[R-P] Un buen documento, con final ridículo

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Lun Abr 11 03:50:57 MDT 2011


[La eterna miopía de la izquierda abstracta...

En un muy buen artículo crítico de la débil actitud oficial ante la
inflación y sus promotores, el autor, integrante del "colectivo"
Economistas de Izquierda, señala las tremendas tensiones sociales que
engendra -como sucede cada vez que un gobierno decide proundizar en la
Argentina un rumbo capitalista autocentrado- la estructura
económico-social parida por el coloniaje.

Una vez señaladas esas tensiones, habría que presentar un plan de acción.

Sin embargo, estos muchachos, envenenados en su pequeño ombliguismo,
apenas si logran escribir esto:

"En definitiva, un programa para enfrentar eficazmente las tendencias
inflacionarias en el país requiere de una fuerte decisión política en
cuanto a la intervención del Estado complementado por diversas formas
de contralor social. Un punto de partida indispensable será recomponer
la confiabilidad del Indec, comenzando por reponer en sus cargos a los
trabajadores, profesionales y personal calificado, injustamente
desplazados"

"Punto de partida indispensable"... ¿para quién? Y eso dicho más allá
de la justicia o injusticia de lo ocurrido en el INDEC, tema que no se
puede resolver en un par de oraciones pías de izquierda económica...]

Domingo, 10 de abril de 2011

DEBATE › LOS AUMENTOS DE PRECIOS, CONTROLES Y PROBLEMA ESTRUCTURAL
Un problema político

Desde una posición de izquierda, se afirma que la solución de la
inflación requiere afectar el actual modelo de acumulación y
reproducción de capitales en las instancias de producción,
distribución y comercialización.
[cerrar]
Comparta esta nota con un amigo
E-Mail de su amigo 	
Su nombre 	
Su E-Mail 	
  	

 Por Eduardo Lucita *

La evolución del índice de precios al consumidor (IPC) ha recolocado
nuevamente la inflación como un tema de preocupación cotidiana, sin
que por el momento se muestre un plan efectivo para controlarla.
Despejado el horizonte económico para el año en curso –tal vez también
para más adelante–, pasada a segundo plano la cuestión de la deuda, la
inflación ocupa el centro de las discusiones. Se trata de un dato
recurrente de la economía nacional, agravado en esta coyuntura ya que
desde la intervención del Indec nadie puede decir con certeza cuál es
el dato cierto. Los datos oficiales no son confiables pero los
privados tampoco. Un documento de los Economistas de Izquierda de
principios del año pasado señala el carácter estructural del alza de
precios bajo el sistema del capital: “... en toda formación social
capitalista la inflación es resultante de tensiones contradictorias al
interior del proceso de producción que se expresan de distintas
maneras según la coyuntura”.

Precisamente la particularidad en esta coyuntura es que el
comportamiento de ciertos precios básicos de la economía sobre los que
cualquier gobierno puede operar no influyen mayormente en el ascenso
inflacionario actual. El tipo de cambio está prácticamente anclado: su
evolución es negativa respecto de cualquier índice que se tome. Las
tarifas de los servicios públicos están contenidas merced a generosos
subsidios estatales, que por un lado sostienen la tasa de ganancia de
los capitalistas y por el otro mantienen bajo el valor de servicios
esenciales para la población. El superávit o equilibrio fiscal actual,
según los ingresos que se quieran computar, desestima toda explicación
basada en la emisión descontrolada o en el exceso de gasto público,
objetivo predilecto de los neoliberales para promover ajustes en la
economía. Por si algo faltara, la deuda ya no opera como una fuerte
restricción externa como sí lo hacía años atrás con los condicionantes
y presiones alcistas conocidas. Ninguna de estas variables que en los
años ’80 y ’90 impulsaran los descalabros hiperinflacionarios están
presentes en la coyuntura.

