venía desde muy lejos y que se tradujo en el rechazo a
tres personajes emblemáticos de la pasada década: un ex presidente, un
ex premier y un ex alcalde metropolitano, que fueron el centro de la
política nacional en un período que comenzó cargado de esperanzas y
que concluye en un malestar que fluye por todos los poros. No hay
manera de negar que este sentimiento que estaba ya en germen en el
2006, cuando Humala alcanzó el 47% de los votos en segunda vuelta y
del que nadie sacó las conclusiones, tenía que ver con lo que Toledo
prometió en la lucha y traicionó en el gobierno.

El gobierno de García fue una tabla de salvación de la enclenque
democracia liberal de los 2000, que requirió del concurso del
fujimorismo para conseguir los puntos que necesitaba para imponerse
(porque ya no le alcanzaban la suma de los votos del APRA y la
derecha), y siguió requiriéndolo para las votaciones parlamentarias
más difíciles durante 5 años. Pero García está acabando su segundo
gobierno peor que el primero, cuando logro un 20% de los votos y una
representación significativa, mientras ahora apenas si pasa la valla y
sus congresistas se cuentan con menos de los dedos de una sola mano.
García que se jacta del mayor crecimiento de nuestra historia, el
mayor número de carreteras y celulares, acaba de ser considerado un
peor gobierno que el de Toledo y este último que Fujimori.

La votación del 10 de junio del 2011, indica que hemos llegado al
final del juego. El fujimorismo que muchos creían derrotado o cuando
menos reducido a un papel inofensivo está volviendo a ser un factor de
poder. Ninguna otra cosa podría dar una medida del fracaso de los
partidos que se dicen democráticos de que estén en el trance de
decidir si endosan su apoyo a los herederos del golpe de Estado del
92, de la corrupción, el fraude y la violación sistemática de los
derechos humanos, a los que ayudaron a echar en el 2000. No estaban
derrotados sino esperando su oportunidad.

Pero frente a ellos, también ha madurado la opción de la protesta, que
ahora ya no puede ser tipificada como “un mero estado de ánimo” como
se dijo en las elecciones anteriores para minimizarlo y no tomarlo en
serio.  Ollanta se ha convertido en el favorito de una elección que no
podía ganar, y sus enemigos miran espantados la situación creada, que
casi no pueden explicar. El enojo es mucho más que eso porque ha
tomado forma de una voluntad de poder que expresa a una parte de la
población que nunca se ha sentido cerca de las decisiones de gobierno.

No es sobre cáncer o sida, diabetes y pulmonía, que están decidiendo
los peruanos. Hay que ser muy soberbio para creer que la gente no sabe
lo que está escogiendo. Aquí la disyuntiva va por el lado de los que
buscan la protección del autoritarismo populista, frente a los que se
atreven a cambiar. Aunque eso signifique jugárselas. Porque quién no
se la juega no puede ganar.

13.04.11
www.rwiener.blogspot.com

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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría



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