[R-P] [Enrique Manson] ¿Porqué se fue Perón?

Nestor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mie Sep 22 13:10:35 MDT 2010


[Una nota con algún redoble contemporáneo: los que piensen (p. ej. los 
partidarios del Pino Solanas, los de Duhalde, e incluso los socialistas 
de Binner y los radicales de Stolbizer) que una eventual caída del 
kirchnerismo NO REPRESENTARÁ una derrota nacional y una restauración 
paleomalthusiana deberían aprender de este episodio crucial en la 
historia del peronsimo y de Perón. Habrá que ver además cuántos "cuadros 
kirchneristas", de esos que ahora pueblan asesorías y cargos de 
conducción en el Estado, mantendrán puesta la casaca de Cristina y 
Néstor, y cuántos la darán vuelta al modo en que lo hicieron miles de 
cuadros civiles y militares del peronismo a la caída del General.]

¿POR QUÉ SE FUE PERÓN?
por Enrique Manson
Septiembre de 2010

[Foto]

[Epígrafe] *Perón se traslada de la cañonera /Paraguay/ al hidroavión 
/Catalina/ en que volaría a Asunción. A su lado, el canciller golpista 
Mario Amadeo. Este lo sostuvo, cuando el /Tirano prófugo/ trastabilló, y 
evitó que cayera al agua. Esto le ganaría la calificación de traidor por 
muchos antiperonistas*

*De la cúspide al conflicto*

En 1954, superada la crisis económica y después de ganar por dos tercios 
de los votos  la elección de vicepresidente, el gobierno peronista 
parecía haber alcanzado la cúspide de su éxito. Pero, según dice Félix 
Luna[1]: “esta monolítica estructura se desplomaría a la vuelta de un 
año. Y no por ataques externos, sino por los asombrosos errores de su 
propio constructor.” Ese año estalló el conflicto con la Iglesia, y Luna 
se pregunta “¿Que motivaciones pudieron haber inspirado a Perón para 
insistir con una política tan insensata?... (la explicación) debe 
plantearse, más  bien, en términos psicológicos: quizá haya que buscarla 
en esos agotadores nueve años de presidencia, en el ambiente de 
obsecuencia que lo rodeaba, en el reiterado ejercicio de un poder 
absoluto.”[2]

Para alguna bibliografía la causa del enfrentamiento fue el tema de la 
juventud. El desarrollo de la Unión de Estudiantes Secundarios, a la que 
Bonifacio del Carril llama una forma de “halagar las bajas pasiones del 
dictador”, era competencia con la Acción Católica Argentina en el 
encuadramiento de los jóvenes. Pero a pesar de lo que pudo haber 
influido, no parece suficiente para explicarlo.

Para el pensador católico Carlos Chiessa, “a partir del segundo gobierno 
justicialista (1952), el proceso revolucionario se profundizará”,[3] en 
lo que Perón había llamado la /Comunidad Organizada/. Era una 
institucionalidad diferente, que sin excluir las instituciones de la 
Constitución, propias de la democracia liberal, incorporaba otras que 
correspondían a los sectores de la sociedad. Así nacieron la CGP y la 
CGU que se sumaron a las ya existentes CGT y CGE. “El Movimiento 
Justicialista...tuvo una concepción propia acerca del papel de la 
Iglesia… Aquí reside una de las claves de este problema”.[4]

A su vez la Iglesia tenía su propio proyecto de inserción social a 
través de organizaciones de profesionales católicos, así como de una 
penetración (“infiltración”, la llamaría el peronismo) en los gremios, y 
no estaba dispuesta a encuadrarse en la  institucionalización propuesta.

El conflicto entre la Iglesia y el Estado ha sido tan antiguo como el 
mundo cristiano. En el caso de la Argentina Justicialista, la condición 
cristiana, pero no confesional, del Movimiento Peronista, generaba 
ámbitos de disidencia. A su vez, en Roma gobernaba un Pontífice 
político, Pío XII. Preocupado por la reconstrucción de Europa, tras la 
Guerra fue “un crítico agudo del proyecto cientificista y tecnocrático 
capitalista, advierte el incremento y amenaza del poder soviético y pone 
su atención en las reservas de la Iglesia: España, América Latina y las 
dinámicas misiones africanas.”[5]

Estallado el conflicto, el peronismo sufrió al mismo tiempo una sangría 
de católicos que se alejaban y el debilitamiento de las convicciones de 
muchos que quedaron adentro. Este debilitamiento fue importante en la 
oficialidad de las fuerzas armadas.