¿Cuáles son, entonces, las causas? Hay que buscarlas en la combinación
de diversos factores:

1. Ganancias extraordinarias. Las elevadas tasas de ganancias de que
gozan los capitalistas en este ciclo expansivo de la economía es hoy
el principal motor de la inflación. Según un trabajo del investigador
de Flacso Pablo Stancanelli, la ganancia promedio en el período
2002/06 fue del 35,8 por ciento, mientras que bajo el régimen de
convertibilidad era del 23,9. De acuerdo a los registros de la AFIP,
la rentabilidad sobre ventas de 2009 fue del 7,4 por ciento, en la
convertibilidad apenas alcanzaba al 4,0. Los balances presentados por
numerosas empresas en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires permiten
confirmar estas apreciaciones.

2. Concentración económica. De acuerdo con un reciente informe del
Indec, las 500 empresas grandes del país explican algo más del 30 por
ciento del PBI; dentro de estas, las 50 mayores aportan más de la
mitad de ese porcentaje. Esta concentración, tanto en la producción
como en la distribución y comercialización, facilita el comportamiento
oligopólico de las empresas formadoras de precios que controlan los
mercados en que operan y explica su enorme capacidad para preservar
ganancias. La intermediación no solo acompaña esta tendencia sino que
la incentiva.

3. Limitada inversión reproductiva. Otro informe del Indec da cuenta
de que, en diversas ramas, la utilización de la capacidad instalada es
superior al 80 por ciento, esto determina la existencia de los
llamados “cuellos de botella” en sectores de la producción y los
servicios que presionan sobre los precios por escasez de oferta. Esto
pone en evidencia que los capitalistas solo invierten para acompañar
la demanda, pero no mucho más.

4. Presión del mercado mundial. El mundo atraviesa una fase de escasez
relativa de materias primas y productos energéticos. Esta escasez
impulsa los altos precios del mercado mundial que arrastran a los del
mercado interno, esta tendencia es particularmente significativa en un
país como el nuestro, tradicional exportador de “bienes salarios”.
Puja distributiva

Cuando por estos días comienza a hablarse de la reapertura de las
paritarias, y se barajan incrementos salariales que van de un 23 a un
30 por ciento según quien los promueva, no son pocas la voces de
empresarios y analistas del establishment que vuelven a la carga con
el viejo argumento de la puja distributiva, que los salarios son
fuente inflacionaria o que la demanda creciente empuja los precios al
alza. Que hay una recuperación salarial a partir del 2004, que
especialmente a partir del 2007 esta recuperación del salario horario
real supera a la de la productividad es un hecho comprobable, como lo
muestra un reciente trabajo del investigador de la UNLu, Fabián Amico.
Como también lo es que diversas medidas tomadas por el Gobierno, como
la AUH, Plan Argentina Trabaja, estímulos variados al consumo o la
recuperación de la tasa de empleo por mayor actividad, impactan
positivamente en la demanda, valoración en la que coinciden analistas
de diversas tendencias. Sin embargo, este reconocimiento no implica
automáticamente que el peso de los salarios en los productos
terminados (hoy no representan un porcentaje determinante en el costo
final) o que la mayor demanda existente impulsen los precios al alza.

Puede decirse que los gobiernos pueden actuar implementando políticas
que estimulen o acoten la inflación, pero esto no puede obviar que son
los capitalistas, y no otros, quienes remarcan los precios. En todo
caso lo que muestra la coyuntura actual es el fracaso del control
burocrático-administrativo implementado por el Secretaria de Comercio
o la superficialidad de las explicaciones en cuanto a que se trata de
reacomodamientos o dispersión de precios.

En el país hay inflación, y no se resuelve con medidas técnicas o
conciliábulos de Gabinete. Es un problema claramente político cuyas
soluciones requieren afectar el actual modelo de acumulación y
reproducción de capitales en las instancias de producción,
distribución y comercialización.

En definitiva, un programa para enfrentar eficazmente las tendencias
inflacionarias en el país requiere de una fuerte decisión política en
cuanto a la intervención del Estado complementado por diversas formas
de contralor social. Un punto de partida indispensable será recomponer
la confiabilidad del Indec, comenzando por reponer en sus cargos a los
trabajadores, profesionales y personal calificado, injustamente
desplazados

* Integrante del Colectivo EDI - Economistas de Izquierda.


-- 

Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría



Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular