[R-P] Paul Krugman y el secreto sucio del gran capital
Nestor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mar Sep 7 12:14:51 MDT 2010
["Desde un punto de vista económico, la Segunda Guerra Mundial fue,
sobre todo, un estallido del gasto destinado a financiar el déficit en
una escala que nunca hubiera sido aprobada de otro modo. En el curso de
la guerra, el gobierno pidió prestada una suma que casi duplicaba el
valor del PBI de 1940, el equivalente de unos 30 billones de dólares de
hoy."
El artículo de Krugman demuestra que solo la Segunda Guerra Mundial sacó
al mundo capitalista de la crisis de 1930. Sin esa guerra, jamás se
hubieran tomado las medidas de expansión de gasto que tan famoso
hicieron a Franklin D. Roosevelt.
¿Qué puede salvarlo de la crisis de 2008? Tendrá razón Fidel cuando
alerta contra una Tercera Guerra Mundial?]
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1302075&origen=NLExt
Bienvenidos al año 1938... pero en 2010
Paul Krugman
The New York Times
Noticias de Exterior
Martes 7 de setiembre de 2010
WASHINGTON.- La situación es esta: la economía estadounidense ha quedado
paralizada por una crisis económica. Las políticas instrumentadas por el
presidente han limitado los daños, pero fueron demasiado cautas, y el
desempleo sigue en un nivel desastrosamente alto. Claramente hacen falta
nuevas medidas.
Sin embargo, el público ha empezado a reprobar el activismo del gobierno
y parece dispuesto a asestarles a los demócratas una severa derrota en
las elecciones de mitad de período.
El presidente en cuestión es Franklin Delano Roosevelt; el año, 1938. En
unos pocos años, por supuesto, la Gran Depresión cedió. Pero resulta tan
instructivo como desalentador observar la situación de Estados Unidos
alrededor de 1938: instructivo, debido a que la naturaleza de la
recuperación que siguió refuta los argumentos que dominan el debate
público de hoy; desalentador, porque es difícil imaginar que algo como
el milagro de la década de 1940 pueda volver a producirse.
Ahora bien, no se suponía que íbamos a repetir lo ocurrido en los
últimos años de la década de 1930. Los economistas de Barack Obama
prometieron no repetir los errores de 1937, cuando Roosevelt cortó el
estímulo fiscal demasiado pronto. Pero al lanzar un plan de estímulo
demasiado pequeño y de corta vida, Obama hizo exactamente eso: el
estímulo generó crecimiento mientras duró, pero hizo poca mella en el
desempleo. Y ahora su efecto se ha esfumado.
Tal como algunos de nosotros temíamos, la insuficiencia del plan del
gobierno lo ha hecho caer -y ha hecho caer al país- en una trampa
política. Se necesita desesperadamente más estímulo, pero a los ojos del
público, el fracaso del programa inicial para generar una recuperación
convincente ha desacreditado la acción del gobierno para la creación de
empleos. En suma, bienvenidos a 1938.
La historia de 1937, de la desastrosa decisión de Roosevelt de escuchar
a los que decían que era hora de recortar el déficit, es bien conocida.
Lo que es menos conocido es el grado en que el público extrajo las
conclusiones erróneas sobre la recesión que se produjo a continuación:
lejos de pedir una reanudación de los programas del New Deal, los
votantes perdieron fe en la expansión fiscal.
Consideremos la encuesta Gallup de marzo de 1938. Ante la pregunta de si
el gasto gubernamental debía aumentarse para combatir la crisis, el 63%
respondió que no. A la pregunta de si sería mejor aumentar el gasto o
reducir los impuestos a las empresas, sólo el 15% se manifestó a favor
de mayor gasto; el 63% estuvo a favor de la reducción impositiva. Y las
elecciones de 1938 fueron un desastre para los demócratas, que perdieron
70 bancas en la Cámara de Representantes y siete en el Senado.
Después vino la guerra.
Desde un punto de vista económico, la Segunda Guerra Mundial fue, sobre
todo, un estallido del gasto destinado a financiar el déficit en una
escala que nunca hubiera sido aprobada de otro modo. En el curso de la
guerra, el gobierno pidió prestada una suma que casi duplicaba el valor
del PBI de 1940, el equivalente de unos 30 billones de dólares de hoy.
Si alguien hubiera propuesto gastar incluso una fracción de esa cifra
antes de la guerra, la gente hubiera dicho las mismas cosas. Hubieran
proliferado las advertencias acerca de la aplastante deuda y de la
inflación desbocada. Todo el mundo hubiera dicho, acertadamente, que la
Depresión se había originado en gran parte a causa de una deuda
excesiva... y después todos hubieran afirmado que era imposible resolver
el problema contrayendo una deuda mayor.
Pero ¿saben una cosa? El gasto deficitario creó un boom. Y ese boom puso
los cimientos de una prosperidad de largo plazo. La deuda total de la
economía -la pública y la privada- se redujo como porcentaje del PBI,
gracias al crecimiento económico y, sí, hubo un poco de inflación, que
redujo el valor real de las deudas pendientes. Y después de la guerra,
gracias a la mejor posición del sector privado, la economía pudo florecer.
Sin voluntad política
La moraleja es clara: cuando la economía está profundamente deprimida,
las reglas de siempre no funcionan. La austeridad es contraproducente:
cuando todo el mundo trata de saldar la deuda al mismo tiempo, el
resultado es la depresión y la deflación, y los problemas de la deuda se
agravan aún más. Inversamente, es posible -de hecho, es necesario- que
el país en general salga de la deuda gastando: un provisional aumento
del déficit por gasto, en una escala adecuada, puede remediar los
problemas generados por los excesos del pasado.
Pero la historia de 1938 también demuestra lo difícil que es aplicar
estas ideas. Incluso durante el gobierno de Roosevelt nunca existió la
voluntad política de hacer lo que era necesario para acabar con la Gran
Depresión; en última instancia, la Gran Depresión se resolvió
accidentalmente.
Yo tenía la esperanza de que esta vez pudiéramos hacerlo mejor. Pero
resulta que tanto los políticos como los economistas se han pasado
décadas desaprendiendo las lecciones de la década de 1930, y están
decididos a repetir todos los viejos errores. Da un poco de rabia
advertir que los grandes ganadores de las elecciones de noviembre
probablemente sean los mismos que nos metieron en este lío, y que
después hicieron todo lo posible para bloquear cualquier acción.
Pero no olvidemos esto: esta crisis puede resolverse. Sólo falta un poco
de claridad y mucha voluntad política. Esperemos que encontremos esas
virtudes en un futuro no muy lejano.
Traducción de Mirta Rosenberg
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