Tras el cruento bombardeo de Plaza de mayo, el /Líder/ llamó a la 
pacificación, y declaró concluida la /Revolución Justicialista/, por lo 
que terminaba la situación de excepción y se entraba en una etapa de 
/normalidad/, por lo que se permitió el acceso a las radios de los 
políticos opositores. Al asumir Oscar Albrieu el ministerio del Interior 
le dijo al presidente que si se trataba de reprimir, que llamara a otro. 
Perón lo tranquilizó: “dígale a su amigo Frondizi que no voy a 
presentarme a otra reelección en 1958.”

Pero la respuesta no fue la esperada. Los políticos exigieron por radio 
la renuncia del primer mandatario, y los comandos civiles se 
entretuvieron asesinando vigilantes en las esquinas. La conspiración 
siguió adelante.

El 31 de agosto, considerando que la pacificación había fracasado, Perón 
ofreció su renuncia, lo que fue rechazado por una manifestación popular 
en la Plaza de Mayo. De la larga alocución de esa tarde, los enemigos 
del gobierno sólo rescatarían las palabras más violentas, especialmente 
la frase que anunciaba: “¡Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán 
cinco de los de ellos!” Sin embargo, esta terrible amenaza no se 
cumpliría, aunque serviría para convencer a los conspiradores que 
todavía estuvieran dudando.

El 16 de septiembre se inició el levantamiento. La reacción militar 
permitió que los principales focos fueran acorralados. Pero la marina 
anunció que si Perón no renunciaba, los cañones navales destruirían la 
destilería de YPF en Eva Perón (La Plata), amenazando con ataques sobre 
otros puntos del Gran Buenos Aires. Después de lo ocurrido en junio, no 
había motivos para pensar que se trataba de una bravata.[6]

No faltó quien propuso que se llevara a los lugares elegidos como 
blancos a los familiares de los bravos marinos, pero el presidente 
desechó la idea. Por el contrario, el día 19 presentó una nota en que 
ofrecía su renuncia si era la condición para evitar la guerra civil. A 
las 2 de la mañana del 20, “Perón llamó a Atilio Renzi (mayordomo de la 
Residencia Presidencial) y le dijo: ‘Mire, Renzi, me voy’. Ordenó 
algunos papeles, tomó el dinero que éste le había reunido, se entregó 
unas horas al descanso y, alrededor de las 8, partió rumbo a la Embajada 
del Paraguay.”[7] Desde ahí sería llevado, por seguridad, a una cañonera 
de esa bandera que estaba en reparaciones en el puerto, para partir 
luego en avión a Asunción.

*¿Por qué se fue?*

Desde ese día de 1955 han sido tema de debate los motivos de que el 
/General/ no aprovechara su superioridad militar y su inmensa 
popularidad, para aplastar a los rebeldes. Naturalmente, sus enemigos se 
llenaron la boca con su presunta cobardía. A esto contestó a Félix Luna: 
“-¿Cobarde?-nos dijo en Madrid, en 1968-. ¡Si los generales nunca mueren 
en las batallas, nunca mueren con las botas puestas! Ellos no pelean; 
mandan que peleen los soldados!”

Desde una interpretación marxista, Milcíades Peña va más allá que la 
mera cobardía, aunque no la excluye: “En verdad, no fue la matanza lo 
que Perón trató de evitar, sino el derrumbe burgués que podría haber 
acarreado el armamento del proletariado. La cobardía personal del líder 
estuvo perfectamente acorde con las necesidades del orden social del 
cual era servidor (…) La  caída ingloriosa del régimen peronista dio 
lugar, pues, a gérmenes de una insurrección obrera. Diez años de 
educación política peronista y el ejemplo de la dirección peronista se 
encargaron de que esos gérmenes no prosperaran.”[8]

Más personalizada es la interpretación de José Pablo Feimann, un ex 
joven peronista que muchas veces hace pensar en enojos de adolescente 
con su padre: “Que quede claro: Perón se va con un Ejército que le sigue 
siendo leal y es superior al enemigo. Con una CGT decidida a la lucha. Y 
con los obreros que se habían olvidado de los amparos del Estado de 
Bienestar y se la jugaban por él. Lo que falla es la conducción.  … La 
conducción huye. … ¿Perón quiso evitar una guerra civil? ¿Fue víctima de 
sus condicionamientos de clase? … Si fue un líder combativo, ¿no tenía 
esa combatividad los límites de la coalición militar, empresarial, 
burguesa y proletaria que le dio textura? Todo eso es posible. Una cosa 
fue real: en septiembre de 1955, a todos los que salieron a pelear, el 
conductor los dejó solos… Todos querían pelear, pero el jefe los 
abandonó.”[9]

Nos preguntamos: ¿todos querían pelear? Perón estaba desgastado, 
seguramente, por diez años de gobierno personal. Con más razón, luego de 
la muerte de Evita, que no era una revolucionaria contradictoria del 
general /facho/, sino su única interlocutora válida desde una posición 
de la más estricta lealtad. Pero eran muchos los que estaban desgastados 
por diez años de combate permanente. Por que si la /Revolución 
Justicialista/ no era revolución para ciertas categorías académicas, 
*sí* lo era para sus enemigos que la combatieron con saña.

Dijimos que el conflicto con la Iglesia había debilitado lealtades 
militares. El general Alberto Morello era el jefe militar de Córdoba, y 
como el marqués de Sobremonte en 1806, estaba viendo una función de 
teatro. Y como el virrey de la mala fama, no creyó en la importancia de 
los informes y se fue a dormir. Durante su sueño, los revolucionarios se 
apoderaron del comando de la Escuela de Artillería, con lo que 
provocaron  un desagradable despertar al jefe de ésta, coronel Juan B. 
Turroni, quien también dormía y que fue herido al intentar resistirse. 
Años después Morello diría: “Sinceramente,… pensé que Lucero estaría muy 
nervioso y que por eso llamaba; jamás supuse que los militares se 
alzarían contra el Gobierno, pues sólo se esperaba un levantamiento civil.”

Las tropas que debían reprimir la rebelión estaban al mando del general 
José María Epifanio Sosa Molina. Su disposición para la lucha parece 
expresarse con comentarios como este: “Nadie hablaba de revolución, 
porque con la frustrada intentona de Videla Balaguer en Río Cuarto 
pensamos que habría paz por largo tiempo.”

Quedaba la CGT y las posibles milicias obreras. Pero la central, al 
menos sus líderes de entonces, aconsejaron a los trabajadores mantenerse 
en calma. Al día siguiente de la derrota insistieron sosteniendo “la 
necesidad de mantener la más absoluta calma y continuar las tareas”. 
Recién ante el golpe interno que desplazó a Lonardi se manifestarían 
como no lo habían hecho al caer Perón.

Norberto Galasso, a quien Feinmann acusa de juzgar desde un punto de 
vista demasiado peronista critica “La miopía de los analistas políticos 
liberales (que) los llevará a juzgar que la renuncia se origina en la 
supuesta cobardía del General. No observan los movimientos profundos de 
las aguas que son los que explican las olas y la espuma: ese frente 
policlasista que sostenía a Perón –Iglesia, empresarios, Ejército, 
trabajadores- se ha desintegrado, y su conductor, ya sin sustento, no 
tiene otra alternativa que abandonar el escenario de la política 
argentina.”[10] Y Joseph Page, en su lúcida interpretación del personaje 
y de la época, se acerca a las verdaderas causas cuando dice: “¿Por qué 
abandonó Perón su puesto sin luchar? La victoria militar parecía estar 
al alcance de la mano, especialmente considerando la inminente derrota 
de Lonardi en Córdoba. Sin embargo, el levantamiento de la marina en su 
totalidad, el control de un sector del territorio por parte de los 
rebeldes en Cuyo y el compromiso asumido por muchos civiles de combatir 
el gobierno hasta su derrumbe hacen pensar que la caída de Córdoba no 
hubiera significado la terminación de la guerra civil. Por todo ello, 
Perón debe haber llegado a la conclusión de que si el conflicto se 
prolongaba indefinidamente le hubiera sido imposible triunfar.

…Aun en el caso en que él hubiera efectivamente pensado que podía 
aplastar la rebelión, Perón pudo haber optado por alejarse. A menudo se 
refería a la terrible tragedia de España –cuyas consecuencias él había 
tenido oportunidad de ver con sus propios ojos- como una razón 
suficiente para evitar un holocausto similar en la Argentina. El sabía 
muy bien lo que hacía falta para derrotar a los rebeldes en una guerra 
prolongada pero, asimismo, percibía lo que se necesitaría para gobernar 
el país una vez concluido el conflicto. Sólo iba a ser posible una 
dictadura férrea; él no iba a poder hacer el papel de moderador, de 
arquitecto de la unidad nacional, de conductor de una ‘comunidad 
organizada’. No valía la pena luchar para obtener ese tipo de victoria: 
por eso abdicó.”[11]

*La lectura equivocada del /General/*

Más de una vez hemos dicho que quienes nos dedicamos a la historia 
tenemos una ventaja inapreciable sobre los politólogos, sociólogos y, 
sobre todo, protagonistas de los hechos pasados. Jugamos al /Prode/ con 
el diario del lunes. Desde ahí nos atrevemos a decir que, aunque no 
sabemos que hubiera ocurrido de haber procedido Perón de otra manera, 
creemos que equivocó el diagnóstico.

“Estallada la revolución, el día 18 de septiembre la escuadra sublevada 
amenazaba con el bombardeo de la ciudad de Buenos Aires y de la 
destilería de Eva Perón (La Plata, EM), después del bombardeo de la 
ciudad balnearia de Mar del Plata. Lo primero, de una monstruosidad 
semejante a la masacre de la Alianza[12]; lo segundo, la destrucción de 
diez años de trabajo y la pérdida de cientos de millones de dólares. Con 
este motivo llamé al Ministro de Ejército, General Lucero, y le dije: 
`Estos bárbaros no sentirán escrúpulos en hacerlo, yo no deseo ser causa 
para un salvajismo semejante.´ Inmediatamente me senté al escritorio y 
redacté una nota que es de conocimiento público y en la que sugería la 
necesidad de evitar la masacre de gente indefensa e inocente, y el 
desastre de la destrucción, ofreciendo, si era necesario, mi retiro del 
gobierno.”[13]

“Yo no me arrepiento de haber desistido de una lucha que habría 
ensangrentado y destruido al país. Amo demasiado al Pueblo y hemos 
construido mucho en la Patria para no pensar en ambas cosas.”[14]

En declaraciones periodísticas realizadas años después, Perón sostuvo 
que había preferido evitar una guerra civil[15] y por eso había 
abandonado la lucha cuando tenía las mayores posibilidades de ganarla. 
La exaltación de los odios se centraba, creía, en su persona. Dejando la 
presidencia, y más allá de los abusos inevitables y las pequeñas 
venganzas que seguirían al establecimiento del poder revolucionario, lo 
fundamental de la obra de su gobierno habría de mantenerse. Tal vez más 
adelante, cuando las pasiones se acallaran y cuando los errores de los 
gobiernos sucesivos pusieran en evidencia las virtudes del derrocado, 
seguramente regresaría para ser reconocido y gobernar sin la oposición 
exaltada del ´55.

Perón se equivocó en el diagnóstico. Seguramente el agotamiento psíquico 
y físico por su largo gobierno en soledad, en una soledad que se había 
incrementado hasta el vacío con la muerte de Eva, había disminuido su 
espíritu de lucha. Pero no parece injusto concederle el beneficio de la 
duda cuando explicaba que fue el temor a que la Argentina sufriera las 
consecuencias de una guerra civil como la que él había visto en España, 
lo que lo llevó a ofrecer su retiro del poder

No era la primera vez que buscaba una salida de ese tipo. El 31 de 
agosto, al comprobar que su llamado a la pacificación no había tenido 
éxito, se había hecho eco del reclamo de la mayor parte de los 
dirigentes opositores y había ofrecido su renuncia a la presidencia. Por 
la tarde, ante la multitud reunida en Plaza de Mayo para exigirle que la 
retirara, lo hizo. Todo habría sido una /maniobra/, y así lo creyeron 
los opositores, que se decidieron, si todavía no lo habían hecho, a 
actuar ante el peligro. Y también lo creyeron muchos peronistas que se 
sintieron dolidos por el manejo de sus sentimientos que parecía hacer el 
presidente. Sin embargo, la inútil /maniobra/ se parecía mucho a la 
conducta que Perón había tenido en 1945 cuando, estando en superioridad 
militar sobre los rebeldes de Campo de Mayo que pedían su renuncia no 
hizo lo que le aconsejaban sus colaboradores uniformados y dejó el poder 
para no mantenerlo por la fuerza.

En 1945 y en agosto y septiembre de 1955 actuó con coherencia. No quiso 
seguir en el poder, o mantenerse en él, por la fuerza militar. Siempre 
sostuvo que ésta es frágil y termina por quebrarse, y en todos los casos 
–el 17 de octubre, sus tres presidencias- su sustento político fue la 
voluntad popular. Además, debiéndoles el poder a los militares, se 
convertía en un prisionero de las fuerzas armadas. Algo de eso había 
ocurrido después del 16 de junio, cuando se rompió el equilibrio interno 
que siempre había existido entre militares, sindicalistas y otros 
sectores que integraban el movimiento peronista.[16]

No sólo Perón creyó que la Revolución Libertadora no significaría una 
vuelta a 1943. El mismo Lonardi, con su proyecto de /peronismo sin 
Perón/ intentó que su cruzada embanderada con la consigna /Cristo Vence/ 
se limitara a terminar con lo que consideraba los excesos del /régimen 
depuesto/. Había que meter presos a los ladrones y a expulsar al tirano, 
que en su /megalomanía/ se dedicaba a pasear en motoneta con 
adolescentes y se había lanzado contra la Iglesia, pero había que 
mantener en pie todo lo demás. El 13 de noviembre, los ultra gorilas que 
lo destituyeron pusieron en evidencia que se trataba de terminar hasta 
con el recuerdo del peronismo.

Pero esa es otra historia.

N O T A S

[1]Luna, Félix, director, /La Historia de Nuestro Siglo, Perón contra la 
Iglesia/, pag. 10
[2] /Idem/, pag. 27.
[3]Chiessa, Carlos. /Iglesia y justicialismo/, pag. 14.
[4] /Idem/, pag. 17.
[5] Chiessa, Carlos, /ob. cit./, pag. 15
[6] La amenaza, militarmente, no era decisiva. El gobierno podía 
abandonar la capital y seguir la lucha desde el interior. Los aviones 
leales, que no podían atacar a la Flota porque Buenos Aires estaba 
cubierta de nubes, en algún momento tendrían el cielo despejado. Lonardi 
no tardaría en caer y lo mismo podía ocurrir con Puerto Belgrano. Lagos, 
solucionado el problema de Córdoba , podía ser atacado desde varios frentes.
[7] Chávez, Fermín, Cantoni, Juan Carlos, Manson, Enrique y Sulé, Jorge, 
/Historia Argentina Contemporanea/, tomo XIV, pag. 44..
[8]Peña, Milcíades, /Masas, caudillos y elites/, p. 128-129
[9]Feinmann, José Pablo. /Peronismo/  p.95
[10] Galasso, Norberto, /Perón/ Tomo 1, p.722
[ 1] Page, Joseph, /Perón/  Tomo 2 p. 79
[ 2] Luego de la caída de Perón el Ejército destruyó a cañonazos el 
edificio de la Alianza Libertadora Nacionalista en el centro de Buenos 
Aires.
[ 3] Declaraciones a la United Press del 5 de octubre de 1955 (En /La 
fuerza es el derecho de las bestias/, pag. 6) 

[ 4] Ibídem
[ 5] Había pasado por España después de la Guerra Civil. Durante su 
exilio diría que los españoles habían dedicado cuarenta años a 
reconstruir lo que destruyeron en tres años de guerra.
[ 6] Durante la misma Resistencia, Perón se preocupó siempre en que las 
propuestas golpistas, de peronistas o afines, no fueran la metodología 
primordial de la lucha.





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